22
Nov
2015
13:29
La vida en la sierra (segunda parte)
Por Imanol

   Mural sobre la guerrilla en el pueblo barcelonés de Sallent.

 Hoy hablaremos de los recursos, trucos, códigos de seguridad y de todas esas cosas que conseguían alargar un poco la vida de los guerrilleros en la sierra o en la ciudad y a la vez hacerla ligeramente más segura. Se tratarán un poco en conjunto las medidas, ya sean para los grupos urbanos como rurales.
  Sobre algunas de ellas ya hablamos en el artículo de la vida en la sierra, aunque hoy procuraremos profundizar un poco más.
  La movilidad fue siempre la gran baza de los grupos guerrilleros, abarcar zonas extensas para despistar y para tener variedad y cantidad tanto de objetivos como de lugares en los que ocultarse. Siempre ayuda una orografía complicada, bosques, montes, ríos, en la cual sea fácil ocultarse, pero a la vez eligiendo sitios desde donde controlar a las fuerzas enemigas cuando realicen batidas contra el grupo, lugares altos de difícil acceso, y a poder ser, siempre con más de una ruta de escape, lejanos a vías de comunicación y con agua corriente no demasiado lejos.

  Guerrilleros cruzando la muga durante las invasiones
                             pirenaicas de 1944.    

    Todas las marchas se realizaban de noche, con un poco de luna, pues sin ella es muy complicado orientarse hasta conociendo bien el terreno y siempre en silencio absoluto. En todos los grupos se contaba con una o varias personas nativas del lugar, conocedores del terreno, capaces de moverse por los diversos caminos o fuera de ellos cuando hacía falta. Cuando los grupos salían de sus zonas, los enlaces les proporcionaban guías o prácticos que les movieran por el lugar. Siempre en fila india, y además con un miembro o dos del grupo varios metros por delante por si se encontraban a la patrulla de batida o apostada a la espera de los guerrilleros. En zonas peligrosas, cruces de carreteras o zonas similares, cuando les era posible, mandaban algún enlace que no estuviera quemado por delante de ellos así el alto se lo daban a él y delataba el apostadero de la brigadilla, contrapartida o lo que fuera. Los puentes eran los sitios más peligrosos de cruzar, pues a la guardia civil, con vigilar sus pasos, podían controlar grandes zonas. . La vigilancia de los puentes podía durar muchas horas, a la busca de un sonido metálico, la luz de una colilla, un estornudo, algo que delatara la presencia policial. Aunque existía un método que usaban los guerrilleros, copiado de los contrabandistas que era, siempre de noche, claro, acercar un miembro al puente, y cuando se hallaba  a unos cuantos metros, emboscado en la maleza, lanzar un objeto al agua, en dirección contraria a donde se estuviera, pero que pudieran escucharlo los guardias en caso de que estuvieran de vigilancia. Si los guardias estaban allí, en ese momento si escuchabas atentamente, se podía escuchar como amartillaban los fusiles. Evitar los sembrados o zonas de hierba alta pues el paso del grupo deja rastro, evitar los días de niebla pues aunque es un camuflaje ideal nunca sabe uno cuando va a levantar y donde estará el grupo en ese momento, no andar nunca con nieve aunque eso obligue a la partida a una parada forzosa de duración desconocida, con escarcha o con rocío dejar de andar un par de horas antes del amanecer. Las acciones se ejecutaban normalmente un poco antes de anochecer para tener toda la noche para poner tierra de por medio. De las casas o pueblos, se salía siempre en dirección contraria a la que se quería tomar. Se llevaba alguna galleta o azucarillos para tratar de silenciar a los perros y sus ladridos, a los no colaboradores se les daba matarile. Los grupos que actuaban en Cataluña, por ejemplo, cuando se abastecían en casas que usaban los contrabandistas, mandaban siempre de primero a algún castellano parlante, pues los “paquetaires” hablaban mayoritariamente castellano. En zonas donde no había contrabando, o quizás si se sabía que eran de izquierdas, siempre se mandaba primero a quien hablara catalán, pues los civilones muy extrañamente lo hablaban. Si el grupo era interceptado, se disgregaba, para minimizar riesgos y no ser detenidos en bloque, normalmente ya se había quedado en un lugar de reunión por si esto sucedía, o sino, en sus estafetas dejaban un mensaje con el próximo lugar de cita. Aprendían a imitar sonidos de animales o pájaros (tenían en su repertorio a los diurnos y nocturnos para no llamar la atención), para poder localizarse unos a otros y cuando tenían que acercarse a las casas de enlaces, tenían contraseñas como podían ser una contraventana abierta o cerrada, los colores de la ropa tendida, ciertas herramientas a la vista o no, que permitían a los grupos saber si podían acercarse con seguridad o tenían que volver al monte a toda velocidad.

