Saberes
Análisis y propuestas para una transformación democrática
20
Jun
2016
10:50
Construir movimiento municipalista (algunas hipótesis)
Por Fundación de los Comunes

Mario Espinoza Pino / InstitutoDM

Ha pasado un año desde la llegada del nuevo municipalismo a las instituciones, un año difícil y plagado de contratiempos que representa, no lo olvidemos, un punto de partida más que una meta. Por decirlo esquemáticamente: si bien era esencial asaltar los gobiernos locales para transformar la agenda institucional -ese era uno de los objetivos centrales de la apuesta municipalista-, no menos importante era abrir los ayuntamientos a un afuera rico en experiencias democráticas, demandas sociales y autoorganización. Se trataba de hacer que entidades políticas sometidas a décadas de prácticas clientelares y corrupción, diseñadas a golpe de burbuja inmobiliaria, obedeciesen a los imperativos del ciclo de movilizaciones iniciado con el 15M: democracia radical, participación ciudadana, justicia social, derecho a la ciudad y a la vivienda, redistribución de la riqueza, transparencia, transición hacia modelos cooperativos de producción, porosidad ante las demandas de agentes sociales movilizados, etc. Se trataba y se trata, en definitiva, de construir una verdadera "democracia de proximidad" en confrontación con los propios límites -muchos, sin duda- de las administraciones locales del régimen del 78. Pero no resulta fácil tratar cara a cara con el poder y las propias contradicciones.

Afrontar el salto "de las calles a las instituciones", con todo lo que ello conlleva, sigue siendo uno de los problemas más sensibles para las candidaturas y el entorno municipalista. A las contradicciones básicas que plantean los municipios -merma estructural de financiación, deuda y competencias recortadas- hay que sumar las asimetrías del acceso al espacio institucional, resultado de la contienda electoral -gobiernos en minoría, en coalición (formal o informal) u oposición-. Aunque quizá sea todavía más importante reparar en los contratiempos que genera la "división del trabajo" en el marco de las candidaturas: una división que separa a los cargos de sus propias asambleas y del tejido social organizado. A raíz de esto último, podríamos decir -amparándonos en una frase manoseada hasta la saciedad- que el "gobernismo" se ha instalado como la "enfermedad infantil del municipalismo".

El gobernismo

Quizá el término "infantil" -por lo condescendiente y paternalista del mismo- sea inadecuado, pero no deja de señalar cierta verdad: por una parte refleja la falta de experiencia, el no haber sido capaces de elaborar un discurso más sólido sobre el poder y resortes políticos contra las inercias de la gestión; por otra, la confianza ciega en una ética compartida -el ethos de los movimientos- cuya densidad en materia de vínculos parecía capaz de acompañar colectivamente el "salto" hacia lo institucional. Vemos que no es así. O que lo es a duras penas. Si el sujeto político hegemónico del 15M fueron unas clases medias precarizadas, la entrada en la institución ha supuesto el ingreso de estas clases en un espacio que garantizaba retribuciones económicas, simbólicas y prestigio, algo que en no pocas ocasiones ha sido capitalizado como "empresa personal", apartándose de lo colectivo. Ello ha fragmentando las candidaturas -también sacudidas por las dinámicas partidarias de las confluencias- e impulsado un proceso de burocratización a toda velocidad.

El "gobernismo" -como "tipo ideal"- se estructuraría en torno a tres características: primacía de la gestión por encima de la política, concepción de la institución como espacio neutral -se juega al gobierno para todos rehuyendo el conflicto- y cierre del espacio municipal en torno a ciertas figuras que constituyen, si no lo son ya, el embrión de una nueva élite política. El "gobierno para todos" introduce, además, cierto vector progre y moderado en la orientación de las políticas, algo que -como hemos podido comprobar- hace que el nuevo municipalismo sea presa fácil de la derecha movilizada. El caso de Ahora Madrid es, en este sentido, paradigmático -¡dichosas batallas culturales!-. Sin embargo, incluso en las candidaturas donde el gobernismo ha sido criticado y limitado -donde se ha hecho gala de valentía institucional más que de responsabilidad institucional- la división entre institución y movimiento municipalista sigue siendo un problema de base.

