Humor
Los caídos del 78
01
Jul
2015
08:24
Rita Barberá no existe
Por Rastas en el Congreso

¿A qué huelen las alcaldesas salientes? Analizamos el olor de la exalcaldesa de Valencia

Por Palomitas en los ojos


Las imágenes de los nuevos ediles montados en bicicleta o en metro parecen transmitir la idea de que la nueva política la va a hacer gente normal, gente real. Ese razonamiento también puede ser inverso y en el caso de Rita Barberá se cumple hasta tal punto que podemos afirmar que Rita Barberá, fuera de la ficción del poder local, simplemente ha dejado de existir. Rita Barberá, si no es alcaldesa, no existe.

Rita Alcaldesa es un personaje mucho más complejo de lo que los memes del ‘caloret’ nos han hecho creer. Rita, como buena villana, nació de la fusión de dos elementos mezclados al azar: el feroz neoliberalismo del ladrillazo y los elementos más rancios y regionalistas de una cultura por lo general abierta y relajada como la valenciana. Barberá, política millonaria adorada en los mercados de barrio, campechana como una latifundista que te quiere robar los terrenos, acabó convertida en matrona de esa forma nociva de hacer política que confundía las escasas políticas sociales con redes clientelares: “La señora que me viene a ayudar con la casa me la ha puesto la Rita”.

Esa cotidianidad del poder con la que el PP se convirtió en metástasis en Valencia venía acompañada de otros títulos más espectaculares, como faraona del urbanismo hipertrófico, creadora –esto no es broma– de la Concejalía de Grandes Eventos o facilitadora de negocios inmobiliarios nacidos al calor de las fallas. Sin olvidar, su papel de hada buena cuando nombraba a las falleras infantiles y de reina del humor, que cuando se veía a sí misma representada en los muñecos de la exposición fallera reía, no porque viera en ellos la exageración artística sino la fidelidad del espejo. Barberá estaba desapareciendo en la caricatura de sal gorda pero benévola que la valencianía hacia de ella y su momento más apoteósico fue cuando taló unos árboles para que un mastodóntico barco se paseara por el centro para celebrar que íbamos a ser sede de la Copa América.

A partir de ese momento entramos en la fase más esquizoide de su ficción de poder. Rita se convierte en la Reina de Corazones de una Valencia al otro lado del espejo: una ciudad desierta pero llena de urinarios portátiles y de pantallas gigantes sobre-pagadas a la Gürtel donde el Papa de visita rezaba por los muertos recientes en el metro. Rita agitaba su vara de mando y gritaba que quería destruir el Cabañal y toda su horrenda corte de señores con bigotitos fachas y de señoras de cardados rubios reían con ella. También reían cuando hacía burlas a las recurrentes manifestaciones a los pies de balcón del ayuntamiento. “¡¡Rita, hambre!! ¡¡Rita, los dependientes!!!”, mientras Rita en hoteles de lujo soñaba con siete años de unas vacas flacas y piojosas que se paseaban por la plaza del ayuntamiento y cuando se levantaba decía: “Hoy he soñado con comunistas”. Rita, sin embargo, se intentaba quitar el mal sabor de boca porque tenía una cita con Urdangarin que le venía a proponer hacer un puerto deportivo en el parque natural de L’Albufera.

Rita, que pensaba crear una ciudad para millonarios (donde los pobres nos sintiéramos un poco millonarios detrás de las vallas), no tuvo en cuenta el descontento popular. Todo se ejemplificó en la dignidad de esa pescatera a la que le olían las manos a boquerones pero que le negó la mano a Rita porque a saber a qué le olían a ella. Ese valioso gesto no nos puede tampoco hacer olvidar que Rita ha representado durante unos largos 24 años la fantasía más anal del poder para miles de valencianos/as. Nuestras manos llevan demasiado tiempo oliendo a mierda y sólo espero que algún día ese olor desaparezca tal y como lo ha hecho Rita.

comentarios

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    Tarambana
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    Mié, 07/01/2015 - 12:17
    Yo la veo como una gorrona, borracha graciosa que siempre yendo a comer al bar por la cara y dice &quot;apúntamelo&quot;, pero nunca paga. Luego cuando la echen dirá indignada &quot;&iexcl;No me echáis! &iexcl;Me voy yo!&quot;. En cualquier caso, esta tía ha estado años robándonos la comida y no creo que el punto clave sea <strong>el descontento popular </strong>(aunque haya sido también importante), porque la gente ha tragado con abusos a cambio de populismo barato durante años o siglos. El famoso e histórico carácter conformista valenciano. Yo creo que ha habido (o está habiendo) un cambio en la sociedad. Ahora hay una chispa de esperanza en el horizonte y eso se nota. Este año mucha gente (en Valencia y otros sitios) ha sentido que tenía más de un partido en el que votar. &iexcl;No uno! &iexcl;&iexcl;&iexcl;Más de uno!!! No había sido tan feliz en unas elecciones en mi vida. Y no hablo de los resultados, hablo de las posibilidades que se han abierto. Buen artículo. Gracias.
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    Rastas en el Congreso

    Blog en clave de humor, sátira y parodia sobre los caídos del Régimen del 78, con especial atención a políticos, banqueros y grandes personalidades de la escopeta nacional.