Explícita octavilla del Ejercito Guerrillero de Andalucía.

  En caso de tener la desgracia de ser detenido, teniendo la seguridad de que se iban a sufrir torturas, había que dar un margen de tiempo  a los compañeros, a poder ser 24 horas, y si eran más mejor, sin cantar, o cantando lugares ya quemados o dando nombres de gente ya había sido detenida o muerta recientemente, para cambiar de lugar, ya fueran gentes, armas, documentos, etc. Hubo grupos que usaron pastillas de cianuro por si eran detenidos, otros que preferían la lucha hasta la penúltima bala y después el suicidio.
  No se hacía fuego para calentarse en exteriores, solo a veces para cocinar, siempre hogueras pequeñas, con madera seca y descortezada de jara o sabina en zona secas o de avellano en las húmedas, pues son maderas que desprenden muy poco humo. Si alguien (pastores, ganaderos, agricultores, cazadores…) por casualidad daba con una partida escondida, era retenido hasta la noche, cuando se le dejaba volver a casa y la partida cambiaba de lugar.
  Hubo encargados de grupo capaces de distinguir el grado de agotamiento o de hambruna por el timbre de la voz de los componentes del mismo, según palabras de “Chaval”: Era infalible, cuando el hambre y el cansancio apretaban, las voces tomaban ese extraño sonido que me advertía que más allá no era posible pedir sacrificios sin antes descansar por lo menos una noche.
  Un paraguas grande y de color poco chillón era siempre un gran aliado de los guerrilleros sobre todo en el norte del país, y uno de los pasajeros habituales de sus mochilas.
  El uso tanto de papeles falsos, como robados, para por ejemplo poder acercarse a la frontera (hacía falta un salvoconducto para moverse por los territorios aledaños a la misma), o de carnets y placas policiales, el uso de disfraces, ya fuera de falangistas, militares, guardias civiles, curas, etc., se usó siempre que fue posible para poder acercarse a ciertos objetivos, burlar cercos u otras situaciones de alto riesgo.

      Imprenta de Laureano Cerrada asaltada por la
                 gendarmería en mayo de 1949. 

  En los pirineos, contra los perros que tenían los alemanes, se usaba una prenda gruesa de ropa y una navaja, se envolvía el brazo izquierdo con la prenda y se ofrecía el mismo al animal que se lanzaba y lo mordía, una vez el perro se enganchaba, se le apuñalaba con el otro brazo.
  Muchos grupos hicieron largos desplazamientos, cambiando de provincia y territorios a temporadas para escapar de la represión, otros cambiaban de ciudad hasta que las aguas revueltas se calmaban un poco, guerrilleros rurales se escondían a veces en la muchedumbre de las ciudades tratando de pasar desapercibidos y todos los que pudieron trataron de llegar a la relativa seguridad de Francia. Parece ser que los autobuses en los que se desplazaban los hinchas de futbol eran de los transportes más seguros de la época, pues varios guerrilleros de la cornisa norte los usaron para acercarse a la frontera.
  En las ciudades, cuando se recibían delegados de otros lugares a los que no se conocía personalmente, se montaba un grupo de seguridad, tanto para controlar la zona, como para descubrir posibles emboscadas, como para garantizar la seguridad de quien fuera a la reunión.

     El grupo Facerías durante un descanso mientras
                          cruzan los Pirineos.  

