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Pensando desde el sur, construyendo nuestra Andalucía
20
Jul
2015
07:57
La importancia, material y simbólica, de la ocupación de tierras en la Andalucía del siglo XXI
Por Pensar la tierra

Artículo escrito por Nestor Salvador y Pedro Honrubia. Nestor Salvador es de Granada y es miembro del SAT, de las Candidaturas Unitarias de Trabajadores y del Grupo Díaz del Moral. Pedro es de Linares, pero residen en Granada. Es también miembro del SAT y de la CUT  y además es parte del equipo de dirección del Colectivo Kaos en la Red. La fotografía es de Diego Martín "el Pony" durante la ocupación de la finca militar de "Las Turquillas" situada entre Osuna y Ecija, en el año 2013.

 

Este 21 de julio el Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT) ha  anunciado una acción  por la que prevé ocupar de forma pacífica la finca militar 'La Isla' de Écija (Sevilla), propiedad del Estado, como forma de protesta contra su posible venta. Una vez más en Andalucía vuelve la ocupación de tierras como expresión política de desobediencia y de reivindicación de la tierra, ¿Por qué se mantiene este fenómeno y que efectos produce?

Ocupación de tierras siglo XX. Reforma agraria y democratización

La primera toma de tierras después del franquismo se producirá tras el tercer pleno del comité regional del SOC, en el cual se aprobó convocar una jornada de lucha del 22 al 28 de febrero en el año 1977. Además de la primera ocupación post-franquista, podemos decir que tal acción fue la primera lucha que tuvo una importante repercusión mediática del sindicato andaluz, ya que fue portada en numerosa prensa de la época, y lo fue sobre todo por dos elementos: la ocupación de tierras, que no se daba desde la II República, y por la presencia del prestigioso historiador Edward Malefakis, quien consideró aquella jornada de ocupación del 28 de febrero como la más importante del campo andaluz desde 1936: “Lo que sí creo es que el 28 de febrero fue muy importante, posiblemente la jornada más importante para los jornaleros andaluces desde la guerra civil, porque consiguió fijar la atención nacional en una situación social verdaderamente lamentable más que en cualquier otra ocasión post-bélica”

Posteriormente, el 12 de julio de ese mismo año, se producirá también la primera ocupación que pretendía tener un carácter permanente y no solamente “simbólico”, en concreto la de la finca Aparicio  (propiedad del terrateniente de Osuna Pepe López),  situada justamente frente al cortijo Bocatinaja. Aquella mañana, un gran número de jornaleros de Los Corrales, La Jara, Pedrera, Gilena, Osuna, Aguadulce, Marinaleda, etc., subieron hasta los cerros, reclamando la repoblación forestal y la reforma agraria. Horas más tarde llegaron los efectivos de la Guardia Civil dispuestos a acabar con la acción por la fuerza a mandato del gobierno de la época, aunque el desalojo no se produjo hasta el día siguiente, dando como resultado la detención de Paco Casero, Sánchez Gordillo y José Antonio Gutiérrez. La importancia de aquellas actuaciones  radicaba ya entonces no sólo  en la explícita exigencia de trabajo para los jornaleros u jornaleras amenazados por el desempleo, la pobreza y el hambre, sino en el importante simbolismo revolucionario que manifestaban al ocupar propiedades privadas reivindicando tierra, un fenómeno que tocaba  los pilares  fundamentales del sistema capitalista y que, con ello, volvían a poner en el centro del debate político y social la exigencia de una necesaria reforma agraria para cambiar el sentido de esa propiedad.

El papel que las tomas de tierras jugaron entonces, con su práctica de desobediencia civil, asamblearia, popular y masiva,  en una época donde se estaba produciendo lo que se presuponía debía ser un cambio de régimen hacia un modelo democrático, nos debe dar  una clave interesante para aplicarla en este momento en el que vivimos en la actualidad, con otro proceso de cambio abierto ante nuestros ojos como consecuencia de la fractura abierta en el régimen del 78. Se puede decir que en el mundo rural andaluz se genera un proceso de democratización por vía del conflicto social, siendo el saber que nace de las luchas lo que va construyendo comunidad en esos pueblos de Andalucía. Lo fue entonces y lo sigue siendo en la actualidad mediante las luchas del SAT y otros colectivos de carácter más local que han apostado por esta vía de lucha para hacerse presentes en la realidad socio/política de nuestros días.

