Saberes
Memoria de aquellos que resistieron al Franquismo después de la guerra.
09
Jun
2015
14:04
Anecdotario de frontera
Por Imanol

  El Pas de la Casa, en 1944, durante la ocupación nazi.

 Cambian los contextos y las épocas, pero los viejos caminos siguen ahí, cruzando el Pirineo. A veces sirven para escapar, otras, como paso oculto para mil y una ideas y la mayoría de ellas, para transporte de objetos más o menos legales o simple camino ganadero. Muchas veces, en la montaña, esa imaginaria línea fronteriza que puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte, no es más que un camino que de repente deja de subir, para comenzar a bajar…pero sea cual sea la razón que lleva a recorrerlo, una cosa es necesaria, su buen conocimiento, pues antes o después, tocará hacerlo de noche.  
  El guerrillero y guía Marcelino Massana, decidió aprenderlos acompañando a un conocido contrabandista de la zona, “el Borni de Peguera”, con quien  estuvo cerca de dos años. Además de servirle de sustento, fue recorriendo y recordando los mejores y más aislados pasos que después empleó durante sus 6 años en la resistencia antifranquista. Se cuenta de esta época, que el grupo fue sorprendido mientras pasaba de Andorra hacia Berga en 1943, tras el alto a la guardia civil, el acto reflejo era tirar “el paquete” y salir corriendo en diversas direcciones. Uno de ellos, de constitución fuerte, salió corriendo con paquete y todo, siendo el único que salvó la carga, fue Massana. No solo se acostumbró a salvar la carga, después se encargó de pasar y salvar tanto a los miembros de su grupo como a diversas personas en sus múltiples pasos fronterizos.

   Marcelino Massana, después de uno de sus pasos,
obsérvese el calzado tras la dura travesía montañosa.    

  El cantabro “Comprendes” fue de los guías más jóvenes del Pirineo, empezó a cruzarlo con 16 años, su mentor en los pasos fue un pastor andorrano de alta montaña. Entre la gente que cruzó la muga tras él, encontramos al fotógrafo Agustí Centelles, a quien acompañó desde Carcassone hasta Andorra. “Comprendes” era especialista en despachar perros pastores alemanes que eran usados en la vigilancia de fronteras, siempre llevaba una gran navaja, y se ayudaba de su ancha y gran bufanda salmantina, que también utilizaba como manta. Cuando aparecía el perro, se anudaba la bufanda al brazo izquierdo, que ofrecía al can, y cuando este mordía, le asestaba un certero navajazo. Centelles, durante su viaje fue testigo de cómo acabó con dos de ellos, a lo que el guía apunto: “Se ve que han notado que llevo un personaje importante, que han venido por partida doble”.
  Si “Comprendes” fue de los más jóvenes, Pere Seus fue de los mayores, pues tenía los cuarenta bien cumplidos, aparte de la falta de un brazo. Los franceses lo apodaban “Zeus” como el dios griego, por su fama de cumplir puntualmente sus “entregas” entre tormentas, nevadas o cualquier tipo de obstáculo. Y si “Comprendes” despanzurraba a los perros, Pere comentaba que: “Con los perros lobo nunca tuve problemas, ya que los senderos míos eran peligrosos de noche y las patrullas alemanas no se arriesgaban a despeñarse al menor descuido”.
  El guía y guerrillero Enric Mélich fue otro de los prematuros, empezó a pasar gente con 17 años, junto a Pedro Pérez y Miguel González, pasaban gente desde Quillán hasta Andorra, gracias a ellos, sabemos que no todos los pasadores eran trigo limpio, pues alguno de los grupos que dejaron en manos de los andorranos jamás llegaron al destino, pues fueron robados y posteriormente asesinados. Estos hechos sucedieron a finales del 43 con refugiados judíos.
 

Enric Melich, durante su etapa en el maquis Jean Robert.

  Manuel Huet, Juan Zafón, Lucía Rueda y Segunda Montero preferían utilizar el mar a las montañas, tanto por su cuenta como formando parte de la red Ponzán. Primero utilizaron cargueros fruteros, que procedentes de Sète, se dirigían a Valencia. Después llegaron a utilizar lanchas motoras cedidas por la Royal Navy con capacidad para 30 personas para evacuar militares británicos.
  A estas alturas, no está de más decir, que por ejemplo el gobierno inglés pagaba la cifra de 3200 pesetas por cada piloto entregado en su embajada de Madrid, o que las redes que funcionaban por motivos más materialistas cobraban 3000 pesetas por persona pasada, un dinero que, por otra parte, servía no solo para alquilar los servicios del guía sino también para sobornar a guardias y carabineros, para comprar silencios y para asegurarse la complicidad de las casas seguras donde necesariamente tenían que detenerse durante el trayecto.
  Además de pasar gente, a veces se pasaban otras cosas, a Quimet Baldrich que operaba para una red del POUM, en una de las misiones que le encomendaron, ayudó a pasar a un oficial francés, un hombre mayor de entre 65 y 70 años, que caminaba pegado a un maletín que no dejaba ni a sol ni a sombra.  : “De camino a Manresa nos detuvimos a comer en una masía cerca de la Mansa. Me daba perfecta cuenta de que aquella maleta era demasiado para el pobre hombre, porque pesaba como un muerto. Y me preocupaba porque podía poner en peligro a toda la expedición. Pero no había forma de convencerlo, no permitía que la cargara nadie más. Así que le conté mis cuitas a un tal Ramón, australiano que viajaba con nosotros y que hablaba no-sé-cuántas lenguas, y que era la tercera ocasión que ayudábamos a cruzar el Pirineo. Por lo visto, a él y a otros como él Churchill los lanzaba tras las líneas alemanas para recoger información y emprender operaciones de sabotaje. En fin, que aquel hombre sabía de todo. Le expliqué la situación y se puso a hablar con el oficial francés. Y lo convenció con el argumento que si él no llegaba al consulado, yo seguro que sí que llegaría. Accedió a que fuese yo quien cargase la maleta, pero antes me hizo jurar que si hacía falta mataría con el fin de que la maleta llegara a su destino. Cuando finalmente llegamos al consulado, el francés, el mismo cónsul y la secretaria se me abalanzaron con lágrimas en los ojos. Yo seguía sin tener ni idea de qué podía haber en la maleta. Fue la secretaria, que me conocía, quien me reveló el secreto: ¡aquella puñetera maleta contenía agua pesada para la bomba atómica!".

