Movimientos
Interrogando la "crisis" desde miradas feministas
07
Mar
2013
11:54
"Contra el expolio de nuestras vidas y nuestros cuerpos"
Por Vidas precarias

Este es el lema de la mani del 8 de marzo en Madrid (aquí, el manifiesto). Van unos breves y ojalá no muy enrevesados apuntes y dudas surgidos al hilo de tan potente reclamo.

Habitamos una Escandalosa Cosa; como dice Donna Haraway, de qué otro modo podríamos llamar a este heteropatriarcado capitalista blanco, a este capitalismo patriarcal heterosexista racialmente estructurado que se globaliza.

Esta Escandalosa Cosa está asentada sobre un conflicto irresoluble entre el proceso de acumulación de capital y la sostenibilidad de la vida. El capitalismo se define por priorizar y garantizar la acumulación a costa de someter la vida a amenaza constante. Los últimos tiempos de recuperación de las ganancias a costa de atacar las condiciones de vida han hecho aún más evidente esta tensión que no es nueva (para rescatar bancos se desahucian personas). ¿Cómo comprender el conflicto sin pensar que la vida está en algún lugar puro e inmaculado, siendo poco a poco destruida por el avance del capital, sino entendiendo que la vida se re-construye y destruye dentro de la Cosa? ¿El proceso de acumulación permea nuestra propia noción de la vida y de las estructuras que la organizan?

El estado del bienestar es el intento en esta Escandalosa Cosa de acallar esa tensión irresoluble. Por eso no puede ser nuestro horizonte de lucha. Y, a la par, es una forma de poner coto al funcionamiento descarnado del proceso de acumulación y de construir una responsabilidad colectiva en garantizar ciertas dimensiones vitales. Por eso la defensa de lo público es irrenunciable hoy. ¿Cómo manejarnos en esta paradoja? ¿Cómo pelear por formas colectivas de sostener la vida no encorsetadas a las fórmulas ya conocidas y que vayan comiendo el terreno a la acumulación?

En esta Escandalosa Cosa la responsabilidad de sostener la vida se garantiza con un triple mecanismo. Se privatiza: No es asunto del común, sino de las redes de intimidad y cercanía. ¿Cómo reconocer esa realidad de cooperación y nombrar al mismo tiempo la violencia y el control que se produce en esas redes? ¿Cómo ver que esto incluye, pero desborda, la familia? Se feminiza: se asocia a la ética reaccionaria del cuidado y a la feminidad. ¿Cómo entender que esto va más allá de poner el trabajo no remunerado en manos de las mujeres? ¿Cómo nombrar los nexos con un sistema de heterosexualidad obligatoria donde el ser mujer se entiende como ser al servicio de lo masculinizado?, ¿y cómo rastrear que esto atraviesa construcciones subjetivas y socioeconómicas mucho más allá del quién se acuesta con quién? Y se invisibiliza: el conflicto se sumerge en las esferas de las que no hablamos y la responsabilidad de sostener la vida amenazada se pone en manos de los sujetos que no se constituyen en sujetos políticos. El conflicto no estalla porque se acalla. ¿Cómo hacer lucha desde estos terrenos sistemática y sistémicamente considerados no-políticos?, ¿cómo poner la retaguardia en vanguardia, o, más aún, salir de la trampa que deja vacío el espacio entre ambas?

En esta Escandalosa Cosa las vidas están jerarquizadas, y la vulnerabilidad (que nos equipara a todxs) está desigualmente distribuida. Cuanto más nos acercamos al sujeto privilegiado, al BBVA (blanco, burgués, varón, adulto y añadamos puntos suspensivos...), mayor es nuestra capacidad de convertir nuestras vidas en las dignas de ser rescatadas, de convertir nuestra buena vida en asunto de todxs. Y cuanto más nos alejamos, mayor es la amenaza y la precariedad de nuestras condiciones vitales. ¿Cómo reconocer que tenemos un problema común pero que no ocupamos posiciones homogéneas de privilegio u opresión?

En esta Escandalosa Cosa el expolio de la vida humana se vincula al expolio de la vida no humana. Ambos son posibles por la negación de la materialidad y los límites de la vida, la negación de los cuerpos y su vulnerabilidad, y del planeta que los contiene. Esto nos ha llevado al abismo en términos ecológicos y a la imposición de un sueño loco de autosuficiencia imposible y dañino ¿Cómo meter la materialidad de la vida (los cuerpos sexuados que son parte misma de la naturaleza) en la lucha anticapitalista? ¿Cómo combinar la crítica a los memoranda de la UE con la reivindicación del aborto libre y gratuito y la lucha contra el fracking yendo más allá del sumatorio de causas?

La ecodependencia y la interdependencia son condiciones básicas de la existencia. La forma de negarlas y de lograr no verlas es resolverlas en términos de desigualdad y explotación: expoliar los recursos materiales y energéticos que corresponden a generaciones futuras, o a pueblos de otras zonas del mundo; negar y explotar los trabajos y recursos recibidos por los supuestos sujetos autosuficientes. ¿Cómo construir una noción distinta de la vida que merece la pena ser vivida que acepte los límites y que no los afronte con desánimo y resignación, sino con la alegría de poder imaginar formas de co-habitar el mundo libres a la par que comprometidas, más justas e, incluso, más divertidas?

Estas, y otras miles, son preguntas que pueden surgir al hilo de ese reclamo que nos lleva juntas a la calle mañana, 8 de marzo, en una manifestación protagonizada por las mujeres (por la diversidad de sujetos subordinados por el orden heteropatriarcal), que este año empieza donde siempre ¡y acaba tomando la Cibeles!

amaia

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Vidas precarias

Hoy, en medio de una de las tantas tormentas de la lluvia ácida del capital, mezclamos voces, deseos y miradas feministas para interrogar la realidad desde otros lugares que no sean el sujeto obrero-blanco-heterosexual-urbano que hace tiempo dejó de representarnos. Aquí nos encontramos amaia orozco, Haizea M. Alvarez, Martu Langstrumpf, Sara LF y Silvia L. Gil, partiendo de nuestros cotidianos para conversar entre nosotras y con otras en las fugas y resistencias que visibilizan conflictos y generan otras formas de vida.