Alvaro Porro (www.revistaopciones.org)
 

Podría llegar a parecer inocente por no decir una frivolidad ocuparnos de montar huertos urbanos colectivos que en el mejor de los casos podrían producir la verdura de algunas familias en el barrio mientras asistimos a la pérdida de millones de hectáreas de tierra fértil, siglos de acumulación de cultura campesina global, miles de variedades autóctonas anualmente, millones de pequeñas explotaciones agrícolas...
 
Veamos diferentes propuestas de gestión de los comunes naturales:
•                     Un huerto urbano comunitario de gestión asamblearia en un solar baldío en un barrio con escasez de espacios verdes es una forma de gestión del común en una escala muy local. Como este ejemplo de Barcelona
•                     El establecimiento de un sistema de recogida de basura puerta a puerta en una provincia. (ver Opcions n43, sección Comunidad o  para evitar la construcción de una incineradora de residuos es otra forma con un poco más de escala.
•                     La gestión de la pesca del atún rojo en el Mediterráneo en aguas internacionales y nacionales para la flotas pesqueras de varios países de la región mediante la obligatoriedad de uso de artes tradicionales de pesca, periodos y cuotas estrictas, etc. Es una gestión de un común de mayor escala se manera que evitar extinción y el derrumbe socioeconómico de un sector. (Opcions n23)
•                     La gestión del calentamiento global que provocarán millones de hectáreas de avance de la desertización creando millones de refugiados mediante un sistema de cuotas personales de emisiones a escala global.
 
Todos son dilemas y potenciales formas de gestión de “los comunes” pero a muy diferentes escalas y que requieren también de herramientas y sistemas muy diferentes, espacios de decisión diferentes, mecanismos de control diferentes... ¿Pero alimenta algo las iniciativas micro las transformaciones macro o su papel macro es anecdótico o incluso contraproducente como mera distracción del objetivo relevante?

No hay nada malo en tener un huerto comunitario, pero debemos preocuparnos de los comunes a gran escala” afirmaba el geógrafo y antropólogo David Harvey en una entrevista publicada por Diagonal. Y continuaba reflexionando sobre cómo congeniar en la gestión de los comunes las diferentes escalas: “Estas cosas no suceden mediante asambleas, y sólo porque la gente proponga planes fantásticos a nivel local, eso no significa que eso planes funcionen a nivel regional, o a escala global. Así que me gustaría inyectar la noción de diferentes “escalas” de organización en nuestra conversación colectiva sobre desarrollo, sostenibilidad y urbanización. Tenemos que desarrollar organizaciones, mecanismos, discursos y aparatos capaces de tratar estos problemas a escala global.”
 
Por tanto; ¿sirven para algo estas experiencias de microescala en los cambios macro? Mi visión es que sí que sirven pero sí parece relevante tener en cuenta cómo moverse entre escalas. Se necesita perspectiva y entender las diferencias y las conexiones. En este sentido parece relevante que las articulaciones colectivas y colaborativas, iniciativas comunitarias, economías cooperativas... a pequeña escala de las que estamos hablando frecuentemente en este blog y en las que muchos participamos sepan ubicarse en el contexto y no funcionar exclusivamente mediante lógicas mono-escala que coarten su impacto y bloqueen su extensión.
 
De hecho los procesos de escalar o popularizar las iniciativas comunitarias y economías colaborativas (huertos comunitarios, grupos de consumo, cooperativas de energía, redes de intercambio, iniciativa de consumo colaborativo, cooperativas de trabajo, cooperativas de crédito...) buscando ampliar sus posibilidades y dimensión chocan en muchos casos con barreras internas organizativas  (Cuña publicitaria: en este sentido entre varias cooperativas y entidades inauguramos próximamente en Barcelona un espacio formativo que trata de hacer frente a los diferentes retos que los proyectos y emprendimientos colectivos se encuentran en sus andaduras: comunicativos, gestión de grupos, viabilidad económica, organización interna... Podéis conocerlo AQUÍ)  pero también con los limitantes que imponen las estructuras sociales, políticas, económicas del contexto macro. Por ejemplo recientemente me comentaban en la cooperativa de energía Somenergía que en el sector energético la ley de liberalización  del mercado solo permitía comercializar electricidad a empresas de registro mercantil y no cooperativas y fue la lucha de las cooperativas energéticas históricas lo que va a permitir el cambio en la ley.
 
Y es que como comentaba en mi pasado post de este blog la transición hacia estilos de vida más sostenibles y la extensión de la economía social y solidaria irremediablemente comportan un cambio social y cultural pero también cambios en el modelo económico y en las estructuras políticas, legales y sociales y todo esto requiere o conforma de una regeneración democrática. 
 
La ola de fondo.
 

