Saberes
Análisis y propuestas para una transformación democrática
18
Mar
2014
11:11
Democracia: alcanzable e imprescindible
Por Fundación de los Comunes

El Movimiento por la Democracia (MpD) tuvo su primera puesta de largo el jueves 13, en Madrid, en el salón de actos del IES Lope de Vega. Allí se compartió la hipótesis de partida, se explicó el objetivo del Movimiento, se repasó el contenido de su principal herramienta (la Carta por la Democracia), se avanzó su hoja de ruta y desafíos y se invitó, por último, a formar parte de la iniciativa mediante diferentes niveles y formas de implicación.
 

Primeros ejemplares de la Carta por la Democracia, ilustrada por J. Brieva.
Foto de Lotta Tenhunen

 

En síntesis, el Movimiento parte de la incapacidad de las instituciones nacidas del pacto del 78 (Constitución incluida) tanto para protegernos de las amenazas actuales (gobierno de la deuda, desmantelamiento del modelo de Estado del bienestar, corrupción generalizada), como para atender a los deseos expresados en las calles, plazas y conflictos sociales desde el 15M. El objetivo principal sería entonces reinventar las instituciones que organizan actualmente nuestro modelo de convivencia, vaciándolas de los elementos de representación que ahora las ocupan y reocupándolas con el poder de decidir de la ciudadanía. En pos de dicho propósito, el Movimiento propone tres grandes desafíos: en primer lugar, una consulta ciudadana para visibilizar tanto el rechazo masivamente compartido del régimen del 78 como el deseo de menos representación y más democracia (otoño 2014). En segundo lugar, una intervención en las elecciones municipales de la primavera de 2015 para apoyar la formación de candidaturas ciudadanas por la democracia. En tercer lugar, una acción en las elecciones generales de otoño del 2015 para forzar la convocatoria de una asamblea constituyente ciudadana capaz de poner en marcha un proceso constituyente cuya primera tarea sería dotarnos de un nuevo pacto político y social.

Me he permitido resumir y, por lo tanto, simplificar enormemente, la propuesta del MpD, por un lado, porque el desarrollo discursivo de la misma puede encontrarse en los enlaces señalados, por otro, porque la intención de estas palabras no es tanto contar lo que ya está escrito como tratar de responder a una pregunta que, creo, recoge de alguna manera la contradicción entre la adhesión inmediata que mucha gente manifiesta ante la propuesta del MpD y la sensación simultánea de escepticismo a la hora de imaginar su materialización efectiva.

La crítica de mi propia madre resume perfectamente este desajuste: “Me parece un proyecto muy ilusionante, hija, pero ¿esto cómo se hace?”

Tratando de responder a la pregunta formulada por mi madre, es decir, al abismo que parece abrirse entre lo que el MpD plantea hacer y la posibilidad real de llevarlo a cabo, me surgen dos líneas de reflexión. La primera está relacionada con la inevitable y vertiginosa sensación de vacío que suele apoderarse de nosotros cuando se trata de construir algo que no se ha vivido desde la propia experiencia. La segunda, con una percepción de la democracia como algo alejado de los problemas y anhelos de nuestro día a día.

 

La democracia: ¿inalcanzable?

En una Carta dirigida a Joseph C. Cabell ** y escrita el 2 de febrero de 1816 ­—¡hace casi dos siglos!!­—, Thomas Jefferson dice: “Ahí donde cada hombre tome parte en la dirección de su república de distrito, o de alguna de las de nivel superior, y sienta que es partícipe del gobierno de las cosas no solamente un día de elecciones al año, sino cada día; cuando no haya ni un solo hombre en el Estado que no sea miembro de sus consejos, mayores o menores, antes se dejará arrancar el corazón del cuerpo que dejarse arrebatar el poder por un César o un Bonaparte”.