Un municipalismo desde abajo

Construir un movimiento municipalista capaz de desbordar el marco institucional, una multitud que tensione los límites de los ayuntamientos, pugne por ampliar derechos y materialice las demandas sociales del ciclo resulta prioritario. Pero es más fácil decirlo que hacerlo. Nos encontramos con tres instancias conectadas al tiempo que separadas: una serie de cargos institucionales, las asambleas de las candidaturas y un exterior movilizado (o no) en horas bajas, mermado por el cansancio y las consecuencias del "efecto delegación" que ha provocado la llegada del nuevo municipalismo a los ayuntamientos -ese "ahora gobiernan los nuestros"-. A la luz de las experiencias que nos ha dejado el año, cabe plantear algunas hipótesis y perspectivas para intentar hacer florecer ese movimiento.

Por aterrizar los problemas de golpe: resulta imposible construir un movimiento municipalista si tanto las asambleas de las candidaturas como los movimientos sociales acaban siendo absorbidos por la agenda institucional. Cuando se focaliza el contenido de asambleas y foros en torno a los problemas gestionarios, diferentes de los problemas políticos y sociales, el entorno movilizado que circunda las candidaturas termina por burocratizarse (o agostarse). Es fundamental que los cargos institucionales rindan cuentas ante sus asambleas, incluso que promuevan espacios para hacer pedagogía política (no marketing), pero asumir que ese -y sólo ese- es el campo de batalla condena el ciclo a su cierre. ¿Qué quedará para sostenerlo más allá de lo instituido? Poco o nada.

Las asambleas municipalistas, habitualmente formadas por activistas, cuadros de partidos y ciudadanas de a pie, tienen un papel bisagra complicado en esta coyuntura. Por una parte, y más allá de sus diferencias, se ven obligadas a sostener y tensionar el enclave político en el que participan, frenando la autonomización de los cargos, nutriendo políticamente el espacio y entrando en conflicto cuando es necesario. No es una posición sencilla y no hay recetas. Lo que resulta esencial es la capacidad de estas asambleas para crear vínculos con un afuera que no se encuentra incluido en el entorno del muncipalismo. No se trata de absorber lo que hay fuera, al contrario: se trata de potenciar lazos y construir una red difusa con iniciativas autónomas o asociativas que están alejadas de la instituciones. Fomentar una lógica de contrapoderes y apoyos condicionales. Ahora bien, si las asambleas se convierten únicamente en una "asesoría" para cargos o en meras correas de transmisión, poco habremos avanzado. Las asambleas y en entorno municipalista deben dar forma a algo más que un partido-movimiento, deben hibridarse con el exterior y producir sinergias de orden distribuido, potenciando el ecosistema movilizado y evitando su cooptación.

¿Pero cómo conectar estas realidades? ¿Cómo producir una "noción común" que permita establecer nexos entre estas tres caras del municipalismo (institución, asambleas, movimientos) e incluirlas en un movimiento más amplio, un movimiento municipalista? Para empezar, son necesarios espacios de encuentro, lugares descentralizados -ajenos a la institución- donde estas realidades puedan entrar en diálogo. También es necesario que estos espacios –sean foros sobre problemas candentes, Centros Sociales u otras iniciativas colectivas con carácter aglutinador- eviten formas verticales de jerarquización, privilegiando una agenda autónoma enmarcada en lo social. Lo que no significa que no puedan estar sustentados, en parte, por las candidaturas. Destinar renta y recursos a nuevas formas institucionalidad puede ser una salidad innovadora y eficaz: si se mantiene la autonomía de los distintos enclaves, estaremos ante un feedback productivo entre lo institucional y su afuera. Estaremos dando pasos hacia el autogobierno.

Restan muchas preguntas y no pocas dificultades. ¿Cómo conciliar -al menos de un modo más productivo- los diferentes ritmos de la institución y los movimientos? ¿Cómo poner un dique frente a las tendencias gobernistas? ¿Cómo hacer los muros de los ayuntamientos porosos ante las demandas y soluciones trabajadas por agentes movilizados (desde la PAH hasta los colectivos de que defienden una Auditoría Ciudadana de la deuda)? ¿Cómo ampliar el sujeto político del municipalismo -esto es, hacerlo viajar más allá de las clases medias a las periferias-? ¿Cómo construir dinámicas de participación capaces de hackear la burocracia y evitar tentaciones clientelares? ¿Cómo plantear el municipalismo en términos de federación preservando la autonomía y potenciando redes desde abajo? ¿Cómo pensar en clave europea la importancia de la apuesta municipalista? Si bien es difícil responder a todas estas cuestiones, plantearlas ya es un primer paso para pensarlas en común.

comentarios

1

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    Tito Matute Arias
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    Lun, 06/20/2016 - 15:46
    Compartir estos comentarios... En las paginas de hispanoparlantes... Es muy importante...Porque se ayuda en el proceso de concientizacion, en los paises de America Latina....
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    Fundación de los Comunes

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