ANÁLISIS // LA PERFORMANCE EN LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE Y SU CONTENIDO DE GÉNERO
Capillas, rosarios, ovarios

La autora, profesora de la Complutense, ahonda en los motivos y límites de la acción feminista del grupo que entró en la capilla universitaria.

- Sobre lo ocurrido en Somosaguas

- "Ahí tenéis vuestra puta democracia"

04/04/11 · 8:00
Edición impresa
Texto de Cristina Vega
 
Foto: FotogrAccion.org

No hay nada que nos impida
plantear una crítica a
la Iglesia. La desobediencia
es un modo de empujar
la democracia
generando nuevos
marcos de sentidodemocracia generando
nuevos marcos de sentido, y
en esto el feminismo ha hecho una
enorme contribución al politizar lo
privado: las relaciones de pareja, el
hogar, la cama, etc.

La acción se sitúa
de puertas adentro en la medida
en que el cuerpo deviene “campo de
batalla”. Y los motivos, en este caso,
sobran: la institución practica activamente
la desigualdad, es sexista y fóbica

con quienes se salen de la norma,
es irresponsable y pone en peligro
la salud de muchos y discrimina
a los individuos, familias y comunidades
que no entiende aunque estos
tengan su misma fe.

Todo esto lo hace generando una
confusión que tenemos que quebrar
y que las comunidades de base católicas,
al igual que ocurre en otras
confesiones, se han empeñado en
lograr: que no se confundan las posiciones
de la jerarquía con la comunidad
,
que a pesar de su composición
en España, es siempre más
abierta (religiosa y culturalmente
hablando) que la cúpula que supuestamente
la representa, y que no se
confunda el dogma con la fe.

Jerarquía y base

La Iglesia, como todas las jerarquías
religiosas, vive, se alimenta, parasita
este cierre. Y es este cierre el que
ha hecho que la izquierda española
sea no simplemente anti-clerical, sino
fundamentalmente anti-religiosa,
incapaz incluso de comprender
su defensa del laicismo en un sentido
crítico. Esto hace que a muchos
no les suscite dudas la irrupción en
el templo, algo que visto desde otras
confesiones, contextos o concepciones
de la fe despierta un mar de dudas
desde el momento en que el templo
puede ser un espacio de la comunidad

no necesariamente identificada
con la jerarquía.

La ocupación de
la Conferencia Episcopal, en lugar
del templo, resulta en este sentido
más clara. Y lo mismo sucedería si
las ocupantes fueran un grupo de
creyentes, en cuyo caso no valdría el
argumento de la crítica de puertas
afuera. En cualquier caso, en nuestro
contexto esta disociación es difícil
y aun así tenemos que abrir esta
posible desidentificación, a la que
han contribuido importantes sectores
católicos de base afirmando de
mil formas que el templo, al que han
dado usos alternativos, les pertenece
igualmente.

Se ha querido reducir la instrumentalización
de la acción a una
cuestión de oportunismo político, sin
embargo, esta lectura no considera
las dimensiones sexuales y de género
de lo sucedido. Quizás esa obsesión
de ir metiendo el rosario en los
ovarios de todas
, creyentes o no, desde
una posición de poder (que dista
mucho de la que puedan tener en
España otras confesiones, porque
efectivamente el contexto sí importa)
tenga mucho que ver con que un
grupo de mujeres sienta que desde
fuera de una comunidad religiosa
tenga que violentar los dogmas católicos
y que para ello decida meterse
donde no las llaman.

No vamos a recitar
de nuevo las célebres frases de
Rouco y compañía que ese día se leyeron
junto al altar, pero sí conviene
entonces recordar lo mucho que le
cuesta a esta particularísima institución
religiosa renunciar a lo que ha
sido suyo durante demasiado tiempo:
la capacidad de someter a las
mujeres a Dios pero no de forma directa
sino a través del poder
de los
hombres y la negación sistemática
de la autonomía moral de las mujeres.
De ahí todo lo demás: la definición
de la naturaleza y lo natural (la
vida, la muerte, la salud, la reproducción…
el sexo, ¡sobre todo el sexo!),
del individuo sexuado como dos
complementarios y jerarquizados,
de las uniones inteligibles y la determinación
de plasmar todo lo anterior
en el ordenamiento jurídico inmiscuyéndose,
tal y como vienen haciendo,
en el Estado. Porque lo suyo
no es predicar un modelo de vida entre
otros, sino imponer el suyo al
conjunto de la sociedad.

Carne e incitación

Lo más llamativo, no obstante, sigue
siendo esa obsesión por el cuerpo
femenino desnudo. Y es que si
bien ahora lo que enfatizan es la regulación
de las identidades, las
uniones, la sexualidad y la reproducción,
en sus orígenes los patriarcas
del catolicismo arremetieron
contra las mujeres como contrapunto
corporeizado de la espiritualidad
a la que aspiraban. La carne y la incitación
son irremisiblemente femeninas
(el desnudo de Cristo de cuerpo
para arriba no parece preocuparle
a nadie
), y éstas han de ser cuidadosamente
conducidas en el heteromatrimonio,
aunque esto pase
por concitar una y otra vez la desviación.
Tal y como dijo Pablo, “no
casarse es un bien, pero es mejor
casarse que arder". Molestan, y mucho,
los cuerpos insumisos de quienes
no se pliegan a la norma sexual

y aparecen desnudos al margen de
la objetualización del mercado, que
no suscita ni asco ni escándalo.

Como cualquier acción, ésta nos
invita a seguir, desviándonos en lo
posible del surco abierto por la derecha
clerical, por donde parece ha de
discurrir todo el agua. El debate que
se ha abierto será crucial para lograr
una laicidad real en la universidad
pública. Pero quizás sea limitado en
la medida en que los términos y tiempos
de la acción y su recepción no
sólo no producen un extrañamiento
sino que refuerzan códigos
, referentes
y posiciones demasiado dichas
en lugar de crear nuevas condiciones,
por ejemplo, una brecha irreparable
entre los sectores y discursos
católicos integristas, que en estos días
han mostrado bien a las claras su
machismo y racismo islamófobo
(“¡en una mezquita esto habría sido
una masacre!”), así como el poder
político que detentan, y todos los demás.
Pero claro, esta virtualidad no
dependerá sólo de la performance.

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comentarios

1

  • |
    anónima
    |
    17/04/2011 - 2:01pm
    Estoy muy de acuerdo en la falta de laicismo en nuestra universidad, así como la desigualdad que existe en la iglesia católica en cuanto a sexo y género, una desigualdad basada en lo fenotípico de la raza humana, que como siempre es suficiente para el sometimiento del "sexo débil" dentro de la iglesia católica, así como en el discurso de la misma... "un grupo de locas irrumpió en la capilla de la UCM": en estos tiempos que corren, solo decir que ésta ""locura"" es la cordura de muchas, la <strong class="spip">libertad de expresión</strong> nunca debe ser perseguida.
  • Foto: FotogrAccion.org
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