Global
Miradas heterodoxas desde y sobre América Latina.
22
Abr
2014
08:53
¿Una renovación de la izquierda desde el sur? Uruguay y Mujica
Por Eduardo Gudynas

Mujica UruguayPosiblemente una de las mejores maneras para lanzar una columna de análisis y opinión bajo el nombre “Vértice Sur”, sea dejando en claro su propósito. Este nombre alude, por un lado, a una perspectiva geográfica, ya que se abordarán aconteceres y circunstancias donde de una manera u otra estará presente ese sur que es América Latina. Y por otro lado, también se refiere al propósito de buscar otras aproximaciones, salir de los pre-juicios, invertir las miradas y explorar alternativas sustanciales.

Como primer ejercicio es difícil escapar a la tentación de recalar en la capital más austral en América Latina, Montevideo, y detenerse en José “Pepe” Mujica, el presidente de Uruguay. Es que tanto ese país, como “el Pepe”, están de moda. La revista británica eligió a Uruguay país del año 2013, y Mujica es el centro de atención de periodistas de todos los rincones del mundo que elogian su austeridad o su filosofar. El madrileño El País le dedicó su revista del domingo, donde Juan José Millás lo calificó de “líder extraordinario” (23 marzo 2014). Mujica es candidato al premio Nobel de la paz (con un activo respaldo de parlamentarios y académicos europeos), y como broche de oro, Barack Obama está “deseoso” de reunirse con él, y destaca su liderazgo en “derechos humanos, inclusión social y paz global y seguridad”.

Por momentos parecería que una renovación de la izquierda a escala internacional se origina en Montevideo, donde Mujica sería su principal exponente. Pero si uno se detiene un momento, y se aplican las reglas de “Vértice Sur”, mirando los fenómenos desde abajo, tantas felicitaciones de la Casa Blanca o The Economist, deben llevarnos a ser precavidos.

La coalición de izquierda que gobierna en Uruguay, ¿expresa sustanciales novedades políticas? El presidente Mujica, ¿es un líder de nuevo tipo?

Crecimiento económico y reformas

Comencemos por recordar que las circunstancias globales han permitido que la economía de Uruguay creciera por más de una década, con un promedio del 5.5% entre 2006 y 2013. El desempleo es bajo (6% en 2013), la pobreza se sitúa en el 11.5% y la indigencia en 0.3%. Desde mediados de 2013, Uruguay trepó a la lista de países de renta alta según el Banco Mundial.  Desde las circunstancias de varias naciones europeas, y entre ellas España, esos indicadores económicos y la demanda de empleo, son envidiables.

Desde el punto de vista político se debe reconocer que los gobiernos de la coalición de izquierda del Frente Amplio han manejado muy bien las buenas condiciones globales. Pero además avanzaron en varias medidas destacables, tales como el fortalecimiento de los derechos de los trabajadores, un sistema de ajuste salarial automático semestral, cubrieron déficits importantes como el reconocimiento de las empleadas domésticas, aumentaron los controles sobre el sistema bancario, etc. En el país no se han encontrado esquemas organizados de corrupción político – empresarial, y los casos puntuales que se debaten están muy lejos de las redes de manejo ilegal de dineros y votos descubiertas en otros países. A esto se sumaron otras medidas, posiblemente más conocidas a nivel global, como el matrimonio igualitario, derechos reproductivos de la mujer (sobre el aborto) o la estatización del suministro de marihuana.

Este desempeño está a la izquierda de lo que se observa en buena parte de Europa occidental. Sin duda están muy a la izquierda de las políticas de Rajoy, pero además también lo está de gobiernos que, como el de Hollande en Francia, se dicen de izquierda. Por lo tanto, es totalmente comprensible que muchos miren a Uruguay añorando políticas similares dentro de sus países.

Además, todo esto está aderezado por la personalidad llamativa de Mujica: un pasado en la guerrilla urbana, preso durante casi una década bajo durísimas condiciones, una entrada tardía en la política formal, y su culminación en la presidencia. Sus dichos mezclan lenguajes populares, a veces con palabrotas, con giros inesperados que apelan a la reflexión profunda o a la picardía popular. Su estilo de vida descansa en una austeridad extrema. Entonces, cuando se mira a Mujica desde Europa, en un contexto de muchas izquierdas estancadas, liderazgos opacos pero prepotentes, una vez más se destacará Mujica.

