ANÁLISIS // DIMENSIONES DEL PROBLEMA DE LA VIVIENDA Y SOLUCIONES POLÍTICAS
La ‘palita’ de la política de vivienda

El autor examina el problema de la vivienda en Cantabria,
la eficacia de las medidas de los gobiernos estatal y
autonómico, y plantea propuestas alternativas.

14/02/08 · 0:00
Edición impresa


Fatales son las noticias internacionales
sobre crisis bancarias
e inmobiliarias, despidos,
aumento del desempleo,
etc. Resulta evidente que se
trata de algo más que una crisis hipotecaria.
Es una crisis financiera,
inmobiliaria, global, que no va a ser
pasajera y que va a afectar a la economía
real, consecuencia de la economía
‘financiarizada’ que nos han
impuesto, basada en la especulación
financiera, bursátil e inmobiliaria.
Situación especialmente grave
en España tanto por su diferencial
de inflación respecto al resto de
economías europeas y por su crónico
desequilibrio en la balanza de
pagos, con un déficit por cuenta corriente
en niveles jamás conocidos,
como por su diferente estructura
inmobiliaria.

Clientelismo y gasto público

Ciñéndome al aspecto inmobiliario
de la crisis española, aquí también
las soluciones públicas van en el mismo
sentido de ocultar el problema y
utilizar el dinero público en favor de
los especuladores. Resulta una característica
de los ricos, como lo decía
John Kenneth Galbraith, su visión
selectiva del papel del Estado,
necesario para salir en su ayuda y
una carga cuando se trata de la política
social de ayuda a los pobres.
Con todas las fanfarrias del poder,
el Gobierno de Zapatero presentó
como gran novedad a finales
de 2007 el estímulo del alquiler, lo
que ya lleva pregonando el PSOE
en sus programas hace años pero
sin actuaciones concretas, sólo que
en esta ocasión ha prometido ayudas
de 210 euros a los jóvenes para
el alquiler de pisos. Es decir, más
de lo mismo. Más millones de euros
de gasto público a añadir al
enorme chorro de subvenciones y
chollos que salen de las arcas del
Estado para los compradores y ahora
los arrendatarios de viviendas,
pero que van a parar a las manos de
los principales destinatarios finales
del precio de tales compras y alquileres,
los promotores constructores
y los bancos, y de algunos comparsas,
como los especuladores propietarios
de más de una vivienda.

Las nuevas ayudas a los alquileres,
al ser indiscriminadas en el territorio
español, inevitablemente
ocasionarán el alza de los precios
de alquiler, como consecuencia del
efecto de nivelación y de traslación
de tales ayudas.

El problema en Cantabria

A falta de datos precisos sobre las
necesidades de vivienda en Cantabria,
la proyección de la estimación
estatal nos daría unas 120.000 personas
que se sentirían insatisfechas
con su actual alojamiento, cifra que,
aunque fuera realmente algo menor,
evidencia que tenemos un problema
con la vivienda, ya que estas
personas no cuentan con alternativas
asequibles, lo que hace que la
vivienda sea el problema que más
preocupe a esas decenas de miles
de ciudadanos cántabros.

Para la población joven el asunto
resulta también problemático, ya que
según datos publicados por el Observatorio
Joven de Vivienda en España
para el 2º trimestre de 2007, las condiciones
de acceso al mercado de la
vivienda se han endurecido en Cantabria
todavía en mayor medida que
en el resto de España, registrándose
valores superiores tan sólo en Euskadi,
Baleares y Madrid. Tras un ciclo
de más de diez años de boom inmobiliario,
la dispar evolución de los
precios de la vivienda, tipos de interés
y salarios, produce que en Cantabria
acceder a la propiedad de una
vivienda suponga para un joven el
72,9% de su salario, y para un hogar
joven, el 45,5% de sus ingresos.
Actualmente existen en Cantabria
137.904 jóvenes entre 18 y 34 años,
con una población asalariada de
83.707 trabajadores, de los que
48.622 disfrutan de un contrato indefinido –el 35,3%–. Es lógico, en
consecuencia, que sólo 55.711 se hayan
independizado, por lo que la tasa
de emancipación, es decir, el porcentaje
de jóvenes que viven fuera
del hogar de origen respecto del total
de personas de su misma edad,
es del 40,4%, inferior a la media del
Estado, que es del 44,8%.

