De los orígenes

La Fundación de los Comunes (FdlC) es el fruto de una cooperación que viene de lejos entre, por un lado, diferentes colectivos de investigación, edición, autoformación y creación de herramientas tecnopolíticas y, por otro, distintos espacios sociales que sirven de sede a dichos proyectos. Se trata de colectivos ligados a los movimientos sociales, algunos de los cuales cuentan ya con un largo recorrido de trabajo a sus espaldas. Por citar solo tres, la Casa Invisible lleva funcionando desde el año 2007, la Universidad Nómada comenzó su andadura en el 2001 y ¡Traficantes de Sueños inició su tráfico onírico hace ya la friolera de 17 años!

En el año 2011 esta red de cooperación difusa asume un compromiso ambicioso: constituirse en fundación. Pero si hablamos de ambición no es, por supuesto, por la forma jurídica del tinglado, sino porque la apuesta común se vuelve mucho más exigente a distintos niveles: a nivel de coordinación entre las diferentes iniciativas, de desarrollo de los espacios de discusión, de determinación de objetivos compartidos más allá de la autonomía de las partes, de trazado de retos de intervención política, cultural y social que se hace capaz de asumir. Más ambicioso, en definitiva, en la construcción de un común real de recursos, pensares y haceres.

El movimiento que marca el paso de esta red de cooperación difusa al compromiso más osado de la fundación es la apertura de un debate, iniciado a comienzos del 2009, en torno a la necesidad de construir un nuevo paradigma institucional en el campo de la intervención cultural y la producción de pensamiento. En esta discusión abierta participaron desde instituciones como el Museo Reina Sofía o el Macba, hasta colectivos independientes de investigación, autoformación y producción artística, pasando por centros sociales de distintos lugares del Estado.

En aquel momento de fuerte crisis de las instituciones tradicionales, hablábamos de construir un territorio de experimentación compartida entre, por un lado, instituciones culturales o políticas con vocación desinstitucionalizadora, en el sentido de no capturadoras de lo otro y de superadoras de sus límites (brechas de separación respecto a la producción social realmente viva) y, por otro lado, unos espacios de cooperación autónomos con deseos de dotar de mayor estabilidad, consistencia e incidencia sus a prácticas, es decir, superadores, a su vez, de la precariedad a la que pretende condenarnos la globalización neoliberal.

Si aquel debate tenía ya todo su sentido y urgencia en el 2009, después del acontecimiento histórico del 15M que supo nombrar y echar a andar, de forma irreversible, el proceso destituyente hoy en marcha, sus desafíos se han vuelto inesquivables.

“¿Qué tenía el movimiento obrero de finales de XIX, primera mitad del XX?”. De acuerdo a Jacques Rancière: “Herramientas de análisis propias, formas de vida propias, algo no solo alternativo, sino sustitutivo, constitucional, fundacional.”

Y, como tantas otras iniciativas, desde la Fundación de los Comunes también pretendemos poner nuestro grano de arena para la constitución de ese kit constituyente del que habla Rancière.

De los quiénes, los cómo, los para qué

El patronato de la Fundación de los Comunes está compuesto por la Universidad Nómada, Traficantes de Sueños (Madrid), La Casa Invisible (Málaga) y el Ateneu Candela (Terrassa). Pero en la constelación de colectivos que es la FdlC brillan, asimismo, proyectos de investigación como el Observatorio Metropolitano de Madrid (OMM), el Observatorio Metropolitano de Barcelona (OMB) o el Centro de Estudios Azofra, de Zaragoza; Nociones Comunes, una iniciativa de autoformación con un pie en cada nodo territorial de la FdlC; proyectos editoriales como la Editorial Traficantes de Sueños; colectivos de trabajo tecnopolítico como Hacktivistas o Communia; espacios sociales como La Casa Invisible (Málaga), El Patio Maravillas (Madrid), La Pantera Rossa (Zaragoza) o la Hormiga Atómica (Pamplona).

