Semiótica de Felipe González en un yate, la venganza de una generación echada a perder.
Palomitas en los ojos
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Este verano la alcaldesa de Madrid hablaba de cómo sus vacaciones habían protagonizado las portadas de un periódico de derechas que se lamentaban de que los comunistas veraneasen como quien se lamenta que los pobres vayan al cielo. Las palabras de la alcaldesa fueron "Me da un poco de miedo el pensar que esa especie de periodismo de escándalo que hubo en el corazón se esté trasladando a la política". Coincidiendo básicamente con esas declaraciones de mi adorada Carmena, me ha dado por pensar qué elementos subversivos podríamos obtener de mezclar la prensa política (seria, masculina y pública) con la revista del corazón (frívola, femenina y privada). Sobre todo si aplicamos esta mezcla a los políticos varones porque ya sabemos que combinar lo público con lo privado siempre ha ido en contra de las mujeres políticas y, chica, por ahí no paso.
El gran robado de nuestra Cultura de la Inmaculada Transición (CIT) son las fotos en un yate que le hicieron a Felipe González en 2011
Vamos a plantearlo así: los políticos son gestores públicos pero también figuras públicas que, a través de una serie de gestos y símbolos, pretenden crear una hegemonía cultural con la que fabricar un “nosotros”. Ni que decir tiene que, en una sociedad dominada por la imagen, el control sobre la propia efigie es fundamental. Es en el terreno de la construcción de la imagen pública donde las tácticas de la prensa del corazón pueden tener aplicaciones subversivas por el modo en el que escapan del control del político y sus consejeros.
Pensemos en los grandes robados de políticos en yate: el más reciente, el de un Rodrigo Rato, bostezando como un oso de Caja Madrid aburrido, con su pecho canoso de lobo viejo y sus cadenas doradas de cuñado que revisa el motor de coche. Pero también con su puntito fashion con su bañador amarillo transparente a juego con la de su acompañante (¿lo fueron a comprar juntos?), que le mira divertido mientras salta en una imagen que se ha multiplicado en miles de memes porque es de todos conocidos que la venganza semiótica es uno de los pocos placeres de esta generación echada a perder. Este robado es además políticamente importante porque venía a contradecir las palabras del ministro del interior, Jorge Fernández Díaz, que Dios guarde, para justificar una reunión con Rato y que lo describían como a un ser roto y atemorizado por una banda de twitteros muy pero que muy irónicos (¡touché Rodrigo!).

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Sin embargo el gran robado de nuestra Cultura de la Inmaculada Transición (CIT) son las fotos en un yate que le hicieron a Felipe González en 2011. Unas fotos tan trascendentales, tan pregnantes, que si gana Podemos propongo que sean copiadas por Antonio López a un lienzo de gran escala para decorar el Palacio del Pueblo. En ellas podemos ver al gran estadista representando a un prototipo popularizado por Eisenstein en películas como “La huelga” (1924) donde personificó al banquero, al burgués y así en general al explotador como un señor obeso con un puro en la boca y con un brillo de codicia en sus ojos. En la versión de Felipe González, éste aparece siendo embadurnado con crema protectora y con esa fragilidad corporal que te da la ginecomastia, es decir, las tetas masculinas, amén de un carácter general deshinchado e infantiloide que le conviertía en un buda de todo a cien. En una figura decorativa de un pasado exótico que no guarda ningún secreto o enseñanza, una efigie sin secreto delante de la cual no se puede meditar. Esa imagen es tan brutal y fue realizada en un momento tan devastador de crisis económica (“Anselmo, desata el yate, que con esta crisis creo que deberíamos salir y consumir algo”) que cualquier otra disparatada declaración suya, aunque sea bendiciendo a Pinochet, no podrá estar a la altura de ese desmontaje iconográfico. Por eso, la imagen se repite y cada vez que González disparata, que últimamente es muy a menudo, alguien se acuerda de ella y la vuelve a colgar por las redes sociales.
Lo que quiero decir, Mari, es que me resulta casi imposible pensar en que las metáforas de la Nueva Política se realicen sin la intervención del papel cuché o la prensar rosa, básicamente porque todos necesitamos personificar nuestros valores, darles rostro, y este tipo de prensa nos ha enseñado el modo más común y eficaz de hacerlo. Ahora, cómo vamos a conseguir que esa intervención tenga un carácter anti-patriarcal y anti-autoritario, como en el caso de Rato y González, es algo que tenemos que solucionar entre todas: las alcaldesas, las votantes, los secretarios generales, las periodistas y sus lectores.
Los achicharrados de la quincena
Lozano
La descomposición de UPyD sería fascinante si no fuese porque ya no le interesa a nadie. La última damnificada por la ola de desinterés, afasia y abulia generada en torno a la marea magenta es Irene Lozano. Esta periodista y diputada abandonará su escaño y la vida política cuando termine la legislatura.
Taboada
El número tres del PP de Madrid Jesús González Taboada está siendo investigado por su papel en el Ayuntamiento de Valdemoro durante unas adjudicaciones de nueve milloncejos de euros. El regenerador que lo regenere buen regenerador será.
Macaco
El popular cantante Macaco no quiere que el Partido Popular utilice sus populares tonadas y planea incluso querellarse contra ese partido. Es la última víctima colateral de la megafonía de los mítines, un problema conocido como síndrome “Mucho más que dos (piratas)”.
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Blog en clave de humor, sátira y parodia sobre los caídos del Régimen del 78, con especial atención a políticos, banqueros y grandes personalidades de la escopeta nacional.
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