Global
Pensando desde el sur, construyendo nuestra Andalucía
25
Jun
2015
11:04
De la ilusión a la construcción de un poder popular andaluz
Por Pensar la tierra

Antonio Torres es de Málaga. Es Secretario General de Andalucía Comunista, organización marxista-leninista nacionalista andaluza. Es también miembro del Comité Nacional del Sindicato Andaluz de Trabajadores/as.

“Los zapatos tengo rotos 
de subir a la azotea
por ver si veo pasar 
al valiente Salvochea”

Soleá popular

Sábado 13 de junio de 2015, José María González Santos (Kichi) sale al balcón del Ayuntamiento de Cádiz ante una multitud que abarrota llena de jubilo y esperanza la Plaza de san Juan de Dios de Cádiz. Kichi, desde sus primeras declaraciones públicas, sabiéndose ya alcalde, pretende ser poco menos que el Fermín Salvochea del siglo XXI, aquel alcalde de Cádiz anarquista y federalista que en 1873 se desvivió por alimentar los cuerpos y las mentes de los gaditanos de la época; pero no contento con evocar a Salvochea, Kichi cita, vía redes sociales, a Diamantino García, el cura fundador del Sindicato de Obreros del Campo (SOC) junto a Diego Cañamero y Sánchez Gordillo en 1976. Las imágenes de tomas de posesión de concejales de candidaturas populares en Andalucía han dejado un rosario de “imperativos legales”, de promesa de “defensa de los trabajadores”, de “defensa de Andalucía” e incluso de actitudes de honra hacia el himno andaluz y de rechazo o indiferencia al himno español. Como resumen de todo esto, en Torremolinos, conocida localidad de la Costa del Sol, la juventud salió ese 13 de junio a una de sus plazas más conocidas y concurridas con patines, skates y bicis desafiando las ordenanzas municipales para celebrar la salida del alcalde del PP, Pedro Fernández Montes, un viejo dinosaurio franquista, antiguo jefe del Movimiento, que llegado el  momento se reconvirtió en “demócrata de toda la vida”  como tantos otros, agarrándose con la habilidad y la fuerza de un gimnasta a las anillas de las nuevas instituciones postfranquistas. Parece que algo está  cambiando en Andalucía, parece…

Tanto Fermín Salvochea como Diamantino García son dos poderosos iconos de esa Andalucía rebelde que desde prácticamente su conquista por las tropas cristianas del Norte peninsular a principios del siglo XIII, viene luchando por el pan, la tierra y el trabajo y la libertad. La Andalucía rebelde que sorprendía y asustaba en el pasado, sigue hoy sorprendiendo y asustando a propios y extraños, porque invocar a iconos como Salvochea, Diamantino, o como ya lo hizo en la campaña de las elecciones andaluzas Teresa Rodríguez, la candidata a presidir la Junta de Andalucía por Podemos, a Blas Infante, García Caparrós, o fechas como el 4 de Diciembre o el 28 de Febrero, supone extrañeza por toda la labor de ocultación y manipulación de la Historia y señas de identidad andaluzas realizada por el nacionalismo español, y como no, miedo y hasta pánico se podría decir, en las diferentes élites políticas y económicas españolas a que la “joya de la Corona” deje de suministrar materias primas, mano de obra barata, divisas, territorio para la especulación urbanística, ocio y, que no se olvide, personajes del llamado “mundo del corazón” o con “mucho arte y salero” con los que entretener diariamente a la masa de televidentes españoles.

