Saberes
Una ecología secreta de las redes
06
May
2015
19:18
Rizomas de la paideia libertaria
Por Sebastià Jovani

El 13 de octubre de 1909, pasados ya los fogonazos y los estallidos de pólvora que iluminaron de manera intempestiva Barcelona durante los sucesos de la Semana Trágica, el pedagogo Francesc Ferrer i Guàrdia era ejecutado bajo la acusación de haber participado en la sedición popular que sumió la ciudad y el régimen de la época en un intervalo de caos tan brutal como plenamente justificado. Con la ejecución de Ferrer i Guàrdia, sin embargo, se pretendía algo de mayor calado que la simple aplicación del castigo ejemplarizante o el sacrificio de otro chivo expiatorio más. Significaba borrar también de un plumazo, física y simbólicamente, a la cabeza visible de un ambicioso proyecto pedagógico y educativo íntimamente imbricado con la causa obrera y la praxis libertaria: La Escuela Moderna, fundada en 1901.
 

 

Más de un siglo después, con la educación pública sometida a un implacable procedimiento de drenaje, precarización y desposesión (con la consiguiente emulsión de factores sociales e ideológicos que ello comporta: exclusión, segregación, instrumentalización política de la enseñanza), la figura de Ferrer i Guàrdia, así como el rastro de carmín (real, pero difícil de detectar: de hecho los únicos archivos generados directamente por la Escuela Moderna se hallan en la Universidad de California) dejado por su proyecto adquieren tintes no sólo de reivindicación histórica (aquello que fue y pudo ser) sino también de acicate para estructurar el presente-por-venir (aquello que es y puede llegar a ser) implementando la necesidad de una profunda, ya no renovación, sino revolución del marco educativo. Una revolución que atraviesa los espacios institucionales, sigue con las prácticas pedagógicas y afectivas y desemboca, finalmente, en el desarrollo de un cuerpo social en las antípodas del que el presente régimen se afana por ensamblar: autónomo y no subalterno, comunal y no extractivo, fraternal y no despótico.

El modelo educativo de La Escuela Moderna (laicidad, obrerismo, síntesis lúdico-racional, libertarismo, equidad) ha inspirado sin duda muchas reflexiones e iniciativas que buscan escapar de los cauces oficiales y oficiosos en los que aparentemente está obligado a discurrir el proceso formativo de los niños y adolescentes. Las redes, más allá de haberse manifestado estos últimos años como un poderoso y concurrido vehículo de propagación de las demandas globales del sector educativo (aka #mareaverde) también son un instrumento para visibilizar la radical necesidad (o la necesidad radical) de mantener encendido un destello histórico que jamás ha sido lo bastante integrado en el patrimonio de herramientas comunes. La página web www.antorcha.net (un reservorio digital que alberga una nutrida amalgama de textos de corte libertario, entre ellos el boletín anarquista del mismo nombre que se publicó en Argentina entre 1921 y 1932), por ejemplo, ofrece en su biblioteca virtual el texto íntegro que el mismo Ferrer i Guàrdia redactó como acta fundacional y explicativa de La Escuela Moderna.

Esta necesidad no sólo es esgrimida por colectivos de educadores, pedagogos y familias, sino también por representantes de la cultura libertaria en general, activistas, redes de asociacionismo y plataformas reivindicativas de la acción y la memoria social, entre ellas la misma @f_ferrerguardia, @localitzat o @EducacioPopular:
 

De hecho la relevancia de lo propuesto y sembrado por La Escuela Moderna es que se trata de algo que desborda la coyuntura de un estricto modelo educativo y alcanza el estatuto de modus operandi vivencial: traspasa los muros de la institución para verterse en todos los meandros de la existencia común. Es el nucleolo de un proceso de deserción, primero (respecto discursos y dogmas formativos, estratificaciones sociales) y de emancipación individual y colectiva, en segundo término. De ahí que el legado de Ferrer i Guàrdia resulte impertinente para las oligarquías cuyo proyecto pedagógico pasa por hacer del sistema educativo un mecanismo bipolar, desacompasado e insolidario. Relegando la educación pública al lodazal de la miseria, maniatando sus potencialidades y sirviendo en bandeja a la farmacología psiquiátrica la interpenetración en buena parte de las situaciones de conflicto (ya se sabe que un buen brote psicótico lo cura todo). Mientras que en el otro lado, en el otro hemisferio de eso llamado inteligencia colectiva, se encumbra el paradigma instrumental de la escuela como vivero de emprendedores y gestores de una existencia volcada en los postulados extractivos, el positivismo de la hiperacumulación y la esculturización de las futuras élites o en el caso menos afortunado, de sus abnegados lacayos. Ah, y también están los jesuítas, ciertamente. La tercera vía, la espiritualidad creativa: I+D+i al servicio de Dios y del Progreso. Aunque de eso ya hablaremos (quizás) en otra ocasión.

Visto lo visto (y lo sufrido) en el proceso de descomposición del tejido educativo y ya que muchos han tildado las medidas del ministerio de Wert (aunque habría que hallar prólogos a las mismas en anteriores ministerios, así como corolarios en diversos gobiernos autonómicos) como netamente decimonónicas, la modernidad de La Escuela Moderna se nos antoja tan drástica que incluso supera su propio listón para verse, a ojos del presente, como un paradigma ultra-moderno. Algo que casi podría parecer una trama de ciencia-ficción especulativa si no fuera porque tenemos constancia de que hubo un tiempo en el que se llevó a la práctica y porque son cada vez más las voces y las acciones que recuperan y actualizan, a modo de guerrilla, su legado.

Viva La Escuela Moderna, manque pierda.

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Sebastià Jovani

El espacio cuántico de las redes también tiene sus propios rastros de carmín. Senderos que no aparecen en las grandes crónicas de datos ni en la historiografía oficial de los hechos vencedores en la batalla por la visibilidad y la hegemonía informativa. Y que así sea. Conforman territorios hostiles a la determinación, códigos difusos en los que brota algo de guerrilla inconsciente o de error altamente productivo. Materia oscura. Y hacia allí nos dirigimos. Que tengan un buen viaje.

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