Movimientos
Interrogando la "crisis" desde miradas feministas
03
May
2013
12:18
Los cuentos que nos cuentan: la reproducción y ¿sus protagonistas?
Por Vidas precarias

La antropóloga Emily Martin explica en su artículo “El óvulo y el espermatozoide: de cómo la ciencia ha construido un romance perfecto basado en estereotipos de género” cómo, en los discursos científicos sobre óvulos, espermatozoides y fecundación, se presentan estos gametos[1] desde el antropomorfismo, esto es, con cualidades humanas, y desde una visión binarista, desigual y estereotipada de cómo las personas somos entendidas en términos a partir de coordenadas de masculinidad y feminidad. Así, los espermatozoides se presentan masculinizados, como sujetos con capacidad de acción, fuertes, valientes, con objetivos (fundamentalmente: penetrar al óvulo), y los óvulos se presentan como receptores pasivos, dotados de significado sólo a través de su contacto con “el” espermatozoide. Lisa Jean Moore, años más tarde, escribió un libro sobre “el fluido más preciado de los hombres” en el que analizaba discursos en torno a los espermatozoides en diferentes ámbitos. Ella destacó cómo en en ellos se reproduce también un modelo de masculinidad hegemónica en el que la relación entre éstos y los óvulos se presenta o bien en términos de “batalla de los sexos” o en términos de “complementariedad” con un fuerte componente de historieta de combates o cuento de hadas fuertemente heteronormativo, en los que la relación entre los supuestos polos “femenino” y “masculino” es claramente desigual.

Algunas películas se han hecho eco del asunto, seguro que más de unx recuerda esta (entre el 2.40 y el 4,35). Pero es fácil verlo también en documentales y series de “divulgación científica” para todos los públicos. Estos discursos naturalizan la masculinidad hegemónica y sitúan a los óvulos, y lo que entienden y definen como el cuerpo de las mujeres, en el lugar pasivo que les reserva el imaginario heteropatriarcal.

Los estudios de estas autoras nos recuerdan que la ciencia -como todos los demás discursos- es situada, que las definiciones científicas de lo que somos están conformadas en el contexto de una cultura, de una forma de entender el mundo muy particular. Las hegemonías blancas, occidentales, heteronormativas y androcéntricas nos explican así cómo se da el proceso de reproducción desde una visión simplificadora en la que el punto clave se sitúa en el encuentro entre óvulo y espermatozoide. Estas explicaciones parece que necesitasen buscar protagonistas de la historia, un chico y una chica para formar lo que Emily Martin llama “romance perfecto”. Dar esta centralidad a la fecundación frente a todo el resto de procesos que tienen lugar en el aparato reproductor femenino crea una falsa imagen en la que pareciese que lo único necesario y esencial para que nazca un bebé es que un espermatozoide espabilado consiga ganar a todo su grupete en una especie de “gran carrera” y penetrar (¿¿¿en qué momento asumimos que el encuentro entre células es “penetración”???) al óvulo.

Esta visión simplista y absurda invisibiliza todo el trabajo que el aparato reproductor femenino y todo el cuerpo de la persona dentro de la que se da la fecundación llevan a cabo en este momento y en las semanas subsiguientes. Ella es la que activa una serie de mecanismos que consiguen que se genere un embrión que, en algunos casos, puede derivar en un feto que, en ocasiones, deriva en una nueva persona. No siempre es así, muchas veces el proceso se para, o bien porque el cuerpo no reconoce el conjunto de células como un embrión y no genera los procesos necesarios para el desarrollo del mismo o para su posterior derivación en feto, o bien porque la persona que lo está desarrollando decide no continuar el proceso porque no quiere, no puede o no desea en ese momento generar una nueva vida con todo lo que ello implica. Esto se realiza, si se puede hacer de una forma segura, a través de la paralización del proceso por vía médica. Vaya, igual que se paralizan por vía médica otros procesos que suceden en nuestro cuerpo de forma no deseada (desde la extensión de un virus común a la multiplicación de células cancerosas).

El hecho de que los cuentos que nos cuentan sobre la reproducción se centre en la agencia de los hombres (“Papá pone una semillita en mamá”) y niegue totalmente la agencia de las mujeres no es algo inocente ni ingenuo. Esto no es lo mismo que decir que todas las personas que repiten la historia tengan en la cabeza una estrategia maléfica de sometimiento de las mujeres, evidentemente. Pero el imaginario existente en torno a la reproducción separa al embrión y al feto del resto del cuerpo de quien lo está generando, y separado del cual no existe. Este imaginario forma parte de una estrategia más de sometimiento y negación de la agencia de las mujeres y demás sujetos no hegemónicos, una estrategia más de control de los cuerpos que no se atienen a las normas del ideal religioso y conservador que nos prefiere muertas antes que libres.

La lucha por el derecho al aborto va más allá de que una mujer en un momento dado pueda abortar (aunque eso ya es suficientemente importante), implica reconocer que podemos tomar decisiones sobre nuestras vidas que se salgan del ideal heteronormativo de la familia nuclear. Que podamos decidir sobre nuestra p/maternidad, nuestra sexualidad, nuestro placer. Implica negarse a que los derechos se adquieran sólo por vía económica (porque evidentemente, siempre ha habido clases y quienes puedan permitírselo volverán a volar a Londres). Implica cuestionar un discurso que dice saber más sobre nosotras que nosotras mismas. Luchar por construir imaginarios distintos, vidas con sentido, vivibles, decididas; no se termina en el derecho al aborto, faltaría más, pero permitir que nos lo roben supone precarizar muchísimo más las vidas de gente ya suficientemente precaria. Considero que cualquier discurso político o ético que se pueda considerar mínimamente emancipador tiene que asumir que, tanto en relación al aborto como en general en la relación con nuestros cuerpos, las “mujeres” deciden, la sociedad respeta, el estado garantiza y las iglesias no intervienen.

sara

--> Desde El Salvador se están pidiendo firmas de apoyo para exigir una revisión de la Ley contra el aborto a raíz del caso de Beatriz

 

 

[1] Interesante definición de gametos (espermatozoides y óvulos) aquí

comentarios

1

  • |
    Gloria
    |
    Vie, 05/03/2013 - 22:59
    Un artículo bueno, necesario y oportuno. Sólo una observación: en el cuadro de presentación de "Vidas precarias" afirmáis que interrogáis a la realidad desde otros lugares que no sean "el obrero blanco, heterosexual, urbano, que ha dejado de representarnos". ¿Nos ha representado alguna vez tal figura? Supongo que se trata de una metáfora de la ideología dominante, que es fundamentalmente androcéntrica, etnocéntrica, heteronormativa y clasista; pero aunque así sea se trata también de una metáfora que estereotipa a un conjunto de personas, que a lo mejor no han elegido ser obreras, blancas y urbanas, o ni siquiera heterosexuales, y, sin embargo, pueden estar de nuestro lado. ¿Y por qué un obrero y no un empresario, un juez, un banquero ...?
  • Vidas precarias

    Hoy, en medio de una de las tantas tormentas de la lluvia ácida del capital, mezclamos voces, deseos y miradas feministas para interrogar la realidad desde otros lugares que no sean el sujeto obrero-blanco-heterosexual-urbano que hace tiempo dejó de representarnos. Aquí nos encontramos amaia orozco, Haizea M. Alvarez, Martu Langstrumpf, Sara LF y Silvia L. Gil, partiendo de nuestros cotidianos para conversar entre nosotras y con otras en las fugas y resistencias que visibilizan conflictos y generan otras formas de vida.

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