Movimientos
Prácticas y reflexiones desde la economía solidaria
12
Feb
2014
14:08
Las licencias libres para el software y la cultura, más allá de lo jurídico
Por Idearia

Por Margarita Padilla. mpadilla@sindominio.net

Mientras leía el libro La tragedia del copyright, cayó en mis manos el artículo de Bernat Costa y Marta G. Franco sobre las “iniciativas para restringir el uso de la cultura libre para fines de ética dudosa”, publicado en este mismo periódico.

La lectura cruzada de ambos textos me ha permitido comprender mejor la diferencia entre las licencias GPL y las licencias Creative Commons.

En el artículo citado se analizan las diferencias formales, jurídicas, mientras que en el libro de Virus se analizan las tensiones entre la explotación comercial de los bienes culturales y los modelos de cooperación no basados en la competencia.

Lo que me propongo ahora, en diálogo con estos dos textos, es analizar las diferencias situacionales, es decir, lo que hace que estos dos grupos de licencias se agencien de distinta manera en sus respectivos entornos de aplicación.

Esta cuestión no depende solo de la mayor o menor genialidad de Richard Stallman o de Lawrence Lessig a la hora de desarrollar instrumentos jurídicos. Sin ánimo de menospreciar estas grandes aportaciones, cabe decir que no todas las ideas geniales triunfan, ya que la verdadera prueba de genialidad consiste en su adopción por parte de otros, que las consideran no solo geniales sino también útiles e idóneas.

Mi punto de partida respecto a estas diferencias es que mientras que el software libre ha hallado un modelo de negocio no solo compatible sino explícitamente apoyado en las GPL, las empresas del procomún culturales no alcanzan a levantar (siendo optimistas diríamos, todavía) un modelo generalizable.

Se me dirá que los modelos de negocio para el software libre son muchos y diversos. Cierto. Pero con la abstracción suficiente se puede reconocer un modelo común, cuyas principales características son compartidas:

  • En muchos casos hay una entidad sin ánimo de lucro (fundación, asociación...) que pilota el proyecto y vela por el mantenimiento de la neutralidad y de los fines sociales.
  • En muchos casos esta entidad central sin ánimo de lucro convive con un conjunto de asociaciones locales que organizan a la comunidad. En estas asociaciones locales, a menudo las personas más activas son las que trabajan en empresas que tienen más prestigio o que
  • obtienen más retorno.
  • En muchos casos hay algunas empresas (grandes o muy grandes) que lideran los desarrollos y tienen ahí sus principales líneas de negocio.
  • En muchos casos, otras empresas que no lideran los desarrollos también abren líneas de negocio sobre ese software, hasta cierto punto ajeno. Dabne forma parte de este tipo de empresas.
  • En muchos casos se genera una comunidad más o menos autoorganizada que contribuye al proyecto y también puede extraer renta de él.
  • En todos los casos hay un software base que es de uso público.
  • En muchos casos hay servicios o desarrollos verticales que son de pago.

Sobre estos rasgos, cada producto/servicio adopta sus variaciones. Por ejemplo, en Openbravo (un ERP producido por una empresa española) el modelo de producción se basa prácticamente en una única empresa apoyada por una comunidad pequeña, y el modelo de financiación se basa en servicios premium.

En cambio el caso de WordPress es mucho más complejo. WordPress es un gestor de contenidos muy utilizado, sobre todo para publicar blogs. En su origen fue un proyecto de Matt Mullenweg. En la actualidad ha evolucionado hacia un sistema social complejo (ahora no hablamos de lo técnico), que puede servir como ejemplo de hibridación de intereses, y que principalmente está formado por estos componentes:

  1. Automattic es la empresa que está detrás de WordPress. Es una empresa fundada por Matt Mullenweg y lidera el desarrollo técnico. Esta empresa es propietaria de WordPress.com
     
  2. WordPress.com es el producto/servicio/negocio que proporciona ingresos a la empresa Automattic. Este producto/servicio/negocio consiste en ofrecer WordPress en la nube. Es decir, cuando alguien quiere usar WordPress sin instalarlo, puede usarlo directamente en la nube abriéndose una cuenta en WordPress.com. Como parte de su estrategia de negocio, y aunque WordPress.com es un servicio comercial, Automattic ha decidido ofrecer algunos servicios gratuitos (eso sí, incluyen publicidad). Automattic tiene todo el control y capacidad de decisión sobre WordPress.com, y gestiona sus estrategias de negocio con total autonomía.
     