Se trata de una composición caracterizada por la heterogeneidad: heterogeneidad respecto a la ubicación geográfica, puesto que hablamos de iniciativas que se desarrollan en diferentes partes del Estado (Galicia, Iruña, Zaragoza, Cataluña, Andalucía o Madrid), y en relación a las áreas de trabajo abordadas, puesto que hablamos de grupos de investigación, de proyectos de edición, de autoformación, de desarrollo de herramientas tecnopolíticas y de sostén de espacios sociales.

Para poder trabajar desde esa heterogeneidad, el eje tecnopolítico es fundamental. La posibilidad de organizarnos en la práctica, de trabajar juntos y juntas, y de tomar decisiones de forma horizontal y democrática solo es posible gracias a este eje que nos provee de las herramientas necesarias para ello: página web, planes de comunicación en las redes sociales y análisis acerca del papel de la tecnopolítica en el proceso de institución subversiva donde nos inscribimos como apuesta.

La idea de esta unión de iniciativas no se limita, sin embargo, a la generación de un marco mayor que las apoye y sostenga (que también), sino que aspira a transformar esa suma de partes en una sinergia de fuerzas capaz de convertirse en un laboratorio de pensamiento y acción. Y este es, realmente, el objetivo principal de la Fundación: crear y fortalecer espacios de discusión y análisis críticos, desarrollar y capacitar a futuros tomadores y tomadoras de decisiones, promover la adopción de políticas públicas, legitimar narrativas de transformación cultural, política y social, y dotar de recursos a los movimientos políticos.

Se trata, a la vez, de una máquina de acumulación de saber y de un dispositivo de intervención. El envite consiste en poder decir cosas en un momento duro pero también apasionante de crisis, en esta ocasión-regalo de la historia que nos brinda la posibilidad de llevar a cabo una transformación radical de las condiciones de vida existentes. El trabajo productivo de este doble dispositivo se centra, por ende, en poner en circulación discursos y propuestas (por medio de publicaciones, seminarios y cursos), en crear redes aliadas en torno a las discusiones lanzadas, en crear sinergias con las distintas luchas concretas y en intentar incidir desde estos contenidos generados en la agenda pública-política.

De lo que nos preocupa y ocupa

Las cuestiones que consideramos principales para contribuir a impulsar la transformación social y dotarnos de capacidad de incidir en las políticas públicas se pueden ordenar en torno a un único concepto (la crisis) y tres grandes patas temáticas: crisis económica, crisis del estado del bienestar, crisis política.

El bloque de crisis económica comprende, por ejemplo, análisis relativos a la espiral rescate/deuda, a las posibilidades de un nuevo sistema fiscal de redistribución más igualitaria o a propuestas de mecanismos de reparto de la riqueza a través de la renta

La pata de crisis del estado de bienestar trata de abordar tanto el estudio del modelo de bienestar español (orígenes, características y límites), como las posibilidades de construcción de nuevas instituciones de lo público (lo de todos para todos) no necesariamente estatales.

Por último, la pata de crisis democrática comprende desde la crítica de los actuales regímenes políticos (representación parlamentaria, corrupción, growth machines, élites urbanas) hasta los procesos de transición a la revolución democrática, pasando por el análisis de proposiciones de desarrollo de los niveles de participación y de los mecanismos de toma de decisiones democráticas en todas las escalas (local, estatal, europea).

De las colaboraciones y alianzas

La FdlC persigue tender lazos de experimentación conjunta (en torno a objetivos claros y productivos que no queden atrapados en lógicas de dependencia o de subcontratación) tanto con instituciones de vocación desinstitucionalizadora (siendo la Fundación Reina Sofía uno de nuestros principales aliados en la actualidad), como con cualquier persona, colectivo, proyecto con quien se abra la posibilidad de hacer camino al andar.

De dónde encontrarnos

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