Global
Descolonizar el amor. Dignificar la ira.
28
Jul
2016
20:20
De la integración a la reparación: descolonizar la doble conciencia
Por Helios F. Garcés

Esta doble conciencia produce una sensación peculiar; un sentido de siempre verse a uno mismo a través de los ojos de otros, de medir su alma propia con el metro de un mundo que le mira con entretenido desdén y pena.”

W. E. B Du Bois

Las Almas del Pueblo Negro

W. E. B. Du Bois es, sin duda alguna, una figura fundamental de la genealogía del pensamiento crítico decolonial de principios del siglo XX. Por supuesto que se trata de un intelectual orgánico –como lo llama Cornel West− atravesado por innumerables límites, quiebras correspondientes a la época que le tocó vivir. No obstante, resulta poderosamente sugerente y enriquecedor recuperar algunas de sus lúcidas e imprescindibles aportaciones en torno a la comprensión radical de determinados efectos del racismo en la sociedades contemporáneas.

Du Bois fue uno de los padres principales del movimiento panafricano, creador de la sociología empírica, escritor prolífico, periodista; fue promotor y parte del mítico Renacimiento de Harlem, crítico lúcido del marxismo occidental, internacionalista decolonial incansable y miembro del Partido Comunista a sus 95 años de edad en una época en la que el socialismo norteamericano era perseguido con fervor casi religioso. A pesar de que su obra no ha sido introducida en el Estado Español, intelectuales y militantes antirracistas de la talla de Angela Davis, el propio West o Hatem Bazian, entre muchos otros, siguen rescatando, actualizando y reinterpretando gran parte de su legado en la actualidad.

Retomar algunos de sus inteligentes y preclaros enfoques vuelve a ser importante, especialmente en momentos en los que los discursos dominantes sobre lo que llamamos “colonialidad” se están transformando paulatinamente en una atractiva moda académica. Y es que no hay forma de convertir lo decolonial en una moda, es decir, de domesticar el pensamiento crítico antirracista, si no es a través de su descarado "blanqueamiento". Así, lo decolonial descafeinado comienza a campar a sus anchas en determinadas recepciones europeas de dichos enfoques y podemos observar cómo todo ello se convierte en una retórica vacía que sirve para añadir sex appeal a los CV académicos.

Por otra parte tenemos la decolonialidad utilitarista, una tecnología intelectual deshonesta incorporada al bagaje político de cierto activismo estratégico poco comprometido con aterrizar la crítica a los privilegios de la blanquitud en su propio territorio y experiencia. Se comienza entonces a contemplar en los pensamientos desarrollados por la heterogénea red Modernidad/Colonialidad una oportunidad para legitimar antiguas demandas de la izquierda etnocéntrica. Evidentemente no negamos que se trate de demandas originalmente legítimas. Sin embargo, la bochornosa manera en la que desde tales miradas vuelve a invisibilizarse el problema del racismo representa la prueba fundamental del carácter fraudulento de una perspectiva débil, hipócrita y racista para la que la crítica es únicamente una manera de sacar rédito político. Se trata de la decolonialidad sin crítica al racismo.

Uno de los arranques fundamentales del pensamiento decolonial consiste en situar la categoría de raza como principio organizador de la acumulación originaria del capital y de la división internacional del trabajo al calor de colonialismo, esclavitud y genocidios/epistemicidios sobre los que se construye la modernidad occidental como proyecto civilizatorio. Perder de vista tal enfoque resulta tan desconcertante como siniestro. En un territorio en el que a través de la negación de la memoria histórica, el afianzamiento de las fronteras exteriores e interiores, la persecución policial, las escuelas gueto, el paternalismo multicultural y el sistema de control migratorio, los cuerpos racializados son brutalizados de manera constante, actitudes mostradas por la izquierda eurocéntrica como las que estamos presenciando en el Estado español deberían ser puestas en evidencia con total contundencia.

De la integración a la reparación

La situación del Pueblo Rrom, de los Sinti, Kale, Rroma, Manush, Kalderash, Lovara, de los gitanos y gitanas, en lo que respecta a su antigua y radical resistencia a la asimilación y sin embargo, al mismo tiempo, a su conflictiva condición europea, puede añadir, quizás, algo de luz a determinadas dimensiones del fenómeno de la doble conciencia. Nos referimos a dimensiones de la misma relacionadas con la multiplicidad de las identidades racializadas y sus nexos con la transculturación, la hibridación y el mestizaje en las sociedades occidentalizadas.

El Pueblo Gitano es, como diría el sociólogo caló Nicolás Jiménez, indio de origen, europeo de conformación y universal de proyección. La experiencia de una nación racializada cuyo origen se encuentra en Oriente pero cuya cosmovisión y lengua cristalizan en los territorios pertenecientes a lo hoy conocemos como Occidente, puede poner al descubierto la manera en la que los gobiernos occidentalocéntricos utilizan la doble conciencia para desplegar la colonialidad del ser, del saber y del poder, desde la raza, el sexo, el género y la clase; esta vez, no hacia la colonia o la ex colonia en el exterior, sino hacia su “tercer mundo” interior.

