Global
Descolonizar el amor. Dignificar la ira.
07
Ago
2016
14:18
¿Por qué lo llaman ̒racismo̕ cuando quieren decir ̒clase̕?
Por Helios F. Garcés

Resulta tan inusual, tan extraordinario y extraño encontrarse con la palabra ̒racismo̕ en textos políticos producidos por intelectuales blancos de izquierda en el Estado español que espontáneamente nos hicimos ilusiones. Quizás nos habíamos equivocado al señalar frontalmente la tradicional incapacidad del marxismo occidental para comprender el carácter racial de la civilización capitalista en la que nace. Quizás habíamos exagerado al recordar su ceguera general para comprender otras tradiciones críticas, otras historias; especialmente aquellas que tienen que ver con las resistencias de los pueblos cuya experiencia está marcada por el colonialismo, la esclavitud y el genocidio.

Por un momento fue posible. Algún jambo inteligente se percataría por fin de que el racismo no es únicamente lo que sucede cuando su madre se agarra el bolso al ver a un hombre gitano acercarse caminando por la misma acera, sino que el racismo es la epistemología, uno de los principios ordenadores de la organización estructural de los mecanismos culturales de la racionalidad occidental moderna. Qué bonito fue mientras duró la sorpresa. Por fin reconocerían que estudiar las circunstancias de la expropiación y explotación del trabajo; la teoría materialista de la historia, la naturaleza del sistema capitalista de producción y la inevitabilidad de la lucha de clases implica la necesidad urgente de atender a la aparición y formulación de la sensibilidad racial y de su sistematización así como de sus consecuencias ideológicas, económicas, políticas, culturales. Podría ser que finalmente llegase a la conclusión de que también es necesario descolonizar el propio socialismo en sus innumerables vertientes ya que el sustrato cultural en el que se gesta está preparado en el caldo racial. Pero no.

“El problema: la emergencia del racismo de clase”(1), artículo de Manolo Monereo publicado en cuartopoder el 2/08/2016 no tiene absolutamente nada que ver con todo lo anterior, así que mi gozo en un pozo. Monereo dedica nueve inteligentes párrafos a analizar la campaña estratégica del status quo contra el partido político Podemos y su forma de demonizar el antagonismo cultural que representan sus adalides. A pesar de todo, según su análisis, “España ha cambiado” y, además, el 15 M y Podemos “nos vacunaron contra el populismo de derechas”. Yo creía que Monereo, dada su admirable formación filosófico política llegaría a la conclusión de que el desarrollo del capitalismo es influenciado por las particulares fuerzas del racismo; que los orígenes ideológicos, psicosociales y culturales del relato racial forman una pieza organizadora del sistema capitalista actual; que el discurso de la raza representa la manera moderna a través de la que se racionaliza la dominación, la explotación y el exterminio de los ̒no blancos̕, es decir, de tres cuartas amplias partes de eso que llamamos humanidad, y que la raza es inseparable de la clase el sexo y el género.

Sin embargo, busqué y busqué sin encontrar alusión alguna al racismo hasta llegar al párrafo número ocho. Fue entonces cuando decidí escribir la respuesta que nos ocupa. Veamos por qué:

“Cuando se dice que Diego Cañamero no puede seguir siendo diputado porque no ha pronunciado bien la palabra programa y que ello lo inhabilita para representar el pueblo, a su pueblo, nos dice de forma clara que se está normalizando una subcultura de odio a la democracia de los hombres y mujeres comunes, de los pobres, de los socialmente marginados y excluidos. Es uno de los más viejos racismos, el racismo de clase, el desprecio de nuestras clases dominantes, de los “señoritos y señoritas” al pueblo, a los que crean la riqueza con sus manos y con su esfuerzo, a los plebeyos, sometidos, de nuevo, a nuevas formas de servidumbre, trabajando sin derechos y sin libertades.

La inevitable justificación

Para que nuestros compañeros de la izquierda eurocéntrica no utilicen mediocres, insultantes y bochornosos argumentos felipistas acusándonos de hacerle el “juego a la derecha” empleamos una parte considerablemente excesiva de nuestro esfuerzo a contextualizar la crítica antirracista, por muy legítima que esta sea. Esta realidad agotadora que nos obliga constantemente a hacer concesiones nos roba tiempo, energía, fuerza y no nace como efecto de una verdadera pedagogía crítica. Intentamos por todos los medios aminorar la reacción. Tememos la reacción y hacemos todo lo posible para neutralizarla, para suavizarla y dulcificarla. A menudo incluso callamos, nos atragantamos con nuestra indignación, la indignación racializada. Hablamos de una indignación y de una rabia que nunca formaron parte de ese proyecto de cambio del que habla Monereo, de esa supuesta vacuna contra “el populismo de derechas”.

