"No vayas sola, te puede pasar algo". Y si te pasa algo, si te violan, es tu responsabilidad por ir sola, por meterte por barrios peligrosos, por llevar minifalda... El feminismo y, en concreto, la autodefensa feminista, lleva años cuestionando este discurso del terror sexual, señalando que limita la autonomía y la libertad de las mujeres, y mostrando que la cuestión no es dejar de hacer cosas, sino conocer los riesgos y dotarnos de recursos para prevenirlos y enfrentar agresiones.

Cuando se trata de hablar a la juventud sobre el uso de las redes sociales, se está reproduciendo ese mensaje tradicional basado en el miedo, que carga las tintas sobre todo en advertir a las chicas de los riesgos de hacer lo que les dé la gana en internet. Campañas como las de Pantallas Amigas (en la que se enmarcan los vídeos que os he puesto arriba y que me hicieron reflexionar sobre este tema) advierten sobre los riesgos de chatear con desconocidos o mandar fotos eróticas a amantes. Me parece bien hablar de riesgos reales como el llamado 'sexting', y hacerlo con perspectiva de género, ya que las chicas sufren más acoso (de todo tipo, y sexual en especial) que los chicos a través de las redes y la doble moral sexual carga las tintas cuando son ellas las que aparecen en contenidos sexuales. Pero me preocupa el riesgo de centrar los discursos en emplazar a las víctimas potenciales a que limiten su libertad para no exponerse a riesgos. Una vez más, el control social recae sobre ellas. Y esto no sólo te lo dice la familia o el profesorado: ahora la Policía Nacional se planta en muchos colegios para atemorizar a la chavalería sobre los peligros que les acechan en internet.

Creo que urge desarrollar la autodefensa feminista online: conocer los riesgos, tener recursos para enfrentarlos, pero también reafirmarnos, sentirnos con derecho a navegar con libertad, a que no nos culpen si sufrimos agresiones, y a utilizar este espacio para nuestra organización y empoderamiento.

Además, como ocurre con el “no vayas sola”, los mensajes habituales que las y los adultos dirigen a la juventud sobre el uso de las redes sociales tienen mucho de moralina y de proyección de valores que tal vez han cambiado de significado para las nuevas generaciones.
Moralina en todo lo ligado a la sexualidad. Si es peligroso producir fotos y vídeos sexuales, si es peligroso chatear con desconocidos, ¿qué nos queda? ¿Acaso se nos está indicando una forma segura de explorar la sexualidad en internet? No. Nos dicen qué no debemos hacer, pero no nos proponen formas seguras y estimulantes de disfrutar del erotismo en internet. El paternalismo sirve como pretexto para amputar nuestro deseo también en la relación con las nuevas tecnologías.

En los estudios se incluye el porno entre los peligros. ¿Es el porno peligroso para una o un adolescente? Lo peligroso, en todo caso, será la pedagogía sexual del porno hegemónico, basada en la genitalidad, la dominación masculina, los cuerpos artificiales, etc. ¿Pero por qué nadie habla de internet como espacio en el que se puede acceder a representaciones no normativas de la sexualidad? Si no fuera porque lo que subyace es el juicio moral de que ver sexo es malo para la gente joven, se animaría a buscar contenidos de porno alternativo a las propuestas coitocéntricas, siliconadas y que denigran a las mujeres.

Si no fuera porque lo que subyace es que incomoda pensar que a nuestras cándidas niñas les puede poner grabarse masturbándose y mandárselo al novio, no les diríamos: "No te grabes" sino "Que no se te vea la cara".

Y con lo de la proyección de valores, me refiero a los discursos sobre la pérdida de la intimidad. Una preocupación recurrente es que las chicas se exponen demasiado hablando de sus sentimientos en Twitter o compartiendo fotos privadas en Instagram. Como bloguera que lleva practicando el striptease cibernético desde los veinti-poco años, me incomoda ese juicio. Yo tengo mi propio concepto de la intimidad. Que cuente historias personales no implica que comprometa mi intimidad. Lo he hablado alguna vez con otro amigo bloguero: a él le daría pudor hablar de su sexualidad; para mí es más íntimo hablar de mi familia.