Por tanto ¿se trata de olvidarnos por ahora de iniciativas comunitarias de pequeña escala y centrar nuestra energía en esos cambios estructurales, en los comunes globales, en esa “regeneración democrática”...: primero una cosa y luego la otra? No, yo lo percibo, pienso y siento como procesos no ya paralelos sino contenidos unos dentro de otros. Amador Fdez. Savater inspirado en Gramsci reflexionaba  en un artículo muy recomendable hablando de los cambios estructurales, llámese revolución o como queramos, que éstos ocurren como una ola de fondo, son un lento incluso silencioso desplazamiento de la hegemonía cultural, la cuál es, explicado con palabras del filósofo Cornelius Castoriadis,  “lo que cuenta y lo que no cuenta, lo que tiene sentido y lo que no lo tiene, una definición inscrita, no en los libros, sino en el ser mismo de las cosas: el actuar de los seres humanos, sus relaciones, su organización, su percepción de lo que es, su afirmación y búsqueda de lo que vale, la materialidad de los objetos que producen, utilizan y consumen”. Gramsci decía  que  cuando se hace la Revolución Francesa, ya se ha ganado antes: la nueva concepción del mundo ha desplazado silenciosamente a la antigua, dejando fuera de juego a los poderes del Antiguo Régimen casi sin que se den cuenta.  El propio Amador resume “La política no es en primer lugar un asunto de denuncia y concienciación, porque no hay gota que colme el vaso y lo malo se puede tolerar indefinidamente, sino una especie de cambio de piel por el cual nos hacemos sensibles a esto o alérgicos a aquello. No pasa por convencer (discurso) o seducir (marketing) sino más bien por abrir todo tipo de espacios donde hacer una experiencia de otra forma de vida, de otra definición de la realidad, de otra visión del mundo. En la pelea por la hegemonía, la piel -la tuya, la mía, la de todos- es el campo de batalla.
 
En esta línea creo que el proceso de articularnos colectivamente a micro escala para: satisfacer necesidades básicas de otra manera, construir otros estilos de vida, crear otras economías y otros empleos... Son espacios de experimentación y práctica para ese cambio cultural, para ese cambio de piel donde vivir otros referentes y valores en relación al bienestar, las necesidades... Son algunos de los pasos de este lento desplazamiento, de esa ola de fondo, en lo cotidiano. Como observan muchas teorías del aprendizaje muchas veces son las prácticas las que cambian los valores y no al revés. Intentar hacer cosas básicas del día a día de manera diferente, cambiar las prácticas cotidianas, contar con el otro para satisfacer tus necesidades... es un importante activador de cambio en tu forma de mirar al otro, desarrollar tu propio sentido crítico de la realidad y de construir tus valores, de mudar tu piel. Pero no sólo sentido crítico, también sentido constructivo, ya que es al intentarlo que entiendes lo complejo y potente de construir alternativas reales y viables... Por todo ello el terreno social de la micro-experimentación y en particular las iniciativas colectivas o colaborativas que surgen en torno a la búsqueda de otras formas de satisfacer necesidades son espacios que aceleran, profundizan, facilitan... y  pueden tener un papel relevante en el desplazamiento silencioso. Porque como espacios que agregan desde la práctica se hacen accesibles, seductores...a muchas personas que no se sienten atraídas por meros espacios políticos de reivindicación, o por lo menos no de manera sostenida, y creo que esto explica parte de la dinámica pos15m.
 
Pero como decíamos al principio de este post no podemos perder la perspectiva  de las escalas, de que  la ola de fondo transforma su hegemonía cultural con un cambio más allá de lo cultural cuando articula poder para cambiar estructuras, cuando como me explicó un amigo surfero y retomando la metáfora de la ola el movimiento de agua en el fondo choca con algo y genera un reflejo en la superficie, una ola con cresta que llega a la playa para deshacer los castillos y crear nuevas dunas. Porque no se trata de crear burbujas disidentes sino de entender el papel pionero de espacios comunitarios y autogestionados pero que tratan de que el cambio llegue a todos. Se trata de un mercado social que sea mayoritario no para nosotros, de una educación que recoja el bagaje de las escuelas libres y los grupos de crianza pero pública y universal, de que todo el mundo acceda a productos agroecológicos sea en cooperativas, en mercados municipales o en tiendas, etc.  Y es este quizás uno de los retos del creciente universo de iniciativas colaborativas, cooperativas o comunitarias: ser  relevantes en la construcción de un tejido social que lidere el cambio porque la regeneración democrática sin lugar a dudas consiste principalmente en la constitución de un tejido social fuerte que pueda acompañar y liderar dicho proceso de transformación para que en algún momento la ola de fondo emerja a la superficie con toda potencia pero también toda la viabilidad y efectividad a largo plazo.

Nota: (en el próximo número de la revista Opciones profundizamos en estos aspectos y este tipo de iniciativas)

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