Movimientos
Interrogando la "crisis" desde miradas feministas
24
Mar
2014
19:00
La precariedad como anticonceptivo y la situación del aborto en el Estado español. Una conversación a varias voces
Por Vidas precarias

En los últimos dos años, se han producido fuertes movilizaciones para defender el derecho al aborto en España. El ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, anunció en 2012 su intención de endurecer la actual ley del aborto. Al calor del 8 de marzo, las protestas contra la reforma se han intensificando, tanto en España como a nivel internacional. Basada en conversaciones en marzo de 2014 (con Silvia L. Gil) y en noviembre de 2012 (con Marcela Arellano, de la Comisión Feminismos de Sol, y la investigadora feminista Emanuela Borzacchiello), este texto ofrece una visión general de algunos de los aspectos sociales, jurídicos y discursivos que están en juego en esta lucha.

Por Manuela Zechner

En febrero de 2014, el Congreso celebró una votación secreta para revisar la propuesta de reforma de la ley del aborto, con 183 votos a favor y 151 en contra. Las mujeres del Partido Popular cerraron filas con el objetivo de no favorecer al Partido Socialista, pese a la explícita disconformidad de algunas de ellas. ¿Cuál es la situación con esta «reforma» y cómo se está implementando?

Ema: La propuesta ha sido impulsada por Alberto Ruiz Gallardón, Ministro de Justicia del gobierno de España. Pero su discurso no es el de siempre. Hay que prestar especial atención a los elementos que lo hacen novedoso. Por ejemplo, se retoman ideas y palabras de los propios movimientos feminista y de izquierda. En un contexto fuerte de «crisis», el punto de partida era: «Las mujeres ya no pueden elegir libremente porque la precariedad les aleja de la posibilidad de ser madres». Este discurso es genial; funciona muy bien a nivel comunicativo porque es muy difícil sostener que la precariedad no nos preocupa. Gallardón decía: «Tenemos que garantizar la libertad para las madres, ¿o es que no estamos en contra de la precariedad?» Este retorcimiento del lenguaje esconde una realidad de vulneración de los derechos humanos de las mujeres y la ausencia total de medidas contra la precariedad, más bien al contrario, asistimos a su intensificación.

¿Y cómo contestan a esto las mujeres feministas y no feministas? Tengo la sensación de que usamos siempre las mismas palabras, como si el discurso del poder no hubiese cambiado de la manera perversa en la que lo ha hecho. Aunque no debemos limitarnos a reaccionar a sus palabras, debemos tenerlas muy en cuenta, en este caso porque la relación entre precariedad y dificultad real de ser madres es algo que las mujeres entre 30 y 40 viven de manera muy intensa hoy.

¿Cómo responderías a ese discurso que dice «estas pobres mujeres no tienen otra elección y se ven obligadas a renunciar a su papel como madres en esta sociedad», así como la retórica de la crisis que lo acompaña?

Ema: En cierto modo habría que decir: ¡Sí, es verdad! La precariedad es el anticonceptivo del futuro. Pero hay que salir de estas palabras que han sido vaciadas de contenido. El desarrollo de la libertad de las personas se impide a través de diferentes dimensiones de la vida social, no solo en lo que concierne a la maternidad. Primero hay que poner sobre la mesa el contexto de recortes y empobrecimiento general, legitimado con la excusa de la «crisis», y luego podremos abordar otras cosas. Es cierto que la precariedad me priva de libertad en muchas ocasiones. Pero la relación con mi cuerpo es una cuestión diferente en tanto implica tener capacidad de decisión sobre un derecho fundamental.

Volviendo a 2010, Zapatero modificó la antigua ley de supuestos de 1985 –que únicamente permitía el aborto en caso de violación, diversidad del feto o peligro para la salud física o psíquica de la embarazada– por la ley de plazos. Desde entonces, durante las primeras 14 semanas, ¿la mujer puede decidir libremente si interrumpe la gestación?

Marcela: Sí, exactamente. Cuando el gobierno conservador de Rajoy llega al poder en 2011, no solo trata de revocar la reforma de Zapatero, sino que limita todavía más la legislación de 1985: de los tres supuestos se pasa a dos –violación y peligro grave para la salud física o psíquica de la embarazada–. Y las condiciones para el segundo supuesto se endurecen: la mujer deberá presentar dos informes médicos ajenos a la clínica en la que se le practicará el aborto que acrediten los riesgos a los que se expone, además de esperar siete días antes de tomar la decisión definitiva de abortar, durante los cuales recibirá información de alternativas. También se elimina el supuesto de aborto en diversidades fetales o enfermedades incurables. En definitiva, el derecho a decidir como tal deja de existir. Hay que tener en cuenta que el proyecto que se ha presentado está impulsado por un lobby poderoso de grupos anti-elección en los que la presencia de la Iglesia es fuerte. Estos grupos proponen no solo que sea imposible para las mujeres decidir si quieren o no ser madres, sino implementar en las escuelas una educación en la que se promueva la maternidad. Gallardón está feliz de ceder a la presión de estos lobbies porque, al mismo tiempo, su gobierno cuenta con ministros que son parte de los grupos religiosos radicales, por no decir grupos fundamentalistas.

