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Pensando desde el sur, construyendo nuestra Andalucía
08
Jul
2015
10:17
¿Quién piensa en Andalucía?
Por Pensar la tierra

Artículo de Curro Moreno. Curro Moreno es de Jaen y es Portavoz Nacional de la organización juvenil revolucionaria Jaleo, además es miembro del Sindicato Andaluz de Trabajadores/as y del Grupo de Estudios Campesinos Juan Díaz del Moral. La ilustración es de Paqui Pérez Luque.

Hace pocos días, en un artículo para el blog Pensar la tierra, el profesor Manuel Ruiz Romero apuntaba una reflexión en 15 puntos para la “reconstitución del nacionalismo andaluz”. Uno de ellos hacía referencia a la pedagogía y la formación, y decía así: “El conocimiento de nuestra identidad constituye la clave que permite afrontar los problemas desde una perspectiva diferente. Sembrar para recoger. Dejar poco margen a la intuición emocional de lo andaluz y fundamentarlo sobre asumidas sólidas raíces racionales y cognitivas”.

Paulo Freire hablaba de la educación como un acto para intervenir en el mundo, un acto político. Un acto que no solo va en una dirección (del atril a los pupitres) si no que es multidireccional: quienes están inmersos en el proceso educativo, educadoras y educandos, tienen algo que aprender y algo que enseñar. Porque en ese acto, todo el mundo viene con unos conocimientos previos, que hay que respetar, saberes que ha adquirido en la relación con su entorno y han configurado su identidad. Una identidad que hay que respetar pero que hay que transformar por que se ha generado en un contexto de opresión y por tanto no es una identidad libre.

Todo proceso y acción política tienen un componente pedagógico. Como planteemos esa pedagogía marcará el proceso en su conjunto. La educación emancipadora, por sí sola no trae el cambio, pero sin ella, un cambio realmente emancipador es imposible.

Los saberes de nuestro pueblo
Decía Borja Romero en un reciente artículo titulado La mala educación del soberanismo andaluz que “el sentimiento andaluz es una cuestión privada, muy íntima, relacionada con nuestra historia vital y nuestra propia personalidad. Es una amalgama que abarca sentimientos, experiencias, actitudes y mentalidades que nos conforman un carácter de vivir en el mundo”.

La coincidencia de muchos de estos aspectos en una comunidad humana, es lo que conforma una manera de ver el mundo, una identidad colectiva, en este caso la andaluza. Dice Boaventura de Sousa, que es imposible que exista justicia social global sin que exista justicia cognitiva. Es decir, no puede haber maneras de ver el mundo ridiculizadas, invisibilizadas y sometidas a una paulatino proceso de desaparición. La globalización neoliberal, lejos de tratarse solo de un fenómeno económico y político, intenta imponer un pensamiento único (capitalista, ocidentalocéntrico, patriarcal y racista) que facilite la unidad de mercado y el expolio globales.

Dentro de este proceso de sometimiento, se encuentra la identidad andaluza, la oficial, vaciada de contenido, ridiculizada, folklorizada y convertida en un chiste, pero también está la identidad popular, la identidad-resistencia, con valores antagónicos a los que quiere imponer el pensamiento único.

Se habla en pedagogía del aprendizaje significativo como aquel proceso en el cual, quienes están en él, relacionan una información nueva con la que ya poseen, reajustando y reconstruyendo ambas informaciones en este proceso. Nos hace falta conectar con la intuición emocional de lo andaluz para crear esa conciencia sólida, racional y cognitiva. Uniendo ambas cosas se reconstruye la emocionalidad colectiva andaluza y se le da un sentido andaluz a lo racional y lo cognitivo. Las propuestas, los discursos, los objetivos se piensan en andaluz.

Y ahora hay que preguntarse ¿Cuál es el estado de esos conocimientos previos que vemos en gran parte del pueblo andaluz? Pues es un conocimiento argumentativa y racionalmente pobre, y es una emocionalidad hecha añicos tras años de imposición de un fuerte complejo de inferioridad. Al envilecimiento que el propio sistema capitalista produce en quienes sufren su opresión, se une la variante andaluza, colonial, manifestada en un (auto)desprecio hacía nuestra propia forma de ser y una asunción de los estereotipos creados.

La identidad oficial andaluza, moldeada por 35 años de régimen en el que el PSOE, como defiende Isidoro Moreno, se ha convertido en un partido/país (es imposible separar cultural, administrativa y políticamente la identidad oficial andaluza de la figura del PSOE), ha vaciado de contenido y mercantilizado nuestra cultura, por un lado, y ha despojado a Andalucía de su capacidad de ser un sujeto político propio: Andalucía y el pueblo andaluz no puede ejercer ninguna acción política sin tener en cuenta al resto del Estado.