  3. WordPress Foundation es una fundación sin ánimo de lucro cuyo principal consejero es Matt Mullenweg. Matt dice haberse inspirado en la Fundación Mozilla (relacionada, entre otros proyectos, con el navegador Firefox) y en la Free Software Foundation (promotora de las licencias libres GNU GPL).
     
  4. La empresa Automattic ha donado la marca WordPress a la WordPress Foundation. Es decir, la fundación es la propietaria de la marca WordPress, y decide sobre el uso o la cesión de los derechos de marca y de uso del logotipo WordPress (una cosa es el software, que es libre, y otra cosa es la marca, que está registrada). Tal como dicen: El objetivo de la fundación es asegurar el libre acceso, a perpetuidad, a los proyectos de software que apoyamos. Las personas y las empresas pueden ir y venir, por lo que es importante asegurarse de que el código fuente de estos proyectos va a sobrevivir más allá de la base de contribuyentes actuales, para que podamos crear una plataforma estable para la publicación web para las generaciones venideras. Entre otras cosas, la fundación se encarga de organizar la WordCamp, el encuentro anual de la comunidad WordPress. Para cumplir sus fines, la fundación acepta donaciones.
     
  5. WordPress.org es el sitio web creado por la WordPress Foundation para organizar a la comunidad. Entre otras cosas, ofrece el código de WordPress para su descarga, así como documentación, traducciones, plugins, foros para desarrolladores, etc., y organiza las contribuciones técnicas de la comunidad.
     
  6. Audrey Capital es una empresa “angel investment” creada por Matt Mullenweg para financiar la innovación. Una empresa “angel investment” es parecida a una empresa de capital riesgo, pero con la diferencia de que los inversores invierten su propio dinero, y no el dinero de terceros. Las “angel investment” hacen inversiones arriesgadas, esperando obtener beneficios sustanciosos en un plazo de entre tres y siete años. La relación entre Audrey Capital y el sistema WordPress es lateral, pero viene a indicar que el sistema WordPress no se agota en sí mismo, sino que está abierto y salpica otras ideas y otros proyectos de innovación tecnológica.
     
  7. Muchos otros grupos, asociaciones y/o empresas también forman parte de WordPress en tanto lo utilizan como base de desarrollo para ofrecer a terceros servicios más personalizados. Estas empresas o personas producen plugins, themes, etc., que enriquecen el sistema y que a menudo son ofrecidos de base gratuitamente y mediante pago para acceder a los servicios premium.

Intentando abstraer un modelo semejante para las empresas que producen cultura libre, me encuentro con que no lo encuentro ;-) o, mejor dicho, lo que encuentro, y coincido con el diagnóstico del libro antes citado, son iniciativas en fase de experimentación que surgen de un malestar (existencial, crítico, político...) y de la precariedad laboral dominante en el sector (motivaciones muy diferentes a las de Matt Mullenweg).

La resultante de esto es que tras los productos o servicios de software libre vamos a encontrar comunidades complejas que forman verdaderos ecosistemas en los que lo grande y lo pequeño se reconocen como mutuamente valioso, interdependiente y necesario. Por ejemplo, recientemente se ha producido un fork de Drupal llamado Backdrop. El motivo de este fork es que una parte de la comunidad considera que las decisiones técnicas respecto a Drupal van a impedir de facto las aportaciones amateurs (se expulsa a lo pequeño, la parte verde de las gráficas de su web) y eso es malo. Por su parte, los líderes de estas decisiones (por ejemplo Dries Buytaert y su empresa Acquia) presionan para que Drupal 8 sea más y más profesional (lo cual significa que las empresas que desarrollen deberán ser más grandes, al tener que incorporar más perfiles técnicos y más especializados) porque quieren jugar en la liga de los fuertes (competir con Java, etc.).

En los ecosistemas de software libre estas tensiones y negociaciones son continuas, ya que el poder de negociación interna, hasta cierto punto, está distribuido. Es verdad que este tipo de comunidades complejas no disuelve las diferencias (económicas, de poder, etc.). Pero sí que, al estilo de los procomunes materiales, integran un poco mejor o reparten con más juego las opciones para conseguir renta. Para unos la opción consistirá en ganar 1000 euros al mes y para otros 10.000 o mucho más. Esta desigualdad puede parecer inaceptable, pero el panorama es mucho peor en el ámbito de la creación cultural libre.

