Saberes
Una ecología secreta de las redes
09
Feb
2015
16:39
Redes antes de las redes
Por Sebastià Jovani

Existe un vórtice intermedio entre las aventuras de Miguel Strogoff y la propagación viral en las redes sociales. Especialmente en lo que se refiere a la transmisión de mensajes y actitudes díscolas y dislocadas, en el generosísimo ofrecimiento de breves e inquietantes cortocircuitos en el ensamblaje del sistema de la razón común y de sus epígonos políticos y culturales. Sí, amigos: hubo una época no muy lejana en la que algunos desarrapados que en la tierna adolescencia se zambulleron en la marmita de Dadá se conjuraron para crear una aldea global secreta, casi clandestina a través de la cual distribuir y compartir materiales artísticos y activistas altamente inflamables. Es lo que se vino a llamar mail art o arte postal. El arcano antecesor de este hervidero informacional que llamamos redes sociales.

El mail art tuvo sus orígenes en el entorno del Cabaret Voltaire (el de Zurich) y en personajes como Kurt Schwitters, Hugo Ball, George Grosz o Raoul Hausmann. Circuitos casi invisibles que empleaban el noble vínculo del correo postal para intercambiar consignas de terrorismo artístico, tunear las propias creaciones o simplemente fortalecer los vasos comunicantes de un cenáculo de maravillosos tarados cuyo rastro, como ya bien indicó Greil Marcus, se sigue extendiendo décadas y décadas más tarde. En España el mail art también tuvo sus epígonos, si bien estos trabajaron en el bullicioso caldo de los setenta-ochenta (como Benet Rossell, Nil Bartolozzi, Eugènia Balcells o el grupo ZAJ) y muchos de ellos en las cochambres guerrilleras del underground y, muy especialmente, en sus quebradizas y ruidistas facciones musicales (Macromassa, Ortega y Casset...). El casette se añadió al flyer (evidentemente fotocopiado) y a la plaquette como objeto de transmisión casi esotérica en un contexto en el que todavía resultaba muy peliagudo salirse de la gramática y la sintaxis oficiales.

El sendero zigzagueante y (premeditadamente) errático de esta historia puede seguirse en las redes actuales, especialmente gracias al titánico esfuerzo del artista Pere Sousa y de su proyecto on line www.merzmail.net, un laberinto enciclopédico en el que hallar casi cualquier material relativo a ésta y a otras aventuras contraculturales de aroma netamente cabaretvoltairista. Si bien su presencia en redes como twitter fue fugaz, el eco de su trabajo sí resuena en dichas redes, amplificado por la curiosidad acuciante de ciertos espíritus patafísicos:

   
 

    

Volviendo al proyecto web, al margen de una nutridísima colección de referencias específicas al Mail Art (que pueden consultarse en la página www.merzmail.net/mart.htm), el sitio gestionado por Sousa incluye otros documentos históricos de enorme combustibilidad, como los relativos a la Huelga de Arte que tuvo lugar entre los años 2000 y 2001, a la figura de Luther Blisset o la de Hakim Bey y rastreos temáticos del legado de las vanguardias que van desde la historia de la poesía fonética hasta el neoísmo y un suculento surtido de fanzines y registros audiovisuales, como los que ofrecen su propio canal de Youtube:

Resulta más que curioso, significativo y casi oracular dedicarse a investigar con cierta paciencia duchampiana las alambicadas derivaciones históricas que ofrece Merzmail. Entre otras cosas porque se tiene la privilegiada oportunidad de ser testigo y acompañante de una auténtica arqueología de lo que hoy llamaríamos activismo o incluso hacktivismo, puesto que una de las prerrogativas de la mayoría de estos corpúsculos cuando no iniciativas netamente solitarias era precisamente sabotear los nodos y conexiones que establecían en su momento la codificación y canalización de los significantes artísticos y sociales. Esos cortocircuitos de los que hablábamos al principio. Antes de la volátil espectralidad que ofrece el entorno virtual de las redes las consignas de la guerrilla dadá y su progenie hicieron lo propio empleando la artesanal metodología del papel, la fisicidad plástica y la fantasmagoría textual. Vistos (u oídos) hoy en día y en este ámbito dichos experimentos no sólo no chirrían sino que parecen encajar con esa suerte de maléfica perfección con la que tan sólo encajan las piezas de un puzzle que no está destinado a reconstruir ninguna figura reconocible sino, todo lo contrario, implosionar dicha necesidad y abrir un hueco infinito de senderos que se bifurcan.

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Sebastià Jovani

El espacio cuántico de las redes también tiene sus propios rastros de carmín. Senderos que no aparecen en las grandes crónicas de datos ni en la historiografía oficial de los hechos vencedores en la batalla por la visibilidad y la hegemonía informativa. Y que así sea. Conforman territorios hostiles a la determinación, códigos difusos en los que brota algo de guerrilla inconsciente o de error altamente productivo. Materia oscura. Y hacia allí nos dirigimos. Que tengan un buen viaje.

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