Saberes
Análisis y propuestas para una transformación democrática
13
May
2015
11:07
Euromaidan, un año después
Por Fundación de los Comunes

Entrevista a Vasil Tšerepanin

Universidad abierta de Euromaidan. Foto de su página Facebook

 

Hace poco más de un año de los acontecimientos de Euromaidan, la plaza ocupada de Kiev, epicentro de las manifestaciones de la llamada Primavera ucraniana. Mientras en en el extranjero se habló de disturbios y de guerra civil, Vasil Tšerepanin, artista, activista por los derechos humanos y participante en dichas manifestaciones, da a los acontecimientos nombres de revuelta y de revolución. La Fundación de los Comunes traduce la entrevista realizada al ucraniano Tšerepanin cuya participación en el encuentro Nuevo Rapto de Europa, el año pasado coincidió precisamente con el comienzo de la contrarrevolución ucraniana.

La entrevista empieza, en realidad, con tan solo dos preguntas: ¿de qué iba Euromaidan? y ¿qué tipo de país es Ucrania? Tšerepanin se ríe.
 

–Pues responder a esto va a ser una tarea ardua. He dado charlas larguísimas sobre estos temas.
 

No tenemos prisa. Tšerepanin se remonta bastante en el tiempo, situándose en Rusia y su propaganda. A su juicio es imposible hablar sobre Euromaidan sin tocar estas cuestiones.

–La propaganda de Rusia es distinta hacia el interior del país que hacia el extranjero. Dentro de Rusia es importante hablar sobre lo fuerte que es el país. Putin es un presidente bélico, las guerras han aumentado siempre su popularidad: Tšetšenia, Georgia, Ucrania. Pero esta táctica de guerra no funciona en Europa, así que ha tenido que buscar un punto débil y golpear ahí. Putin consiguió unir a los países de la UE en contra de Ucrania, por lo menos momentáneamente, identificando la revuelta ucraniana con la expresión del ascenso de la extrema derecha. Y esto no fue así. También es cierto que en la UE se ponen gallitos con EEUU y es posible crear confusión insistiendo en que EEUU apoya a Ucrania.

¿Cuál es el punto débil de Rusia?

–Putin teme la revolución. Rusia ha introducido símbolos del tiempo soviético para conservar la imagen de la Unión Soviética que la gente tenía: la imagen del país como gran potencia. Sin embargo, Putin –y aquí no hablo de Putin como persona, sino como rostro del poder– no ha recuperado todos los símbolos. No quiere hacer referencia a la revolución. Por eso no le gusta usar la hoz y el martillo y prefiere recurrir al ícono imperialista del águila de dos cabezas.
 

Tšerepanin está claramente entusiasmado con la simbología. El Kremlim da grandes saltos en la Historia: mientras parece admirar tanto los tiempos del Zar como la época estalinista, pasa completamente por encima de Lenin.

–¡Exacto! ¡No es necesario que la propaganda sea lógica! Se ha dicho que la URSS perdió la guerra contra los EEUU porque estos tenían Hollywood y la URSS no. Pero ahora Rusia tiene un verdadero Hollywood. Un Hollywood incluso más grande que el estadounidense, pues se trata de una realidad íntegramente artificial creada para las noticias de la noche.

 

Nos vemos en la plaza

Maidan significa plaza. En Kiev la palabra se suele usar para referirse a la Plaza de la Independencia, en el centro de la ciudad. El 21 de noviembre del 2013 estudiantes y periodistas se concentraron allí para manifestarse por la democracia. Pronto llegaron más personas de todos lados. Se pedía la resignación del presidente Viktor Yanukóvich. Se pedía, asimismo, una colaboración más cercana con la UE y es por esta razón que las manifestaciones fueron bautizadas como Euromaidan.

–Ucrania es un país de revoluciones. Ya durante la perestroika de la década de 1980, cuando los mineros se pusieron en huelga en Donbass, hubo grandes protestas. La Revolución naranja del 2004 llevó al poder a Yulia Timoshenko y a Víktor Yúshchenko, pero la cosa se acabó cuando, una vez en el poder, la oposición empezó a pelearse entre sí. Fueron estas peleas las que permitieron la vuelta de Yanukóvich, previamente expulsado del poder por primera vez.
 

Al principio se trataba de una manifestación pacífica pero después cambió. El 30 de noviembre fue un punto de inflexión: Yanukóvich perdió los nervios y ordenó la entrada en escena del Berkut, la policía especial de la milítsiya ucraniana, del Ministerio de Asuntos Interiores. A las tres de la madrugada, esta empezó a sacar violentamente a los manifestantes de la plaza.

–Fue un punto de inflexión. La protesta se volvió más caótica. Llegaron personas de todas partes de Ucrania y se empezó a hablar de que estábamos “luchando por nuestra dignidad”. Muchos se vieron obligados a pelear. La policía machacó a los estudiantes, muchos de los cuales eran casi niños. Mucha gente acudió precisamente por esa enorme violencia de la policía.

