Saberes
Análisis y propuestas para una transformación democrática
25
Mar
2014
17:24
Gogol en Kiev. Mirando la crisis de Crimea desde las fronteras
Por Fundación de los Comunes

Hombre al piano. Foto tomada de http://grahamwphillips.com/

 

Recuerdo haber tenido debates acalorados con un compañero de Universidad en Moscú sobre si considerar a Gogol escritor ruso o ucraniano. Yo pensaba que ambas cosas dado que, si bien escribía en ruso, sus textos tienen un misticismo y una riqueza expresiva debidos probablemente a su origen ucraniano. Mi amigo insistía: si escribe en ruso, es un escritor ruso. El mensaje que me transmitía era: no necesitamos tus migajas culturales. Gracias a los Juegos Olímpicos de Invierno celebrados en Rusia ya tenemos una respuesta definitiva que zanja nuestra discusión: los organizadores saben que Gogol es un escritor ruso. Es una suerte que te resuelvan las dudas.

Un tema de discusión semejante es Holodomor, la hambruna artificial sufrida por la República Socialista Soviética de Ucrania en 1932-1933. El gobierno ruso presidido por Yuschenko la reconoció oficialmente en 2006 como un genocidio contra el pueblo ucraniano. Se acabó la discusión: otra vez saben por nosotros. Lo que todavía me perturba es pensar qué tipo de animadversión tendría Stalin hacia las víctimas de esa hambruna provocada en Kazajastán, Siberia Occidental, Región del Volga, ¿Cáucaso? Es verdad que la mayoría de las víctimas eran de origen étnico ucraniano, ¿pero hay que considerar al resto como daños colaterales? Muchas cuestiones como estas surgen de la historia milenaria de los convecinos eslavos en los territorios que ahora se conocen como Rusia y Ucrania. Pero aunque uno no sepa mucho de qué acontece ahora en Ucrania, ¡tranquilos, algunos ya saben las respuestas!

¿Qué ha sucedido en Ucrania? ¿Qué está pasando ahora? ¿Cuál es su futuro? A quien le importe el tema, le rondarán estas preguntas. La cadena pro-rusa Russia Today sabe que ha sido un golpe de estado, al igual que Putin y la mayoría de la población rusa engañada por la propaganda saben que es un vicio todo lo que socave la estabilidad, incluso unas elecciones transparentes. Occidente, por su parte, sabe que ha sido una insurrección popular democrática contra un presidente electo legítimo aunque estúpido, Viktor Yanukovych. La noción de 'popular' parece en este caso bastante elástica. No cabe duda de que la mayoría del pueblo de Maidan Nezalezhnosti (la plaza central de Kiev) y unas pocas calles adyacentes ya no podían soportar más la situación. La horrorosa crisis económica acompañada del desempleo y las sombrías perspectivas de futuro, sumada a un gobierno cleptómano impotente junto con unas leyes manifiestamente antidemocráticas, son motivos suficientes para empujar a la calle a cualquiera con un poco de respeto por sí mismo, como hemos visto en Europa y durante la Primavera Árabe. Aun así, Occidente sabe algunos detalles y finge ignorar otros. Los luchadores de Maidan: locus tenens de los formidables Yulia Timoshenko, Arseniy Yatsenyuk —el boxeador favorito de Angela Merkel—, Vitaliy Klitschko y Oleh Tyahnybok, cuyos vínculos con la extrema derecha son aterradores. Todos ellos posan felices junto a Victoria Nuland, portavoz del Departamento de Estado de Estados Unidos, y Catherine Ashton, alta representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad. ¿O son estas quienes posan con aquellos? Qué importa, son buenos chicos.

Lo son porque armarán jaleo para que se sigan haciendo negocios como siempre. Para que Victor Pinchuk, yerno del segundo presidente ucraniano, pueda continuar como número 2 en la lista Forbes de los más ricos de Ucrania. ¿Y si aprovechamos la oportunidad para disputar la presidencia? ¡Sí! Eso es lo que va a hacer Petro Poroshenko, el número 7 de Forbes. Los comentaristas políticos presumen que este nativo de Odessa, ruso de lengua materna, tiene posibilidades. Efectivamente las tiene, una vez fuera de juego Yanukovych, quien se daba codazos con la élite ucraniana embarcada en una competición por ver quién se lleva más. 