Jefferson plantea una transformación que solo puede tener lugar a través de la experiencia. Así, pues, según él, cuando una se acostumbra a usar el poder que le corresponde para decidir sobre las cuestiones que le afectan no será fácil que intereses otros, ajenos a los de las personas directamente afectadas, le arrebaten algún día ese poder. Jefferson se refiere, asimismo, a diferentes escalas de toma de decisiones. En nuestro caso podríamos hablar del marco político más cercano ­—el distrito, el municipio­— al marco mayor: el marco europeo. Aplicando su razonamiento, la democracia política ­—esto es, la democracia en el sentido de dispositivo de toma de decisiones­— tendría que ir de abajo a arriba, esto es, de la escala más cercana a la escala superior. Si a ello sumamos que la democracia económica ­—es decir, la democracia en el sentido de reparto de la riqueza­— fuera, a su vez, en sentido contrario, esto es, de arriba a abajo, de la escala mayor a la menor, de Europa al distrito, ya podríamos hablar de una propuesta democrática bastante digna de tal nombre.

Esto es lo que la Carta por la Democracia propone. Hacia este destino pretende dirigirse la hoja de ruta del Movimiento por la Democracia. Pero ¿por qué parece tan inalcanzable? Pues porque nunca hemos practicado este tipo de democracia, no tenemos la experiencia, las herramientas. Está todo por inventar. O casi todo. Por eso cuando una propuesta política propone un programa concreto y se presenta a unas elecciones, todos visualizamos perfectamente lo que esto significa, comprendemos que es algo factible y nos podemos subir al carro posibilista sin mayores problemas. No hay nada que imaginar. Solo tenemos que recurrir a la memoria.

Ahora bien, cuando se habla de una asamblea constituyente ciudadana como casilla de salida de un proceso constituyente, para continuar moviendo ficha y dotarnos de un marco normativo que sirva de asiento a la democracia política y económica anteriormente descrita; cuando se apuesta por no abandonar el tablero hasta reapropiarnos de la herramienta política, imprescindible para poder hacernos cargo de los asuntos públicos... entonces el juego se complica, porque desconocemos sus reglas. Simplemente, no existen. Nos las tenemos que inventar.

Y para habitar lo nuevo es preciso deshabitarse de lo viejo. Esto siempre es complicado en la biografía de cada quien y en la historia colectiva. Lo sabemos por experiencia. Están las costumbres, la pereza, el miedo al vacío. En este sentido, quizá puedan resultar iluminadores ciertos datos relacionados con la transición del 78. Se trata de los datos de un sondeo de opinión que aparecen en un artículo de Rafael López Pintor. Ante las dos siguientes preguntas.

1. Es mejor que un hombre destacado decida por nosotros
2. que la decisión la tomen personas elegidas por el pueblo

en enero de 1976, el 24% optó por la primera, frente al 56% que se decantó por la segunda. En mayo del mismo año, solo el 8% prefirió la opción 1, frente al 78% que dijo “sí” a la opción 2.

Evidentemente, muchos son los factores que intervienen en un cambio estadístico de tal calibre. Pero una de ellos es, sin duda, la dificultad de empezar a pensar otra cosa de lo que se venía pensando y viviendo.

El mundo de los posibles, entonces aprisionado por el franquismo, ¿no estaría ahora atrapado en las redes de la democracia parlamentaria, dificultando enormemente la emancipación de un deseo político más allá de la representación?

 

La democracia: ¿alejada y ajena?

En general no relacionamos la democracia o mejor dicho, la falta de democracia, ni con los obstáculos con los que nos enfrentamos cotidianamente, ni con las necesidades básicas que hacen posible el desarrollo de nuestras vidas.

