Saberes
Historia de historias
19
Mar
2014
13:57
Con Novecento aprendimos
Por Javier F. Negro

El cine es una herramienta que puede resultar muy útil, una gran pantalla de conocimiento que nos permite extraer realidades recreadas y poder contrastarlas a la par que fomentar un pensamiento crítico. Incluso la película más “inocente”, no lo es. Todo film tiene su trastienda, un contexto determinado sobre el que nace. Otra cuestión es la referente a los intereses de difusión de una obra. No obstante, en ocasiones un largometraje supera toda etiqueta negra debido a su calidad y se convierte en una película de culto. Baste decir que no es mi cometido realizar una sinopsis de la obra dirigida por Bernardo Bertoluci (sería absurdo), más bien hacer un ejercicio de reflexión sobre la misma y su entorno.

Los mensajes a lo largo del film, que se desarrolla desde 1901 hasta el final de la Segunda Guerra Mundial en Italia, son directos y claros y nos dan algunas claves para entender ciertas situaciones que tienden a repetirse en nuestros días. El tablero principal es la finca de la familia Berlinghieri, lugar en el que aparecen la mayoría de los agentes desde el primer momento: la nobleza y burguesía acomodada, la Iglesia y el campesinado. El cuarto elemento que aparecerá más tarde será el fascismo tras la Primera Guerra Mundial.

Con Novecento aprendimos sobre qué eje pivotaba la Iglesia, siempre ligado a los grandes terrateniente, por ejemplo en el film se aprecia una complicidad pasiva con el fascismo. En realidad las relaciones fueron tensas y aceptaron a los “camisas negras” como un mal menor-Mussolini era un fevriente anticlerical- pues la otra opción sería el Comunismo.

Novecento nos mostró cómo evolucionó la conciencia identitaria del campesinado a través de una corriente de ideas internacionalistas basadas en las interpretaciones de Karl Marx. La lucha de clases se empieza a perfilar, los campesinos hallan en la huelga un mecanismo de tensión para conseguir mejoras en sus condiciones laborales y vitales. Los ecos de la revolución de Octubre fortalecen aún más esos lazos y ponen en guardia a los patrones que buscan soluciones para salvaguardar sus intereses. Las casas del pueblo canalizan el conocimiento y aportan pensamiento crítico, su labor didáctica es vital para fomentar la conciencia de clase al igual que los folletos y la prensa que pasan de mano en mano. Lemas como “la tierra es para quien la trabaja” fueron el resultado de un lento proceso.

De Novecento aprendimos a caracterizar el fascismo, reflejado en la película desde un prisma sádico y enfermizo, representado por Attila Mellanchini. Los “camisas negras” abogaban por el orden, la patria y la superioridad física y moral sobre todo agente corrosivo para el bien de Italia. Su hilo conductor se resumía en odio y con él cometían las mayores atrocidades posibles. La represión y la implantación del terror ante la clase proletaria eran sus consignas.

Novecento nos enseñó que las élites económicas, tras la Primera Guerra Mundial y la Revolución de Octubre hicieron germinar el fascismo con el objetivo de salvaguardar sus privilegios en un ejercicio de “lampedusismo”. En la recta final de la película, por si quedaban dudas, Olmo Dalcò lo deja claro en un plano que se dirige al espectador sin cortapisas señalando al papel que desempeñó Alfredo Berlinghieri a lo largo de los años.

En el transcurso de las cinco horas que dura la película se pueden extraer detalles de gran interés. Una escena clave corresponde a la clandestinidad del PCdI (Partido Comunista de Italia) -ilegalizado por Benito Mussolini en el año 1925-,donde el campesino Olmo Dalcò ante un compañero inmerso en el miedo -herramienta de Estado- apela a que el "Partido son todos".
 

 
 

Otra escena de gran relevancia sucede con la entrega de armas del campesinado tras finalizar la guerra al CLN (Comité de Liberación Nacional) tras el juicio popular a Alfredo Berlinghieri. La lucha armada había finalizado y un muchacho se resistía a entregar su fusil hasta que un partisano le abofetea y le despierta de aquella utopía, finalizando con la afirmación del propio Berlinghieri: “El patrón está vivo”.

En la trastienda podemos ver como la película sale a la luz en 1976, tiempos en los que el PCI ( Partido Comunista Italiano) tenía un gran peso dentro del parlamento italiano. Década protagonizada por la figura de Enrico Berlinguer y la necesidad de un “Compromesso storico” (unión de fuerzas políticas) ante la crisis social y el fantasma del fascismo.

La aceptación de la crítica del film en el Estado español se resume con el premio San Jordi en 1978 a la mejor interpretación extranjera del actor Robert de Niro por su papel de Alfredo Berlinghier, es decir el patrón.

Un largometraje que ningún director español realizará nunca resumiendo las cinco primeras décadas de 1900 dentro del Estado. Lo más parecido se llama “Tierra y libertad” (1995) con guión de Jim Allen y dirección de ken Loach. Mientras Europa luchaba por liberarse del fascismo, España iniciaba su travesía de cuarenta años de desierto dictatorial. Ojalá algún día tengamos una película con una portada similar al “Cuarto Estado” de Giuseppe Pellizza da Volpedo.

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Javier F. Negro

La cuestión es navegar entre los mares del conocimiento pretérito, surcar la Historia y sus ramas de pensamiento. Reflexión crítica y algo punzante, mostrar que el presente ya fue antes. Recuperar voces empolvadas, pues el ser humano es repetición consonante y cae en espirales anteriormente dadas. Conocer, aprender y no volver a tropezar.

Javier F. Negro / @JFeNegro

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