Parece que los activistas de extrema derecha, representados en la alta sociedad por Tyahnybok, bien visto en Occidente, no serán un obstáculo. Se nos hace creer que tienen algún poder real en la política ucraniana y que debido a las turbulencias de los últimos tres meses están abriéndose camino hacia las oficinas de al menos el gobierno transitorio. ¿Qué se sabe del papel del nacionalismo ucraniano durante el Euromaidán? No mucho, en realidad. Hay quienes afirman que el occidente ucraniano considera a Stepán Bandera como su héroe nacional. Siendo Yúschenko todavía presidente, se erigió un monumento a este nacionalista aliado de los nazis. Su retrato también tiene un lugar predominante en el ayuntamiento de Kiev. Algunos militantes del mismo Maidán que encendieron la protesta, llevaban con orgullo insignias de extrema derecha. Por esta razón, los seguidores de Klitschko se guardaron sus reservas con el argumento de "estamos todos juntos en esto". Por la misma razón, Rusia tacha la protesta de nacionalista.

Los símbolos son importantes, sobre todo porque se pueden usar de cualquier manera. Lo que nos lleva cordialmente a un asunto no tan cordial: el de Crimea. Esta península, en el sur de la costa de Ucrania y separada de tierra rusa por el pequeño estrecho de Kerch, tiene una historia étnica y religiosa bien compleja. Y cada cosa que allí sucede parece reflejarse a través de un prisma bastante opaco, excepto para los expertos de lo que sea. Es el caso de un tal Jonathan Eyal, Director Internacional de Royal United Services, con sede en Londres, quien sugiere en The Guardian que si las tropas rusas no portan insignias en sus uniformes ello constituye un símbolo inequívoco de "grave violación" de "todos los convenios de guerra de los últimos siglos". Prosigue hablando de "ladrones de bancos", "ejecuciones sumarias", "prisioneros de guerra"... ¡OMG!... Por lo tanto, debe de haber ya una guerra en marcha, no crean lo contrario aunque la Cruz Roja sugiera cautelosa que, puesto que hay en este momento muchos grupos armados en Ucrania, no se pueden sacar conclusiones definitivas sobre las violaciones de derechos. Se sabe que en cuanto Estados Unidos tuvo noticia de civiles asesinados en Kosovo, la OTAN bombardeó Serbia sin esperar, da igual que Chomsky demuestre lo contrario. Al igual que se sabe que al tener constancia de la existencia de armas de destrucción masiva en Irak... ¡Basta, no se discuta más! Han dicho que hay guerra en Ucrania, y si todavía no la hay, que los idiotas y provocadores en ambos lados lo repitan hasta que se haga realidad. 

¿Qué puede hacer la gente común frente a todo esto? En primer lugar, es importante entender que ni el pueblo ruso es enemigo del pueblo ucraniano, ni los ucranianos son enemigos de los rusos. Como hijo de madre rusa y padre ucraniano, me inclino a pensar que los rusos y los ucranianos son más bien compañeros de universidad, colegas, maridos, esposas y familiares. Pueden demostrar ser capaces de dialogar y lo mejor es que pueden hacerlo en dos idiomas. Es por esta razón que periodistas y activistas civiles de Lviv han propuesto un día de "intercambio de idiomas" en solidaridad con el Este: las ciudades occidentales hablan ruso y las orientales ucraniano. Se intenta también de este modo desafiar la idea de que una herida irremediable divide el país en dos partes, evitando así las políticas discriminadoras del ruso en Ucrania. En este momento de tensión entre los dos países, tal tipo de iniciativas son valiosas.

Aunque uno no sepa ni entienda lo que está pasando en Ucrania, puede serle de ayuda leer Mirgorod Taras Bulba de Gogol, ya que él sí sabía algo de Ucrania escribiendo en ruso. Todavía creo que Gogol nos pertenece al pueblo de ambos países, al igual que la paz. Aunque haya quienes intentan hacernos creer lo contrario.

Konstantin Stoborod

 

Traducción: Fundación de los Comunes

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