Ocupación de tierras siglo XXI en Andalucía. Soberanía alimentaria y ruptura democrática

Hoy en 2015 en Andalucía se mantiene así viva la lucha por la tierra mediante ocupaciones permanentes como es el caso de Somonte (Palma del río) por el SAT o como la de la asociación de parados de casería de Montijo en Granada, así como con cesiones de tierras como la cooperativa verde y blanca en Arriate (Málaga) entre otras prácticas similares. Otras acciones como las varias ocupaciones de la finca “Las Turquillas” han contribuido también a mantener vivo este espíritu de lucha, tan propio de la lucha política en Andalucía durante el último siglo y medio.

La reivindicación de lo que fuera antaño la reforma agraria se ha complejizado hoy en un nuevo concepto llamado “Soberanía alimentaria”, en el que se han introducido nuevos elementos mas allá del reparto de tierras, como pueden ser la importancia de la producción agro ecológica, de los canales cortos de comercialización etc.  La tierra y su propiedad, pero no solo la tierra, también la gestión de la misma y el uso que se haga de lo que a través de ella se genera, para ponerlo todo junto al servicio de los intereses de los pueblos que la trabajan y no solo de los intereses comerciales que impone la globalización capitalista. En Andalucía tal concepto forma necesariamente parte de cualquier reivindicación de cambio político para nuestra tierra, como bien ha analizado el antropólogo andaluz Isidoro Moreno “las luchas por la tierra, las luchas jornaleras por la reforma agraria y, en general, el problema de la tierra, ha constituido históricamente, y todavía lo son hoy, uno de los principales catalizadores de la autoconciencia de identidad andaluza”. Por ello toda acción que se inserte dentro de las coordenadas de lucha mencionadas, en el contexto andaluz, es una lucha fundamental para seguir impulsando el cambio político y social en Andalucía.

La lucha por el cambio social y político en Andalucía se vincula directamente, así lo ha querido (para bien y para mal) la historia, con la tierra, esto es, con las condiciones históricas de explotación del pueblo andaluz, con sus sufrimientos y tormentos como pueblo expoliado del control sobre sus propios recursos, con sus luchas contra tales condiciones de explotación y expolio. Es decir, con una reafirmación de su identidad nacional-popular como reflejo, en lo cultural, lo económico, lo político y lo social, de todos estos aspectos directamente vinculados a lo que hemos definido como “soberanía alimentaria”, sinónimo, en Andalucía, de lucha popular, de lucha del pueblo, que nace de las propias condiciones del pueblo y que se dirige hacia la defensa de los intereses del pueblo desde una perspectiva comunitaria, solidaria, anti-discriminadora e intolerante solo con los intolerantes o los que explotan y roban al pueblo.

O dicho en otras palabras, la lucha contra la colonización de la tierra en Andalucía, que, hoy como ayer, sigue concentrada fundamentalmente en unas pocas manos de grandes terratenientes (hoy incluso más que ayer: 2% de los propietarios poseen más del 50% de toda la tierra cultivable andaluza), insertada dentro de un marco de lucha mayor como es el que recoge el concepto de “soberanía alimentaria” y puesta al servicio de una estrategia política colectiva en defensa de los intereses de las clases populares andaluzas, capaz con ello de conectar las luchas del mundo rural con los impulsos de cambio que se están dando también en el mundo urbano andaluz, es un elemento fundamental para la necesaria ruptura democrática con el régimen del 78 que haga posible una nueva realidad política, social, económica e institucional en Andalucía.

21 de Julio de 2015 Ocupación de La Finca la Isla.

Por todo ello tomas de tierras como las del 21 ayudan a mantener viva la lucha histórica del pueblo andaluz por la tierra y, con ello, la lucha por los derechos de las clases populares andaluzas tanto en el mundo rural como en el mundo urbano.

Por un reparto de la tierra más justo, por una tierra puesta al servicio de quien la trabaja y sirviendo para combatir el desempleo, la pobreza y el hambre en el campo andaluz, por un sistema de gestión de la tierra más igualitario y sostenible, sí, pero también para que el efecto simbólico que acompaña a estas luchas no decaiga y el pueblo andaluz pueda seguir identificándose en ellas y mirando, desde ellas, a su futuro. Un futuro que pasa necesariamente por la conquista de su soberanía: la alimentaria y la popular.

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