Movimientos
Interrogando la "crisis" desde miradas feministas
19
Abr
2013
19:07
La memoria como asignatura pendiente
Por Vidas precarias

La pasada semana, en el post El privilegio de morir dignamente, se planteaba que para hablar de la vida que merece la pena ser vivida se hace necesario hablar de la muerte, cuestión que no solemos tener en cuenta. Siguiendo esa línea de cuestiones que no suelen salir en el debate, y tal vez porque es abril, y porque desde hace unos años, los días que preceden al 14 y algunos después, se celebran charlas y se proyectan películas para recordar un tiempo que intentó ser más que fue, parece importante tener presente la memoria y el necesario ejercicio colectivo de su recuperación para la construcción del buen vivir. Como dice Galeano, en La memoria subversiva, la buena memoria permite aprender del pasado, porque uno de los sentidos que tiene la recuperación del pasado es que sirva para la transformación de la vida presente.

El otro día, en el intermedio de la representación de una de esas obras que pretenden devolvernos un trocito del pasado, una amiga me preguntaba si conocía cómo habían vivido la obtención del derecho a voto durante la Segunda República las mujeres de mi familia. Pensando juntas y luego, tras la función, con otras amigas, nos dábamos cuenta, que entre todas reuníamos unas pocas anécdotas deslavazadas e inconexas que no nos permitían construir el relato de la vida de nuestras bisabuleas, abuelas o madres en ese tiempo. Como María Milagros Rivera Garretas, en Nombrar al mundo en femenino, decía que la historia de las mujeres se encontraba llena de agujeros negros, nosotras desconocíamos cómo se tuvieron que sentir mientras se debatía a favor o en contra del sufragio femenino, del aborto, del divorcio o cómo participaron de esos procesos.

El golpe militar, la guerra civil y las cuatro décadas posteriores se obcecaron en borrar la época pasada, que seguramente como toda etapa tenía luces y sombras, y desde el franquismo metódicamente se impuso una visión de la historia, un modelo de sociedad, un modelo de feminidad, que con contradicciones, pretendía controlar todos los ámbitos de la vida y que todavía tiene consecuencias en nuestros días.

Tal vez sería rizar el rizo, en el juego de las ucronías, pensar que de no haber tenido cuarenta años de dictadura, con su modelo de feminidad basado en el “ángel del hogar”, ahora no tendríamos una ética tan reaccionaria de cuidado, sin embargo, la cuestión del aborto se presta más al juego, ¿de haber seguido la Segunda República, sería el aborto legal desde hace más de 80 años?, ¿nos veríamos envueltas en los debates actuales, donde el Ministro de Justicia anuncia, día sí y día también, la eliminación de plazos y la restricción de supuestos? Volviendo a la memoria y al ejercicio de su recuperación y poniéndolas en relación con lo que su ausencia precariza nuestras vidas, y siguiendo con el ejemplo del aborto, se puede decir que en el modo en que se nos enseña la historia, aunque, justo esto no es que se enseñe mucho, parece que el aborto fuera una reclamación que comenzó hace 40 años y que nunca hubiese sido legal.

Nuestro desconocimiento, en parte, es por el silencio que se impuso, y muchas personas, con un nudo en la garganta, vieron en él la mejor fórmula para proteger a sus seres queridos. Hasta tal punto llegó el silencio, que ni los muertas habían existido. En palabras de Doña Celia, personaje de la novela la Voz dormida de Dulce Chacón, en la nueva españa que se abría paso, en los cuarenta, los cuerpos de las represaliadas por motivos políticos y religiosos no pertenecían ni a sus familias, ni a sus personas allegadas, ni sus cuerpos ni las muestras publicas de dolor por su ausencia, el duelo no tuvo lugar, y muchas décadas después ese duelo es una tarea pendiente.

Dice Martin Beristain, que tras la finalización de dictaduras, en muchas sociedades se plantea la necesidad de conocer el pasado de manera que el conjunto pueda reconocer lo que ha sucedido. En el caso del Estado Español, tras la dictadura, el olvido fue la gran demanda para seguir avanzando, de ahí que no se haya abierto un proceso colectivo para construir relatos complejos y que los conocimientos que normalmente se siguen adquiriendo en el sistema educativo formal sean un tanto vagos. No obstante, hay que reconocer los trabajos individuales y colectivos realizados desde diferentes ámbitos para la recuperación de la memoria. Uno entre otros, Mujeres bajo sospecha.

Las demandas de reconstrucción de los hechos pasados atienden a necesidades psicológicas, a problemas prácticos, como pueden ser repartos de bienes materiales, y en gran medida a lograr unas nuevas bases para la convivencia. En el complejo proceso de sentar esas nuevas bases, la memoria y la posibilidad de que la historia no tenga un único relato, devuelve la dignidad a las personas que formamos parte de esa sociedad, nos ayuda a reconstruir lazos colectivos y nos facilita gestionar las causas por las que surgieron los conflictos.

En la obra de teatro del otro día, en la que comenzamos a plantearnos lo poco que sabíamos del pasado, se representaban números cómicos típicos de la época en los que gran parte del humor se basaba en la objetulización del cuerpo, bastante cuestionables en sí mismos y que no representaban la panacea. Pero para poder cuestionar lo que sucedió en esos tiempos, un primer paso sería recuperar lo que paso. Recuperar la memoria es una asignatura pendiente, recuperar la memoria y la experiencias de los sujetos no hegemónicos resulta imprescindible para romper los estereotipos y acabar con ese “agujero negro” que en casos como el del aborto, nos pretende hacer creer que nacimos antes de ayer.

Haizea M. Alvarez


Foto: Mujeres Republicanas. Javier Larrauri.
http://www.javilarrauri.com/republica/republica.html

 

Galeano, E. (1996): La memoria subversiva. En Tiempo: reencuentro y esperanza (no.96).
Guatemala: ODAG.
Rivera Garretas, M.M (1994):“Nombrar el Mundo en Femenino: Pensamiento de las mujeres y teoría feministas”. Barcelona: Icaría-Antrzit.
Chacon, D. (2002): “La voz Dormida”. Madrid: Alfaguara.
Martin Beristain, C. (2000): Justicia y reconciliación: El papel de la verdad y las justicia en la reconstrucción de las sociedades fracturadas por la violencia. Hegoa

 

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Vidas precarias

Hoy, en medio de una de las tantas tormentas de la lluvia ácida del capital, mezclamos voces, deseos y miradas feministas para interrogar la realidad desde otros lugares que no sean el sujeto obrero-blanco-heterosexual-urbano que hace tiempo dejó de representarnos. Aquí nos encontramos amaia orozco, Haizea M. Alvarez, Martu Langstrumpf, Sara LF y Silvia L. Gil, partiendo de nuestros cotidianos para conversar entre nosotras y con otras en las fugas y resistencias que visibilizan conflictos y generan otras formas de vida.

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