DESPIDOS: OPERACIONES DE DUDOSA EFICACIA Y CON FINES POCO CLAROS ACABAN POR COBRARSE 70 DESPIDOS
Mala gestión e irregularidades en Candemat

En los últimos años, los fondos propios de la empresa
han disminuido drásticamente. La crisis del sector y la
competencia extranjera han sido parte del problema,
pero las razones principales se encuentran en casa.

10/04/08 · 0:00
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En marzo de 2005, el presidente de
la Comunidad, Miguel Ángel Revilla,
en una visita a Candemat con motivo
de su 25 aniversario celebró “la realidad
que es hoy y el futuro que parece
que va a ser mucho mejor”. Sin embargo,
el volumen de ventas del año
anterior ya había sufrido un ligero
descenso que, acentuado en 2005, hizo
que ese año la empresa registrara
unas pérdidas de aproximadamente
700.000 euros. Desde ese momento,
las cosas no hicieron sino empeorar.
Años de mala gestión e irregularidades
han desembocado en una suspensión
de pagos. Ahora, la juez ha
aprobado el despido de 70 trabajadores
y los administradores concursales
deciden sobre el incierto futuro
de la fábrica de Maliaño.

Antecedentes

La empresa fue fundada en 1980 por
tres socios: Víctor Picó (hijo del fundador
de Magefesa), Francisco González
Rodríguez y Francisco Fernández
Pardo, cada uno de ellos en posesión
de un tercio de las acciones.
La plantilla estaba compuesta entonces
por 250 trabajadores. En 2000, el
gobierno de Martínez Sieso, a través
de la Caja, se hace con la mitad de
las acciones y nombra presidente a
Ignacio Diego. Por su inoperancia, el
cargo de presidente durante ese periodo
fue calificado de ‘honorífico’, si
bien además de honores llevaba aparejado
un sueldo cuyo importe desconocemos.

Diego deja la empresa
en 2003 −también la presidencia de
Sistemas Financieros, propiedad de
Caja Cantabria−, y la Caja se deshace
de sus acciones en Candemat al
vendérselas a Picó por menos de tres
millones de euros. Un precio extremadamente
bajo, tratándose de la
mitad de las acciones de la compañía,
que incluía además 18.000 metros
cuadrados de terrenos en Hoznayo.
Desde entonces, la empresa ha
estado bajo el control de Víctor Picó,
que posee el 86% de las acciones y
es, asimismo, su presidente.

La crisis de la factoría se hizo patente
a comienzos de 2006, cuando
la dirección presentó un Expediente
de Regulación de Empleo con el propósito
de despedir a cien trabajadores
y suspender temporalmente los
contratos de otros 109. No obstante,
los problemas vienen de bastante
más atrás. Entonces como ahora, la
dirección de la empresa atribuyó las
causas de su situación económica a
la crisis del sector, la competencia de
los productores del este de Europa
–que ofrecen precios inferiores, aunque
también peor calidad–, al exceso
de gastos salariales y a la rigidez de
la estructura de trabajo. Una interpretación
que se antoja demasiado
simple para explicar la magnitud de
la descapitalización que ha sufrido la
empresa en los últimos años, cuyos
fondos propios han pasado de 12 millones
de euros a los 1,29 con que
cuenta en la actualidad.

Ya durante la presidencia de
Ignacio Diego –cuando Caja Cantabria,
a través de Sistemas Financieros,
era el socio mayoritario– se hicieron
cambios de personal que
afectaron gravemente al funcionamiento
de los talleres, con la incorporación
de personas con insuficiente
capacitación técnica. Como
muestra de la falta de organización,
baste señalar que el taller contaba
con un responsable técnico durante
sólo uno de los tres turnos de trabajo
diarios; si en el resto del tiempo
surgía algún problema había que
suspender la actividad hasta la llegada
del responsable, o bien tomar
una decisión y cruzar los dedos. Las
reiteradas sugerencias de los trabajadores
relativas a la organización
del trabajo no fueron atendidas por
la dirección. Por otra parte, la externalización
de procesos intermedios,
planteada en principio como una
medida para el ahorro de costes,
acabó suponiendo un grave quebranto
económico para la empresa:
las piezas que llegaban de otras fábricas
del Estado, o de Polonia y
Turquía, con demasiada frecuencia
tenían tantos defectos que debían
ser reparadas o rehechas, lo que suponía
costes adicionales y retrasos
en la entrega a los clientes.

El entramado empresarial

El progresivo deterioro de Candemat
no es sólo atribuible a los vaivenes
del mercado ni a los mencionados
factores internos. Operaciones de la
directiva en otras empresas participadas
por los socios de Candemat
han tenido en ésta importantes repercusiones.
Tras la adquisición del
51% de la fábrica turca Asemat, se
trasladó a Turquía maquinaria por
valor de 1,1 millones de euros, de los
que, por un enigmático acuerdo de la
dirección, se cobraron sólo 172.000
euros. Los Picó, ahora en posesión
del 86% de Candemat a través de una
sociedad de servicios de compraventa
denominada Avan 21, son también
propietarios, entre otras empresas,
de Ariñmaq e Ingemat –ambas
radicadas en Vizcaya–, y formaron
parte del accionariado de Futyma, en
Barcelona.

