Saberes
Análisis y propuestas para una transformación democrática
07
Abr
2014
19:04
Europa como sismógrafo de la revolución democrática. Notas al pie del Nuevo rapto de Europa
Por Fundación de los Comunes

                                                

                                                      Foto de Lotta Tenhunen
 

La crisis decisiva del proyecto europeo ha de declinarse siempre en plural, puesto que no es una crisis, sino varias. Crisis que no solo se presentan sincrónicas y concomitantes, sino que tienen un despliegue diacrónico que acompaña a las sucesivas fases y sentidos políticos y geopolíticos de la trayectoria de la construcción de la UE. Lo que viene a querer decir que no será el significante y el marco de la omnipresente y redundante «crisis» el que nos dé una ayuda determinante para desentrañar lo que está en juego en la situación actual. Es más probable que consigamos empezar a esclarecernos si abordamos las cuestiones capitales que atañen a los contenidos concretos del embrollo europeo.

Y la principal de las cuestiones de contenido es que la constitución material de la Unión, es decir, las relaciones y los acuerdos o pactos implícitos entre las fuerzas económico-políticas que han sostenido el proyecto europeo a lo largo de todas sus fases, se ha modificado completamente. Sería más exacto decir que se modificó mucho antes de que, con el estallido de la crisis financiera en 2008, fuera legal e institucionalmente sancionada bajo el manto de la «austeridad» y la dirección colegiada de la «Troika». En este sentido, la mutación de la constitución material no es distinta de la que ha producido en el orbe entero la llamada «fase neoliberal» del sistema mundo capitalista, pero sí lo es si atendemos a la originalidad histórica del llamado «modelo social europeo». Este se forja en la encrucijada de varias fuerzas políticas e intelectuales tras la catástrofe de la Segunda Guerra Mundial, desde el ordoliberalismo alemán, tan antifascista como anticomunista, al antigermanismo de un De Gaulle o el anticomunismo y el colonialismo de un Churchill. Perry Anderson ha recordado en El nuevo viejo mundo la tesis fundamental de Alan Milward: el proceso de integración europea se ha visto impulsado en gran medida como una vía de resolución exterior de contradicciones domésticas, antes que por ideales utopías federativas o pacifistas. Esto ayuda a explicar el curso oblicuo, siempre contradictorio, del proceso formal del “traspaso de soberanía” entre los viejos y nuevos “Estados soberanos”, así como la vacuidad progresiva, por no decir deliberadamente naïve, de la retórica europeísta oficial: ceremonial, hipócrita, inverosímil e incapaz de afectar a las clases subalternas “nacionalizadas”. Tal es la realidad fáctica: los procesos de integración siempre se han vendido a las opiniones públicas porque “convenían al interés nacional”. Antes que una pedagogía europeísta, tenemos en esta práctica de las élites políticas nacionales la clave de bóveda de la conservación y ampliación de su poder: apuntarse los éxitos económicos de la integración y culpar “a Europa” de los reveses y los fracasos, supuestos o efectivos, en la puja europea de los intereses nacionales.

El gobierno de este demos des-europeo y aquejado de trastorno bipolar es un resorte que, a la luz de las evoluciones políticas de los últimos años, parece a primera vista indestructible. Tengamos presente que la elasticidad del sistema de gobernanza interestatal que opera, también, dentro y en contra de la UE, funciona a su vez en una lógica del riesgo y de la especulación geopolítica (Siria, Ucrania). La tentación de abandonarnos a una imagen de caos sistémico irresoluble mediante la acción colectiva multitudinaria es solidaria con el abandono a las figuras clásicas de la soberanía popular inmarcesible y del populismo carismático de “soluciones rápidas y personas íntegras”. Si una mediación dentro del sistema de partidos no es posible, es decir, si la representación no funciona, entonces la política del carisma y el genio nacionales y populares siempre está a nuestra disposición, como una de las caras del gobierno de las almas desamparadas por el hundimiento del mundo por encima del tiempo y de la finitud, santo y seña de la utopía autoritaria del proceso de gestión y explotación financiera de la vida de las poblaciones.

El problema no pasa entonces por atravesar las horcas caudinas del “UE sí/UE no”, sino sencillamente por atacar el problema en sus nudos decisivos, que no son otros que los de la entrada de las multitudes transeuropeas en la política de la Unión. Y esto solo es posible construyendo las nociones comunes de un “interés europeo” de las clases subalternas, nuevas y viejas, las producidas por cuarenta años de restauración neoliberal y las que se forman en la lucha contra la devastación de la austeridad y la acumulación por desposesión. Las nociones comunes no son el resultado de una mera interacción comunicativa y razonable, tampoco de una “cadena equivalencial” más o menos ideológica, sino de una relación práctica entre el dolor compartido y la producción colectiva de conocimiento sobre el mundo y sobre nosotros mismos.