Sin duda, tras la producción de la cultura libre también hay empresas. La siguiente tabla propone una clasificación simétrica de los agentes de la producción cultural, por un lado desde el copyleft y por el otro desde el copyright.

 

Copyleft Copyright
Empresas cuyo producto es el ancho de banda o los dispositivos de almacenamiento (operadoras, hardware...)  
Empresas como Napster, cuyo modelo de negocio estaba basado en los contenidos.
Publicidad en páginas de intercambio de enlaces
Industrias culturales
Empresas con modelos de negocio como Google o Facebook, basados en datos personales (publicidad personalizada...) Empresas con modelos de negocio como Microsoft
Lobbies anticopyright como Creative Commons,
Electronic Frontier Foundation...
Entidades de gestión
Sellos independientes, cine independiente, Wikipedia... Grandes sellos discográficos, estudios de cine, empresas de comunicación de masas (Hollywood, Disney...)
Desarrollos legales (Creative Commons) Beligerancia jurídica (denuncias)
Desarrollos técnicos para compartir (p2p) Desarrollos técnicos para limitar (DRM)
Práctica de la remezcla (remix) Criminalización (piratería)
Empresas del procomún  
Activistas anticopyright Estados, legislación, castigo...
Autores Autores
Público, prosumidores... Público, descargas...

Ciertamente, entre los agentes del lado izquierdo de la tabla, los del copyleft, también hay alianzas. Pero las alianzas que se pueden dar entre Google, los lobbies anticopyright, las empresas del procomún, el activismo... son, a mi juicio, demasiado monstruosas.

Porque es cierto que los fuertes del lado izquierdo de la tabla (Google, Facebook...) están interesados en que haya mucha cultura libre, pero solo porque es el excipiente necesario para su negocio real: el mercadeo con los datos personales con fines, en el mejor de los casos, publicitarios.

No encontramos, por tanto, verdaderas alianzas entre los fuertes y los débiles del lado izquierdo de la tabla, alianzas basadas en un interés directo y compartido por el desarrollo de la cultura libre, sino meras componendas para hacer frente a enemigos comunes (los de la derecha de la tabla).

La consecuencia de esto es una moneda con dos caras. Una de ellas es que en la producción cultural no hay comunidades complejas que pongan en cooperación lo grande y lo pequeño. El reverso de esta ausencia de comunidad es que los réditos económicos del copyleft no se distribuyen ni poco ni mucho, puesto que en la práctica son acaparados por los fuertes (aunque esos fuertes venden la mentira de que si eres genial, tanto como ellos lo fueron, siempre podrás triunfar, igual que ellos lo han hecho).

Esa dificultad, casi imposibilidad, para distribuir los réditos es lo que justifica que las licencias CC permitan proteger la cultura libre bajo la clausula No Comercial, algo impensable para el software libre y que hace que, bajo un juicio estricto, estas licencias no puedan ser consideradas libres.

Eso de que : “si cualquiera puede usar mis fotos, ¿de qué voy a vivir yo, que soy fotógrafa?” no hace más que señalar esta dificultad tan injusta. Y es que no imagino un modelo económico viable para, por ejemplo, una comunidad en la que grandes agencias de periodismo gráfico y periodistas freelance o amateurs compartan un archivo gráfico procomún que dé oportunidades económicas para todos o distribuya de alguna manera los beneficios o las rentas. Porque está claro que Flickr no es una comunidad ¿verdad?

Llegando a este punto podría deducirse que los informáticos han sido mucho más listos a la hora de armar sus desarrollos jurídicos y empresariales que los fotógrafos. Pero claro, no es eso. Y si no es eso... tiene que ser otra cosa ;-)

A mi entender, la diferencia grande entre el software con su GPL y la cultura con su CC consiste en que el software es un código y las producciones culturales no. Que el software sea código significa que su puesta en solfa todavía requiere mucho conocimiento, parecido a las destrezas que se requieren para pasar de una partitura musical (código) a su interpretación.