Cuando, por ejemplo, Alma se ve obligada a acudir a la cruz roja para alimentar a su familia. O cuando Jallel acude al centro de salud de su barrio y no lo atienden por no tener papeles. Cuando María, con 50 años y en paro desde hace 5, se da cuenta de que no podrá seguir pagando la hipoteca. O cuando los hijos de Pedro han de renunciar a la universidad pues no les da para hacer frente a las matrículas. Pero también cuando Javier usa el metro y llega tarde a cualquier sitio porque los trenes circulan cada vez con menos frecuencia, y las escaleras mecánicas no funcionan, y los ascensores tampoco y ¿qué hace entonces con la silla de ruedas? ¿Levantarse milagrosamente y andar, por necesidades del guión neoliberal? Y cuando a Guille la alergia le ataca cada año con más fuerza porque la contaminación de nuestro aire se ha vuelto insoportable. Y también está el frío de Rita en este invierno sin calefacción. Y la ilusión de Maura de tener hijos... ¡postergada sine die!

Alimentación, salud, vivienda, educación, transporte, accesibilidad, protección del medioambiente, calidad de vida, crianza. Y el larguísimo etcétera relacionado con las miles de cosas necesarias para poder disfrutar de una vida digna. Pero ¿qué tendría que ver todo esto con la falta de democracia?

Por decirlo de forma breve y sencilla: es legal (que no legítimo) que el PP y el PSOE reformen el artículo 135 con estivalidad y alevosía durante el verano del 2011. Es, en consecuencia, posible que la denominada democracia representativa y sus herramientas de representación, los partidos, puedan convertir en norma magna una medida cuyas consecuencias van en contra de las prioridades obvias de la población en ese momento. La reforma del artículo 135 primó el tope de déficit frente al gasto social imprescindible para generar las condiciones de esas vidas dignas que decíamos antes y lo hizo, por supuesto, sin preguntarnos.

Este es solo un ejemplo, aunque no menor, que también ilustra El espíritu del 45 de Ken Loach. En este muy recomendable documental se ve cómo la desolada Inglaterra de posguerra resurge de las cenizas de los bombardeos levantando el sistema público de salud y educación, aplicando una generosa política de vivienda social y construyendo redes de comunicación (transportes, telefonía, etc.). Un conjunto de servicios públicos y propiedades sociales que, producto del pacto capital-trabajo posterior a la II Guerra Mundial y de la aplicación de las políticas keynesianas, mejoró de forma sustancial la calidad de vida de la gente. Con la llegada de Margaret Thatcher al poder en el año 1979, la contrarrevolución neoliberal desmanteló en muy poco tiempo lo construido durante las tres décadas anteriores. Una de las personas que da su testimonio en el documental hace la siguiente reflexión: “El error fue que nunca pusimos todo esto realmente en nuestras manos”.

En otras palabras, que las decisiones sobre los asuntos comunes, sobre los frutos del trabajo social, sobre el modelo de convivencia, el modelo económico o los mecanismos de toma de decisiones siguieron monopolizados por el poder representativo del Estado y los partidos políticos. En manos de esos supuestos representantes que no podemos revocar aunque no nos representen. De esos supuestos representantes que cambian lo prometido en sus campañas para someterse a los intereses de las élites financieras, sin que podamos hacer nada para evitarlo. Porque la política es hoy un monopolio de los partidos y los gobiernos, los brazos ejecutores de las políticas impuestas por la Troika.

Es como si uno dejara lo que más ama en brazos de otra persona, como si amara por delegación. Porque la democracia tiene que ver con lo que a una más le importa y por eso, porque nuestras vidas importan, hemos de construir la forma de poder decidir sobre ellas, de poder controlar a aquellos en quienes delegamos determinados asuntos, de poder conocer los avances de las políticas que hemos optado por priorizar.

Por eso la democracia es ahora un bien tan básico y necesario como el pan, el techo o el abrigo. Porque sin la primera, nadie nos asegura la provisión de todo lo demás. Nada nos protege contra su expolio y desposesión, como ocurrió en la década de 1980 en Inglaterra.
 

