Saberes
Análisis y propuestas para una transformación democrática
01
Sep
2016
11:51
¿Qué puede el municipalismo?
Por Fundación de los Comunes
Marea Atlántica

Beatriz García, Fundación de los Comunes

Las candidaturas municipalistas fueron una apuesta en una coyuntura específica, después de la explosión del 15M con un bloqueo institucional por un lado, y Podemos y Guanyem Bcn en marcha por otro: una ventana de oportunidad única en la que personas de diversos movimientos sociales participamos, con ciertos éxitos, en mi opinión. Estiramos la situación hacia la radicalización democrática: primarias abiertas y proporcionales, códigos éticos estrictos, programas colaborativos, extensión territorial y sectorial... En muchos lugares este “estilo” ha continuado en las confluencias al parlamento, haciendo que Podemos tuviera que acatar algunas de estas normas (no así en Madrid y Cataluña).

En cada ciudad, el devenir de las candidaturas ha sido distinta, según se esté en el gobierno o no, según la composición y las relaciones de fuerza. Creo que se puede afirmar que en la mayoría no se ha generado una estructura de partido/organización democrática de masas de nuevo tipo a la altura de lo que nos imaginábamos, capaz de vehicular el autogobierno. Las prisas en la configuración de las candidaturas, la inserción en las mismas de organizaciones previas con sus formas de funcionamiento de familias y estrategias de poder y el rechazo de Podemos a la democracia interna desde abajo lo ha puesto difícil. La propia idea de “confluencia”, que fue imponiéndose a la de “candidatura ciudadana” en algunos lugares, eliminaba de entrada la formación de nuevas estructuras y apelaba más a la unión de elementos previos. También tendríamos que reconocer que en los movimientos sociales pre15M nunca nos habíamos hecho esta pregunta por la organización democrática de masas en estos términos, por lo que nos faltaba análisis, reflexión y prácticas.

Las candidaturas se hicieron deprisa con un objetivo más bien inmediatista: aprovechar la ventana de oportunidad, parar el expolio y recuperar las instituciones para la gente. Pero al menos en Madrid lo hicimos sin construir una organización de bases sólidas en cuanto a estructura (forma de toma de decisiones, censos y quorums, elección de cargos, rotación y revocación, rendición de cuentas, finanzas colectivas). Y también, lo que ha tenido importantes consecuencias, sin bases definidas y sin actividad política propia. Lo primero, la dictadura de la falta de estructuras nos ha dejado en la práctica sin democracia interna de abajo a arriba; lo segundo nos ha dejado desorientados en cuánto a qué hacer más allá de tener activistas comprometidos en puestos de responsabilidad.

Respecto a la organización, la situación es variable según la composición y la relación de fuerzas en cada lugar, como señalaba; también hay que destacar la posición del alcalde/esa en cada ciudad. Algo que no preveimos del todo, por lo menos en Madrid, era el enorme poder que entegábamos únicamente a una persona. En aquellos lugares donde los movimientos han tenido más peso, donde las organizaciones previas han estado dispuestas a modificar patrones y donde el alcalde/esa está por cambiar la forma en que se gobierna, se han configurado organizaciones de tipo más novedoso y democrático, lo que, en mi opinión, da lugar a gobiernos más valientes y transformadores. En las que no, y quizá Madrid es el ejemplo por antonomasia, se ha avanzado poco en lo que se refiere a innovación en la forma de gobierno y de partido. Comparar y comprender los elementos que han llevado a la diferenciación de los procesos en distintos lugares sería importante para las estrategias futuras.

Respecto a la segunda cuestión (¿qué tienen que hacer las candidaturas municipalistas una vez alcanzadas las instituciones?), asumamos que para gran parte de los miembros de las candidaturas, sobre todo de Podemos y de IU, la respuesta se agota en “gobernar mejor a favor de los derechos de las mayorías”, y no creo que muchos añadieran “hacer públicos los debates e intereses encima de la mesa, abrir el gobierno a la ciudadanía”. Piensan, por tanto, que las candidaturas deberían volcarse en apoyar a los representantes para que las políticas sean lo más efectivas posibles; y, supeditado a esto, generar discurso y tejido a favor de la candidatura y sus objetivos programáticos. En mi opinión, devenir la forma-partido tradicional con mejoras.

