Movimientos
Interrogando la "crisis" desde miradas feministas
02
Ago
2013
18:49
Citius, altius, fortius
Por Vidas precarias

Sin tener la más mínima intención de calibrar las responsabilidades en torno al tren descarrilado en Santiago, puede ser un acicate para hablar de qué demonios (nos) pasa con la velocidad; un tema que está ahí, a mi entender clave y normalmente soterrado. La velocidad al menos en dos sentidos. Por un lado, en su vínculo con la masculinidad. Y, por otro, en su nexo con el progreso. Y, por qué no, en la conexión entre ambos: masculinidad-progreso.

¿Cómo podemos leer “tenía que ir a 80 y voy a 190” y que eso nos remita a la conducta de una persona concreta en lugar de traernos a la mente otras muchas situaciones vividas? Quién no ha oído chulear a un niño de que su padre llega de madrid a barcelona en cuatro horas, por ejemplo. Quién no ha querido balbucear un “¿puedes ir un poco más despacio, por favor?” y no se ha atrevido a ello. Quién no se ha sentido acosada en la carretera por ir lenta. Quién no ha escuchado que es más peligroso conducir demasiado despacio que por encima del límite de velocidad (ojo: ¿demasiado? no se trata de un demasiado legal -por debajo del límite inferior-, sino de un demasiado socialmente construido). Que la señalización está mal puesta y poner un 70 en esa curva es una exageración. Que el riesgo no es conducir rápido, sino tener un coche malo. Que saber conducir rápido es muestra de habilidad. Que habilidad es tener reflejos y saber reaccionar rápido, y para eso no hace falta ir lento.

Cómo podemos tener una sociedad tan hipócrita que llene los periódicos con anuncios donde velocidad, placer y prestigio son todo un pack y luego lance acusaciones individualizadas a nadie. (A todo esto, poca cosa hay más heteronormativísima que los anuncios de coches.) Cómo podemos no discutir sobre la noción social de riesgo. Cómo podemos conducir sin ser conscientes de que la forma de hacerlo habla de nuestra forma de cuidar (o no) la vida de quien va contigo y de quien está alrededor. Y ojo que hablar de masculinidad no es decir que esos valores sean compartidos por todos los sujetos con cuerpos leídos como hombres y por ninguna de quienes somos leídas como mujeres. Decir que la velocidad se asocia a la construcción social de la masculinidad es decir que se asocia al poder y al prestigio; es decir que se asocia al riesgo y que el riesgo es lo que se valora por encima de y en contraposición a la prudencia y el cuidado feminizados. Es decir que se afronta la velocidad porque se confía en uno mismo, en tus reflejos ante un imprevisto, más aún, en que no va a haber imprevistos porque lo normal es que entre tú y tu destino no haya más que kilómetros de asfalto y tu propia voluntad; decir todo esto es vincular la forma de abordar la velocidad con la idea de autosuficiencia. Qué gran imagen esa del conductor solo ante el horizonte, domeñando la carretera para alcanzarlo. El mundo (lo relacional, lxs otrxs) desaparece.

Y cómo escamotear el debate sobre en qué medida progreso es aquello de citius, altius, fortius: cada vez más rápido, cada vez más alto, cada vez más fuerte. Se ha denunciado con muy buenos argumentos la apuesta por un medio de transporte que une grandes núcleos urbanos y obliga a agonizar en el anonimato a los pequeños; una red de transporte que pretende anular en lo posible la distancia y el tiempo. Y que todo esto se hace desde criterios de rentabilidad, en función de la organización territorial que le interesa al capital, y en ningún caso por calidad de vida. Denunciamos que la financiarización de la economía tiene que ver, entre otras cosas, con imponer al conjunto social unos ritmos que son los de la valorización del capital financiero, más acelerados aún que los del capital productivo (la bolsa debe cerrar hoy con beneficios, no es suficiente mañana ni en el balance de fin de año); no son los de la vida humana, mucho menos los del planeta. Más aún, como nos dice Yayo Herrero: “la velocidad y la lejanía se oponen esencialmente a los tiempos de la vida”.

