Global
En el terreno de lo políticamente dudoso
21
Mar
2016
09:35
Tolerancia
Por Jule Goikoetxea

Hemos atravesado Europa, desangrada en las estatuas negras de Karlovo Most,
la tolerancia escondida observa a los refugiados,
concentrados ante los perros de acero,
vigilantes efigies,
dispuestos a atemorizar al pueblo,
indecente y sin dinero,
que nada sabe de cielos,
sólo de tortura,
de corredores escabrosos y contrafuertes de lo retorcido,
mecenas todos de la regia-mafia del dividendo.

Es bella la tolerancia, tan bella como material: cuanto más poder tienes más tolerante puedes ser.

No se puede tolerar lo que se sufre, porque la tolerancia ocurre cuando aceptas (es decir, puedes aceptar) algo que no te gusta. Así que la tolerancia no es algo que podamos practicar en cualquier momento, ya que entre la persona tolerante y lo que se tolera hay normalmente una relación de dominación. Los refugiados sufren Europa, no pueden ser tolerantes con Europa, pero tampoco intolerantes. Europa, en cambio, puede tolerar a los refugiados o dejar que mueran de hambre o ahogados.

La tolerancia tiene un trazo de lujo como pilar.

La elite política y financiera europea, el establishment de tu país, pueden ser tolerantes contigo, humilde trabajador, pero tu no puedes ser tolerante con respecto a la élite porque la sufres.

El pensamiento liberal y patriarcal quiere hacernos entender que la tolerancia es una decisión individual (y lo es, pero en un veinte por ciento). Por eso la mayoría de la gente relaciona el debate sobre la tolerancia con la religión o el origen cultural (no con la precarización, la privatización o con que las mujeres cobren menos), y se tiende a enmarcar la tolerancia entre el respeto a lo diferente (personas, culturas, paises) y la no-sumisión ante lo diferente (sumisión cultural, política, económica).
 

La tolerancia se articula desde la ética-política pero es una cuestión de estructura y de poder, una cuestión colectiva, y la pregunta abstracta "debo tolerar al otro" es universal e individualista y por eso mismo tramposa. Ya que no es lo mismo que ese otro sea pobre-empbrecido (necesitado, refugiada, perseguida...) o rico - enriquecido (mafia rusa, capital americano). Y no es lo mismo que ese otro llegue a un estado grande y rico (Estados Unidos, Alemania) o a una comunidad minorizada y fragmentada. Por tanto, en lo que respecta a sí una es tolerante, intolerante o lerda y sumisa baste decir que un hombre blanco de clasemedia o alta cristiano y nacido en Nueva York o Madrid tiene muy difícil ser un lerdo-sumiso culturalmente y muy fácil ser tolerante, ya que su identidad cultual, social y económica son hegemónicas.

Por otro lado, aceptar aquello/aquel que no te gusta es la base de toda sociedad. Problema: ¿Por qué tolerar aquello que no te gusta, si tus gustos no se toleran? Seas migrante, extranjero, pobre, joven, negra o mujer. ¿Por qué ser tolerante con lo que no te gusta, si la capacidad para establecer los gustos en la sociedad y el mundo está repartida de forma intolerable?

Solo algunos gustos e intereses se convierten en Estado, en normalidad, en Unión Europea y en Banco Central, así que los gustos e intereses que no se convierten en estructura, estado, banco o medio de comunicación no pueden tolerar (o no tolerar) los deseos e intereses de los primeros ya que, directamente, los padecen. Y ¿qué es lo que nos jugamos entre el padecer y el tolerar? La democracia.

Por último, al hablar de tolerancia ¿por qué nos vienen a la cabeza el velo, las cruces y el cerdo, y no, los zapatos de tacón o la segregacion en el deporte?¿Por qué no se relaciona la xenofobia y el clasismo Europeo con las conversaciones que cada día toleramos en el bar? Que la tolerancia sea una cuestión de poder no significa que no tengamos responsabilidades, sino todo lo contrario. Tenemos la responsabilidad, muy concreta, de actuar e influir allí donde y cuando podamos.

No toleráis que los baños y los sueldos se dividan por raza, pero toleráis que los baños y los sueldos se dividan por sexo.

Son esas mujeres, las que cobran menos por ser mujeres, las mismas que están siendo violadas, por ser mujeres, en la frontera Europea y por europeos (hombres) a cambio de entrar. No relacionáis lo último con lo primero porque vuestra tolerancia tiene unas fronteras (como Europa) muy concretas: vuestros privilegios. Los mismos privilegios que muestra la Unión en sus fronteras. Los mismos privilegios que sustentan en el trabajo, las calles, las elecciones, los medios y las escuelas la violencia sexista y racista que vivimos a diario.

No, no hay ninguna ofensiva directa y articulada a la Europa capitalista, racista y patriarcal, porque la izquierda europea es blanca, hombre y profesional.