 

La plaza contra el fascismo

Tšerepanin permaneció en la plaza durante muchos días y muchas noches. Si regresaba a su casa era principalmente para cambiarse de ropa. El centro de investigación cultural donde Tšerepanin trabaja puso en marcha una Universidad abierta en la plaza.

–Había un espacio central donde se daban charlas sin parar. Nosotros abrimos otro espacio que llegó a ser el segundo más importante. La Universidad abierta fue un proyecto sobre la democracia. Era arte y, a la vez, educación. Contábamos a la gente la historia de las revoluciones y las revueltas.
 

Organizaron charlas sobre la Primavera árabe y la plaza Tahrir de Egipto, sobre los salvajes años de la década de 1960 en Europa, sobre los EEUU, etc. e invitaron a ponentes de varios países, también de Rusia. Preguntamos a Tšerepanin si los derechos humanos también se abordaron como tema en ese espacio. Él se asombra.

–Toda la protesta de Maidan giraban en torno a los derechos humanos. Por supuesto que hablamos de los derechos humanos, pero así lo hizo todo el mundo, incluso los políticos.
 

Recordamos el inicio de la guerra propagandística. Una de las artistas performativas más populares de la primavera del 2014 fue una mujer que se disfrazaba de diferentes personajes, en muchas ocasiones de rusa caída en desgracia. Una recopilación de sus apariencias mediáticas fue difundida a través de las redes sociales bajo el nombre “Y el Oscar es para...”. Para respaldar la versión de los acontecimientos difundida desde Rusia, esta artista desempeñaba algunas veces el papel de activista anti-Maidan de origen ruso y otras veces el de la abuelita del mercado que simpatizaba con rusia y cosas por el estilo. Convertida en estrella de las noticias de la noche en Rusia, acabó formando parte de un vídeo montado por los periodistas internacionales. ¿En qué punto Tšerepanin cree que el Kremlim comenzó a preocuparse de verdad?

–Maidan les pilló completamente por sorpresa. Se preocuparon desde el inicio. Rusia siempre ha vigilado a Ucrania muy de cerca y Kiev está llena de agentes del FSB [Servicio Federal de Seguridad]. La presencia de Rusia se convirtió en un tema en diciembre del 2013, cuando los francotiradores subieron a los tejados. Hoy en día seguimos sin saber quiénes fueron y de dónde vinieron.
 

¿Y qué papel jugaron los fascistas? ¿Hubo extrema derecha en Maidan?

–Sería un milagro si no hubieran estado, ya que en todos los países hay gente de este pelo. En Maidan había gente de todos los partidos y de todos los movimientos populares. Lo que no es correcto es decir que las personas que levantaban barricadas eran principalmente de extrema derecha. Se trababa de personas completamente normales, a las que al final del Maidan solo les quedaba un objetivo: mantenerse vivas.
 

El precio de una revuelta

Maidan duró cuatro meses: desde el 21 de noviembre de 2013 hasta el 21 de marzo de 2014. Después Rusia invadió la península de Crimea. La guerra continúa en el este de Ucrania.

¿Qué cambió Maidan? Según Tšerepanin, Maidan reveló algo muy importante y contrario a lo que la maquinaria propagandística había estado diciendo.

–Maidan fue la mejor medicina contra el fascismo. Pese a tratarse de un fenómeno mucho menos extendido, a mi juicio, que en Europa occidental, la extrema derecha estaba ascendiendo. Después de Maidan la extrema derecha ucraniana perdió popularidad y terminó ganando solo un 2% de votos.

La huida de Kiev de Yanukóvich, primero a Crimea y luego a Rusia, fue transmitida por los medios de comunicación de forma muy detallada. En este momento de la entrevista, nos pusimos a recordar el lujo de los pisos de Yanukóvich y su increíble sentido de estética: oro resplandeciente, decoraciones recargadas, lámparas de lágrimas con pantallas. Nos reímos preguntándonos si el piso de Putin compartiría el mismo diseño.
 

–Creo que Putin se asustó al ver lo que le había pasado a Yanukóvich. Este tenía todo el poder y de repente el pueblo le echó del mismo. Esto debe ser la peor pesadilla de Putin.

Se pagó un precio muy alto por Maidan. Aún no sabemos cuánto. En el centro de la ciudad murieron muchas personas. El presidente trajo más de 11.000 policías para mantener el orden, pero algunos de ellos se pusieron del lado del pueblo. Sin embargo, no fue posible disuadir al Berkut del Ministerio del Interior, ni a los matones que ellos reclutaron.

Hicieron todo lo que pudieron para dispersar a la gente. Empezaron a llevar a la cárcel a las personas heridas que se encontraban en los márgenes de la plaza. Como no se les dejaba entrar en esta última, fueron a buscar a la gente directamente a los hospitales. Los estudiantes se pusieron a proteger los hospitales. Entonces las fuerzas especiales se disfrazaron de conductores de ambulancia y cuando los heridos eran trasladados, los interceptaban y los llevaban directamente a la comisaría. Muchos siguen desaparecidos. De vez en cuando, cuerpos de esas personas desaparecidas aparecen en el río Dnepr o incluso fuera de Kiev.
 