Pero, ¿hasta qué punto estos ritmos no nos han calado hasta los huesos? ¿Hasta qué punto no estamos en el fondo encantadxs de hacernos los seiscientos y pico kilómetros barcelona-madrid en menos de tres horas? ¿Hasta qué punto estamos encantadxs sin querer pensar demasiado en las desigualdades que genera la diversa vivencia del tiempo y del espacio según qué pueda pagar cada quien? Pocas veces me he sentido tan mal como cuando, en un viaje Madrid-Cochabamba, mi compañera de asiento, emocionada ella, me preguntó si había ido alguna vez y cuánto tiempo pensaba quedarme. A mí, que era la tercera vez que cruzaba el charco ese verano (por curro, todo sea dicho, pero qué más da), y que iba para un curso de tres días… Ella, que volvía a visitar a su gente tras seis años en españa, trabajando en los invernaderos del levante; seis años de trabajo infernal, de ahorro, de pelea por los papeles. Seis años para acumular un mes de vacaciones.

¿Y qué tiene que ver todo esto de la velocidad con el productivismo que atraviesa nuestras vidas, también las militantes? Me contaba una amiga que una vez, durante una charla de decrecimiento, el ponente se desmayó del agotamiento que llevaba porque venía de dar otra charla el día antes y no había podido dormir casi para llegar a tiempo, y antes había estado en una jornadas, y y y... ¿Puede haber mayor antítesis? ¿Es o no es modus operandi habitual en los movimientos sociales? ¿Quizá por distintos motivos? ¿Cuánto prestigio da estar en todo (y, de nuevo, piénsese en el nexo prestigio-masculinidad, entendida como construcción de sí para sí)? ¿Cuánta culpa genera no llegar a todo aquello a lo que deberíamos llegar (y aquí léase el vínculo culpa-feminidad, como construcción de sí para el resto)?

No sé, quizá sea un popurrí de preguntas sin ton ni son. Pero, para mí, todas estas cuestiones sobre la velocidad, la vivencia desarrollista y heteropatriarcal del tiempo y el espacio están por ahí operando, en el tendido ferroviario y en las vidas de quienes circulamos sobre él…

(Y una última recomendación, merece la pena echarle un ojo a este informe de Farapi S.L. Siniestralidad vial y género, 2009)
 

 