Y desde luego siendo andaluza, y mostrándose como tal (sobre todo a la hora de hablar), es imposible hacer nada serio, como dice Violeta Garrido en su artículo La aversión al andaluz. Han anulado en la identidad oficial el pensar y ser por nosotros y nosotras mismas, los pueblos y la humanidad.

Los efectos que esto provoca en la auto-estima colectiva y personal son devastadores. No se vence sin auto-estima. No hay empoderamiento personal ni colectivo sin auto-estima. La auto-estima se gana a través de un proceso pedagógico en el que se (auto)identifican todas y cada una de las distintas modalidades y variedades de opresión que el sistema causa en nosotros y nosotras y que conforman nuestra identidad. Pero una de las maneras de fortalecer la auto-estima es sintiéndose útil en un sitio. Hace falta motivación y para ello es necesario ver como los conocimientos previos de cada cual pueden ponerse al servicio de la causa colectiva.

Este es un proceso necesariamente colectivo y que nace de la lucha contra la injusticia. En las luchas se viven las injusticias en carne viva. Se aprende con el cuerpo además que con la cabeza. Podemos leer mil libros sobre la lucha, pero no sabemos lo que es hasta que no somos parte de ella. Podemos saber toda la historia de Andalucía desde Tartessos, pero no sabremos lo que aquí significa la tierra y el latifundio hasta que no ocupamos una finca todas a una.

No se vence sin vencer en la batalla de las ideas. Los mecanismo de control social y creadores de consentimiento del capitalismo no son infalibles. Siempre ha habido y habrá quien esté dispuesta a hacer frente a una injusticia. En el enfrentamiento se crea organización, se piensa como enfrentar la injusticia y se piensan alternativas. Es el saber que nace de la lucha.

¿Cómo sería posible que ante un régimen y una corrupción concretas (el PSOE, los ERE’s), que ante unas estructuras económicas y socialmente concretas (latifundismo, turismo extractivo, economía sumergida, emigración, paro, desigualdad de género), no surgieran resistencias y formas de lucha concretas? De esta realidad tienen que surgir necesariamente enfrentamientos, formas organizativas, pensamientos, alternativas concretas andaluzas. Es lo que podemos denominar pensar en andaluz.

Sin embargo, como también decía Borja Romero, existe un divorcio, entre el pueblo y el nacionalismo/soberanismo andaluz. Ninguna organización plenamente andaluza recoge hoy políticamente (electoral, pero también organizativamente hablando) a las mayorías sociales emergentes que vienen pidiendo un cambio centrado en la justicia social y en la existencia efectiva de derechos básicos (educación, sanidad, vivienda, trabajo, etc.).

El pensar andaluz consciente de serlo está en horas bajas aunque empieza a repuntar no desde maneras exclusivamente políticas sino también culturales, sindicales, académicas, juveniles, de economía alternativa, etc.

Pero hemos de tener también en cuenta que, ante la conciencia predominantemente emocional que existe sobre lo andaluz, debe de existir en consecuencia un pensar andaluz no consciente de serlo. Y con no consciente me refiero a que a lo mejor sabe que es andaluz pero no traduce este pensamiento en una acción política concreta, andaluza.

Ambas visiones necesitan crear espacios comunes. Ninguna está completa. El pensar consciente, por aislamiento derivado de ese divorcio con el pueblo, corre el riesgo de quedarse en el guetto de la conciencia racional y cognitiva de la que hablaba Manuel Ruíz, hablando un lenguaje sin sentimiento que solo se entiende en el guetto y que refuerza el divorcio con el pueblo. El pensar no consciente, derivado de haber asumido el complejo de inferioridad impuesto al ser andaluz, necesita recobrar la auto-estima de saberse dueño de su futuro y su presente.

Acción-reflexión crítica-acción
Mientras vivimos, no vemos cómo vivimos, es necesario pararse, reflexionar de manera crítica, y volver a vivir. Los sujetos políticos colectivos necesitan aún más de esta reflexión que tiene su componente individual y colectivo.

Las organizaciones políticas y sus militantes, consumimos nuestro esfuerzo en el corto plazo, en el día a día. La reflexión en forma de formación es relegada a un segundo plano (segundo se queda corto). Reflexionar sobre la acción no es un proceso de un fin de semana en una jornada de formación ultra intensiva. Requiere de calma y constancia y deberíamos hacer por buscar esos espacios, nos urge.