La actual situación de Andalucía no es fruto de ninguna fatalidad ni de ninguna condena de un Dios antiguo, tampoco es, tal y como sostiene el nacionalismo español en su diferentes variantes, fruto de un supuesto carácter andaluz relajado y festivo, pero es más, tampoco es consecuencia solo y exclusivamente de una crisis sistémica del modo de producción capitalista, como determinada izquierda se empeña obstinadamente en explicar, mandando con sus argumentos al materialismo dialectico y al materialismo histórico al paredón. Las altas tasas de paro y exclusión social, la súper especialización económica en muy pocos sectores y la excesiva dependencia exterior, o la escasa repercusión que las actividades económicas que se dan en Andalucía tienen en el conjunto de la población, salvo una minoría privilegiada, solo pueden explicarse desde un punto de vista histórico, es decir, desde la configuración de Andalucía como una nación sometida y oprimida. Y es también debido a ese desarrollo histórico como podemos explicar que la lucha por un poder político andaluz, por la soberanía nacional, es un instrumento en manos del conjunto del pueblo trabajador para poder solucionar sus problemas más acuciantes, ya que al contrario de lo que ocurre en otros territorios del Estado español, en Andalucía no existe una burguesía interesada políticamente en construir un espacio político soberano que le sirva para protegerse de sus competidores, o para poder negociar con los conglomerados multinacionales o con las diferentes instituciones supranacionales. Soberanía nacional en Andalucía es ese pan, el trabajo, la tierra y la libertad que históricamente se ha negado, es esa justicia social ignorada o reprimida por la monarquía borbónica del XIX, por la II República, a excepción de febrero del 36 con la victoria del Frente Popular, el franquismo, y por el régimen español nacido de la muerte de Franco y de la Constitución española de 1978.

La llamada Transición en Andalucía culminó un 25 de mayo de 1982 fecha en la que el PSOE andaluz ganó sus primeras elecciones andaluzas por mayoría absoluta. A partir de esa fecha, el PSOE se encargará de diluir el “sueño de la autonomía”, es decir, de  desarticular al movimiento nacional-popular que había surgido a partir de las manifestaciones del 4 de Diciembre de 1977 y sus principales reivindicaciones: poder político andaluz para llevar a cabo la reforma agraria, industrializar Andalucía, acabar con la emigración, el paro y la pobreza, erradicar el analfabetismo, y dignificar las señas de identidad andaluzas. Todo el potencial transformador de aquel movimiento por obra y gracia del PSOE, con la complicidad en diferentes grados del PCE y el PSA, acabó en la constitución del PSOE en un “partido-régimen” o “partido-país”, haciendo confundir los intereses y los anhelos de la Andalucía trabajadora con los de su propio partido y con la institución que gobernaba: la Junta de Andalucía; tal y como muchos analistas críticos han señalado, el PSOE se convirtió en una especie de PRI andaluz, o incluso, como también algunos han señalado, el PSOE se convertiría en el “partido nacionalista andaluz”, en una suerte de CiU o PNV andaluz. Este “partido-régimen” no solamente creó una extensa red clientelar con fuertes lealtades, sino lo más importante: fue y es el partido del régimen español nacido de la murte de Franco y de la Constitución de 1978 en Andalucía, el partido encargado de que Andalucía entrara de lleno en ese régimen, para tranquilidad de la gran oligarquía española, y no lo olvidemos, para tranquilidad también de sus siempre inquietos militares que miraron con mucho recelo las reivindicaciones andaluzas como síntoma de que “España se rompía”.

Los voceros del régimen andaluz suelen decir que Andalucía ejerció el derecho de autodeterminación el 6 de Diciembre de 1978 y el 28 de Febrero de 1980, teniendo en cuenta el despropósito de tal afirmación, más bien lo que pasó fue que Andalucía ejerció el “derecho de determinación”, es decir, a ser determinada y a estar supeditada al régimen de la gran oligarquía española.