Entonces tenemos que asegurar en voz alta que el desprecio sufrido por Diego Cañamero nos parece odioso, que el clasismo y el odio hacia las personas trabajadoras se hace patente y se manifiesta en toda su crudeza a través del cuestionamiento de su valía política. Tenemos que advertir también, y hacerlo a pleno pulmón, que los tópicos, los prejuicios y las burlas hacia las personas humildes de Andalucía juegan un papel fundamental en lo que está ocurriendo y que nos parece deplorable. Todo ello debemos dejarlo bien claro, con especial énfasis, para que los militantes de la izquierda eurocéntrica no conspiren a nuestras espaldas y nos traten como a ellos les trata la casta, su propia casta.

¿Qué necesidad hay entonces de utilizar la palabra ̒racismo̕ en un artículo como al que hacemos mención? Absolutamente ninguna. Usar un concepto como este en lo que pretende ser un análisis sobre el desprecio clasista puesto en marcha contra Cañamero es contraproducente, reprochable, irresponsable. De hecho, tal maniobra no es más que un síntoma que nos ayuda a comprender la influencia del racialismo en la conciencia crítica radical europea. Solo alguien que no se toma en serio la problemática racista, que no es consciente de su situación de privilegio en la jerarquía real del sistema supremacista blanco puede sucumbir ante la peligrosa tentación de usurpar, vaciar de contenido y blanquear un concepto de vital importancia como ̒racismo̕ de tal manera.

Es necesario remarcarlo de nuevo, el artículo de Monereo es solo un síntoma, un aspaviento más de la lamentable norma. A amplios sectores de la izquierda intelectual no solo no les importa en absoluto el verdadero racismo, no solo no lo ven, no lo huelen, no lo saborean ni lo sienten, sino que contribuyen activamente a su invisibilización. Cuando ustedes, que comparten espacio de afinidad con el Ayuntamiento de Barcelona y son incapaces reaccionar; cuando ustedes, que viven en ciudades en las que existen escuelas gueto, situaciones de injusticia estructural en los que la raza es un marcador evidente; en las que la policía amenaza, detiene y tortura a las personas ̒no blancas̕; en la que se niega y se pisotea la historia de los condenados y condenadas de la tierra (seguro que han leído a Fanon); ciudades en las que se retiene a seres humanos en espacios en los que sus derechos fundamentales son vulnerados de forma sistemática, perseguidos y asediados día y noche; cuando ustedes, que tienen todo ello frente a su propia casa, frente a sus propias narices, utilizan el concepto de ̒racismo̕ de una manera tan acrítica e insensible, es necesario llamarles la atención con contundencia. Hay que hacerlo, porque tal y como diría Sadri Khiari: “Por ser la compañera indispensable de los indígenas (los racializados), la izquierda es su primera adversaria”. Marx tenía razón, la vergüenza debería seguir siendo un sentimiento revolucionario. Pero para ello es necesario aprender a escuchar, ¿no es cierto, Calibán?

Notas:
(1) https://www.cuartopoder.es/cartaalamauta/2016/08/02/problema-la-emergenc...

comentarios

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    Mario Peralta 3
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    Mié, 08/17/2016 - 20:16
    Y Política, tú eres quien habla del complejo de inferioridad. Creo que el autor Helios F. G. Da una visión clara de la diferencia social y económica basada en el color de piel.
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    Dom, 08/14/2016 - 08:55
    En el fondo de lo que habla es de que hay cierto 'complejo de inferioridad' al expresar ciertas críticas u opiniones, y eso nos lleva a 'blanquear' la crítica de fondo que nos corroe, no vaya a ser que los otros nos apedreen y encima nos quedemos pensando si nuestros argumentos no son más que una forma de darle razones para su odio de clase. El problema es que los otros nunca recurren a ese blanqueamiento. ¿Os acordais del 'pitas, pitas' de Aguirre? Pues eso
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    Helios F. Garcés

    La tempestad de William Shakespeare condensaba, en el contexto de la expansión colonial europea, el potencial del antagonismo ontológico, epistémico y político que definirá la modernidad occidental temprana en dos personajes fundamentales: Próspero y Caliban. Mientras que Próspero representará al europeo ilustrado, germen de la colonialidad, Caliban, reinterpretado por Césaire en Una tempestad, simboliza al ser humano que se rebela ante su opresor.

    Es probable que el término 'Calibán' provenga de la palabra romaní 'Kalipen', cuyo significado literal es 'negritud'. Los Kale –"los negros"– representan una de las grandes familias que conforman el Pueblo Rrom, los denominados gitanos/as.

    Helios F. Garcés nació el año que Assata Shakur huyó a Cuba. Desde entonces se aplica en la práctica del antiautoritarismo radical caló, cuya filosofía política consiste en negarse a ser integrado. Aunque para él la necesidad real consista en desintegrarse.