Las distintas identidades corporativas oprimidas presentes en el pueblo andaluz (juventud vs adultez, identidades de género vs patriarcado, rural vs urbano, migrantes vs racismo, multiculturalidad andaluza vs eurocentrismo y españolismo, etc.) tienen capacidad de generar discursos transformadores de la realidad, pero debe ser el ser andaluz el hilo conductor para generar una visión y una acción universalista transformadora que aúne todo el potencial que emana de las identidades corporativas.

Hablaba Claudia Korol, educadora popular argentina, de una “feminización de la resistencia” frente al proceso global de feminización de la pobreza y pone el énfasis en el aspecto cotidiano de esta resistencia: “[…] Me refiero también al papel de las mujeres en las barriadas populares, organizando las comidas colectivas, los comedores, las ollas comunes, así como las tomas de tierras y de viviendas. […] Un nuevo nivel de participación de la mujer, que se vincula casi siempre a la necesidad de dar respuesta a las duras exigencias de la vida cotidiana”.

Este proceso se vive en Andalucía. Un feminismo organizado consciente corre paralelo a experiencias feministas inconscientes presentes en las luchas, pero pocas veces llegan a cruzarse.

Y esta desconexión se reproduce entre todas las luchas sectoriales: luchas por la tierra desconectadas del saber cotidiano de quien la trabaja o la sufre por no tener acceso a ella; andalucismo organizado, erudito de las cuestiones andaluzas, pero desconectado de experiencias de andalucismo cotidiano; juventud organizada desconectada de las múltiples realidades existentes y solo centrada en el perfil juvenil de quien forma esa organización, etc.

Es necesario poner en diálogo las cotidianidades y las conciencias de todas las luchas protagonizadas por todas las identidades oprimidas existentes en Andalucía. Este es un proceso de educación popular tan arduo,lleno de contradicciones (como lo está nuestro pueblo) y de dificultades como necesario. De él surgirá la pensar andaluz emancipatorio que nutrirá la Unidad Popular Andaluza como herramienta política para la liberación nacional, política, social, económica y de género de nuestro pueblo.

¿Educación o propaganda?
Le preguntaban a Pablo Iglesias en una conferencia en Zaragoza que si prefería educación o propaganda, a lo que él, muy seguro respondió que “sin duda propaganda, la educación ya la haremos cuando tengamos el ministerio”.

El monopolio de la educación no lo tiene ningún ministerio. Es cierto que en la sociedad de la imagen de usar y tirar que se consume con una enorme rapidez, una estrategia comunicativa eficaz y una propaganda certera tiene una importancia vital, pero lo que comunicas propagandísticamente tienes que ser capaz de llevarlo a la práctica y eso requiere personas educadas en la lucha con capacidad resolutiva, de diálogo, de interacción con su entorno. Se necesitan rebeldes competentes que solo puede surgir de procesos educativos populares que nazcan de la lucha.

La propaganda ayuda a la transformación de la sociedad pero se consume y se olvida rápido. Y no solo eso, la propaganda política se hace en función de ideas-fuerza que no surgen de la nada si no que nacen de la movilización y la lucha social contra las injusticias creadas por el sistema. Derivadas de “las duras exigencias de la vida cotidiana” a las que se refería Claudia Korol. No es capricho qué todos los partidos hablen de los desahucios en sus programas; no es capricho qué hasta los Ayuntamientos gobernados por los individuos  más homófobos y reaccionarios cuelguen la bandera del Orgullo LGTB el 28 de Junio; no es capricho que Podemos (¡¡y hasta el PP!!) en Andalucía hable del 4 de diciembre, de la Reforma Agraria, de la Soberanía Alimentaria y demás cuestiones netamente andaluzas. Todo esto fruto del esfuerzo realizado en las luchas.

La lucha consigue hacer hegemónicas ideas, símbolos, hechos históricos, valores, etc. que antes nadaban a contracorriente de la sociedad. Todo esto se propagandiza y sirve para marcar agendas de lucha, sin embargo, si no hay una asunción profunda, educativa, de esas ideas y valores, en el primer momento la agenda marcada se viene abajo como un castillo de naipes.

