10
Feb
2015
12:06
Centros sociales y asalto institucional
Por Fundación de los Comunes

  Manifestación en apoyo de la Casa Invisible, 10 de enero de 2015. Foto de José E. Cabrera Pérez (www flickr. com/jocape86)

 

El pasado día 5 de enero unas tres mil personas recorrieron las calles de Madrid exigiendo la continuidad del Patio Maravillas. Cinco días después ocurría lo mismo en Málaga, donde otras tantas salimos para pedir el fin del hostigamiento hacia la Casa Invisible* por parte del Ayuntamiento del PP y para reclamar la cesión en uso del edificio donde este centro social y cultural de gestión ciudadana se ubica desde 2007. No nos manifestamos solo para defender la vigencia de ambos proyectos, que ya acumulan más de siete años de experiencia cada uno, sino también para lanzar un mensaje claro: los deseos de democracia y de transformación social que anidan en la ciudadanía no pueden ser coartados, ni van a desaparecer por más que los poderes instituidos nos ataquen.

Cada vez somos más las personas que queremos otro modelo de ciudad, las personas que creemos en la necesidad de que existan más espacios como el Patio Maravillas y la Casa Invisible, sobre todo ante la innegable existencia, en nuestras ciudades, de edificios públicos vacíos que se precipitansin remedio en manos del expolio y la feroz especulación inmobiliaria. “Por un Madrid en el que quepan muchos Patios” se podía leer en una de las pancartas de la manifestación que recorrió la capital madrileña en la víspera de la Noche de Reyes. Los centros sociales autogestionados por la ciudadanía, concebidos como laboratorios de experimentación, han acabo convirtiéndose, en medio de la vorágine neoliberal y la precariedad posfordista, en sujetos políticos con total legitimidad para producir y gestionar saberes, cultura y un tipo de ocio alternativo no sujeto a las dinámicas estatales ni a las dinámicas economicistas del mercado. Se trata de instituciones anómalas, instituciones del procomún, al margen de la dicotomía entre lo público y lo privado.

Con la explosión a escala global de los movimientos sociales en las últimas décadas del siglo XX y primeras del XXI, desde el preludio zapatista en 1994 hasta el estallido del 15M en 2011, pasando por Seattle, Porto Alegre, Génova o las movilizaciones contra la guerra de Irak, espacios como la Casa Invisible y el Patio Maravillas han ido instituyéndose durante los últimos años en territorios de aprendizaje, en nudos de contrainformación y en lugares de afectos, no ya solo para la militancia activa, sino también, poco a poco, para las múltiples y difusas identidades que caracterizan toda una generación asaltada y precarizada por la crisis sistémica del capitalismo.

En un texto ya clásico, Lorenzo Sansonetti** exponía que, tras romper con las discontinuidades del pasado, en el momento que se apostó por eso que llamamos “salir del ghetto”, hace ya más de una década, algunos centros sociales empezaron a mutar su relación con el territorio, a difundirse, a reconfigurar espacios y a recombinarse con las culturas locales. La Casa Invisible y el Patio Maravillas son buena muestra de ello, un indudable ejemplo de cómo experiencias que parten de lo parcial y lo periférico, pueden devenir en un proceso expansivo hacia la multitud desbordante. Ante el desmantelamiento paulatino del Welfare, los centros sociales ocupados y autogestionados han llegado a ser algo más de lo que pretendían ser en origen. Atravesados por la multiplicidad y abiertos a la constante mutabilidad de la vida, en la actualidad los CSOA son punta de lanza a la hora de proponer, tanto a nivel teórico como práctico, un nuevo modelo de hacer política y una concepción de la realidad menos totalizadora. Entendemos la vida como un problema colectivo y por ello defendemos que no es posible concebir un mundo que no sea común. Se comprende así que a los ayuntamientos de ciudades como Madrid o Málaga, donde el clientelismo más servil, la falta de democracia y la opacidad están a la orden del día, no les haga las más mínima gracia que existan este tipo de lugares, que dan cabida e impulso a iniciativas políticas, sociales y culturales de índole muy diversa. Son el baluarte de la ciudadanía organizada. Son focos de resistencia ante la precariedad, la carencia de infraestructuras y la escasez de servicios. Son espacios de alegría creativa y libertad ante la indolencia municipal. Cada vez que la PAH y las mareas ciudadanas celebran una asamblea en la Casa Invisible, cada vez que se realiza un concierto, una exposición o una muestra teatral, cada vez que hay una clase de baile, yoga o castellano para migrantes, un taller de costura o de fotografía, cada vez que tiene lugar una conferencia sobre feminismos o una charla sobre las políticas de austeridad que nos impone la ortodoxia neoliberal; cada vez que una nueva persona entra por la puerta de calle Nosquera 11 y conoce nuestros proyectos de economía social estamos demostrando, en fin, que ¡sí se puede!, que la potencia de la cooperación es infinita. Tenemos claro, por tanto, que defender abiertamente la continuidad de la Casa Invisible, del Patio Maravillas o del cualquier otro centro social que se enfrente a la amenaza de desalojo por parte de los poderes instituidos supone antes que nada contribuir a la transformación de nuestras ciudades y de nuestras vidas.

