Saberes
...y así se las hemos contado
03
Feb
2013
20:24
El cuento de Navidad del marido de Cristina Cifuentes
Por J. Garín

Hoy en la sección "Defensora del lector" de eldiario.es Olga Rodríguez habla sobre el debate generado entorno al artículo "La verdad sobre el marido de Cristina Cifuentes" publicado hace unos días en el mismo medio. Cuando salió la entrada estuve dándole vueltas al enfoque que le daba Ignacio Escolar a “la verdad” sobre el marido de Cifuentes más allá de la aclaración judicial. Rebusqué un poco en la hemeroteca (sobre todo la de El País, ¡besis Juanlu!) para tratar de ponerle algo de contexto a la vida profesional y a las relaciones del protagonista de la historia. El hecho de que las cuestiones a las que me refería sean las únicas que Escolar no responde personalmente en el texto de Olga Rodríguez me ha animado a publicar lo que escribí entonces. Aclaro de antemano que  algunas de las cuestiones que planteo sí las responde Olga Rodríguez como defensora de el lector de eldiaro.es. Ahí va:

 


¡Alto! Vengo en son de paz. A la verdad sobre la situación judicial del marido de Cifuentes le venía bien una aclaración. Ha habido suspicacias respecto a los motivos para sacar el tema ahora pero a eso ya ha respondido Ignacio Escolar: le faltaba algo de información para confirmarlo y ya la tiene. Parece lógico.

La verdad sobre la situación de Francisco Javier Aguilar Viyuela es que nunca había estado “en busca y captura” sino en “ignorado paradero”. No le buscaba la policía sino que el juzgado no podía localizarle para hacerle llegar notificaciones sobre una causa pendiente con un ex trabajador al que debe 45.085€.

Según cuenta Escolar en cuanto supo de esta situación acudió al juzgado para dar un domicilio para notificaciones. Esto último sí que resulta algo extraño por las fechas. Entre la primera notificación publicada el 10 de noviembre de 2011, la primera vez que es publicado en los medios el 28 de junio de 2012 y la última notificación disponible fechada el 30 de noviembre de 2012 pasa bastante tiempo. Pero vamos, es anecdótico y seguro que tiene una explicación.

Seguramente también la tenga la distancia entre el título del artículo y lo que luego contiene. “La verdad sobre el marido de Cristina Cifuentes” es mucho decir si te sales de la mera aclaración de la terminología judicial. Hay muchas otras verdades sobre el marido de Cifuentes que sería necesario incluir bajo un título tan categórico si vas más allá de eso. La historia de su vida tal y como la retrata el artículo empieza así:

“El marido de Cifuentes se llama Francisco Javier Aguilar Viyuela. Es arquitecto y durante años fue dueño de un estudio de arquitectura donde daba empleo a varias personas. Tras el estallido de la burbuja inmobiliaria...”

Antes del estallido de la burbuja inmobiliaria el empresario “daba empleo”. Regalaba puestos de trabajo y la burbuja inmobiliaria le pilló de paso, “santo varón”. Lo primero no hace falta ni aclararlo, ¿no? Nos contratan porque generamos beneficios. Punto.

En aquella época, mientras algunos teníamos que hacer malabares para adaptarnos a la indecente subida del precio de la vivienda otros se llenaban los bolsillos contribuyendo a nuestra actual miseria. La burbuja se subía a la cabeza y para algunos aquello tuvo que ser un verdadero fiestón. Por ejemplo, qué se yo, para un estudio de arquitectura bien situado en los círculos de poder.

En 1999 el arquitecto Francisco Javier Aguilar Viyuela es nombrado director general de Patrimonio de la Comunidad de Madrid por el entonces consejero de educación Gustavo Villapalos. El impago del IRPF y la Seguridad Social denunciado por el Tribunal de Cuentas cuando este era rector de la Universidad Complutense fue investigado por unos auditores públicos que comprobaron además que los resultados de cuentas no se ajustaban a la realidad, con anticipos y créditos varios incorrectamente consignados. Precisamente por un pago algo extraño a un profesor en sus últimos días como Rector tuvo que comparecer ante la justicia resultando finalmente absuelto.