  Entre las enseñanzas que el PCE daba a sus cuadros para trabajar en la clandestinidad, había algunas consignas de seguridad:
- Empleo de seudónimos, a poder ser cuanto más corrientes y normales mejor y uso obligatorio ante conocidos o desconocidos. Uso de diferentes seudónimos para el uso interno de la organización y otro para uso exterior. Cambiarlos si se sospecha que la policía pueda ya conocerlos.
- Cada responsable de grupo debe estar solo en relación con un reducido número de personas, memorizar sus direcciones y no llevarlas jamás apuntadas.
- En caso de numerosos contactos, apuntar el seudónimo pero evitar dirección o lugar donde habita.
- Si hay que poner direcciones, sumar al número del portal un número elegido por el grupo. (Ej. El número de la calle es el 13, y el grupo eligió el 5, así que el número que anotaremos será el 18).
- Mismo procedimiento para los números de teléfono, pudiendo aumentarse o disminuirse.
- Si se lleva una lista, rellenar siempre con nombres y personas desconocidas elegidas al azar del listín de teléfonos.
- Reservar en cada página un cierto número de líneas en blanco intercaladas entre las escritas.
- En un cuaderno que esté casi íntegramente escrito con cosas sin importancia o de relleno, elegir un cierto número de líneas y de páginas. (Ej. Elegimos las líneas 5 y 13, de las páginas 2, 12, 22 y 32. En la línea 5 de la página 2 ponemos en nombre, en la línea 5 de la página 12 el número de la calle, en la línea 5 de la página 22 el nombre de la calle y en la página 32 la cuidad.) Se elegirán tantas líneas como datos haya que dar.
- Se irán eliminando todos los datos que vayan siendo inservibles o todos aquellos que se puedan memorizar
- Si lo que se anotan son citas, reuniones, acciones etc, escribir datos falsos tanto sobre las fechas y las horas, pero siempre con pautas acordadas por el grupo.
- Para llamadas telefónicas, jamás desde el domicilio propio, siempre desde cabinas, cafés o bares, siempre conversaciones cortas y utilizando los seudónimos y a poder ser utilizando un tono natural. En caso de concertar una cita, que el lugar ya esté marcado con antelación.
- Evitar conversaciones interurbanas.
- Evitar el trasporte de documentos, si no se puede, reducir al mínimo su volumen y no llevarlos nunca ni en los bolsillos ni en un portadocumentos pues son los primeros sitios donde mira la policía. Colocarlos en los zapatos, o calcetines o calzoncillos y tratar de aprovechar mientras para deshacerse de ellos. De nuevo, actuar con normalidad para no llamar la atención pero extremar la prudencia.
- Si hay que conservar documentos por la causa que fuere, estos tienen que estar suficientemente disimulados  pero con facilidad para acceder a ellos, pues en caso de tener el tiempo suficiente, quemar los más comprometidos y tirar sus cenizas al vater. O conseguir un lugar lo suficientemente bueno para que no lo descubra la policía echándole toda la imaginación que se disponga.
EN CADA INSTANTE CONTRA LA DICTADURA, SEAN PRUDENTES.

Octavillas antifranquistas editadas por el grupo de Sabaté.

  No queremos acabar sin hacer una pequeña puntualización, que hubiera sido de gran ayuda tanto para los grupos de la sierra como para los urbanos. Tanto el PCE como la CNT como el resto de partidos y sindicatos que tuvieron gente en la guerrilla, nunca ayudaron económicamente a los grupos, al revés, eran los guerrilleros los que les aportaban dinero a sus organizaciones, aunque después estas protestaran por los medios empleados para conseguirlo Cuando un grupo pasaba al estado, o tenía que funcionar una temporada en él, necesitaba dinero para subsistir, y entonces estaban obligados a recurrir al golpe económico, con lo cual ya se delataban ante la policía. Si estos grupos en vez de tener que hacer varios atracos para su supervivencia, hubieran podido dedicarse a los sabotajes, represalias u otras acciones políticas, posiblemente el número de bajas hubiera sido bastante menor, aunque esto igual habría que tratarlo en otro artículo con más calma…
 
Fuentes: Maquis (Mikel Rodríguez), La resistencia armada contra Francia (Francisco Moreno Gómez), L´ombre del maquis (Jaume Serra Fontelles), Luchadores del ocaso (Ramón García Piñeiro) y Cordillera ibérica (José Montorio Gonzalvo)

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Imanol

Saludos a tod@s y bienvenid@s a este intento de investigación, difusión y discusión sobre la guerrilla antifranquista en general y la libertaria en particular. Invitaros a corregir, ampliar o rechazar las cosas que poco a poco se irán colgando, pues espero que con vuestra colaboración, podamos aprender y tratar de rescatar esta memoria olvidada y mal enterrada, para devolverla a la luz y a la vista de tod@s. Salud.