Es positivo que haya gestos propagandísticos de corte andaluz en el discurso de Podemos, es positivo que a lo ancho y largo del mapa haya habido concejales y concejalas que han prometido su cargo “por  Andalucía Libre” o que hay mostrado un claro desprecio hacía símbolos españoles como el himno, o la monarquía, pero la pregunta es ¿Cómo van a transformar Podemos o las candidaturas municipales de unidad popular estos gestos propagandísticos en educación popular? ¿Existe intención de hacerlo? ¿Qué estrategias educativas van a tejer los distintos agentes políticos con representación institucional con el resto de movimientos sociales existentes en su entorno? ¿Con que objetivos? ¿Con qué metodologías?

Quien pretenda transformar la realidad no puede hacerlo con los mismos métodos que el opresor. Los movimientos sociales, las organizaciones de la izquierda soberanista y de la izquierda en general, etc. suelen cometer el error garrafal  de utilizan métodos educativos más reaccionarios que los del propio sistema. El abuso de la charla-coloquio  en la que alguien que sabe mucho sobre un tema se pone a hablar sin preguntarle a nadie es la fórmula “formativa” más frecuente que nos solemos encontrar. En nada se diferencia esto del púlpito y la banca de la escuela más tradicional.

Necesitamos incorporar los métodos de la educación popular en los procesos formativos de las organizaciones, sobre todo como fórmula para que los y las militantes se pregunten y se respondan por que han ido a parar ahí y que puede hacer desde ahí para transformar la realidad.

Retos
Lo que propagandísticamente nos vendieron como una guerra relámpago basada en la victoria electoral de una fuerza política, hemos visto que no ha sido así, al menos en nuestro régimen, en el andaluz. El panorama estatal tiene todavía otras citas importantes que pueden abrir otras puertas, no obstante, transformar “lo nuestro” tiene una tarea grande por delante. Grecia ha abierto una nueva puerta que pone la democracia, la soberanía de los pueblos, la participación y la organización popular en el centro del discurso. Los pueblos como principal agente político frente a estructuras supranacionales al servicio de los grandes capitales.

En este proceso, es fundamental reforzar y reconstituir identidades resistencia frente al pensamiento único global. Hay que poner el acento en los pueblos, que en nuestro cosa no se corresponden con el Estado.

Es hora de hacer esto poniendo la educación en primera línea. Es vital empezar a construir y profundizar en una educación popular andaluza que nazca de las organizaciones y los movimientos sociales emergentes. Que conecte las resistencias más cotidianas e instintivas con las más racionales y conscientes, para así dar forma a un potente pensar andaluz emancipatorio.

Es vital poner todo el potencial transformador disperso que ahora mismo existe en Andalucía al servicio de un cambio político revolucionario.  Es necesario que la nuevo marco legal que necesita Andalucía se refleje en una nueva Constitución (el Estatuto de Autonomía está agotado como el régimen en su conjunto, pero no van a morirse solos) para nuestro pueblo, que sea la viva expresión de las maneras andaluzas de estar y transformar la realidad.

Todo esto necesita de la educación popular y me permito citar de nuevo, como dice Claudia Korol: “La educación popular, al permitirnos teorizar colectivamente sobre nuestras prácticas, nos posibilita encontrar pistas para una producción colectiva de conocimientos que nos ayuda a reconocernos, identificarnos, creen en lo que podemos crear, y al mismo tiempo, que potencia nuestra capacidad de cambiar la realidad, de transformarla, en un sentido de ruptura, de batalla contra la enajenación y contra toda forma de alienación de nuestra sensibilidad, y nuestro esfuerzo, en un sentido de revolución.”

comentarios

3

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    Manuel Ponce Ignacio
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    Mié, 09/16/2015 - 13:51
    <h6 class="art_h6"><em>Felicidades, muy buen articulo, si señor</em></h6>
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    Mié, 07/08/2015 - 23:50
    Un artículo que visibiliza temas para escribir 20 artículos. Desde identidad, memoria, cultura a globalización. Andalucia&nbsp;se está articulando en un lenguaje contemporáneo y dará mucho que hablar.
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    Pablo García Ramírez
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    Mié, 07/08/2015 - 12:49
    Muy bueno Currete! Un abrazo y enhorabuena por el artículo,me ha encantada e incluso emocionado...sigue así, si seguimos así recuperaremos nuestra tierra. &nbsp; Salud! Pablo
  • Pensar la tierra

    Pensar la tierra es un espacio abierto de reflexión, debate y análisis del contexto de las luchas sociales rurales y los movimientos de transformación desde el campo en Andalucía. Pensando desde el sur, junto  al resto de luchas y pueblos que entienden sur como rumbo de emancipación. Construyendo nuestra Andalucía desde sus luchas, sus latidos y sus sueños de tierra y libertad, sabiendo que hay ya un mundo que nace a cada paso de un pueblo que camina.

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