Al principio de este artículo decíamos que algo parece estar cambiando en Andalucía, tanto la crisis capitalista como la crisis política del régimen español han abierto expectativas e ilusiones. La crisis capitalista ha conseguido pudrir definitivamente al Estado monárquico español de las autonomías, ha hecho ver que “lo llaman democracia y no lo es”, así como la corrupción rampante de la élite política y económica española, pero también ha puesto en evidencia la situación de Andalucía como la eterna desheredada. La entrada de concejales de candidaturas populares, o de determinados parlamentarios en el parlamento andaluz, puede dar un necesario aire fresco al viciado panorama político andaluz, sin embargo, nos encontramos con dos problemas: uno es que realmente ni en los ayuntamientos ni en las instituciones “autonómicas” andaluzas tenemos un poder político que pueda ser utilizado para cambiar realmente la situación, hay que tenerlo claro, carecemos de poder político, carecemos de soberanía; como ejemplo cercano y rápido, por no ir muy atrás en el tiempo y no rebuscar demasiado, en la pasada legislatura, el gobierno andaluz del PSOE e IU acometió todos los recortes dictados por el gobierno español y la Troika, y vimos como el Constitucional español tumbó la ley andaluza de la vivienda. El otro problema tiene que ver con las relaciones entre la lucha institucional y la organización y lucha del movimiento popular. La experiencia histórica nos dice y nos demuestra que sin un movimiento popular organizado la lucha institucional termina siendo asimilada por el régimen, abortándose cualquier expectativa de cambio real, en este sentido, la existencia en el campo sindical del SAT es una garantía, pero es insuficiente, el SAT ni lo puede todo ni lo debe hacer todo, falta más organización del pueblo trabajador andaluz, faltan barrios organizados en las grandes urbes andaluzas, mujeres, jóvenes, defensores del medio ambiente, internacionalistas, asociaciones culturales, etc., faltan organizaciones que ejerzan el poder popular andaluz, porque no nos engañemos las instituciones realmente existentes hoy no son nuestras, sin duda pueden y deberían ayudar a construir un poder popular andaluz, pero el poder popular aquí y ahora es nuestro pueblo trabajador andaluz organizado, por tanto, es n error supeditar el movimiento popular a la lucha institucional, o ver cómo muchos activistas están de alguna manera paralizados “a ver lo que ocurre con las elecciones”.

Parece que algo está cambiando, por ahora solo vemos gestos, que por supuesto son bienvenidos, aplaudidos y hasta necesarios. Parece que hay algo de luz, parece…, pero cuidado, también lo parecía en los años 77, 78 y 79 del siglo pasado y ya sabemos en qué terminó. La opción gramsciana de una “revolución pasiva” está encima de la mesa, que nadie lo dude lo más mínimo, así las cosas, la única manera de conjurar cambios para que todo siga igual o cualquier atisbo de “revolución pasiva” pasa por un movimiento obrero y popular andaluz que sea capaz día a día de construir poder, de construir soberanía nacional, que haga añicos los marcos establecidos llámense régimen español del 78, Unión Europea, OTAN, o el colmo de los colmos, los tratados secretos del TTIP o el TISA. Desengañémonos y, más importante desengañemos al pueblo trabajador andaluz, no vamos a tener ni pan, ni trabajo, ni tierra, ni sanidad, ni educación, ni democracia dentro de los actuales marcos establecidos.

Recientemente, el activista francés de origen argelino Said Boumana escribía un artículo (“Las nuevas generaciones de militantes africanos: esperanzas y vigilancias”, http://www.lahaine.org/las-nuevas-generaciones-de-militantes) en el que hablaba sobre cómo las nuevas generaciones de militantes africanos estaban rescatando del olvido a personajes a iconos como Thomas Sankara en Burkina Faso, Gamel Abdel Nasser en Egipto, Kwame Nkruhma en Ghana, etc., en su lucha por una “segunda independencia”. Hay que felicitarse porque iconos de la lucha andaluza resuenen en los grandes medios de comunicación o en plazas abarrotadas de personas, pero invocar a dichos iconos conlleva una enorme responsabilidad, igualmente, despertar las ilusiones del pueblo comporta un reto hoy: convertir la ilusión en poder, en poder popular andaluz.

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Pensar la tierra es un espacio abierto de reflexión, debate y análisis del contexto de las luchas sociales rurales y los movimientos de transformación desde el campo en Andalucía. Pensando desde el sur, junto  al resto de luchas y pueblos que entienden sur como rumbo de emancipación. Construyendo nuestra Andalucía desde sus luchas, sus latidos y sus sueños de tierra y libertad, sabiendo que hay ya un mundo que nace a cada paso de un pueblo que camina.