La diferencia entre GitHub y Flickr no está tanto en las plataformas en sí como en el tipo de contenido que albergan. Requiere más conocimiento poner a funcionar un código bajado de GitHub que utilizar una foto de Flickr. ¡Ojo! No es que hacer fotos sea más fácil que hacer software. Ni
mucho menos. Lo que ocurre es que el software es más parecido a una partitura (requiere ser interpretado) y la foto es más parecida a la interpretación, almacenada en un formato replicable. El grado de acabado de uno y otro producto, y la autonomía con la que pueden funcionar, son distintos.

Allí donde el conocimiento complejo debe ser realimentado y redistribuido la comunidad es imprescindible. No hay software libre sin comunidad y la licencia es “solo” un instrumento legal. Por eso, no nos cansamos de decir que una de las formas de matar las comunidades es expropiarlas
de su conocimiento o hacerlo inservible. Y esto vale tanto para tanto para el software como para las comunidades de indígenas que custodian el conocimiento sobre las semillas o para las comunidades de mujeres que conservan y transmiten el autoconomiento sobre los partos.

Lógicamente, no se trata de blanco o negro sino de matices. La Wikipedia, por ejemplo, está a medio camino entre el software y la cultura. Alberga una obra cultural más cercana al conocimiento que YouTube, y por eso requiere de más comunidad. Pero ahí las empresas no entran y, muy importante, la Wikipedia opera al margen del mercado y no tiene competidores. Por tanto, no sirve de modelo para una producción cultural que aspira a salir de la precariedad y a conseguir renta.

De ahí que siga abierta la cuestión, para mí muy acuciante, de cómo dar fortaleza a los modelos de producción de la cultura libre.

Soy consciente de que me he atrevido a opinar sobre la producción cultural, ámbito que no conozco tan bien como el del software libre. Por eso, agradeceré todas las críticas o consideraciones que se me hagan llegar al respecto.
 

