Saberes
Historia de historias
16
Ene
2014
12:24
Nadar y su viaje al corazón de Asia Central
Por Javier F. Negro

Para comenzar el año con buen pie vamos a desempolvar una historia con tintes aventureros, digna de novela folletinesca. El protagonista es el hijo del emblemático fotógrafo francés Gaspar-Felix Tournachon, llamado Paul. Nuestro personaje, siguiendo el oficio familiar se ocupó de presentar en sociedad allá por 1889 en la Exposición Universal de París, las obras fotográficas de la familia Nadar. En aquel evento de gran repercusión mundial quedó fascinado por la sección correspondiente a “Las calles del Cairo” firmada por Ferdinand Lesseps, creador del canal de Suez y amigo también de la familia Nadar. En realidad, el joven Paul ya se hallaba imbuido en el orientalismo, pues por el taller de su padre pasaron celebridades de la talla de Alejandro Dumas, Eugène Delacroix y Auguste Mariette. De hecho, un año antes del evento en cuestión, se auto fotografió como beduino. (Fig 1)

Dentro del panorama internacional, el Imperio Ruso ampliaba los territorios bajo su batuta en detrimento del Imperio Británico en el denominado “Gran Juego”, un proceso que se desarrolló a lo largo del siglo XIX en el marco del colonialismo. Un hombre clave, fue el general ruso Mikhail Annenkof, quien conoció a Paul en la gran muestra de París, invitándolo a la siguiente edición, emplazada un año después en la ciudad de Taskent en Turquestán --territorio conquistado por el orbe zarista en el último tercio de aquel siglo--.

El 24 de Agosto de 1890, saldrá de la ciudad del Sena Paul Nadar, acompañado por parte de sus trabajos para mostrar en la próxima exposición universal, y dos cámaras de distinta índole. Por un lado la Kodak nº 2, y por otro la gran revolución del momento: la Express Détective Nadar. Ciertamente, el mundo de la imagen fotográfica se hallaba en completo cambio y Paul fue uno de los canales conductores para ello. Si su padre innovó en el ámbito panorámico, congelando imágenes desde un globo, el primogénito avanzó en el campo del encuadre, pero también consiguió mejorar la composición del propio instrumento, así como hacerlo más accesible a una capa más amplia de la sociedad. No es casualidad que George Eastman, cabeza de Kodak, eligiese al francés como representante de su marca en el país galo. (fig2)

Tras apearse del Orient-Express en Constantinopla, atravesar el Mar Negro, recorrer la capital Georgiana de Tiflis, proseguir hacia el este por Bakou y surcar el mar Caspio, Nadar desembarcará en la localidad de Ouzoun-Ada, punto de partida de la línea Transcaspiana. A partir de ahí, enclaves como el desierto Kara-Koum, el curso del río Amu – Daira, la ciudad de Merv y la emblemática Samarcanda, serán captadas por la lente del francés, con ello, los modos de vida de las gentes que habitaban a lo largo del territorio y como no, el impacto de la mano colonial sobre mapa.

Entrando más en detalle, las fotografías de Nadar muestran el espacio geográfico por el que se articuló la ruta de la seda, aquella que aparece en los relatos de Marco Polo. Uno de los enclaves más relevantes fue la Garganta de Sazar, más conocido como las Puertas de Tamerlán, paso entre montañas que conectaba Samarcanda con el fértil valle de Fergana. Por allí avanzaban las caravanas y, en estos momentos seguía sirviendo de ruta para el pastoreo como muestra la imagen. (fig.3)

