Saberes
Análisis y propuestas para una transformación democrática
07
Mar
2016
18:03
Retos de los municipalismos II: federalismo municipalista, herramientas de organización, comunes
Por Fundación de los Comunes

Seguimos con esta serie en la que trazamos algunas líneas fundamentales de reflexión sobre las candidaturas municipalistas. En este artículo escriben Raúl Sánchez Cedillo (Madrid), Juan Díaz Ramos (Málaga) y Pablo Lópiz (Zaragoza) que nos hablan, entre otras cosas, de un municipalismo constituyente y su dimensión europea; de la apuesta por la cooperación y los comunes como palanca para quebrar la hegemonía individualista del mercado y de la apuesta por retomar herramientas de organización como los centros sociales que está abriendo Málaga Ahora en sus barrios –Colmenas– pero que tienen vocación de autonomía. Así como las Oficinas de Apoyo Social-Laboral-Habitacional que quieren constituirse en espacios de sindicalismo social o redes de apoyo mútuo.

Desde la Fundación de los Comunes lanzamos una serie de artículos para preguntarnos colectivamente por las líneas que definen el momento presente. Pensar desde los movimientos, sin cortapisas, desde dentro de los procesos es para nosotros, la base imprescindible de toda política.

Raúl Sánchez Cedillo

¿Cuáles son los principales retos del municipalismo representado en las candidaturas del cambio?

Habría que añadir: representado, cierto, pero no en exclusiva y no necesariamente expresado. La representación puede ser tergiversadora. Por ejemplo, el municipalismo no puede ser o limitarse a ser un ámbito de contrapoder político e institucional de las principales ciudades del Estado respecto al gobierno central o los gobiernos autonómicos, en menoscabo de los municipios pequeños y las regiones menores. El papel del municipalismo en este momento consiste en expresar, construyendo instituciones y procesos adecuados, el derecho a la ciudad como una acción constituyente de las y los ciudadanos. Este derecho a la ciudad no puede expresarse si los nuevos municipios no dan saltos cuánticos en dirección a la reapropiación de la administración por parte de la ciudadanía organizada, conforme a un diagrama en el que los nudos principales son la participación decisoria desde abajo (que incluye las consultas sobre las cuestiones importantes), las empresas del común como concreciones productivas de la cooperación ciudadana en el plano municipal (desde la producción cultural al trabajo de cuidado, pasando por la agricultura ecológica y los centros sociales autogestionados) y el control democrático desde abajo y desde arriba de la producción de espacio urbano por parte de las corporaciones inmobiliarias, organizaciones financieras, grandes empresas y administraciones. Los programas de participación ciudadana puestos en marcha en Madrid y Barcelona son un instrumento, pero solo van a funcionar si sirven para que las minorías activas por el derecho a la ciudad las utilicen como palanca de construcción de contrapoderes ciudadanos capaz de afectar a las mayorías, obligando al gobierno municipal a mandar obedeciendo.

              Federalismo europeo municipalista

Solo en la medida en que estos contenidos constituyentes marquen el paso del agonismo o del conflicto de intereses colectivos (si no queremos hablar de luchas de clases urbanas) el municipalismo podrá funcionar como un espacio-tiempo de condensación de contrapoderes reales en el proceso de transformación de la forma Estado y de las formas de gobierno en el plano español y europeo. De esta manera, el municipalismo constituyente estaría en condiciones de dar la vuelta a la estructura de poder financiero y político realmente existente entre los nudos metropolitanos. Cuando por dar la vuelta entendamos traducir, mediante una reapropiación radicalmente democrática, esa estructura de poder en una estructura de interdependencias entre las ciudades, que constituye la base de un federalismo constituyente. A su vez, este federalismo de las ciudades es la estructura topológica de la organización del poder que corresponde de la mejor manera a una realidad política que vaya más allá del Estado nacional y de espacialidad abstracta de la nación. Y, en esa misma medida, es una de las claves de bóveda de una federación europea de contrapoderes autónomos. Toda vez que el fracaso europeo se debe en gran medida a la resistencia de las elites políticas del Estado nación a traspasar su soberanía a otros cuerpos de poder político. Al mismo tiempo, sin embargo, una Unión o Federación europea no puede concebirse como una federación como la estadounidense, puesto que está compuesta de varias naciones, ni como una especie de megaconfederación helvética, puesto que carece de toda consistencia estructural y de toda capacidad de consensuar la decisión política. Pero sí puede construirse como una federación de metrópolis, regiones y países (que no naciones), en las que la multiplicidad garantiza el ejercicio de contrapoderes respecto a la tendencia monárquica del poder, mientras que la homogeneidad estructural del espacio de las metrópolis y ciudades en el plano europeo permite una capacidad cooperativa y asociativa completamente nueva.

Juan Díaz Ramos

El ciclo institucional-electoral nos ha condicionado considerablemente, nos obligó a entrar en terrenos ajenos, con nuevos aprendizajes, prácticas, y retos. Después de unos meses iniciales que denominamos de “aterrizaje forzoso” en la institución, con un logro modesto, pero muy valioso de cuatro concejalías y una representante en la Diputación, hemos tenido margen para aclimatarnos al nuevo medio. La llegada a las instituciones, con gobiernos del PP en minoría pero bien apoyados en su muleta C's, nos ha permitido aglutinar mayorías para buenas propuestas políticas con la mayor parte de nuestras mociones, pero también constatar los límites de las instituciones, cuando dichas mociones apenas se cumplen. Todo ello y tras esta primera etapa, nos lleva a plantearnos la necesidad de pasar a una nueva fase.