¿Puedes comentar las movilizaciones que se están desarrollando en contra de la reforma?

Marcela: Se han hecho cosas muy variadas (2012). Hubo una iniciativa llamada “toma la familia” que pretendía cuestionar la idea de la obligatoriedad heterosexual presente en la concepción de la maternidad de la reforma del aborto. Se han hecho manifestaciones, organizado foros y encuentros de grupos feministas y asociaciones para debatir el tema y extraer algunas conclusiones sobre la posición del movimiento feminista en relación a esta reforma, así como para inventar estrategias y presionar. Por ejemplo, se ha llevado a cabo una campaña de denuncia de las farmacias que no proporcionan la pastilla anticonceptiva del «día de después» o que no venden condones. Se trataba de marcar y mapear los espacios en la ciudad que están poniendo obstáculos al derecho a decidir y cuáles son favorables para que las mujeres sepan dónde acudir. Estamos atentas y queremos actuar cuando salga la ley. Mientras, andamos dando forma a estrategias y organizando alianzas con otros grupos para seguir presionando.

Desde Feminismos Sol, habéis trabajado muchos asuntos relacionados con el aborto y habéis celebrado un encuentro en Septiembre de 2012 donde hablabais de la familia, la sexualidad, la Iglesia… ¿había también talleres y acciones?

Marcela: Claro, hicimos talleres sobre los temas y desarrollamos acciones a corto, medio y largo plazo. La idea con la que trabajamos no era tanto estar a favor del aborto, sino simplemente a favor de que una mujer pueda decidir si quiere ser madre o no, en qué momento y bajo qué circunstancias, y que tenga la posibilidad de hacerlo de forma libre, gratuita y en la sanidad pública. También se han llevado a cabo campañas publicitarias con cosas sencillas, pero contundentes, como aprovechar estatuas de nuestras ciudades para colgarles lemas, hacerles fotos y difundir su apoyo por las redes.
[…]

Marcela: Llama mucho la atención que vuelvan con tanta fuerza los movimientos fundamentalistas religiosos y los grupos anti-abortistas –o como los quieran llamar– apoyados por el gobierno. Mientras que nuestros derechos son drásticamente recortados en nombre de la crisis económica y financiera –se cierran instituciones esenciales para las mujeres como los centros de apoyo contra la violencia bajo las políticas de austeridad–, los grupos anti-elección reciben dinero para sus campañas. Para estos grupos es fácil organizar cualquier tipo de evento, mientras que para la sociedad civil resulta cada vez más arriesgado salir a la calle debido a la violencia policial, sea para manifestarse o celebrar una asamblea en la calle.

Señalas que la objeción de conciencia es un gran problema cuando se practica en relación al aborto. Hay movimientos alrededor del acceso universal a la salud, como Yo Sí Sanidad Universal (http://yosisanidaduniversal.net/portada.php) en los que este aspecto es clave. Aquí, la objeción es el medio para la desobediencia civil ante la exclusión de todos aquellos que han perdido recientemente el acceso al sistema de salud público… 

Ema: El problema fundamental que he podido analizar entre los países que más conozco –Italia, México y España–, concierne a la aplicación de la ley. Creo que es muy importante para cualquier médico tener derecho a la objeción de conciencia si considera que una situación le causa problemas, y ser capaces de ejercitar este derecho incluso en relación al aborto. En este sentido, nosotras debemos ser más radicales aún y defender la objeción de conciencia de doctores y personal sanitario. Pensemos que esta es una de las herramientas que, efectivamente, la campaña Yo Sí Sanidad Universal ha puesto en marcha para que quienes no están de acuerdo no apliquen la ley que excluye del sistema entre otras a personas en situación irregular. Pero, al mismo tiempo, cada Estado debe respetar el derecho al aborto y garantizar que haya como mínimo dos doctores por hospital que no rehusen hacer un aborto.

Por tanto, tenemos que seguir exigiendo leyes radicales que defiendan el aborto. Porque las mujeres están muriendo y corremos el riesgo de retroceder si no enfatizamos la importancia de los derechos básicos, ¡y no únicamente los de las mujeres! Hay que lograr rescatar el derecho al aborto del nivel individual. No quiero seguir diciendo solo «mi cuerpo es mío», porque aún siendo un problema individual es también un problema de salud pública y de derechos fundamentales; es decir, atañe al tipo de sociedad que construimos entre todas y todos.