¿Cabe otra respuesta? ¿Es el futuro de las candidaturas municipalistas devenir un partido tradicional mejorado? La parte de las candidaturas “sin organización”, los que partipábamos en movimientos sociales, teníamos más expectativas. Hablábamos de “partido-movimiento” o “movimiento-partido” e imaginábamos, aun de forma poco concreta, nuevas figuras delegativas y de toma de decisiones que aseguraran vínculos de obediencia entre cargos y bases, que a su vez permitieran una mayor radicalidad en los proyectos políticos a defender. Esta es una lucha viva en todas las candidaturas. Y que en Madrid vamos perdiendo por la negativa de Podemos a desarrollar una organización democrática llamada Ahora Madrid, la concentración de poder en Carmena y la falta de toma de posición y defensa del programa de muchos concejales y asesores.

Nuestra pregunta es entonces si podemos hacer una organización municipalista de nuevo tipo que sí cumpla las expectativas que nos habíamos marcado. Volviendo sobre la idea del “movimiento-partido”, cabría imaginar una federación de asociaciones/ sindicatos/ mareas/ espacios, con una estrategia compartida en torno a la ciudad y una estructura de democracia interna radical, que decidiría a posteriori si tener un componente electoral o no (que en cualquier caso tendría opciones en la medida en que volviera a colocarse, como en 2015, como una parte imposible de ignorar).

De alguna manera, es hacer lo que hubiera sido la formación lógica de candidaturas con más tiempo, más debatidas y arraigadas: con una estructura democrática más clara y unas líneas de acción más consensuadas. Pero quizá antes tampoco lo hubiéramos podido hacer, quizá sin el 15M y sin el ciclo institucional no hubiéramos llegado a estas preguntas por la organización y la federación. Por estructuras colectivas donde quepan muchos más de los que caben en nuestros centros sociales, por líneas compartidas con otros que se salen de nuestras pequeñas áreas de especialización (migración, precariedad, género). La importancia de la eficacia con la que nos martillean desde ciertos ámbitos electoralistas no debe hacernos perder el rumbo del tiempo largo, pero también resuena con ganas renovadas de incidir de forma más directa y práctica.

Pero no vale con ser un “partido” bienintencionado que responde a una parte imaginada de la sociedad a la que se supone que interpreta. Solo tiene sentido tener parte electoral como contraparte de un movimiento, solo una estructura de abajo a arriba permite escapar de las trampas, los tiempos y los fantasmas de palacio. La pregunta está hoy del lado del movimiento, pero con una mucha mayor voluntad de organización y federación, de aumentar de escala lo que hemos venido haciendo. ¿Cómo superar las experiencias de sindicalismo social que conocemos? ¿Qué materialización territorial / espacial tendría una organización de movimientos de nuevo cuño? ¿Qué tejidos productivos? ¿Qué tareas de investigación y lobby? ¿Podemos imaginar cómo integrar lo que hemos aprendido del ciclo 15M y del ciclo municipal en los proyectos autónomos que veníamos haciendo? Cómo construir ese movimiento-partido que imaginábamos sigue siendo una pregunta abierta. Sigamos avanzando, que el ir lejos no nos haga olvidar nuestra urgencia y que lo institucional no distorsione el horizonte: puede ser una parte útil pero nunca el centro de acción y pensamiento.

comentarios

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    Alfonso Carmona
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    Dom, 09/04/2016 - 16:27
    Esto me suena a "dejà veçue".IU surgió de un amplio movimiento político y social que se unió en torno a la oposición a la OTAN.Lo mismo que ocurrió con el 15-M.Nos planteamos la necesidad de superar a los partidos tradicionales creando un movimiento-partido.Por eso los estatutos de IU la definen como movimiento político y social,no como partido.La supeditación al cargo público y la transformación de las áreas elaboración al servicio del cargo público,nos llevó,de hecho , a funcionar como un partido tradicional ,habiendo teorizado la importancia de las asambleas .De hecho cada organización local era denominada asamblea (asamblea de Getafe,asamblea de Carabanchel...). Creo que estamos repitiendo la historia si no abordamos el problema sin sectarismos y sin la sacralizacion de la institución (ayuntamiento)
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