Es 25 de febrero, aniversario del triunfo electoral de Violeta Chamorro en 1990, que puso fin al Gobierno del Frente Sandinista de Liberación Nacional. Estamos en un salón del Instituto de Historia de la Universidad Centroamericana en Managua. Una fila de personas representa a la generación que hizo la revolución sandinista, el alzamiento popular que puso fin a la dictadura de los Somoza en 1979. Frente a ella, otra fila de personas representa a la generación joven, la que nació durante la revolución o la guerra de la contra. Las separan tres cuerpos en el suelo -los muertos-, y una mujer de pie con una pegatina en el pecho en la que se lee: “No sirvió”.

El resto de asistentes observan la escena desde las sillas que rodean al grupo. Algunos rostros reflejan escepticismo, otros emoción (con lágrimas incluidas), la mayoría expectación. Se trata de una sesión de constelaciones familiares, una técnica de la terapia sistémica cuyo lema se resume en que, cuando la historia no ha sido correctamente asimilada, se repite y se repite y se repite. Normalmente se utiliza para tomar conciencia sobre cómo la historia de nuestra familia influye en nuestros patrones de conducta. Pero la psicóloga social nicaragüense Martha Cabrera, convocada por un grupo de jóvenes interesadas en establecer un diálogo intra e intergeneracional sobre cómo les duele y les afecta la historia reciente del país, propuso utilizar esta técnica a modo de terapia colectiva. El objetivo es poder conectar con el dolor que provocó la guerra y lo que simbolizó la victoria de la oposición apoyada por Estados Unidos. El título de la sesión: Encuentro con la historia desde el corazón. Porque la historia de la revolución sandinista y la guerra no es sólo un relato que se analiza y se revive a través de libros de texto y documentales, sino que atravesó la vida de cada nicaragüense.

“Alguna gente dice que lo que ocurre ahora no es muy diferente a cómo se vivía durante la Revolución. Otra gente dice que lo que ocurre ahora no es muy diferente a cómo se vivía durante la dictadura de Somoza”, dijo una de las asistentes durante el intercambio de sentires con el que se inició la sesión. Normal: Daniel Ortega volvió al poder como líder del Frente Sandinista de Liberación Nacional en 2006. El mismo presidente y el mismo partido que en la Revolución, pero cuyo triunfo electoral 27 años después fue posible gracias a sus pactos con la Iglesia católica y con Arnoldo Alemán, presidente liberal entre 1997 y 2002, recordado como uno de los diez jefes de Estado más corruptos del mundo. Quienes pusieron fin a la dictadura, hoy acumulan poder, cambian la Constitución para poder ser reelegidos indefinidamente, aumentan el peso del Ejército y combinan su mensaje hippie de paz y amor con un clima de represión y criminalización de la protesta social.

“Nací en el 93. Para poder analizar de forma objetiva la política actual, tengo que aceptar qué ocurrió con la Revolución”, reflexiona una de las asistentes más jóvenes. Otro, nacido dos meses después del triunfo de la Revolución, recuerda que el silencio marcó su infancia: “Mi familia todo el rato me llamaba al silencio: 'no digas eso, que te vas a ganar enemigos'. Eso marcó la forma en la que me relacionaba con las personas, hasta que pude iniciar mi propia revolución personal”. Las más mayores hablaron de familias divididas, de amigos que se fueron al servicio militar y volvieron en cajas; las jóvenes, de cómo fue emigrar de niña o entender que su mamá y su papá no estuvieron ausentes porque tuvieron que ir a la guerra.

Compartidas las vivencias, la psicóloga Eugenia Monroy explica en qué consisten las constelaciones familiares y elige y coloca en su lugar a las personas que escenificarán el desencuentro en torno al sentimiento de fracaso que dejó -a quienes creyeron en la Revolución- la victoria de Violeta Chamorro en 1990. El dolor de sentir que lo luchado no sirvió, que quienes nacieron en torno a esa fecha heredaron un fracaso.

Jóvenes y mayores se miran, miran a los muertos, miran a la mujer y su “No sirvió”. La psicóloga les pregunta cómo se sienten. “Tensa”. “Con miedo”. “Ansioso”. “Tranquila”. “Me duele el cuello”. “No quiero mirarles”, dice una joven, que levanta la vista hacia por encima de la cabeza de los mayores para que sus miradas no se encuentren. “Quisiera acercarme a ella”, expresa otra joven señalando a uno de los cadáveres. La facilitadora le da permiso, así que ella se tumba entre dos de los cuerpos y se queda ahí.

La terapeuta empieza a pedir a jóvenes y mayores que miren a los muertos y repitan con ella: “Su destino fue ese, el mío es otro. Ustedes murieron, yo viví”. Y a las jóvenes, mirando a sus mayores: “He cargado sus sentimientos, sus culpas, sus miedos. Me di cuenta que no son míos. Debió haber sido duro y difícil para ustedes, tanto que tuve que ayudarles a cargar con ello. Pero ahora se lo devuelvo. Ustedes tienen fuerza suficiente. Lo suyo es suyo, yo me dedico a lo mío. Nada tengo que pagar”.

Otra mujer se levanta de una de las sillas y se para en el extremo opuesto a la mujer del '”No sirvió”, pero con otro mensaje en el pecho: “Sí valió”. De nuevo, la gente joven repite los mantras de la terapeuta: “Fue valioso. Valió la pena. Cumplieron con lo que les tocaba hacer. La historia avanza paso a paso. Ustedes caminaron lo que pudieron caminar. Fue valioso, ahora lo miro. Lo que dieron fue suficiente. Gracias a lo que ustedes hicieron soy quien soy. Dejo de juzgarlos y de criticarlos”. Y ya, ambas filas, mirando a los muertos: “Su muerte valió la pena. Había tanto dolor que no nos dejaba ver lo valioso”.

¿Cómo se sienten?”. Algunas personas se han ido relajando, otras siguen sintiéndose mal, hay quien se confiesa estar desorientado: “No sé cuál de los dos mensajes creer”. La psicóloga sigue un rato haciéndoles repetir que fue valioso, que sí sirvió. Y vuelve a preguntar: “¿Cómo se sienten?” “Descargada”. “Empoderado”. “Libre”. “Yo siempre me había sentido juzgada por ustedes, ahora me siento reivindicada”, expresa una de las adultas. “Yo me siento agradecido de formar parte de una gran historia”, responde un joven.

---

Nota: Lo de arriba es el tráiler del documental 'Palabras mágicas (para romper un encantamiento)', citado en la sesión como referencia imprescindible para comprender por qué duele la historia de Nicaragua.
 

 

 

Etiquetas: 

comentarios

0

Agregar comentario