Las estadísticas muestran que el acceso legal y público al aborto no solo protege la salud de las mujeres, sino que también se corresponde con menos abortos, porque con la ley viene la política educativa que enseña contracepción, se pone la píldora del día de después a disposición de las mujeres…  

Ema: El mejor ejemplo que tenemos de estadísticas es el caso italiano, porque deja muy clara la importancia de la ley del aborto y su aplicación para reducir la tasa de muerte de las mujeres. El aborto ha sido legal en Italia desde hace 30 años, dentro del tercer mes de embarazo y por cualquier motivo que una mujer argumente. Entre 1981 y hoy el número de mujeres que han muerto por abortar ¡ha bajado a cero! Las estadísticas indican que cuando los abortos se realizan en una situación legal, en un hospital y con acceso libre a los servicios, no hay un solo país en el que el número de mujeres muertas aumente. Ni un solo país en el mundo. Esto es un hecho estadístico. Por tanto, no hay otra ley en el mundo que proteja tanto la vida en este sentido, ¡pero de verdad!
 
¿Cómo ves el impacto que las protestas contra la reforma del aborto han tenido, públicamente y en relación a los movimientos sociales? ¿Qué piensas que va a ocurrir con esta ley?
 
Silvia: Para comprender el impacto de la respuesta al plan de reforma de la ley del aborto, no hay que ver esta lucha solo desde la perspectiva del derecho a decidir de las mujeres. Parecería contradictorio decir esto cuando son los grupos anti-abortistas quienes hablan de defender la vida, pero creo que aquí se ha puesto en juego el derecho a la vida en un sentido profundo. ¿De qué modo ocurre esto? Mientras que en las décadas de los 70 y 80 las luchas por el aborto en el Estado español se sucedían en un contexto más amplio de nuevas libertades democráticas, actualmente se produce mientras la vida se precariza y los procesos de exclusión se hacen extensibles a muchas personas que han visto mermada su capacidad de ingresos, sus derechos y no cuentan con ningún tipo de apoyo estatal. En un contexto en el que los lazos sociales sostenidos por las viejas instituciones se rompen, la nueva reforma se percibe como una insistencia en la fragilidad actual de las condiciones materiales y simbólicas de reproducción de la vida. Aunque la propuesta esté repleta de mensajes morales a la vieja usanza –limitar la sexualidad, reubicar a las mujeres en las tareas reproductivas en el hogar, tutelarlas o defender el derecho del no nacido– no logran ocultar la realidad de una vida hecha añicos y de un Estado que rehúye la responsabilidad del cuidado de la población. Esto lo sabe la mayor parte de la sociedad porque lo está experimentando día a día. Hay una pregunta importante en juego: ¿Qué vida se está defendiendo? Y, en este punto, la reforma del aborto se percibe como algo que nos afecta a todas y a todos.
 
De este modo –y este es el segundo elemento que me parece clave–­, con los procesos de politización de los últimos años lo que entendemos por «vida» está siendo resignificado. Cuando se para un desahucio, cuando las mareas ciudadanas luchan por la sanidad o por la educación para todas y todos, se pone en valor otro concepto de vida: se trata de buscar una vida digna, vivible y en condiciones de igualdad. Hoy sabemos que reconstruir la vida rota por la lógica neoliberal debe hacerse desde criterios diferentes a los que teníamos sin caer en añoranzas –por ejemplo, una comunidad idealizada o los ideales puros de la izquierda–. Pues bien. La lucha en defensa del aborto dice tres cosas clave respecto a la vida: las mujeres tienen derecho a una sexualidad plena en condiciones de igualdad sin culpabilizaciones; tienen derecho a no ser madres, del mismo modo que tienen derecho a serlo, independientemente de su orientación o identidad sexual; y toda vida futura debe ser querida y gozar de las condiciones adecuadas para su desarrollo. La pregunta que mantiene en tensión la lucha por el aborto es, ¿qué sociedad estamos construyendo: en la dirección de garantizar estos derechos o en su contra? Este pregunta compete también a Europa.
 
Desde esta perspectiva de defensa de la vida –como ese punto en el que se cruza el derecho individual a decidir y algo más que es de todas y todos–, las luchas por el aborto son imparables. Sobre todo en la medida en que sigan conectándose con la situación general de recortes, violencia y aumento de la pobreza. Es posible que la reforma siga su curso. Pero aún en el peor escenario que podamos imaginar, hay algo que hemos aprendido y que se mantiene vivo de maneras muy diversas: la necesidad de construir una vida vivible. Y, para lograrla, el respeto de los derechos de las mujeres es fundamental.

(Esta entrevista ha sido publicada originalmente en inglés para la revista Lefteast: http://www.criticatac.ro/lefteast/precarity-as-contraceptive-spain/)
 

  (Dibujo de Enrique Flores extraído de su blog: http://www.4ojos.com/blog/)

 
 
 
 
 
 

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