Por otro lado, las escenas cotidianas son habituales en todas las ciudades por las que pasa. Sírvase de ejemplo su percepción en la plaza Registán en Samarcanda, lugar en el que recoge a un narrador de historias y a su público, prestando especial atención. Sobre aquella imagen, Paul Nadar dejará un comentario en la revista Paris-Photographe: “La escena representa un contador de historias ante un auditorio atendiendo. Es algo común de la población asiática estos monólogos con diálogos, debates en plena calle por uno o dos mollahs o derviches. Los temas para ser contados en la plaza pública varían y se diseccionan de la imaginación del recitante. Son alegres a menudo, se habla de temas religiosos. Antiguas leyendas, poesía, todo ello se mezcla y alterna con comentarios acerca los versos del Corán. Esto es algo como nuestro legendario teatro de la feria. Resulta curioso encontrar de improviso en Oriente esta escena que nos recuerda los trovadores medievales de antaño. No es necesario señalar que esta fotografía instantánea está hecha por sorpresa y la dificultad de ejecución se halla por la necesidad de no llamar la atención del Mollah, ni el de su público que a la vista de la cámara no se dispersase”. En la descripción del fotógrafo se pueden leer atisbos de un orientalismo que comenzaba a perecer como visión romántica. (fig 4).
 

Las ruinas y su entorno serán una pieza más atrapada por el parisino, ejemplo de ello serán , lugares olvidados como la antigua ciudad de Merv, a unos treinta kilómetros de la nueva urbe. Allí muestra desde diversas perspectivas las estructuras de la vieja ciudadela de Abdullah Khan Kala, construida por el cuarto hijo del Gran Tamerlán- Shahruj( 1377-1477) - cuyo objetivo era crear una nueva capital en detrimento de Samarcanda. Otro enclave de gran relevancia el Mausoleo del Sultán Ahmad Sandjar (1097-1157) de la dinastía Selyúcida, una estructura colosal que aún conservaba su disposición originaria, a pesar del devenir del tiempo, que sí había dejado cierta huella en la misma. Aquel lugar había sido objeto de comentarios en los libros de viajeros como el caso de Edgar Boulangier (1850-1899): “Nosotros fuimos al fin a la gran ruina de la región, la tumba del sultán Sandjar, construida sobre una colina que a gran distancia produce una ilusión engañosa sobre la altura real del monumento. Imaginad un edificio rectangular de 18 a 20 metros de lado, que termina en una cúpula de 25 metros sobre el suelo”. (Fig5)

Finalmente, otro factor que aparece constantemente en las fotografías de Nadar es el papel del colonialismo en la región, principalmente con la llegada de la línea trascaspiana. Las obras, comandadas por el ejército ruso, contaban con cuadrillas de obreros autóctonos que veían como el paisaje se alteraba debido al proceso de industrialización. En la partida que estaba jugando el Imperio Ruso, la presencia de ingenieros franceses no era casualidad, así como la del propio Nadar, pues Mikhail Annenkof, era consciente de que las aproximadamente 1200 instantáneas obtenidas por el galo, darían la vuelta al mundo en las consiguientes exposiciones universales.

Nadar retornaría a su país de origen el 17 de diciembre del mismo año de partida, habiendo conseguido mejoras técnicas dentro del campo de la fotografía, cuyos resultados aparecerán en diversas revistas especializadas en la materia, aparte de las ya citadas ferias de corte internacional. Las imágenes tomadas por Paul representaron un cambio dentro de la percepción occidental sobre el Oriente. La realidad comenzaba a perfilarse, mostrando aquellas lejanas culturas de una manera próxima y nítida. Aún así, a pesar de que las fronteras se diluían, en la mirada del fotógrafo parisino, así como en sus palabras, permanecía la concepción dibujada con pinceles por artistas viajeros y marcada en tinta por los escritores del siglo XIX pues el halo romántico se resistía a perecer.

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Javier F. Negro

La cuestión es navegar entre los mares del conocimiento pretérito, surcar la Historia y sus ramas de pensamiento. Reflexión crítica y algo punzante, mostrar que el presente ya fue antes. Recuperar voces empolvadas, pues el ser humano es repetición consonante y cae en espirales anteriormente dadas. Conocer, aprender y no volver a tropezar.

Javier F. Negro / @JFeNegro

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