La ‘Hoja’: caída por Dios y por España
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ESQUELA. El 14 de julio de 1984 se publicaba en el periódico esta simbólica
esquela anunciando el cierre / Grupo Ameba

La Hoja del Lunes fue el órgano
de expresión de la
Asociación de la Prensa desde

05/06/08 · 0:00
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ESQUELA. El 14 de julio de 1984 se publicaba en el periódico esta simbólica
esquela anunciando el cierre / Grupo Ameba

La Hoja del Lunes fue el órgano
de expresión de la
Asociación de la Prensa desde
1935 hasta 1984. Su nacimiento
se lo debió a una disposición
del dictador Primo de Rivera. Luego
fue un medio de expresión de la larga
noche del franquismo, hasta la
transición que ha dado lugar a la actual
monarquía constitucional. En
esos agitados momentos se produjeron
dos ‘primaveras periodísticas’
intensas, aunque no perdurarían por
mucho tiempo. Durante las mismas
quedó arrumbado su tradicional marasmo
informativo de misceláneas
(esquelas mortuorias, bautizos, bodas,
efemérides varias, tablas de mareas,
fases lunares...), crónicas del
fútbol dominical y una poca más de
filfa informativa.

Ambas épocas fueron pioneras de
un periodismo vivo y crítico, pero
ambas fueron abortadas por el mismo
presidente de la Junta Directiva
de la Asociación de la Prensa, el conservador
Juan Antonio Prieto.
En buena lógica, se supone que el
principal objetivo de una Asociación
de la Prensa es la defensa de la libertad
de expresión, materia prima sin
la cual no tendría razón de ser ningún
periodismo. Pero en la realidad
cántabra no suele ser así. Lo más frecuente
es que no se rompan los silencios,
bien por cautela excesiva,
conformismo o acatamiento entusiasmado
del statu quo. Y si se busca
algún tipo de explicación a esa actitud
inhibitoria, baste con decir que
en el banquete anual del día de San
Francisco de Sales, patrono de los
periodistas, suelen estar invitados
aquellos personajes públicos que
menos entusiasmo demuestran por
favorecer dicha libertad. Por no decir
los crápulas que la atacan cada
vez que se alude en algún medio de
comunicación a sus inconfesables
intereses.

Hasta su desaparición definitiva,
el 9 de Julio de 1984, participé plenamente
en la redacción de la Hoja
del Lunes. Hasta que, como queda
dicho, la propia Asociación de la
Prensa decidía dejar de editarla a
pesar de su rentabilidad, porque se
había convertido en un ‘nido de rojos’
y había perdido el control sobre
sus contenidos. El pretexto esgrimido
oficialmente fue que los
diarios volvían a aparecer los lunes
en los quioscos, aunque lo cierto es
que la cerraron antes. Decisión absurda,
pues se vendían una media
de 50.000 ejemplares semanales.
Lo que hablaba con elocuencia del
éxito de lectores y de la dislexia de
los editores.

La primera de ambas etapas tuvo
un tinte marcadamente político. Fue
la época del director Juan González
Bedoya, modelo de periodista con
aspiraciones políticas, luego senador
real socialista y candidato por IU en
las pasadas elecciones. Imprimía éste
un sesgo de fuerte oposición a los
políticos locales procedentes del antiguo
régimen y aspirantes a copar el
poder mediante la UCD. Finalmente,
González Bedoya fue despedido de
manera fulminante, so pretexto de
falta de neutralidad y de utilizar el
periódico para sus fines políticos
personales.

Hubo que buscar un relevo apresuradamente.
Nadie parecía dispuesto
a recoger la antorcha. Finalmente
aceptó el cargo J.R. San Juan.
El caso fue que la coincidencia de
ese conjunto de circunstancias dio
pie a practicar el periodismo de investigación
que personalmente deseaba.
Nos sumergimos en el tejido
social y se realizó una denuncia
constante de la corrupción del poder,
contaminado ya entonces por
las mafias del ladrillo. Era la época
donde el político Juan Hormaechea
fundaba la escuela política de la gramática
parda y la telaraña de captación
de emolumentos que lo impregnaba
todo. Con sus constantes mayorías
absolutas su dominio era
aplastante, con un poder casi absoluto.
Creó una escuela de alcaldesconstructores
de la especulación urbanística
que prendió fuerte y ha
continuado hasta hoy mismo.

Cuando se sintió traicionado por los
suyos, él mismo llegó a denunciar el
ir y venir de maletines, a cambio de
licencias de edificación en el litoral
en los parques naturales o bien recalificaciones
de suelo rústico. Daba
igual. Lo cierto es que, desde el periodismo
a contrapelo, estábamos
estorbando los intereses urbanísticos
de siempre. Y, de hecho, Hormaechea
nos acusó en sucesivas ruedas
de prensa de llevar a cabo una
campaña de persecución contra su
persona.

Al cabo de 15 años, en 1999, esa
labor pionera y tan mal pagada en la
“Hoja” fue la que pudo hacer posible
el semanario independiente “La
Realidad”. Por suscripción popular.
Gracias, en buena medida, a la buena
memoria de los lectores de aquella
“Hoja del Lunes”. Por la labor crítica
que allí se realizó. Aprovechando
una coyuntura propicia.

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