Movimientos
Interrogando la "crisis" desde miradas feministas
07
Feb
2014
17:25
Gente, tenemos que quedar más para salir
Por Vidas precarias

El viernes pasado, 31 de enero, mujeres, bolleras y trans salimos por las calles de Lavapiés unidas en un reclama feminista contra el heteropatriarcado: ¡¡La calle y la noche también son nuestras!! Aquí os dejamos unas pinceladas de lo que varias de nosotras sentimos en aquel momento y del regusto tan estupendo que nos ha dejado. ¡Y aprovechamos para recordar que ya van dos reclamas desde que abrimos este blog!

Nieves: "Nos tocan a une, nos tocan a todes". Para mí, es una expresión de vínculo intermujeresbollerastrans que afirma la respuesta colectiva ante la violencia sobre una. ¿Quizás un lema demasiado manada?

La organización del reclama me pareció muy cuidada, evidenció muy buen trabajo. La cabecera con sus máscaras felinas y protectoras, la redacción y lectura de las experiencias de agresión vividas en primera persona, y todo el recorrido que denunciaba los lugares calientes de agresiones habituales o puntuales. Se denunciaba con la lectura de los hechos vividos por las mujeres más jóvenes, acompañados de reflexión y propuestas de resistencia.

La presencia de mujeresbollerastrans apropiándose de la calle provocaba malestar entre muchos varones. Algunos lo solventaban elevando una leve sonrisa de complicidad condescendiente, otros no pudieron evitar dar marcha atrás ante nuestro paso. Creo que sólo un par de tipos se cruzaron por la mani de manera provocadora, mascullando mierda machista... Lo más sorprendente es que heroicamente desaparecieron muchos hombres que están de manera permanente en los puntos habituales de violencia, seguro que por el mucho arte que había en el reclama. Nos recorría una agradable sensación al saber que estaban escondidos, huidos, silenciados, replegados. "La calle y la noche fueron nuestras", a ritmo de lemas transgresores y divertidos: "polla violadora a la licuadora"

La narración de las violencias en cada uno de los puntos nos acercaba al dolor de la experiencia del cuerpo bloqueado, mudo, que tan bien reconocíamos la gran mayoría de nosotras: "no pude decir nada", "gracias a otro hombre no pudo conseguir nada de mí"... Son nuestros cuerpos feminizados troceados, alienados de la voluntad de respuesta agresiva y de nuestra legítima propiedad sobre él. Poderosos los momentos de subversión en que gritábamos: "ninguna agresión más sin respuesta", "no voy a callarme más". Era una conjura colectiva para resarcirnos de nuestros cuerpos objetualizados, victimizados...

Este trabajo va a seguir avanzando en la creación de respuestas y resistencia ante las violencias en la calle. Y los materiales de esta acción están dispuestos para llevarlos a otros barrios.

Ya no sé que más decir, me gustó tanto, me sentía tan poderosa pisando la calle con fuerza...


Greis: Viernes, 8 de la tarde. Me preparo para salir. Pero hoy no es un viernes cualquiera. Hoy he quedado. Nuestra riqueza es grande, somos transexuales, lesbianas, vecinas de todas las edades, hijas, madres, compañeras… Con las convocadas para salir este día me une algo muy fuerte y especial: La necesidad de mostrar que el barrio también nos pertenece. Que nunca estamos solas, aunque la calle esté oscura y volvamos a casa tarde. Recorremos el barrio, mientras vamos relatando acontecimientos, le han pasado a alguna de nosotras, nos han pasado a todas en algún momento. Sabemos que los machistas nos miran. Sabemos que se están dando cuenta de nuestra presencia. Ocupamos nuestro lugar y señalamos los lugares donde no se nos respeta. Una calle habitualmente atestada de acosadores, de pronto extrañamente tranquila. Una biblioteca pública. Un bar. Una plaza. Estos lugares nos pertenecen, no sólo hoy, todos los días. Conocemos las esquinas conflictivas, las palabras afiladas. Tenemos la respuesta, y queremos darla bien alta: ¡Machirulos, tened cuidado!

De vuelta a casa, surge un deseo: ¡Gente, tenemos que quedar más para salir!


Amaia: "Nos tocan a una, nos tocan a todas”. Es un grito de fuerza y valentía. Nos ayuda (a mí, al menos, me ayuda, y mucho) a no sentirnos solas. Cuando la violencia machista va justo de eso: de aislarte y hacerte sentir tremendamente vulnerable. (En mi vida había imaginado que una sola mirada desde el otro extremo de la mesa pudiera helarte de semejante forma, pudiera hacerte echar a temblar -de miedo- y que todo ello sucediera en plena cena familiar. Solo tú, fragilísima, y unos ojos cargados de odio, el resto no existe.)

