Saberes
Historia de historias
14
May
2013
17:08
Reflejos de la Restauración y su turnismo
Por Javier F. Negro

Bien es sabido que la Historia es un espejo en el cual en muchas ocasiones nos vemos reflejados. Aprender de ella para no cometer errores pasados sigue siendo a día de hoy una asignatura pendiente de nuestra sociedad y sobre ello versará en cierta medida el blog que hoy se estrena.

Un tema de rabiosa actualidad dentro del mundo político no es otro que el bipartidismo bajo el que estamos sometidos. Para muchos no deja de ser un paradigma de algo que ya sucedió hace más de cien años en este país que aún llamamos España. Las figuras de Cánovas y Sagasta, protagonistas de la Restauración española y del mecanismo denominado turnismo, está muy latente. Pero cabría preguntarse ¿qué había detrás del sistema entonces? ¿Cuáles eran los entresijos? ¿Cómo se articulaba?

Bajo las etiquetas de Conservador (liderado por Cánovas) y Liberal (liderado por Sagasta) se agrupaban las dos formaciones emergentes en 1875, aupadas por la Restauración de la corona borbónica, dejando atrás el Sexenio Democrático. Ambos partidos bajo la constitución recién nacida estaban compuestos por una serie de minorías de “notables” que controlaban los periódicos, centros y comités distribuidos por todo el territorio nacional. Dichas minorías distaban en la composición de sus integrantes pues si dentro de las filas de Cánovas se hallaban principalmente terratenientes, entre los liberales podían distinguirse profesionales y representantes de la alta burguesía. Las líneas políticas en lo esencial coincidían y sólo diferían en un discurso superficial en el cual los Conservadores abogaban por un inmovilismo político, la defensa de la iglesia y un orden social mientras los Liberales defendían un reformismo de corte progresista y laico. Lo cierto es que los dos partidos dinásticos no abolían las leyes del otro en la alternancia de poder.

El turnismo era simple, cuando una facción se desgastaba, el monarca llamaba al jefe de la oposición a formar gobierno, se convocaban seguidamente elecciones para que el partido entrante tuviera mayoría parlamentaria. El caciquismo y la manipulación electoral hacían el resto para garantizar la estabilidad del sistema. Hay que recordar que el control del proceso electoral se ejercía a través del ministro de Gobernación y los caciques locales. El ministro elaboraba la lista de los “encasillados” es decir, los candidatos que debían de ser elegidos, además de nombrar a los diputados. De tal modo, los gobernadores transmitían la lista a alcaldes y caciques para garantizar la elección de los “encasillados”. El pacto del Pardo entre los dos “grandes partidos” en 1885  --la oposición real eran carlistas y republicanos-- supuso un acuerdo explicito del bipartidismo para garantizar el sistema liberal y monárquico, en vísperas del fallecimiento de un lánguido Alfonso XII. Un claro ejemplo lo tenemos en este fragmento de la película ¿Dónde vas triste de ti? (1960) dirigida por Alfonso Balcázar.
 

Tras ver el funcionamiento del sistema, es inevitable que nos vengan a la memoria las las palabras de Benito Pérez Galdós tan divulgadas últimamente sobre dicho asunto: “Los dos partidos que se han concordado para turnarse pacíficamente en el Poder son dos manadas de hombres que no aspiran más que a pastar en el presupuesto. Carecen de ideales, ningún fin elevado los mueve; no mejorarán en lo más mínimo las condiciones de vida de esta infeliz raza, pobrísima y analfabeta. Pasarán unos tras otros dejando todo como hoy se halla, y llevarán a España a un estado de consunción que, de fijo, ha de acabar en muerte. No acometerán ni el problema religioso, ni el económico, ni el educativo; no harán más que burocracia pura, caciquismo, estéril trabajo de recomendaciones, favores a los amigotes, legislar sin ninguna eficacia práctica, y adelante con los farolitos... (...) Han de pasar años, tal vez lustros, antes de que este Régimen, atacado de tuberculosis étnica, sea sustituido por otro que traiga nueva sangre y nuevos focos de lumbre menta”.
 

 

Así funcionaba el sistema en el que Sagasta y Cánovas eran cabezas visibles, pero en realidad se apoyaban en toda una estructura corrupta, elegida a dedo en aras de favores personales en condición de enchufismo y vivir del propio Estado. Teniendo de fondo un pueblo analfabeto, voluble, desencantado con la política y cuya participación electoral en tiempos de la Restauración sólo alcanzaba el promedio del 20 %. Aparte de la escasa participación, cabe recordar que el Sufragio Universal masculino en elecciones generales se dio por primera vez en 1890. Sobre ello, reflexionaba Cánovas del Castillo, en un discurso pronunciado en Sevilla dos años antes de la aprobación de la ley: “El sufragio universal, que es en sí mismo una malísima institución política, una institución incompatible con todo ordenado régimen político, y más si ese régimen es monárquico (…) ¿Quién piensa, quién ha dicho siquiera que, después de que en España se haya votado una ley de sufragio universal, las opiniones de las muchedumbres, de los pobres, de los que nada tienen, estarán representadas en las urnas electorales? (…) El sufragio Universal es un instrumento de intimidación en las grandes poblaciones, agitado por la demagogia contra los intereses del orden”. Podemos recordar que la figura política de Cánovas sigue siendo hoy en día un ejemplo para personajes como Esperanza Aguirre.

De la Historia aprendemos y a pesar de que los matices cambian, el Viajero Divagante puede apreciar que hay fondos de telón que siguen. Ustedes pueden sacar sus propias conclusiones. Las palabras de Galdós son claras, demasiadas coincidencias en la estructura. Así podemos pensar que el Pacto del Pardo ha estado más que presente a lo largo de todos estos años, teniendo como punto culminante la reforma constitucional entre PSOE y PP en 2011 en aras de proteger un sistema que ya no tiene de última instancia a la Corona sino a los mercados.

El turnismo sobrevivió la crisis de 1898, aunque es cierto que otras corrientes iban obteniendo fuerza: carlistas, nacionalistas, republicanos, socialistas, anarquistas y comunistas, estos últimos de forma tardía. Un caldo de cultivo que a pesar de todo no pudo acabar con una Restauración que expiraría en 1923 con la Dictadura de Primo de Rivera. Esperemos, que en esta ocasión los sables y fusiles no sean los protagonistas si se produce un cambio real en el sistema actual.

comentarios

3

  • | |
    Vie, 05/31/2013 - 23:33
    Muchas gracias por la lectura. Me alegro que guste ;)
  • | |
    Vie, 05/31/2013 - 23:31
    Gracias por la lectura. me alegro que gustase ;) 
  • |
    LM
    |
    Mié, 05/15/2013 - 15:25
    Maravilloso artículo. Un gustazo. Enhorabuena.
  • Agregar comentario

    Javier F. Negro

    La cuestión es navegar entre los mares del conocimiento pretérito, surcar la Historia y sus ramas de pensamiento. Reflexión crítica y algo punzante, mostrar que el presente ya fue antes. Recuperar voces empolvadas, pues el ser humano es repetición consonante y cae en espirales anteriormente dadas. Conocer, aprender y no volver a tropezar.

    Javier F. Negro / @JFeNegro