Global
En el terreno de lo políticamente dudoso
27
Oct
2015
09:36
Privatizando la Democracia
Por Jule Goikoetxea

La Globalización es un proceso de privatización que incluye elementos de la esclavitud medieval en las sociedades tecnológicas de hoy día. El capital global divide tu cuerpo en quantums y lo convierte en un dispositivo de producción, de arriba abajo de izquierda a derecha, desde la mirada hasta el riñón, de forma que todo lo que produces (criaturas, comida, excrementos, conocimiento, amor, casas, coches, violencia, herramientas, afecto, cuidado, decisiones) es gestionado por unas pocas manos y en beneficio privado. Así pasamos de ser ciudadanas a ser esclavas High-Tech.

Durante las últimas décadas el poder político necesario para realizar las demandas de la ciudadanía (escuelas, hospitales, centros de día, vivienda, calefacción…) y para que dicha ciudadanía se pueda gobernar a sí misma, ha sido privatizado. La globalización es la privatización de la democracia, porque deja las instituciones públicas (las de todas) en manos de una élite financiera: mirad la transformación del parlamento, de ser vinculante ha pasado a se una consejería optativa, y mirad también los gobiernos dirigidos por corporaciones y por “expertos”. El poder político es la capacidad de la población para realizar sus demandas y el instrumento principal para ello siempre ha sido la asamblea popular, se le llame junta o parlamento. Otro de los instrumentos básicos son las asambleas de trabajadores y los sindicatos. Todas las reformas que hemos padecido aquí, en el estado y a nivel Europeo (no digamos mundial, mirad el TTIP) han tenido como objetivo la neutralización de aquello que posibilitaba la articulación y canalización de la decisión pública. Cuando la decisión pública pasa de ser vinculante a ser optativa, entonces se privatiza la democracia. Cuando se lleva a cabo la privatización de los mecanismos e instituciones (parlamentos, escuelas, sanidad, ayuntamientos, justicia) que canalizan el poder público y la autoridad popular, la soberanía popular es asesinada. Desaparece.

Para hacer frente a todo esto nació Alternatiben Herria. Una apuesta contundente por la soberanía popular, la cual se materializa mediante procesos de empoderamiento. La democracia es un proceso de empoderamiento que no termina nunca. Y son procesos que requieren de recursos, recursos que son compartidos. Por eso la soberanía no hace desaparecer la dependencia, sino que la vuelve digna.

Sobre este tema saben mucho las mujeres de los países empobrecidos, así como las autoras de la soberanía alimentaria, el eco-feminismo y la economía feminista.
La soberanía se refiere a la autoridad popular y a la capacidad de la población para tomar decisiones y llevarlas a cabo. La soberanía nada tiene que ver con la capacidad económica de una élite. La soberanía popular implica un sistema político y económico en el que las decisiones tomadas por la población en los diversos ámbitos de su vida sean representadas y llevadas a cabo. Cuando la población no puede tomar sus decisiones, es porque se ha privatizado el poder político que hasta ahora detentaba.
No sólo ha quedado la tierra, el agua y la electricidad en manos de unos pocos hombres (que para eso es el capitalismo patriarcal), sino que este robo trae consigo la privatización de las instituciones públicas (sanidad, educación, jubilación, justicia, transporte, seguridad y vigilancia)  y del espacio público (las calles, las plazas, las fiestas).

Este pasado fin de semana Alternatiben Herria (compuesto por la mayoría sindical vasca y unos 200 movimientos sociales) ha celebrado un gran evento donde diferentes movimientos y actores sociales, políticos y económicos han puesto sobre la mesa diversas alternativas al capitalismo hetero-patriarcal. Y ha sido todo un éxito.

En cambio, es conveniente recordar que al capitalismo cualificado alemán, al anarco-capitalismo norteamericano y al capitalismo democrático suizo no se le puede hacer frente de la misma forma. El capitalismo global no es uno y el mismo. No es general, es específico. El capital no es universal, es particular y fragmentado, porque el poder ha de ser eficaz, no coherente: necesita cuerpo y recursos, no cohesión discursiva. El Capital global es concreto, la Alternativa es general. La Alternativa va a pie, el Capital por satélite. El Capital funciona por nanometros, la Alternativa mediante megametros. El Capital está a favor del bio-poder, pero consigue disciplina y beneficio mediante las instituciones públicas y tiene objetivos, tácticas y recursos locales, además de estructuras globales, a diferencia de la Alternativa.

La soberanía democrática requiere de estructuras-instituciones con una gran capacidad política, porque son dichas estructuras las que tienen que materializar las decisiones políticas y económicas de la población. En ese sentido, estaría bien empezar a pensar, no sólo en un Alternatiben Herriak = Pueblos Alternativos, sino en una Estructura Alternativa.
Ya que el objetivo de la soberanía popular es que el pueblo se reproduzca tal y como decida el pueblo, pero no hay reproducción popular sin estructura política.
El capitalismo global tiene como estructura el estado liberal.
¿Cuál va a ser nuestra Estructura Alternativa?

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comentarios

1

  • |
    Francisco Anes
    |
    Mar, 10/27/2015 - 21:24
    El proceso de privatización que incluye elementos de la esclavitud medieval en las sociedades.
  • Jule Goikoetxea

    Nací posicionada, en el terreno de lo políticamente dudoso, y cuando me dijeron que la dominación mediante el discurso razonado se llamaba conocimiento una sobredosis estructural me convirtió en actualidad. Las que nacimos con la guerra perdida de antemano no luchamos para ganar, sino para transgredir, y la transgresión contiene dentro de sí técnicas milenarias practicadas desde el origen con la mayor disciplina.

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