... y nos obliga a reconocer que sí, yo también. ¿A quién no le ha pasado? ¿A quién no le ha costado reconocer que le ha pasado? No solo es enormemente difícil afrontarlo… Para empezar, es enormemente difícil reconocerlo, reconocernos como sujetos de violencia. Dar la gravedad que se merece a esa historia que, fijo, estamos exagerando. Poner ese nombre a prácticas ¿sutiles? que preferimos obviar. (Ese director de tesis al que le genera tanta curiosidad tu historia con tu novia. “¿Tú antes estuviste con chicos?, ¿cómo es eso?” Mejor dar evasivas y que no se ponga nada en juego en una relación en la que, si alguien tiene la sartén por el mango, es él.). Esas prácticas ¿sutiles? que una tras otra nos van situando allá donde debemos estar, quietecitas. Y cada quien con su estrategia. (Mejor sentirme fuera del mercado. Mejor ser invisible. Mejor fea y gorda, pero desapercibida.)

Reconocer que eso pasa, que te pasa, y que quienes ejercen violencia no son solo ni siempre sujetos extraños, sino cercanos. Reconocer que quizá el que ha ejercido violencia seas tú que lees esto, biotío (y, perdón, me escamoteo aquí del debate sobre hasta qué punto la violencia machista pueden ejercerla otros sujetos). Los malos no son los que leen otros periódicos. También hay mucha violencia machista en las redes humanas que conforman estas burbujas alternativas. Aunque quizá sea demasiado optimista pensar que hay mucho biotío que lea un post sobre feminismo, a no ser que se haya convertido en un trending topic primero.


Bea: Sin miedo de repetir, sin miedo de redundar en las mismas sensaciones, sin miedo de señalar los mismos momentos me pongo a recontar ese mismo reclama: ¡tomando las teclas, rompiendo el silencio! Claro, parafraseo proclamas porque ya las he hecho mías, porque quiero y puedo. Y me permito repetir precisamente porque creo que es en lo común, en lo repetido en muchas de nosotras y nosotrxs donde, por un lado, toma sentido tomar las calles juntas con el reclama, y, por otro, donde reside la fuerza que el grupo nos devuelve.

Lo común que justifica el reclama son las sensaciones de invasión cuando caminamos solas por la calle, la objetualización de nuestros cuerpos, el que nos hagan responsables de mensajes no emitidos que se nos atribuyen por el mero hecho de tener cuerpos leídos como mujeres/bolleras/trans y hacer uso de ellos con libertad (o sin ella) y un tropel de feelings y matices más que compartimos y denunciamos con el reclama. A voz en grito a veces, otras a través de las gargantas de las otras, también en las conversaciones con las amigas que nos acompañan. Lo común que nos aporta el reclama, lo que crece en la repetición, es, por poner solo un ejemplo, la fuerza de sabernos legitimadas.

El viernes pasado esas voces de las otras eran en gran medida las de las más jóvenas. ¡Los 17 años me dijo una amiga que rondaban las organizadoras! Y tan ricamente que nos llevaron de paseo, parándose para megafonearnos sus experiencias con los micromachismos en el macromachismo. Experiencias repetidas en cada una de nosotras. Yo las veía ahí, subidas a un contenedor o a cualquier otro sitio, encorajadas, gritando ¡machirulo, ten cuidado! Y qué queréis, me moría del gusto y de la envidia. Eh, envidia no de la edad, nop, sino de la potencia, ¡bravas!

Pasear juntas y empoderadas por las calles es para mí, también, un ejercicio de repetición, un familiarizarse con otra forma de ser y estar en el espacio público. Fuerte y segura como en el reclama, así es como nos quiero en todo momento y lugar, en tránsito y sin miedo. Y eso, como tantas otras cosas, hay que practicarlo, interiorizarlo.

Desaprender lo aprendido en sociedad, loqués yo, no puedo hacerlo sola, y el viernes pasado a la hora de la quedada, al llegar a la plaza Tirso de Molina, el ‘dónde’ era allí donde un grupo de mujeres, bolleras y trans se hacía más y más grande, y juntarse era sumar: ¡MUCHO POWER y hasta el próximo RECLAMA!
 

Hasta el coño de tanto macho suelto. Machirulos, tened cuidado
Foto tomada de aquí

Nieves, Greis, Amaia y Bea

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Vidas precarias

Hoy, en medio de una de las tantas tormentas de la lluvia ácida del capital, mezclamos voces, deseos y miradas feministas para interrogar la realidad desde otros lugares que no sean el sujeto obrero-blanco-heterosexual-urbano que hace tiempo dejó de representarnos. Aquí nos encontramos amaia orozco, Haizea M. Alvarez, Martu Langstrumpf, Sara LF y Silvia L. Gil, partiendo de nuestros cotidianos para conversar entre nosotras y con otras en las fugas y resistencias que visibilizan conflictos y generan otras formas de vida.

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