Movimientos
Interrogando la "crisis" desde miradas feministas
09
Feb
2015
10:52
Very high hopes
Por Vidas precarias

 

Es enero y es invierno en Europa. Este año MartyMcfly va a volver del futuro. El año de la cabra de madera según el horóscopo chino. Es lindo imaginar una cabra de madera caminando por la calle una mañana. No sé. Despertar con dificultad, superar el frío, ducharte y salir a la calle pensando en los exámenes de los 300 alumnos que aún debes corregir. Y encontrarte una cabra de madera en la puerta de tu casa. Una cabra de madera que te mira y hace: me. Hace me, tú le dices hola y sigues tu camino. Y la cabra de madera hace me nuevamente y te sigue el paso. Es lindo imaginarlo. No debe ser difícil vivir con una cabra de madera. Las cabras de madera no comen hierba ni nada. Basta con cuidar su piel. Protegerla de las humedades y los hongos. Evitar la candela.

Pero cuidadito, el problema de vivir con una cabra de madera es que, al cabo de 12 meses, el animalillo se esfuma. En el 2016, al bajar a la calle, te vas a encontrar un mono en la puerta de tu casa. La cabra de madera habrá desaparecido y si a ti lo que te gustaba era que te haga me una cabra de madera y si además, la tuya ya tenía nombre y todo, pues entonces es posible que encontrarte un mono no te haga ninguna gracia.

La pérdida.

Dos amigas, queridísimas, perdieron hace poco a sus padres y el 26 de mayo del 2014, en el año del caballo, Rayén murió. Y envejecimos.

Rayén tenía cáncer. La íbamos a perder, cada cual lo sabía, aunque a su manera. Días previos a su partida, dos personas muy cercanas a ella hablaban entre sí, antes de dormir. Ella descansaba muy cerca de ellos. Una ameba intentando comprender el universo, eso somos, susurraba Rafa.

Entonces esto era envejecer, ¿no? Ver morir a la gente a la que amas. Acumular pérdidas, desafectos, separaciones, desencantos. No, la vida no es lo que pensabas que pudo haber sido. A lo mejor no es posible vivir sin familia, propiedad privada y estado. A lo mejor no es posible.

     - Macfly: regresa al pasado y evita que el verano se acabe.

     (y que no nazca Rajoy)
     (y que Correa no gane las elecciones en Ecuador)
     (y que)

Los minutos finales del último episodio de True Detective son estremecedores. Es la escena del reencuentro de los amigos separados. El uno le dice al otro: “Hubo un momento cuando estuve en la oscuridad, no tenía consciencia, tenía una vaga percepción de la realidad. Y podía sentir que mi definición se desvanecía y bajo esa oscuridad había otra cosa, algo más profundo”, “Ey, ¿no me dijiste un día cenando, que podías inventarte historias sobre las estrellas?”, responde el detective rubio, es decir, Martin. “Sí, eso era en Alaska, bajo el cielo nocturno”. “Sí, te tendías y mirabas hacia arriba, a las estrellas” vuelve a decir Martin. “Pues he estado todas las noches mirando por esa ventana y pensando: es una única historia. La más vieja” responde Rust. “¿Cuál es?”pregunta Martin. “La luz contra la oscuridad”, dice Rust. “Bueno, no estamos en Alaska pero yo diría que la oscuridad tiene mucho más territorio”. “Sí, en eso llevas razón”. Hacen silencio.Rust vuelve a hablar: “Creo que no has entendido. Lo del cielo”. “Explícate”, pide Martin. “Tiempo atrás no hubo oscuridad. Si me preguntas, la luz gana”.

Caminan dejando el hospital atrás. Juntos, bajo un cielo en el que no hay estrellas, sin luces. No como los zapatos de mi sobrino que ahora sí brillan. Porque Samín anduvo últimamente jurando que sus zapatos tenían luces y mi hermano y Manuela le dijeron que si él pensaba que sus zapatos brillan pues claro que sí, ¡brillan! Samín nació en el año del dragón; hace pocos días cumplió dos años y mama-abu y papa-abu decidieron obsequiarle unos zapatos con luces. Luces que brillan de verdad. La felicidad, para Samín, se reduce a correr por la casa desnudo, calzando sus zapatos con luces.

Porque hay brillos también, ¿no? En la fragilidad existe una belleza. Lucecitas que relucen porque son apenas unas cuantas. Lucecitas que son preciosuras. Preciosuras que son dijes. En nuestras muertes también hubo preciosuras. Pienso en la amiga que perdió a su padre hace unos días. Pienso en su dolor y en su valentía. Pienso en las mujeres que tomaron aviones, compraron mal sus pasajes, perdieron trenes y aun así lograron llegar a Madrid. Llegaron a Madrid porque querían compartir el dolor de la pérdida de Silvia. Hacer piña de amor. Amar juntas a nuestros muertos. Despedirlos. Pienso en cada una de ellas. Pienso en los arrozales tiernos y verdes del delta en verano. Las imagino corriendo entre los arrozales, desnudas y con zapatos que brillan. Imagino a la abuela de Clara esparciendo las cenizas del abuelo allí. Imagino a la cabra de madera diciendo “me” cada mañana. High hopes.Very high hopes.

María Fernanda Moscoso (mafe)

comentarios

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    Vie, 02/20/2015 - 12:28
    Sí, la vida es eso. La luz intensa del preente si se sabe apreciar, esperanza de lo porvenir y, en mayor medida con el paso de los años, melancolía de lo que fue. Si la vida no fuera finita, ¿sentiríamos melancolía?
  • Vidas precarias

    Hoy, en medio de una de las tantas tormentas de la lluvia ácida del capital, mezclamos voces, deseos y miradas feministas para interrogar la realidad desde otros lugares que no sean el sujeto obrero-blanco-heterosexual-urbano que hace tiempo dejó de representarnos. Aquí nos encontramos amaia orozco, Haizea M. Alvarez, Martu Langstrumpf, Sara LF y Silvia L. Gil, partiendo de nuestros cotidianos para conversar entre nosotras y con otras en las fugas y resistencias que visibilizan conflictos y generan otras formas de vida.