En una generación que ha crecido viendo reality shows, (y me incluyo; tenía unos 13 años cuando se estrenó Gran Hermano 1), el significado de la palabra intimidad ha cambiado. Probablemente seamos una generación bastante exhibicionista y voyeur. ¿Pero qué tiene eso exactamente de malo? Creo que, en vez de hablar en términos absolutos de la necesidad de promover entre la juventud que cuiden su intimidad, convendría concretar los riesgos que implica confesar sentimientos o compartir fotos personales en público y propiciar que cada quien valore con consciencia qué contenidos comparte. Me parece clave trabajar la autoestima y el empoderamiento de las chicas para que, si les mola colgar autorretratos, lo hagan movidas por una actitud de reafirmación y no por la necesidad de aprobación externa. El problema no es que te mole sacarte fotos, el problema es que te hunda que algún gilipollas te llame fea.

Y además, la gente joven aprende y se autorregula. Por ejemplo, han sustituido Tuenti por un espacio semi-privado (el whatsapp) y los públicos (Twitter, Instagram) para así tener más controlado qué contenidos quieren mostrar al mundo y cuáles no.

Por último, los discursos sobre los riesgos de internet para la juventud son profundamente heterocéntricos. Nunca he escuchado a nadie ni en los medios de comunicación ni en el ámbito educativo contar que para una chica joven de un pueblo pequeño, internet puede ser el único espacio en el que puede vivir su lesbianismo. Que aplicaciones como el Brenda (el Grinder en el caso de los chicos) le pueden mostrar que no es la única lesbiana del pueblo, que no está sola. Que no todas las chicas tienen un novio que las chantajee con fotos sexuales. Que muchas tienen novias con quienes disfrutan de una sexualidad basada en el placer mutuo y la complicidad. O que internet es de los pocos espacios en los que pueden enterarse de cómo follan las lesbianas. Que es en internet donde más accesibles están los contenidos pornográficos protagonizados por lesbianas 'de verdad' (que se desean, que disfrutan, que tienen cuerpos reales y que no están haciendo un numerito impostado para poner cachondos a los espectadores hetero) o por personas trans. Que para muchas, el primer paso para salir de la heteronorma fueron los chats y los foros LGTB o sorprenderse fantaseando con Shane después de ver The L Word. Que esa y otras series que se consumen y difunden sobre todo por internet (ahora la imprescindible 'Orange is the new black') son superimportantes ante la escasez de referentes bolleros en lo audiovisual.

No soy la única que está harta del ciberterror sexual que se alimenta en las jóvenes. Ianire Estébanez, psicóloga y autora del blog 'Mi novio me controla lo normal', está de acuerdo. Por ello hemos pasado a la acción y hemos organizado una jornada titulada 'Redes sociales y juventud: Temor vs. Empoderamiento' con la que queremos mostrar a personas que trabajan en el ámbito educativo, en áreas de igualdad o de juventud, o interesadas en el feminismo, que internet no es sinónimo de peligro, sino que también ofrece muchas posibilidades para reafirmarnos, expresarnos, organizarnos, etc. Y lo contaremos nosotras, las jóvenes que 'vivimos' en Internet.

Primero se presentará la investigación 'La desigualdad de género y el sexismo en las redes sociales', que puede llevar a la tentación de recrearnos en el diagnóstico (que, en efecto, muestra que las chicas están más expuestas a acoso, etc.), pero a continuación cuatro ciberfeministas contaremos nuestras propuestas y experiencias. Ianire aportará estrategias educativas en clave positiva y yo ilustraré que las redes sociales son espacios en los que las jóvenes se expresan, se organizan, entran en contacto con propuestas feministas y con referentes no sexistas.  La compa de Diagonal Marta G. Franco hablará de las potencialidades de la cultura hackeractivista para el empoderamiento de las chicas, y la pikara Andrea Momoitio de las redes sociales y las aplicaciones móviles como espacios de socialización para las jóvenes lesbianas. Por cierto, Andrea publicó en Pikara el reportaje 'Misoginia por whatsapp' que, con las aportaciones de Ianire y Miguel Vagalume (La mosca cojonera) conseguía hablar de violencia machista a través de las redes sociales sin caer en el alarmismo.

El 16 de diciembre en Bilbao o vía streaming (seguid a @noalciberterror para enteraros). Os esperamos. 

Cartel chulísimo diseñado por la también pikara Señora Milton

 

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