amaia

comentarios

6

  • |
    dieguitovalor
    |
    Dom, 11/10/2013 - 02:26
    Al respecto de la velocidad y como has mencionado a Yayo Herrero me permito el lujo de citar un párrafo del libro "Cambiar las gafas para ver el mundo" (página 31) del que es co-cordinadora. "Grandes masas de materiales se desplazan horizontalmente a gran distancia y a gran velocidad. La velocidad es una de las señas de identidad de la cultura del desarrollo. Esta forma de moverse en el planeta contrasta con los desplazamientos que realiza la materia viva. Si observamos la corteza terrestre, podemos comprobar que la mayor parte de la biomasa -los vegetales- se desplaza de abajo a arriba y con mucha lentitud." Un bailarín de butho puede tardar 15 vibrantes minutos en caer al suelo. Los mejores corredores de ultra-maratones son un tribu indígena americana de Nuevo México: corren 160 km. en menos de dos días. Estoy humanizando mi automóvil: cuando subo una cuesta en la autovía no piso el acelerador, dejo el pié inmóvil y siento trabajar al motor que asciende gruñendo a 80 Km/h, conduzco sobre un mapa físico, no político y lo disfruto. Este fin de semana me he ido a ver a mi padre a Levante y me he dado un baño de mar y puestas de sol. Para cojer fuerzas y seguir sentándome en las plazas entre otras cosas. Por cierto, qué bien aprovechado, sentido y compartido el viaje a Cochabamba aquel que cuentas, compañerx. Gracias de corazón por contarlo.
  • |
    dieguitovalor
    |
    Dom, 11/10/2013 - 02:26
    Al respecto de la velocidad y como has mencionado a Yayo Herrero me permito el lujo de citar un párrafo del libro "Cambiar las gafas para ver el mundo" (página 31) del que es co-cordinadora. "Grandes masas de materiales se desplazan horizontalmente a gran distancia y a gran velocidad. La velocidad es una de las señas de identidad de la cultura del desarrollo. Esta forma de moverse en el planeta contrasta con los desplazamientos que realiza la materia viva. Si observamos la corteza terrestre, podemos comprobar que la mayor parte de la biomasa -los vegetales- se desplaza de abajo a arriba y con mucha lentitud." Un bailarín de butho puede tardar 15 vibrantes minutos en caer al suelo. Los mejores corredores de ultra-maratones son un tribu indígena americana de Nuevo México: corren 160 km. en menos de dos días. Estoy humanizando mi automóvil: cuando subo una cuesta en la autovía no piso el acelerador, dejo el pié inmóvil y siento trabajar al motor que asciende gruñendo a 80 Km/h, conduzco sobre un mapa físico, no político y lo disfruto. Este fin de semana me he ido a ver a mi padre a Levante y me he dado un baño de mar y puestas de sol. Para cojer fuerzas y seguir sentándome en las plazas entre otras cosas. Por cierto, qué bien aprovechado, sentido y compartido el viaje a Cochabamba aquel que cuentas, compañerx. Gracias de corazón por contarlo.
  • | |
    Dom, 08/18/2013 - 14:55
    Eskerrik asko por el post. El tiempo, la velocidad y las convenciones sociales másculino-productivas son una de las claves a desactivar a la vez que de las más complejas, porque las tenemos muy naturalizadas. Continuamente me hago preguntas similares a las que se enumeran en el post y me veo en medio de contradicciones similares. &iquest;Por qué no soy capaz de tomar otras decisiones y desacelerar? Comparto aquí un post de hace unos días que creo tiene que ver con todo esto: &#39;Tomar(nos) el tiempo&#39;&nbsp;<a href="http://www.colaborabora.org/2013/07/25/tomarnos-el-tiempo/">http://www.colaborabora.org/2013/07/25/tomarnos-el-tiempo/</a>
  • |
    lacasitos
    |
    Jue, 08/15/2013 - 14:08
    Gracias por el artículo, me ha gustado mucho. Todo lo que rodea esta noticia del accidente nos ha llevado a alguna gente a conversaciones sobre cómo se &quot;gobierna a golpe de machiruladas&quot;. Es decir al famoso &quot;por mis cojones&quot;, que tan pronto sirve para vacilar de ir rápido en hacer un AVE, como que se pueden quitar medidas de seguridad si son costosas, o que este contrato se lo lleve tu colega, como las burradas que vemos a diario de la corrupción y recorte de derechos que afectan a la calidad de vida de las personas, en especial e aquellas que no disfrutan de tantos privilegios como quienes nos gobiernan. Y y también un machirulismo basado en un ritmo de vida y una forma de estar en mundo que como tu muy bien señalas tenga que ver con&nbsp;cada vez más rápido, cada vez más alto, cada vez más fuerte. Como si viviéramos en un constante anuncio de coches rojos deportivos... En fin lo que quería decir es &iexcl;muchas gracias!
  • |
    Gonzalo Revilla
    |
    Dom, 08/04/2013 - 09:47
    Este debate queda por plantear, ciertamente. Porque corremos sin saber para qué, aceleramos para ganar un tiempo que no sabremos gestionar luego, hacemos grandes infraestructuras para poder desplazarnos a lugares destrozados por esas grandes infraestructuras... de locos!!
  • |
    Elena
    |
    Sáb, 08/03/2013 - 17:08
    muy interesante la relación de conceptos &quot;socialmente construidos&quot; y el sin sentido muchas veces de nuestras vidas. Gracias por expresarlo de esta forma
  • Vidas precarias

    Hoy, en medio de una de las tantas tormentas de la lluvia ácida del capital, mezclamos voces, deseos y miradas feministas para interrogar la realidad desde otros lugares que no sean el sujeto obrero-blanco-heterosexual-urbano que hace tiempo dejó de representarnos. Aquí nos encontramos amaia orozco, Haizea M. Alvarez, Martu Langstrumpf, Sara LF y Silvia L. Gil, partiendo de nuestros cotidianos para conversar entre nosotras y con otras en las fugas y resistencias que visibilizan conflictos y generan otras formas de vida.

    Tienda El Salto