No es por falta de oferta, ya que el
volumen de construcción es el mayor
conocido en la historia y el mayor
de Europa, pero no pueden comprar
ni alquilar al precio que les ofrece
el mercado. Constituye una asombrosa
paradoja del mercado inmobiliario
español, sin parangón en toda
Europa en sus dimensiones, que tengamos
un territorio enladrillado pero
con millones de viviendas sin personas
y millones de personas sin una
vivienda digna.

Sin embargo, la respuesta pública
no está en proporción al tamaño del
problema. La grandilocuencia del
discurso oficial viene a ser la misma
de siempre, la del capitalismo popular
del ladrillo, pero ni siquiera sus
propósitos guardan relación con la
magnitud de las necesidades existentes,
por lo que sus resultados seguirán
siendo ridículos. Según pomposas
declaraciones recogidas sin
crítica alguna en la sumisa prensa
regional, el Gobierno cántabro dará
en esta legislatura un “impulso definitivo”
a la vivienda con la concesión
de 8.000 ayudas a la compra,
nuevas subvenciones al alquiler con
opción a compra y la aprobación de
una ley que reconocerá el acceso a
la vivienda como un derecho subjetivo,
aunque con limitaciones, dijo el
consejero Mazón, supongo que sin
ruborizarse, ya que “no quiere decir
que se vaya a dar una vivienda a
quien no la necesite”.

Mazón anunció en el Parlamento
de Cantabria, que el objetivo para los
próximos cuatro años es el de realizar
al menos 16.000 actuaciones en
materia de vivienda, de las cuales
8.000 serán ayudas para la compra
de la primera vivienda. También promocionarán
la construcción de viviendas
para el alquiler, reforzarán
las ayudas que ya existen e introducirán
una subvención para el arrendamiento
con opción a compra. Claro,
no se van a poner a gestionar un
patrimonio de viviendas en alquiler,
que da mucho trabajo y no es plan.
Para los alquileres cuentan con el
convenio de la Renta Básica de
Emancipación para aplicar en Cantabria
a partir de 2008, y con la Sociedad
Pública de Alquiler, creada en
el año 2005 por el Ministerio de la
Vivienda, con un clamoroso resultado
de 5.111 contratos de alquiler
efectuados en sus dos años en toda
España. El ministerio calcula que
4.500 jóvenes de Cantabria de entre
22 y 30 años podrán beneficiarse de
estas ayudas en el año 2008.

En definitiva, cifras ridículas que
me recuerdan la leyenda católica del
niño que pretendió dar una lección a
San Agustín vaciando el mar en un
hoyo en la arena con una pala, ya que
con la actual política de vivienda, tanto
Mazón como Chacón y los que les
sucedan acabarán entendiendo el
misterio de la Santísima Trinidad antes
de resolver el problema de la vivienda.
Y no es que les suponga la
palmaria estupidez del niño con su
pala, sino que es que no están al problema,
sino a atender a los mercaderes
de las finanzas y caciques locales,
que son los que manejan los hilos
inmobiliarios.
Bastaría con mirar lo que sucede
en los países vecinos para darse
cuenta de que ante el fracaso estrepitoso
del mercado sólo cabe la regulación
pública del mismo, de la única
forma posible: a través de la constitución
de un patrimonio inmobiliario
público para su cesión en alquiler,
Viviendas de Alquiler Limitado
(VAL), tal como se hace en el resto
de Europa, pero que resulta casi inexistente
en España y en Cantabria.
Ante la injusta situación inmobiliaria
española, exijamos medidas de
emergencia social y el estricto cumplimiento
de la legalidad urbanística,
lo que no ha sido el caso hasta el momento.
Evitemos la demagogia de los
fundamentalistas del mercado y no
derramemos lágrimas por los especuladores
ni por los propietarios de
viviendas vacantes, sobre todo si son
de VPO. Dejemos las lágrimas económicas
para los cocodrilos y apliquemos
el palo y la zanahoria para
los ricos, que son precisamente los
que cuentan, entre otros capitales,
con patrimonio inmobiliario.

+A Agrandar texto
+A Disminuir texto
Licencia

comentarios

0

separador

Tienda El Salto