Avanzar en la producción y la difusión en y con las luchas actuales de esas nociones comunes ha sido el propósito principal del encuentro El nuevo rapto de Europa: deuda, guerra, revoluciones democráticas. El encuentro ha sido organizado por la Fundación de los Comunes y la Internationale (una red transeuropea de museos de arte contemporáneo que aspira a dar una nueva encarnación política y cultural a la tradición internacionalista). La combinación de este marco colaborativo no responde principalmente a un criterio de oportunidad o de financiación de la iniciativa, sino a la apreciación de la importancia decisiva de la agencia político-cultural de las instituciones europeas abiertas a la crítica institucional y política en esta tarea que a todos nos viene grande y excesiva.

El Nuevo Rapto de Europa ha querido ser un encuentro de producción, antes que de representación, tan habitual en las agendas comunitarias, de la diversidad y la concordia europea. Ha consistido en una parte pública, compuesta de una serie de mesas redondas en las que pensadoras y/o activistas han discutido con la participación del público presente tanto en el auditorio del museo como a través de las redes sociales (puesto que las mesas redondas fueron transmitidas por streaming), y en una parte de trabajo en grupos de discusión entre activistas, productores y productoras culturales, pensadoras y pensadores desde Lisboa a Estambul, desde Londres a Kiev, desde Málaga a Helsinki: ha habido participantes de unas 64 ciudades de la UE y de sus países limítrofes.

Los grupos de discusión fueron cinco, con los siguientes temas: deuda; común/público; producción cultural; democracia/procesos constituyentes y tecnopolítica. Como puede verse, se trata de temas decisivos en los procesos de lucha contra las políticas de austeridad y las formas de dictadura financiera, en particular en los países del sur de la UE. La intención no era la de elevarlos a alfa y omega de la revolución democrática europea, haciendo de necesidad virtud ante la ausencia de temas y sujetos tan fundamentales como los relativos al trabajo/empleo, las políticas de género, las cuestiones directamente ecológicas, etc. Como hemos dicho, el objetivo práctico planteado a las y los participantes fue el de partir de los terrenos y cuestiones en los que ha habido y hay luchas transeuropeas y prácticas de enunciación capaces de ponerse a producir en común.

Quiso la casualidad que el encuentro coincidiera con la agudización del conflicto en Ucrania, poniendo de manifiesto con crudeza la urgencia de las tareas que nos habíamos propuesto en esta cita europea y lo muchísimo que queda por hacer. La presencia de Vasyl Cherepanin, activista del Euromaidan en Kiev, nos permitió conocer un punto de vista situado sobre los acontecimientos. Y constatar que cuando la guerra asoma en el horizonte desde el corazón de Europa, solo la entrada en escena de una multitud transeuropea podría cambiar el signo, sombrío, desazonador, de la deriva del continente.
 

Raúl Sánchez Cedillo @sanchezcedillo

comentarios

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    Mar, 04/08/2014 - 20:43
    Se supone. No comparto que no seamos capaces aquí, puesto la partida se está jugando aún. Pero tampoco que el parlamento europeo no sea una institución (de pretensión) representativa. Si comparas el poder actual tanto del parlamento español como del europeo, no parecen tan distantes en cuanto a impotencia. Pero el problema es otro: no se trata de "o... o", sino de un "y... y". De actuar en el europeo Y en los estatales y autonómicos, en los consejos municipales, etc. De construir las luchas locales Y las alianzas transnacionales europeas. De ejercer una soberanía residual Y de reconocer sus límites y su impotencia, y por lo tanto la necesidad de construir contrapoder CON lxs demás luchas europeas. Basta considerar el problema de la deuda pública y de las familias para entender la necesidad de partir (en el planteamiento, en los mapas mentales y políticos) de Europa para llegar a local, y no viceversa, porque los escollos y las fronteras hacen que nos apalanquemos en el camino. 
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    Bertrand
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    Lun, 04/07/2014 - 20:34
    <br type="_moz" />No somos capaces de cambiar el equilibrio de poder aquí, donde se supone que las instituciones son más cercanas, &iquest;y vamos a conseguirlo en un espacio donde la democracia no llega ni a representativa?
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