Todo ello nos obliga a estudiar las particularidades del fenómeno de la colonialidad interna de larga duración. Profundizando en ello, quizás podamos remover algunos de los obstáculos que se presentan ante el desarrollo de lo que Houria Bouteldja llama “un internacionalismo doméstico” entre las comunidades cuya experiencia está atravesada por el racismo. Para ello volvamos a las palabras de Du Bois. “Nacido con un velo –el velo del condicionamiento racial impuesto en este caso por el marcador global del color− y dotado de una doble visión en este mundo americano –una doble visión que nace como resultado de la experiencia como sujeto racializado en una sociedad racista− un mundo que no le produce una verdadera conciencia –es decir, el mundo que habita, construido desde los privilegios de la blanquitud le impide ser dueño de una verdadera conciencia de sí, de una verdadera conciencia humana− sino que solo le deja verse a sí mismo a través de la revelación del otro mundo –solo se percibe través de los ojos de su opresor−.

La doble conciencia, ese siempre verse a uno mismo a través de los ojos del poder que enfrenta cualquier identidad diaspórica desemboca frecuentemente en una patología psicosocial propia de toda subcultura: la necesidad apremiante y enfermiza de ser aceptado. La necesidad constante de ser reconocido como humano, de ser aceptado e incluido como parte del proyecto moderno occidental. Esta enfermedad cultural produce tal sed de reconocimiento que cualquier gesto simbólico hábil por parte de las instituciones desarma el potencial radical de la mirada antirracista. La culpabilidad gadjikani (1) es vehiculada a través de las políticas interculturales de manera que sirve para calmar la conciencia política moderna sin cuestionar la supremacía blanca de forma radical. Encerrando a cada comunidad en su absolutismo étnico impiden la posibilidad de que la solidaridad intracomunitaria antirracista se despliegue de forma efectiva. Un ejemplo claro y material de ello se produce en la ciudad de Barcelona, donde el Ayuntamiento anuncia la próxima puesta en marcha de un plan contra la Islamofobia y otro contra el Antigitanismo, lo cual, en principio, tendría que parecernos loable (2). Sin embargo, el mismo Ayuntamiento se resiste a interrumpir la persecución a la que somete al colectivo mantero, formado por personas afrodescendientes migrantes que luchan por sobrevivir, escudándose en argumentos legales.

En el caso de los gitanos y gitanas, esto no puede ser comprendido adecuadamente sin acudir a los 479 años de opresión, persecución e intentos de genocidio/epistemicidio que el Estado moderno puso en marcha contra los mismos de forma legal desde 1499 hasta 1978. Las estrategias de la opresión, el disciplinamiento y la domesticación que siguen operando en la actualidad comenzaron a adquirir ropajes diferentes a partir de la Transición. La utilización del arquetipo gitano en la construcción de lo español castizo masculino, de determinada versión folklórica y orientalista de ̒lo andaluz̕, procesos culturales que pueden rastrearse desde el siglo XVIII, explican, en parte, la poliédrica manera en la que la doble conciencia se va instalando en la experiencia romaní, no solo en el Estado español, sino en todo el continente.

Es desde ahí que se abre la puerta a la gestión necolonial de la diferencia étnica a través del asistencialismo y del clientelismo político; todo ello girando en torno y desde la filosofía colonial de la integración. He aquí que después de 2500 leyes antigitanas, después de 500 años de intentos de genocidio y espistemicidio es difícil encontrar demandas políticas pro gitanas en todo el espectro electoral o social que se estructuren en base a la filosofía de la reparación. Al contrario, el concepto clave es “integración”. Descolonizar la doble conciencia significa dejar de rogar por la integración y comenzar a exigir la reparación. Pero la reparación pasa por interrumpir la persecución y generar mecanismos de justicia que reviertan los efectos de la misma en las comunidades afectadas. Esa doble visión descolonial puede permitir la articulación de una crítica radical sin precedentes en los territorios que habitamos. Veremos si es posible, Calibán.

Notas:

(1): No Rrom
(2): http://www.lavanguardia.com/local/barcelona/20160727/403490647562/barcel...

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Helios F. Garcés

La tempestad de William Shakespeare condensaba, en el contexto de la expansión colonial europea, el potencial del antagonismo ontológico, epistémico y político que definirá la modernidad occidental temprana en dos personajes fundamentales: Próspero y Caliban. Mientras que Próspero representará al europeo ilustrado, germen de la colonialidad, Caliban, reinterpretado por Césaire en Una tempestad, simboliza al ser humano que se rebela ante su opresor.

Es probable que el término 'Calibán' provenga de la palabra romaní 'Kalipen', cuyo significado literal es 'negritud'. Los Kale –"los negros"– representan una de las grandes familias que conforman el Pueblo Rrom, los denominados gitanos/as.

Helios F. Garcés nació el año que Assata Shakur huyó a Cuba. Desde entonces se aplica en la práctica del antiautoritarismo radical caló, cuya filosofía política consiste en negarse a ser integrado. Aunque para él la necesidad real consista en desintegrarse.