Futyma fue fundada en el ‘86 por
los socios de Candemat. Éstos efectuaron
en el ‘89 una ampliación del
capital social de Candemat (fue una
mera valorización contable, sin entrada
efectiva de fondos), gracias a la
cual suscribieron la totalidad de la
ampliación de capital que ellos mismos
efectuarían posteriormente en
Futyma. Poco después, la empresa
catalana entró en suspensión de pagos
y sus pérdidas fueron llevadas a
la cuenta de resultados de Candemat,
de manera que esas pérdidas se
compensaban con los beneficios de
Candemat. La inspección fiscal advirtió
esa ocultación de beneficios y
levantó las actas correspondientes,
que se saldaron con una sanción de
5,5 millones de euros. Por aquel entonces
los trabajadores llegaron a estar
cinco meses sin cobrar.

En el caso de Ingemat, al pertenecer
al mismo grupo que Candemat,
la confusión de cuentas entre ambas
empresas no permitía ver cuál era la
facturación real de una y otra, por lo
que Candemat podía estar asumiendo
pérdidas correspondientes a Ingemat.
También Ariñmaq ha tenido
su parte en el proceso de descapitalización
de Candemat: en las cuentas
de ésta figuran pagos a esa compañía
por servicios de los que en la fábrica
de Maliaño nadie ha tenido noticia.
Son operaciones que han lastrado
el desarrollo de Candemat y que poco
tienen que ver con la situación del
mercado o con los “excesivos” costes
laborales a los que la dirección atribuye
las dificultades de la empresa.

Quejas sobre costes que, por otra
parte, contrastan con el silencio acerca
de las remuneraciones del Consejo
de Administración, los cuales, según
los datos del Comité de Empresa,
en el periodo que va de 2003 a
2006 ascendieron a tres millones de
euros. Durante las recientes negociaciones
entre la dirección y los trabajadores,
éstos estuvieron dispuestos
a aceptar la congelación salarial hasta
el 2010 (además de una mayor flexibilidad
de horarios, la supeditación
de licencias y vacaciones a las necesidades
organizativas de la empresa
y de condiciones laborales por debajo
del convenio sectorial). El Consejo
de Administración, sin embargo, no
ha mostrado una disposición similar
a reducir sus retribuciones.

El futuro de la empresa

El consejero de Industria, Javier del
Olmo, ha mencionado que el Gobierno
ofreció a los Picó participar en la
reflotación de la empresa con una inversión
de 2,2 millones de euros. Los
Picó rechazaron la oferta porque no
aceptaban la condición de tener que
aportar ellos mismos una cantidad
equivalente, lo que denota su falta de
interés en afianzar la empresa.

Esto parece avalar la opinión de
los trabajadores de que desde hace
tiempo se quiere despedir personal
para ajustar así la plantilla a las necesidades
de Ingemat. Los Picó tendrían
la intención de concentrar allí el
proceso productivo y dejar en Candemat
la parte comercial. En este
sentido apunta también el hecho de
que, ahora, tras los despidos, la relación
entre puestos directos e indirectos
haya cambiado en favor de
las indirectos (es decir, se va a dar
más peso a la actividad comercial y
menos a la productiva).

No obstante, Del Olmo ha manifestado
que el “conflicto de Candemat
se ha resuelto satisfactoriamente”,
ya que la empresa ha presentado
un plan que ‘garantiza’ la continuidad.
Es cierto que el importante
pedido realizado por Volkswagen
proporcionará a la fábrica carga de
trabajo suficiente para mantener la
actividad durante una buena temporada,
la incógnita es qué sucederá
después. La trayectoria del cofundador
y propietario Víctor Picó no hace
augurar nada bueno y los trabajadores
tendrán que permanecer
atentos a las maniobras del Consejo
de Administración.


La mano del Partido Popular

Destacados miembros del
Partido Popular han dejado
su huella en Candemat. Ya
antes de su fundación, el
padre de Joaquín Martínez
Sieso había sido gerente de
la fábrica de Magefesa en
Limpias, igualmente propiedad
de los Picó, donde también
el luego presidente del
PP de Cantabria y de la
Caja, Carlos Sáiz, ocupó el
cargo de director financiero.
Federico Santamaría, ex
consejero de Economía del
gobierno del PP, fue accionista
y auditor titular de
Candemat desde 1990
hasta 1999. De allí pasó a
la Consejería, fichado por
Carlos Sáiz, presidente de
Caja Cantabria y secretario
general del Partido Popular.
Cuando la Caja entró en el
accionariado de Candemat,
compró a Santamaría su
participación en la empresa.

Éste tenía allí un hombre
de confianza, Ángel
Nozaleda, que ocupó los
cargos de apoderado, consejero
y vicesecretario. En
2000, Santamaría lo rescató
de Candemat para nombrarlo
director general de
Tesorería, Presupuestos y
Patrimonio.
Pero sin duda la intervención
más destacada de
miembros del PP en Candemat
ha sido, por la relevancia
del puesto, la de Ignacio
Diego, que fue presidente
de la compañía desde 2000
hasta 2003. En el Consejo
de Administración le acompañó
el empresario José
Ramón Álvarez Redondo,
consejero de Industria del
Gobierno de Martínez Sieso.

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