Marisa Pérez Colina
Participante del MpD
 

** Thomas Jefferson, La declaración de independencia, Madrid, Akal, 2009, p. 129.

comentarios

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    funda
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    Jue, 03/20/2014 - 00:04
    Lo primero, agradecerte tus comentarios, que me parecen super pertinentes, la verdad. Y como casi nadie comenta los post, pues ha sido una alegría leer tus palabras. En lo que concierne a la democracia económica, totalmente de acuerdo: no basta con hablar de reparto, como tú bien dices, sino que es necesario hablar de producción y de modelo productivo. Pero también, ya que nos ponemos con el trabajo, de la falsa división productivo/reproductivo. Esta falsa división es fundamental, porque de ella nace el trabajo asalariado como estatus proveedor de protección social  (algo asimismo en vías de desaparición), quedando relegadas aportaciones a la riqueza social tan imprescincibles y sustanciales como el trabajo de crianza a la categoría de no trabajo o trabajo invisible, y las mujeres (podría decir personas, pero sería un eufemismo) que lo llevan a cabo, solo han tenido acceso a la salud pública y demás derechos de nuestro estado del bienestar (hoy en vías de desmantalamiento) como personas "beneficiarias de". La Carta por la Democracia toca tanto el tema del control de los trabajadores/ras de fábrica sobre la producción, como la cuestión de la producción de riqueza entendida como algo que excede inconmesurablemente al mundo del empleo asalariado. Te invito a que le eches un ojo a ver qué te parece: http://movimientodemocracia.net/estamos-llegando/carta_por_la_democracia/ Con lo de la interpretación del sondeo: tienes toda la razón. Es cierto que la primera idea que me vino a la cabeza al ver el cambio del porcentaje que se decanta, en uno y otro mes del 76, por la respuesta más democrática, fue la idea del miedo: ¿cómo volver a atreverse a hablar, a volver a expresarse, tras una larga dictadura? Pero con miedo o sin él, sí creo que la costumbre moldea los cuerpos y el hábito de no expresar públicamente lo que se quiere y de no tener libertad de hablar debe hacer bastante mella en la gente, así como el hábito de no decidir sobre lo que nos concierne, puede terminar haciéndonos creer que no somos capaces de ello.
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    avallejos
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    Mié, 03/19/2014 - 02:37
    Se me olvidó mencionar entre lo que posiblemente inclina de manera decisiva <em>la balanza expresiva</em> hacia los demócratas, hechos como el del 9 de junio de 1976, cuando&nbsp;Adolfo Suárez, como Secretario General del Movimiento, defiende en las Cortes (citando a Antonio Machado) una Ley de Asociaciones Políticas que se aprueba unas días después, y el nombramiento de&nbsp;Suárez&nbsp;como Presidente del Gobierno el 3 de julio de ese mismo año. Hablamos de los intensos primeros meses del 76. Y la encuesta de la que hablamos se realiza, si mi información es correcta, durante el mes de julio, con posterioridad al nombramiento de Suárez y con motivo de este nombramiento. Es una tontería pero creo que había que precisar algo más.
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    avallejos
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    Mié, 03/19/2014 - 02:01
    Yo, como la madre de Marisa, y como muchísima gente, también estoy muy ilusionado con esto. &iquest;Que cómo se hace? Pues, poniéndose a ello, no hay otra, y en esas estamos. Pero me gustaría, aunque parezca algo quisquilloso, hacer un par de apreciaciones muy puntuales, porque estoy de acuerdo con lo que de manera global aquí se dice. 1.