Una nueva fase caracterizada por el retorno a nuestro origen: la calle y la autoorganización. Pero inevitablemente desde una nueva realidad, con la potencia de los recursos y empoderamiento que te da la presencia institucional, pero también las limitaciones y amenazas del trabajo institucional. Amenazas como vernos absorbidas por la Institución y olvidarnos de dónde venimos; el espejismo de que todo se puede resolver desde ella; el acomodarse y depender de las facilidades y recursos que te aportan; los delirios de vanguardia tomando iniciativas y acelerones, sin contar con las personas afectadas, y fagocitando los procesos autorganizativos.

Nuestra hipótesis-Reto en esta nueva etapa es abordar las problemáticas de la ciudad: su economía, su gobierno democrático y transparente, la sostenibilidad de la vida y cuidados de sus habitantes y entorno, su cultura, su patrimonio, etc. Todo ello aportando los recursos y mecanismos que te facilita la institución a la vertebración y autoorganización de la sociedad civil. Tomarnos en serio la premisa Zapatista del “Mandar obedeciendo”.

Evidentemente dicho reto no es pequeño, ni fácil, nos encontramos con múltiples dificultades para ello. En primer lugar el marco de una sociedad (y unos barrios) muy desestructurada y atomizada, donde los lazos sociales están muy rotos tras el largo ciclo neoliberal y los procesos de gentrificación. Donde a veces hay mas vínculos por la vía virtual, que por la física. O el vínculo viene dado más por compartir una afición, o un tipo de ocio, que por la condición de vecindad. En dicho contexto, recuperar el vínculo desde lo territorial, desde el barrio, es un desafío y a la vez entendemos que una gran potencia por explorar. Recuperar la comunidad no es fácil cuando se ha perdido el habito de compartir, de construir en común, de cooperar. Ese construir comunidad suena bien, pero también nos lleva a romper nuestra zona de confort. Fuera de ella hay muchas sorpresas positivas, pero también negativas, está la sociedad en toda su diversidad: con sus hábitos competitivos, con su machismo, con su individualismo... con muchos “ismos” que no nos gustan, que llevábamos año deconstruyendo con muchas dificultades y desigual éxito en nosotras mismas y nuestros espacios organizativos.

La comunidad esta llena de problemas individuales, concretos, cotidianos, urgentes... Que te pueden hacer perder la perspectiva de lo colectivo, global, y estratégico. Lo micro que nos puede hacer caer en el asistencialismo de urgencia, y la individualización de los que debiera devenir en colectivo. Para empezar a abordar dicho reto, hemos pensado recurrir y experimentar con dos dispositivos concretos, que suponen un retorno a experiencias de los Movimientos de la Autonomía de finales del XX e inicios del XXI, con la novedad en este caso del complemento que supone el trabajo institucional.

En primer lugar el dispositivo del Centro Social-Cultural-Vecinal, que el caso de Málaga hemos denominado “Colmenas”. Su sentido es el de constituirse en espacios de atracción, encuentro, agregación, experimentación, y autoorganización para la construcción de comunidad –de enjambre–. Las Colmenas se configuran pues como focos atractores para la comunidad, independientes del vínculo a Málaga Ahora. La amenaza es que el espacio nos absorba con su gestión, sus conflictos grupales, la comodidad de un punto de referencia... Y nos haga perder su sentido y utilidad, que es salir fuera a promover comunidad. Pero también, que no logremos permear a la comunidad, y se nos perciba como un Partido más y su sede.

El segundo de los dispositivos, también supone recuperar prácticas recientes, como las de las Oficinas de Derechos Sociales, las Oficinas de Vivienda, o los propios nodos de la PAH. Están aun por iniciar y definir su nombre, pero consiste en Oficinas de Apoyo Social-Laboral-Habitacional. Este dispositivo nos ha de permitir salir al “afuera”, a la comunidad. Como en los ejemplos precedentes, el objetivo es pasar del problema individual, a la problemática colectiva, y de ahí al proceso de autoorganización de personas afectadas. Los resultados podrán ser muy diversos según la problemática y devenir de los procesos: sindicalismo social, corralas de viviendas, redes de apoyo mutuo, redes de consumo, huertos urbanos, moneda local, cooperativismo...

Así, podríamos pensar que "para este viaje no hacía falta estas alforjas” si lo que proponemos es recuperar lo que veníamos haciendo antes del asalto a las Instituciones. Sin embargo no podemos obviar el aporte de recursos, empoderamiento, legitimidad, incidencia comunicativa, y potencial de crecimiento que nos ha aportado el acceso a las instituciones. El objetivo pues es el configurar un partido-movimiento a escala de ciudad. Sin olvidarnos de otro de los grandes desafíos por abordar: la construcción de redes de movimiento a escala andaluza, estatal, y europea.

Pablo Lópiz

Las candidaturas municipalistas están atravesadas por fuertes tensiones y, por tanto, cuáles son sus principales retos está sujeto a discusión. Desde una perspectiva de mínimos, al menos desde Zaragoza en Común, parece que se trata de resistir al deterioro de los derechos sociales, ampliar la participación ciudadana y llevar a cabo una gestión más transparente. En resumen, intentar detener el expolio al que está siendo sometida la ciudad. Desde una perspectiva más ambiciosa, que excede la instancia institucional, un movimiento municipalista debiera apuntar a conformar un polo de resistencia al neoliberalismo a escala ciudad, cambiando el modelo productivo en dirección a una economía social del conocimiento de base cooperativa, con mecanismos de redistribución de la riqueza —renta básica municipal— y fomento de los comunes metropolitanos. Esto había necesariamente de ir acompañado de un nuevo marco político caracterizado por la creación de dispositivos democratizadores, el refuerzo de la autonomía de lo social y la articulación solidaria con otros municipios al margen de las estructuras del Estado-Nación.
 

 

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