Anhelamos vivir pudiendo discutir y decidir acerca de todos los problemas y circunstancias que nos afectan. Exigimos nuestro derecho a habitar una ciudad que no esté supedita a los intereses particulares de una pequeña élite de políticos profesionales y de sus amigos empresarios. No queremos ver nuestros barrios sometidos a las ya por mucho tiempo habituales dinámicas especulativas y/o de gentrificación. Aun dentro de la coyuntura post-15M, nos encontramos, sin duda, en un momento crucial para alcanzar dichas metas o, al menos, para intentarlo. La hipótesis del asalto institucional ha cobrado fuerza y cuerpo. El 99% ha salido a ganar, aunque el riesgo de que solo exista una única y posible expresión de democracia es más que evidente. Es absolutamente oportuno, de hecho, resaltar que las experiencias que emergen de los centros sociales, su dinamismo organizativo y el marcado carácter que tienen como elementos de activación política son aspectos que han convertido los CSOA en una avanzadilla de la nueva institucionalidad que nos proponemos implantar. Tras casi ocho años de actividad continuada y de haber recibido numerosos apoyos tanto a nivel estatal como internacional, la Casa Invisible se ha ganado el derecho a ser reconocida plenamente por el Ayuntamiento de Málaga, más aún cuando las personas que participamos en el proyecto hemos estado siempre dispuestas a mantener un diálogo fluido y honesto con el poder local, aunque sin renunciar a un ápice de autonomía. En este sentido, tanto la Casa Invisible como el Patio Maravillas pueden ser entendidas como instituciones anómalas, imperfectas, instituciones-monstruo que han entrado en contacto con el ámbito de las normas y lo establecido –un terreno siempre bastante incómodo– con el único fin de que nos dejen existir. Lo que buscamos no es otra cosa que poder materializar un deseo compartido: que nuestra intervención en el territorio sea densa y consistente, especialmente en un tiempo en el que los efectos mediatizadores y dipersivos del capitalismo cognitivo hacen muy difícil dar continuidad a iniciativas colectivas de este tipo por su carácter experimental, su dimensión híbrida y encontrarse alejadas de las lógicas del mercado.

Es preciso, en este contexto, cuestionar la institución tradicional desde la perspectiva de lo común. Ello es indudablemente uno de los retos de las diferentes apuestas municipalistas que en los últimos meses han surgido en ciudades como Barcelona, Madrid, Málaga o Zaragoza de cara a las elecciones locales de 2015. Existe la acuciante necesidad de atender a la multiplicidad de singularidades subjetivas que proliferan en la metrópolis actual, pero igualmente importante es conseguir que las poderes locales se doten de un carácter instituyente que permita diluir lo ya previamente instituido para poner en práctica los principios de radicalidad democrática que se persiguen. El hacer político de los centros sociales se nos revela entonces como un aspecto a tener muy en cuenta. No sin dificultad, las personas que ejercemos nuestro activismo en el entorno de la Casa Invisible, sobre todo después de haber sido atravesados por la experiencia del 15M, hemos aprendido que para entusiasmar es necesario desprendernos de nuestras concepciones apriorísticas; que no podemos seguir manteniendo una identidad rígida, que los problemas que afectan a las personas nunca son individuales, sino colectivos.

Tal aprendizaje, unido a los diferentes dispositivos experimentales de creación/producción, desprecarización y empoderamiento que se articulan desde lugares como la Casa Invisible y el Patio Maravillas, configurándolos como “espacios lisos”, por usar la terminología del dúo Deleuze-Guattari, son parte del aporte necesario que los centros sociales hacen al movimiento municipalista. Es, por otro lado, la necesidad de seguir ahondando en los caminos de la nueva institucionalidad lo que precisamente revela la importancia de que los centros sociales de gestión ciudadana sigan existiendo con carácter propio e independiente.

Por todo esto, en resumidas cuentas, las iniciativas que buscan el asalto institucional desde abajo se habrán de enfrentar, más pronto que tarde, al desafío de avalar con un nuevo estatus jurídico la legitimidad de estos espacios anómalos de participación ciudadana. Será nuestra pequeña victoria, inserta dentro de una mucho mayor: tomar el control absoluto de nuestras vidas.
 

* La Casa Invisible ha lanzado una campaña de crowdfunding, para poder acometer todas las obras de acondicionamiento necesarias a fin de que el espacio reuna las mejores condiciones de realización de todas las actividades que tienen lugar en su interior. Si quieres participar en la misma, nos encuentras en https://goteo.org/project/apoya-a-la-casa-invisible

** Sansonetti, Lorenzo, "Centros sociales de segunda generación”, en Autonomía y metrópolis / Del movimiento okupa a los centros sociales de segunda generación, ed. J. Toret et al., ULEX y CEDMA, Málaga. 2008.

 

Curro Machuca @curromp
La Casa Invisible/FdlC
 

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