- La <em>democracia económica</em> no puede reducirse a &nbsp;&quot;la democracia en el sentido de reparto de la riqueza&quot;, lo que la situaría en el ámbito de la postproducción, de la redistribución. Habría que situarla en el mismo proceso de producción, lo que nos llevaría a cuestionar la exclusión de los trabajadores asalariados del control de las empresas, y la separación entre trabajadores y empresarios, o en términos muy clásicos, entre Capital y Trabajo. Igual que cuestionamos la separación entre ciudadanos y políticos en la esfera de &#39;la política&#39; o la distinción entre Estado y Sociedad. Porque esa alianza histórica que hemos &#39;vivido&#39; entre Estado y Capital nos lleva a considerar la posible incompatibilidad entre democracia (esa Democracia que mueve la Marea) y capitalismo (todo capitalismo habido y por haber). 2.- No creo correcta la interpretación que se da del cambio que se observa en &#39;la opinión pública española&#39; entre enero de 1976 y mayo de 1976 en los apoyos a las dos opciones siguientes sobre lo que se considera preferible o &quot;mejor&quot;: (1) &#39;que un hombre destacado decida por nosotros&#39; [opción que podemos calificar de &#39;autoritaria&#39;] o (2) &#39;que las decisiones políticas las tome un grupo de personas elegidas por todos los ciudadanos&#39; [esta es la formulación que se lee al menos en la encuesta de julio, que no mayo, de 1976, según puede leerse en el número 46 (de octubre-diciembre de 1976) de la&nbsp;<em>REOP</em>​, en su página 286; en la encuesta de enero de 1976 no sé si esta opción se formula con las mismas palabras: no hay referencias a esta cuestión en ningún número de la revista del IOP de la época] [opción esta última que podemos llamar &#39;democrática&#39;, por usar los conocidos y muy vigentes en aquellos momentos términos de J.J.&nbsp;Linz (&quot;del autoritarismo a la democracia&quot;)], ni tampoco me parece correcto el paralelismo entre 1976 y estos días del 2014. A ver, me parece que se retroyecta el momento actual sobre el pasado, falseando en cierto sentido este. Aquí se explica, guardando la cautela necesaria (con el reconocimiento de &#39;muchos factores&#39; intervinientes), un descenso ciertamente &#39;brusco&#39;, en términos de peso relativo (descenso que se reduce mucho en números absolutos), de la opción autoritaria frente a un incremento (mucho menos relevante en términos relativos por ser absolutamente mayoritaria) de la opción democrática, que, no podemos olvidar que era ya muy mayoritaria entre la población española desde 1966 (según datos oficiales del IOP, los demócratas triplicaban entonces a los autoritarios), se explica este supuesto cambio, decía, en apenas unos meses por &quot; la dificultad de empezar a pensar otra cosa de lo que se venía pensando y viviendo&quot;. Pero lo que leemos en los datos es que lo que entonces, bajo el franquismo y el tardofranquismo, &#39;se venía pensando&#39; mayoritariamente era la opción democrática, esto es, que lo que dicen los datos es que no hay cambio. En todo caso podemos admitir un cambio en la &#39;expresión&#39; (evidentemente bajo la dictadura la gente extrema sus cautelas expresivas, sobre todo ante un desconocido, y más sabiendo que detrás de ese desconocido entrevistador está un organismo del régimen): la expresión se va haciendo progresivamente más abierta y clara, pero no entre enero y mayo de 1976, sino entre 1966 y 1980 (donde encontramos una distribución idéntica a la de mayo del 76). El cambio circunstancial que lleva a reforzar la opción democrática, haciendo que esta llegue a ser aceptada desde posiciones que antes se declaraban autoritarias y haciendo que decrezca el número de los que no se manifestaban, de los que no hablaban o no hablaban libremente, es el discurso de Arias Navarro presentando su programa de Gobierno en las Cortes el 28 de enero de 1976, de tono aparentemente &#39;aperturista&#39;.&nbsp; Lo que quiero decir en este punto es que &#39;el mundo de los posibles entonces no estaba aprisionado -todo lo contrario- por el franquismo, pero hoy sí que está seriamente atrapado en las redes de la democracia parlamentaria, dificultando enormemente la emancipación de un deseo político más allá de la representación&#39;. Y además hoy corremos el riesgo de que los apoyos a opciones autoritarias de gestión se incrementen peligrosamente entre la población.
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