La mirada desde abajo

Sin embargo, desde el vértice sur, la situación es mucho más compleja. El gobierno del Frente Amplio, y Mujica, repiten casi en su pureza original el ideal del desarrollismo convencional de mediados del siglo XX. Uruguay ha profundizado su perfil de exportador de materias primas, con crecientes problemas para sostener una industria propia. Esto se debe al  crecimiento de las exportaciones de soja, pasta de celulosa, y carnes, beneficiadas por los altos precios de las materias primas y la demanda asiática (especialmente China). El costo ambiental de este fenómeno es claro, con un aumento sustancial de agroquímicos y creciente problemas en erosión de suelos. El impacto social también se siente entre los pequeños agricultores, que deben abandonar sus prácticas tradicionales y reconvertirse en función de los agronegocios para no desaparecer.

Mujica ha sido uno de los principales promotores de este giro. Bajo su gestión como ministro de agricultura (en el primer gobierno de izquierda del Frente Amplio), se completó la liberalización del uso de transgénicos, se debilitaron los controles ambientales sobre agroquímicos, y se transnacionalizaron algunos sectores agrícolas y ganaderos (a corporaciones de Argentina, Brasil y Nueva Zelandia).

Al llegar a la presidencia, Mujica profundizó esta tendencia. Repetidas veces ha explicado con total sinceridad sus ideas: atraer inversores, hacer crecer las exportaciones y con ello la economía, “juntar más plata” desde el Estado y luego repartirla de la mejor manera. Ha dicho que hoy, solo es posible el capitalismo, amortiguando sus impactos más duros, y el socialismo quedará para un futuro distante.

Su obsesión con atraer inversiones llegó al extremo de firmar un acuerdo secreto de inversión para una nueva planta de celulosa (algo que ocurrió por primera vez en Uruguay, y sorprendentemente bajo un gobierno progresista). Su principal plan de desarrollo es iniciar la megaminería de hierro a cielo abierto, ofreciendo todo tipo de ventajas a una corporación extranjera, presionando para recortar los controles ambientales, y desoyendo las resistencias ciudadanas.

La política macroeconómica es bastante convencional (similar a la practicada, por ejemplo, en Brasil por el gobierno liderado por el Partido de los Trabajadores). El gran capital disfruta de una baja carga impositiva, mientras que los tributos sobre todo afectan a la clase media. A su vez, el gobierno y el presidente aparecen envueltos en amistades estrechas con unos pocos grupos empresariales (por ejemplo, una corporación pesquera, un holding del transporte naviero, una empresa minera “junior”, un empresario del fútbol, etc.).

Mujica un día critica el consumismo, pero en las demás jornadas lo promueve. El consumismo de las clases medias y populares, junto a los programas de asistencia monetarizada a los sectores más pobres, son ingredientes claves para sus respaldos políticos.

La política internacional es más independiente, defiende la integración sudamericana, y se dice cercano a las posturas brasileñas. Pero a nadie escapa que ese raro interés de Barack Obama por Mujica se debe a que Uruguay finalmente aceptó el pedido de Washington en recibir a presos liberados desde Guántanamo.

Se mantiene un republicanismo que es raro en América Latina, donde el gobierno, por ejemplo, no intenta controlar la justicia, ni ha caído en poner una foto de Mujica en cuanta obra pública sea posible. Pero, por otro lado, el presidente se burla una y otra vez de minorías, como por ejemplo los ambientalistas, feministas, etc. Las iniciativas populares que buscan llamar a consultas ciudadanas sobre emprendimientos como la megaminería cada vez encuentran más obstáculos desde el propio gobierno y su base partidaria.

Mujica se acerca a las posturas de otros progresismos sudamericanos que sostienen que una vez que se ganó una elección, el presidente queda revestido de la legitimidad de los votos para llevar adelante cualquier plan de desarrollo que quiera. Las demandas de distintos grupos sociales serían, bajo esa postura, intentos de “minorías” de imponerse sobre “mayorías”, y serían funcionales a la derecha política. Por ejemplo, el pasado 17 de abril, Mujica cuestionó a las “minorías” que “buscan la desobediencia civil, la parálisis y la inoperancia”, las que se comunican por medio de “redes”, señalando como ejemplos a los “movimientos de indignados y las resistencias civiles”.