comentarios

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    Ed
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    Mié, 03/12/2014 - 14:28
    Esto es así. Es un terreno de batalla. El tema que nos ocupa es que tal vez la lucha debe cesar, debemos abrazar nuevas formas de conquista social que afiancen más allá de la elección política la conquista social irreversible de la paz y el progreso. Una parte de la cultura debe ser así. No precisamente la tele-basura, o basura a secas, pero sí la relacionada con la educación y la información. Tu artículo me encanta y me siento identificado, pero algunas cosas deben sacrificarse. La ejecución pública debe detenerse. No crees?
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    puaj
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    Mar, 03/04/2014 - 19:47
    Coincido plenamente con Xabier, sobretodo esos tres pilares básico que encuentro: 1º el término cultura libre es mucho más amplio que el de software libre, por lo que habrá más problemáticas. 2º El software libre tiene más rodaje y en un mundo más nuevo que la cultura libre en la cultura. Donde ya hay grandes inercias, costumbres, educación, lobbies, etc. 3º El software libre es una herramienta con un fin más ambiguo, a parte de defender las libertades del software, no demanda eticidad sobre el producto, ni cuestiona el modelo de negocio, por lo que se ha engrasado perfectamente en el mundo capitalista que vivimos. LA cultura libre choca en cambio frontalmente con el modelo capitalista, de ahí que se planté la tesitura de si es o no rentable. Le buscamos rentabilidad también dentro del sistema capitalista, o cambiamos ese sistema?
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    Sáb, 02/15/2014 - 16:52
    Muy interesante el ejercicio de comparar los circuitos de producción cultural del software libre y de la cultura libre. Sin dudas quienes trabajamos en el área de la cultura tenemos muchísimo para aprender de la gente del software libre. Si bien es claro que hay diferencias con el software, no creo que estas diferencias hagan inviable el modelo de producción de la cultura libre. En cuanto a la producción realizada en las universidades, no hay mayor problema dado que el financiamiento de la creación no depende del copyright. En cuanto a las disciplinas artísticas, el modelo necesariamente irá evolucionando hacia la oferta de eventos en vivo, experiencias únicas, servicios personalizados, venta de merchandising, etc. En especial, creo que la oferta de servicios es el área potencialmente más provechosa para la cultura libre. Nosotros en Ártica damos servicios de formación y consultoría. En cuanto a los fotógrafos, también pueden dar servicios de formación o servicios de realización para terceros (para películas, medios de comunicación, instituciones, etc). Lo mismo puede decirse para quienes realizan audiovisual, donde también se pueden obtener ingresos por publicidad. Por supuesto, también está el financiamiento colectivo, que tal vez no sea útil para sustentar un emprendimiento a largo plazo, pero puede servir para concretar proyectos. En suma, las opciones existen y mucha gente las está llevando adelante con relativo éxito, como por ejemplo el mismo Diagonal :D Sin duda, hay que seguir trabajando en generar espacios comunes de articulación y formación entre proyectos culturales basados en cultura libre. Saludos cálidos!
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    Marga
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    Vie, 02/14/2014 - 21:16
    Coincido 100% en que hay que apoyar la cultura libre. Mi motivación con este artículo, lo que trato de pensar es si hay alguna singularidad en el software que no sea trasladable a la cultura. Al fin y al cabo, el software desde su origen siempre ha sido inmaterial, y las fotografías no. Es pensar esa diferencia (si la hay) para encontrar las palancas que puedan propulsar la cultura libre y al mismo tiempo la obtención de rentas.
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    xabier
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    Vie, 02/14/2014 - 13:24
    Hola Marga, <div>&nbsp;</div> <div>Mi primera reacción en este debate siempre es defender la cultura libre por encima de todo (porque después de este tipo debates surge siempre la tentación de buscar licencias No-Comerciales, Peer-to-peer, etc. y dejamos de hablar de lo libre). La segunda reacción al leer tu artículo (que me parece muy muy interesante) es &quot;vale, tenemos un problema&quot;. Y este problema tenemos que trocearlo porque es complejo, no es lo mismo ser fotógrafa que poeta, músico que cineasta o escritora que pintor.</div> <div>&nbsp;</div> <div>Me pregunto en parte si la diferencia entre el rico ecosistema semi-cooperativo y sostenible que ha surgido en el software y la precaria e incierta situación que vive la cultura libre no depende en realidad del siguiente hecho: la industria del software nace a la par que el software libre, digamos que casi desde el comienzo de lo que podría llamarse &quot;el mundo del software&quot; ha surgido tanto el mundo de las grandes empresas de software privativo (Microsoft a al cabeza) como el mundo GNU y su modelos de sostenibilidad frágil, pero sostenibilidad al fin y al cavo (soportadas en gran medida, en sus inicios, por el entorno científicio y universitario). El mundo de la cultura profesional sin embargo surge muy unido a los mecenas del renacimiento y deriva progresivamente en la industria cultural de masas y sólo mucho después surge la alternativa de la cultura libre oficializada a través de CC y la red como medio de distribución. Para entonces los ecosistemas profesionales están muy definidos por la propiedad intelectual y sus mediadores. Lo que significa ser escritora o fotógrafo está ya bien &quot;cosido&quot; en el imaginario. Ser poeta o músico está definido como ser un genio, una diva, que no debe preocuparse por la venta de sus productos (sólo de las afecciones de su alma y su expresión artística). Aunque no hay que olvidar que ese mismo imaginario también exige que para ser filósofo hay que sufrir años de becario y que resulta inevitable tener que dar clases en una universidad y corregir exámenes para disfrutar de unas horas a la semana y poder escribir junto a Kant o a Heidegger, que también &quot;sufrieron&quot; la misma condición (NOTA: no todas las productoras culturales gozan del mismo estatus y aspiraciones en el mundo de la cultura, algunas se tienen que resignar a unas condiciones menos &quot;puras&quot; que otras, pero eso no resulta ya problemático, está bien sedimentado y apuntalado en nuestra imaginación).