Según señalaba El País al hilo de la noticia del nombramiento de Aguilar en Patrimonio, su relación ya existía durante la época de Villapalos como rector: “ha trabajado mucho para la Universidad Complutense: reformas totales en las facultades de Físicas y Podología, en los colegios mayores Diego de Covarrubias y Menéndez Pelayo, y anteproyecto del edificio de aulas para Derecho y Filosofía”.

El que fuera vicegerente de obras de la UCM durante el rectorado de Villapalos (1987-1995), Dionisio Ramos, estuvo implicado más tarde en un escándalo en esta universidad durante su etapa como gerente de la misma. Una auditoría encargada  por los gestores de la UCM en 2006 destapaba “un sistema de financiación paralelo al oficial que se nutría de fondos no declarados de seis colegios mayores” para pagar entre 1999 y 2002 “al menos 894.000 euros en gratificaciones a personal de la Complutense y ajeno a ella”. Fuentes consultadas por El País señalaban que la práctica era habitual desde, al menos, 1993. Su nombre también ha aparecido relacionado con el tamayazo y la trama Gürtel.

Francisco Javier Aguilar Viyuela dejó el cargo de director de Patrimonio a los siete meses. No se han hecho públicos los motivos de su decisión pero parece que desde entonces se dedicó a la empresa privada. Además de su estudio de arquitectura fue nombrado apoderado en diciembre de 2009 de Licencias y Certificaciones de Madrid SL, según consta en la web www.empresia.es ("un directorio de empresas españolas con información sobre los actos inscritos en el registro mercantil y en otros registros públicos"). Esta empresa, conocida como LICMAD, se dedica a la adjudicación de licencias urbanísticas y cuenta con la acreditación del Ayuntamiento de Madrid como entidad colaboradora.

La historia del marido de Cifuentes continúa así:

“Tras el estallido de la burbuja inmobiliaria, igual que otras muchas empresas del ramo, este estudio comenzó a acumular varios impagos: facturas abultadas de constructoras que habían contratado servicios que después no podían o no querían pagar.”

“Tras muchos meses renqueando, la empresa del marido de Cifuentes acabó en el cierre, ahogada por los impagos de las constructoras. El arquitecto despidió a sus trabajadores pactando la indemnización con todos ellos salvo con uno, que le demandó en los tribunales. La sentencia –que es civil, no penal– le ha dado la razón al trabajador y ha condenado a Francisco Javier Aguilar a pagar 45.085 euros a su exempleado. No los tiene, y por eso ha acabado embargado”.

"Renqueando" suponemos que quiere decir sin pagar las nóminas a sus empleados. Lo digo de inicio por ir repartiendo un poco las penas. Porque qué pena, ¿no? No tiene dinero y ha acabado embargado. Es posible que los que pactaron una indemnización con él tengan algo que decir al respecto que así contado parece cabezonería del que no aceptó la indemnización.

Ese ex-empleado al que debe pagar 45.085€ seguro que tiene alguna opinión sobre "la verdad del marido de Cristina Cifuentes". Sus investigaciones habrá hecho desde que dejó de cobrar en 2009 y sus motivos tendría para no aceptar la indemnización. Después de ganarle el juicio en dos ocasiones, llegar a un conciliación en una tercera y de que haya estado unos cuántos meses en “ignorado paradero” para la justicia su ex-jefe, ahora embargado, no nos consta aún que le haya pagado. 

En concreto le han embargado, además del dinero que le debe una constructura al que hace referencia Escolar, un par de coches y su cuota del 4,16% de tres locales comerciales y un patio situados en el mismo inmueble y que son parte de una futura herencia. ¡Menudo botín después de dedicarte al ladrillo en la época dorada del ladrillo! En un mundo en el que tener buenos contactos es clave muy mal se le tuvo que dar. O a lo mejor no fue tan torpe con su empresa como parece y le fue genial pero vivió por encima de sus posibilidades, no lo sé. Si solo figura que tiene eso será que solo tiene eso. Otras cosa no, pero para estas historias somos un país muy serio.

 

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