Es cierto que el gobierno Mujica no llega a los extremos de las administraciones Correa en Ecuador o Morales en Bolivia de clausurar o expulsar ONGs, pero sus razonamientos son similares. Pero comparte con ellos las críticas a las movilizaciones populares, las que entiende como copias de los “indignados” españoles o los ocupantes de Wall Street, y realmente no entiende los reclamos de los nuevos movimientos sociales.

Volviendo al inicio de este artículo, son esas posiciones las que explican los elogios de The Economist o las felicitaciones de Obama. Mujica, más allá de sus contradicciones, de sus aspectos positivos o negativos, es un ejemplo de la deriva de la izquierda clásica hacia el progresismo. Este no es conservador ni neoliberal, pero defienden una inserción en el capitalismo desde la provisión de materias primas. El progresismo se legitima desde sus programas de asistencia social, y una fuerte defensa de un centralismo estatista que desconfía de las iniciativas y autonomías populares. Mirado desde muchos rincones europeos todo eso es positivo, y aliviaría la situación de mucha gente. Pero hay que reconocer que, por el momento, esa transformación hacia el progresismo no implica una renovación de la izquierda y las alternativas al desarrollo siguen pendientes.

Eduardo Gudynas en twitter en: @EGudynas

comentarios

1

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    Revolutioncan
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    Lun, 05/19/2014 - 13:35
    Buenos días Eduardo, Totalmente de acuerdo con que el Pepe una de las tantas voces de la nueva corriente ideológica de la izquierda del siglo XXI. Pero debo decirle que falla usted bastante en cuanto a la recopilación de datos. Para empezar no fue casi una decada si no 13 años los que paso en la carcel.  El conflicto entre Uruguay y Argentina sobre la localizacion de dos nuevas plantas de pasta de celulosa sobre el rio Uruguay no tuvo nada de secreto si no que fue de resonancia internacional. Si al final la empresa se construyó sobre el margen del rio que esta en territorio uruguayo fue porque el tribunal de la Haya asi lo decidió.  Esta usted comparando el gobierno de Mujica con el de cualquier democracia donde el partido que gobierna con mayoría absoluta no atiende a las peticiones de la oposición(Italia, España,..). Larrañaga, lider del partido nacional reconoce haber aportado ideas en materia de seguridad y educación que el gobierno saco adelante. En general el panorama político Uruguayo ofrece una aproximación al diálogo entre partidos que ya gustaria que existiera en muchos paises. Sobre la critica que hizo de las redes sociales usted lo saca completamente de contexto, mientras que Pepe se refería, por poner un ejemplo, a casos como el sucedido con el golpe de estado en Ucrania, donde durante los primeros días de incertidumbre todos los grupos de izquierda europeos a traves de las redes sociales atacaron indiscriminadamente al gobierno legitimo de ese país, que posteriormente fue derrocado de forma ilegal con el apoyo de occidente. Ese es el peligro que tienen las redes sociales al que se refiere, la espontaneidad, la posibilidad de crear una noticia y esparcirla por el mundo sin antes comprobar absolutamente nada acerca del contexto que se esta criticando, en cuestion de minutos. Decir que tiene usted razon en que es cuanto menos sospechoso que los paises representantes del neoliberalismo elogien las politicas que se estan haciendo en Uruguay, pero el mismo Pepe Mujica se rie de esos elogios y se permite incluso bromear con el asunto.  Espero que se informe un poco mas antes de volver a intentar camuflar sus ideas en un articulo escrito de forma tan capciosa. Atentamente,  Revolutioncan
  • Eduardo Gudynas

    Blog coordinado por Eduardo Gudynas, ecólogo social, más militante que académico, y enfocado en las alternativas al desarrollo en América Latina. Integrante del equipo de CLAES (Centro Latino Americano de Ecología Social) en Montevideo, desde donde trabaja junto a diversos movimientos y organizaciones sociales en los distintos países del continente. Es docente invitado en varias universidades latinoamericanas y europeas, integra el sistema de investigadores de su país y es investigador asociado de la Universidad de California – Davis. Columnista o bloguero en distintos medios latinoamericanos, especialmente La Primera (Perú), Página Siete (Bolivia), El Espectador (Colombia), Correo da Cidadania (Brasil) y Voces (Uruguay). Se lo puede seguir en twitter en: @EGudynas; y sus publicaciones académicas están en www.gudynas.com

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