</div> <div>&nbsp;</div> <div>&iquest;Qué significa que la cultura libre no consigue extraer rentas sostenibles? &iquest;Significa que tenemos que buscar modelos híbridos de propiedad intelectual y ceder en las libertades de nuestras creaciones a cambio de renta? &iquest;O significa que quizás tenemos que renunciar a algunas aspiraciones? &iquest;O significa que no terminamos de mirar en el lugar adecuado? &iquest;O simplemente que los modelos sostenibles no están debidamente representados en nuestro imaginario? &iquest;O una mezcla de todas las anteriores?</div> <div>&nbsp;</div> <div>En algunas dimensiones de la músico no me caben dudas sobre la sostenibilidad: cobrar por tocar ha sido propio de la profesión de músico durante siglos y sigue siéndolo aún hoy día. Aquí resulta inevitable abrir oportunidades a la música en directo (en nuestro país resulta tristísima la situación comparando con los Pubs ingleses donde al menos una vez a la semana hay conciertos hasta en el pub más insignificante). Conozco varios músicos que viven casi exclusivamente de sus conciertos y sólo desearían que la gente valorara la música en vivo tanto como están dispuestos a pagar 14 euros por que les frían un solomillo. En ningún caso la solución a su precariedad requiere un cambio de licencias para muchos de ellos.</div> <div>&nbsp;</div> <div>En el caso de los saberes académicos la cosa no parece que vaya a cambiar y quizás tampoco esté tan mal así. La sostenibilidad está (o estaba) garantizada por un pacto público: educa a las mentes de nuestra sociedad con un conocimiento avanzado y a cambio te liberamos algunas horas a la semana para que sigas creando conocimiento (y cultura), tu prestigio incentiva nuestra educación, tu tiempo invertido en desarrollar saberes revierte sobre nuestras mentes jóvenes y nuestra sociedad (y esto sirve para lo público y lo privado). El sometimiento de la producción académica al expolio del copyright va cayendo por su propio peso y las editoriales copyleft en el mundo científico y académico van abriéndose un lento pero seguro camino en su propia sostenibilidad y la del mantenimiento de la circulación de saberes.</div> <div>&nbsp;</div> <div>Desconozco lo que puede significar ser fotógrafo libre, pero supongo que las fotógrafas que trabajan para diagonal o eldiario.es no se mueren y seguro que vivirían mejor si hubiera más suscriptoras (y me temo que los problemas de una fotógrafa de un periódico de tirada similar pero del modelo copyright no son realmente muy diferentes).</div> <div>&nbsp;</div> <div>Y termino con una reflexión: la cultura libre no puede ser una opción bienpensante y naturalmente integrable sin fricciones en una sociedad capitalista. No podemos esperar que los problemas a los que se enfrenta sean menores que los problemas que sufre una agricultora ecológica en Mucia o un zapatero vegano en un barrio de Albacete. De hecho van a sufrir problemas aún mayores. En medio de un régimen de capitalismo cognitivo lo que propone la cultura libre es extraordinariamente revolucionario, apunta a la línea de flotación del capitalismo más feroz, el que genera más divisas para los EEUU, el que se utilizara para controlar las mentes, los cuerpos y las máquinas del imperio. No se fusilan en las plazas a los músicos copyleft, ni a las poetas creative-commons, pero sabemos que el control social ya no pasa por ensuciar de sangre las plazas sino que está compuesto de miles de trabas administrativas, de lobbies de presión, de desvió del dinero público para las grandes corporaciones, de bombardeos publicitarios que nos meten al Bisbal de turno hasta en la sopa y eclipsan al mismo tiempo el nuevo libro de Traficantes de Sueños. En este orden de cosas, este entorno extraordinariamente hostil a la cultura libre... &iquest;por qué pensamos que debería de ser fácil encontrar renta para la cultura libre? Que algunos ingeniosos impresores pudieran vivir relativamente bien compartiendo el conocimiento técnico en su gremio no hizo pensar al campesinado alemán que debería de resultarle igual de fácil cultivar tierras comunales en el S.XVI. Cultura deriva de cultivar, el excepcional éxito de los genios del software no debería de hacernos pensar el terreno ya debería de estar asfaltado para la cultura del procomún. Son tiempos de revolución y la cultura es terreno de batalla.</div>
  • Idearia

    Un blog colectivo impulsado por la Red de redes de Economía Alternativa y Solidaria (REAS) sobre distintas realidades económicas que de forma práctica nos demuestran la capacidad de las comunidades de establecer relaciones económicas basadas en la democracia, la justicia social y el respeto al medio ambiente. Un espacio para la reflexión y la divulgación que está coordinado por Iñigo Bandrés y Fernando Sabín de REAS Madrid y en el que participan de forma estable Jordi García y Jordi Estivil la Xes de Catalunya, Peru Sasia y Clara Soler del Proyecto Fiare, Soraya González Guerrero de Diagonal, Alvaro Porro del Cric, Conchi Piñeiro de la cooperativa Altekio,  la cooperativa Ideas, Marga Padilla de la cooperativa Dabne, Enrique del Río y Nuria del Río de Proempleo, Xabi Teis de Coop57 y la Coordinadora Estatal de Comercio Justo.

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