Hoy hace ya más de un año de estos acontecimientos y el proyecto de la UE está siendo fuertemente cuestionado por parte de las fuerzas políticas del Sur de Europa a partir las demandas nacidas de las revueltas contra las políticas de austeridad. Los mismos temas que un año atrás constituyeron el marco de trabajo político del Nuevo Rapto de Europa –un encuentro que reunió a activistas de muchos puntos del continente, incluido tú mismo, Vasil― siguen impulsando un proceso de organización a nivel continental.

Nos gustaría preguntarte, tras de este año largo y apenas un par de meses después de la última movilización Blockupy en los jardines del nuevo edificio del BCE en Fráncfort, ¿qué se está moviendo ahora mismo en la organización política de base en Ucrania?

–Una de las tareas más importantes tras el fin de Maidan ha sido crear unas condiciones en las que las prácticas emancipatorias colectivas pudieran tener una continuación en términos de una institucionalización más profunda para su implementación en la sociedad. Eso es especialmente crucial hoy, en el momento de guerra y contrarevolución que vivimos en Ucrania. Ucrania está bloqueada entre dos contrarevoluciones: la externa, la de Rusia, en forma de un putch militar de escala internacional y la interna ―y, justamente por ello, tan peligrosa― que significa impunidad hasta para los asesinos en serie de Maidan, la ausencia de justicia, la legitimazión de la violencia, la inacción de las autoridades. Ahora mismo, el problema más grande en Ucrania, heredado de tiempos anteriores, es la brecha abierta entre la sociedad y el Estado. Obviamente, nadie en Maidan contaba con el Estado, sino más bien lo contrario: confiando solo en sí mismos y contando únicamente con sus propias fuerzas, los manifestantes construyeron nuevos métodos de acción política, nuevas formas de hacer política. El problema es que las instituciones del Estado no se apropriaron de ellas y que estas no fueron, por lo tanto, incorporadas tras la revolución.

¿Qué iniciativas, proyectos y procesos organizativos le dotan de una línea de fuga a las demandas radicalmente democráticas de Euromaidan?

–Hoy el poder en Ucrania sigue construyendo un modelo donde la sociedad ucraniana está bajo unas condiciones que le obligan a crear algo parecido a un Estado paralelo. Esto fue posible y exitoso durante Maidan, pero resulta increíblemente agotador y casi imposible en estado de guerra. Hoy es la sociedad ucraniana la que tapa todos los agujeros y las lagunas de funcionamiento de un Estado que no funciona. Se trata de una gama amplísima de iniciativas, organizaciones y redes que surgieron y se desarrollaron en el contexto de Maidan: desde el apoyo voluntario al ejército ucraniano en la primera línea o los suministros de ropa y comida para los refugiados provenientes de las zonas de guerra, a proyectos de medios de comunicación independientes y de activismo cultural.
 

Esta entrevista se realizó en febrero en Finlandia, donde Tšerepanin estaba invitado en el marco de un programa de residencias para artistas perseguidos en su país de origen. El texto es de Iida Simes, la dos últimas preguntas de la Fundación de los Comunes, la traducción de Lotta Tenhunen.

comentarios

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    Sebas
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    Vie, 05/15/2015 - 14:22
    ¿¿¿ COMO SE PUEDE SER TAN.MENTIROSO???. Hay varias cosas que se deja este señor. ¿Porque los republicanos de EEUU apoyaron las revueltas desde el principio? . ¿Porque centenares de jovenes han declarado que les pagaban.25$ por cada dia que pasaban acampados en la plaza?. Si no hay que identificar la revuelta con la extrema derecha...¿Porque Sector Derecho y Sbovoda estan en coalicion con el gobierno?. De hecho tienen miembros en la rada suprema. ¿Porque no se ha investigado a los francotiradores que causaron mas de 40 muertos entre policias y civiles durante la revuelta?. Hay evidencias de que fueron entrenados en Polonia. ¿Y el referendum de Crimea, donde una amplisima mayoria voto por volver a ser parte de Rusia?. ¿Que diario es este que desprecia la voluntad popular?. ¿De que sirvio.la revolucion naranja, aparte de que la Timoschenko se enriquecio escandalosamente, si el pueblo siguio con las dificultades de siempre?. Si Putin es un.presidente tan belico... ¿Que es la OTAN y sus "bombardeos humanitarios"?. Si pensabais que la vivienda de Yanukovich tenia tanto oro y lujo... ¿Habeis visto la de poroshenko o la de Yulia  Timoschenko por dentro?. Seguro que viven muy  "humildemente". Que las muestren y comparemos. Me dejo algunas cosas. Feliz deuda y empobrecimiento con la u.E.
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