Eduard Molné y Quimet Baldrich, tras ellos, la sede desde
    la que operaba su red de evasión por los Pirineos.

  Si la mayoría de los personajes que han aparecido hasta ahora normalmente hacían el trayecto en la zona oriental o central del Pirineo, cambiamos de aires, nos vamos hasta Euskadi y nos acercamos hasta Ángel Aransáez (delegado de fronteras en el exilio por la CNT) y Julia Hermosillo. Desde Bayona y Anglet, ambos facilitaron el paso a través de la frontera a "enlaces" del interior y del exilio y a los compañeros que huían del fascismo. Recuerda cómo recogía en el Restaurante Aleas, sito en el Casco Viejo donostiarra, a muchos compañeros que luego pasaba al "otro lado", a través de los montes. Se ufana de no haber "perdido" a ninguno y de que todos llegaron sanos y salvos. Julia cruzó a menudo la muga, con prensa y pasquines ilegales, multicopistas o máquinas de escribir y dinero...

Julia Hermosilla, aparte de su labor en la frontera, participó
 activamente en dos intentos de atentado contra el caudillo.

  Martín Arnal fue de los pasadores de grupos en las invasiones pirenaicas del año 44, entre sus recuerdos: “no nos podíamos tener de pie de tanta agua que nos había caído encima, arriba en el Pirineo estaba nevando sin parar, y el agua te corría por la canaleta del culo. Entonces dos jóvenes, vieron luz en una casa y quisieron ir a calentarse, era en un pueblo muy pequeñico al lado de Plan que se llama Badaín, la señora de la casa los acogió muy bien, según supe después. Nosotros vimos que faltaban y empezamos a preguntar y no, no, no estaban. Bueno, entonces pasó la noche y ya nos enteramos que había habido tiros, los habían matao la guardia civil....

         El guía y guerrillero  Martñin Arnal Mur.

  Jesús Martínez “el Maño”, aprendió los pasos con Ramón Vila, entre otras cosas, ellos bajaban grupos de acción. Jesús tenía la buena costumbre de hacerlos ensayar un poco si se pasaba en invierno. Un enero pasó al “Cubano” y a otro compañero con un metro de nieve, les obligo a comprarse botas de montaña y durante una semana los tuvo caminando para que se acostumbrasen a usarlas. El maño usaba cuerda y bastón cuando la nieve estaba helada, además, la distancia de sus pasos podía ser aprovechada por el grupo que le seguía, para aprovechar la huella que él hacía, así ahorraban fuerzas y el riesgo era menor, con Ramón era difícil, pues debido a su envergadura y a su caminar (en la guerrilla lo llamaban “Pasoslargos”) su huella no podía ser bien seguida. Jesús pasó la primera vez acompañando a Ramón en el 47 para aprender el camino, la segunda vez unos meses después, cuando llegaron entre Cabrianes y Artés, Vila le dijo: Manyo, no vale la pena que te acompañe porqué sabes el camino tan bien como yo, aunque igual no lo coges siempre y te buscas otro”. Poco tiempo después “el Maño” disponía de su propia red de caminos. 

       El guía Jesús Martínez Maluenda "el Maño".

 

 
Fuentes: La guerra secreta del Pirineu. (Daniel Arasa), Los senderos de la libertad. (Pons Prades), L´ombra del maquis. (Jaume Serra), Maquis. La guerrilla vasca. (Mikel Rodríguez), Marcelino Massana. ¿Terrorismo o resistencia?. (J.M. Reguant),   http://www.republicahuesca.org/Documentos/MartinArnal/MartinArnal.html y   http://pirineosenguerra.blogspot.com.es/

Etiquetas: 

comentarios

0

Imanol

Saludos a tod@s y bienvenid@s a este intento de investigación, difusión y discusión sobre la guerrilla antifranquista en general y la libertaria en particular. Invitaros a corregir, ampliar o rechazar las cosas que poco a poco se irán colgando, pues espero que con vuestra colaboración, podamos aprender y tratar de rescatar esta memoria olvidada y mal enterrada, para devolverla a la luz y a la vista de tod@s. Salud.

Tienda El Salto