Euskaraz BERRIA.eus

comentarios

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    Miriam Ureta
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    Mar, 01/31/2017 - 13:15
    Muy acertado el análisis de Jule, pues afirmar "yo te tolero" es un ejercicio de poder, pues implica que desde una posición hegemónica se da permiso para la existencia del/la otro/a dominado. ¿Y quién puede dar ese permiso? Quien no lo necesita porque ya lo tiene, porque es reconocido, porque es privilegiado... sólo puede tolerar quien presenta su visión como neutra y -por tanto- no tiene la necesidad de enunciar discursos para legitimar su posición, pues ya está inscrita en el centro de poder a través de mecanismos de eternización y deshistoriciazión: esa es la visión de autoproclamada objetividad del varón, blanco, con poder económico y heterosexual. Para el resto de categorías socialmente construidas, el terreno de lo político se convierte en una lucha por el reconocimiento de sus identidades colectivas, donde las fronteras de esas categorías están siempre en tensión, y ahí está la lucha política. Y a Andoni decirle que creo que su interpretación del mensaje de Jule está desenfocado. Primero porque ciertos ataques personales son injustos, falsos y no se corresponden con la realidad. Pero además porque dices que "la capacidad de indignarse ante la injusticia no tiene sexo, raza u orientación sexual", cuando la capacidad de indignarse y revolverse ante una injusticia no es igual para todos/as porque NO somos sujetos habermasianos, sin identidades, sin vivencias, sin relaciones de poder. No pueden vivir las injusticias de la misma forma dominados/as y dominadores/as: no pueden vivir de la misma forma la putafobia, lesbofobia, transfobia, xenofobia... los/as sujetos políticos que las padecen que quienes las reproducen. Imposible. Esta afirmación es muy peligrosa y -a mi juicio- pretende invisibilizar y, por lo tanto, legitimar todas las violencias (física y simbólica) que se ejerce sobre grupos dominados.
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    Andoni Forú
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    Mar, 03/22/2016 - 08:12
    La tolerancia es el respeto hacia el otro, hacia sus ideas, prácticas o creencias, es decir, su otredad está determinada por su pertenencia a una esfera cultural diferente, por lo tanto no hay tensión entre mujeres y hombres en la misma sociedad occidental por la cuestión de los lavabos no mixtos, y tampoco la hay, muy a pesar tuyo, por la brecha salarial, quiero decir, no existe mayor indignación entre las mujeres que entre los hombres por este tema. La capacidad de indignarse por la injusticia no tiene sexo, ni raza, ni orientación sexual. Y muchas veces que un grupo sea el afectado no hace que se movilice en proporción. Es un tema que no debiéramos tolerar de ningún modo, pero me parece un falacia y un insulto que insinúes que a los hombres en general les “interesa” tolerar esa desigualdad específica en tanto que mantiene su privilegio de “cobrar más por el mismo trabajo”. Nadie que tenga una mínima concepción de la realidad podría afirmar semejante estupidez. Mi pregunta es si “hombre” (o “blanco”) es una condición biológica o es una categoría socioeconómica: si es una categoría socioeconómica repartida en función del sexo que tuviste al nacer, supongo que es lícito usar términos como judío o gitano para designar al enemigo en teoría política (por ejemplo, la proporción de judíos que se dedicaban al comercio y a la usura en los años 30 del siglo pasado en Alemania, era mucho mayor que la de no judíos). ¿Es legítimo utilizar un término que hace referencia a la identidad que accidentalmente te ha tocado: blanco, hombre, chino, etc. para designar la posición que ocupas en la estructura social? ¿Es legítimo meter a todos en el saco, sin excepción? ¿Coinciden SIEMPRE esas categorías con el estatus social? Siguiendo a esta, me vienen a la cabeza otras preguntas: ¿es usted más hombre que yo al trabajar como funcionaria con un puesto fijo en la universidad? ¿Es usted más blanca al tener espacio para su discurso en grandes medios de comunicación capitalistas (Berria, Eitb…)? Tu discurso segmentario siempre dispone de unos mismos elementos (blanco, hombre, burgués, heterosexual = sujeto de privilegios =malo) que no entiendo muy bien, me pierdo en la interseccionalidad y no sé si es un stop o es un ceda el paso. ¿Cuál es mi posición en la estructura teniendo en cuenta que mis ingresos son menores de 600 euros al mes, y no tengo contrato laboral ni perspectivas halagüeñas en este ámbito? ¿Está a la par que la suya porque usted es mujer? Y si fuera gay pero con contrato laboral, ¿estaría al mismo nivel? En fin, es que a veces parece que tengas unas palabras fetiche que metas en una especie de turbina gramatical para generar frases con sentido. Y poco importa que el análisis sea riguroso y capaz de describir la realidad. Más bien parece que busque la provocación y la apariencia de radicalidad en lugar de ideas para el debate y la transformación social. Entonces surge el problema y en vez de sujeto político, lo que se crea es una tribu urbana sin capacidad crítica. Más alienación.
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    Jule Goikoetxea

    Nací posicionada, en el terreno de lo políticamente dudoso, y cuando me dijeron que la dominación mediante el discurso razonado se llamaba conocimiento una sobredosis estructural me convirtió en actualidad. Las que nacimos con la guerra perdida de antemano no luchamos para ganar, sino para transgredir, y la transgresión contiene dentro de sí técnicas milenarias practicadas desde el origen con la mayor disciplina.