Saberes
Aprendizajes desclasados e inclasificables
15
Dic
2013
20:27
Etnocentrismo e instrumentalización política de la historia y el arte medieval en el ámbito académico
Por Fuera de clase

Ningún/a lector/a de este espacio se sorprenderá del testimonio de una profesora que denuncia la instrumentalización de la disciplina histórica con fines políticos en el ámbito académico. Sabemos que con mucha frecuencia el pasado es siervo del presente, que una determinada visión de la historia es la base perfecta para cimentar construcciones ideológicas actuales e incluso estructuras de poder. Resulta evidente en el caso del modo en que se estudia (o se elude estudiar) la Guerra Civil y la "Transición" en la universidad española. Casi tan vigente está en nuestros días la interpretación sesgada de otros episodios del pasado, como el proceso denominado "Reconquista", que trataré hoy aquí junto con algunos temas recurrentes que afectan a la historia medieval.

La práctica docente en una Universidad como la UNED, donde trabajo, nos priva, a profesores y estudiantes, de la realidad cotidiana del aula, dificultando la construcción colectiva del conocimiento y su cuestionamiento en grupo. Aunque lxs estudiantes de la UNED tienen acceso a clases presenciales por medio de los Centros Asociados, y aunque tenemos también el recurso de la video-clase, somos los equipos docentes de la sede central los responsables de redactar los manuales y de fijar los contenidos que serán objeto de evaluación. El modelo de la educación a distancia tiene la ventaja de que lxs estudiantes son más autónomos para formarse con cierta independencia, consultando una bibliografía más o menos amplia, en la medida de sus posibilidades, y resolviendo dudas por medio de los foros habilitados al efecto. Sin embargo, el modelo establecido de examen, o examen + trabajo de evaluación continua, contribuye a que la construcción del conocimiento sea vertical y a que se base en la creación de un "saber oficial", fijado por el manual de la asignatura. Esto no es una novedad en la universidad española.

El alto número (y la variedad) de estudiantes en la UNED permite, no obstante, que en ocasiones las preguntas formuladas en los foros de cada asignatura sirvan para cuestionar el conocimiento oficial que se les impone y para poner de manifiesto las grietas que presenta la consideración del saber científico como objetivo y único.

Recientemente, un alumno hacía una consulta en uno de mis foros a raíz de una conferencia a la que había tenido ocasión de asistir. El estudiante comentaba que para su sorpresa, en la conferencia, se decía que los monasterios medievales apenas habían salvaguardado la cultura antigua, que tan sólo habían conocido unas pocas obras clásicas y que esa labor había sido llevada a cabo, en realidad, por los autores árabes.

Confieso que me sentí feliz de recibir esa pregunta, ya que una parte de mi investigación se ha dedicado a estudiar la contribución del Islam al desarrollo cultural occidental en la Edad Media. Ofrecí, así, al alumno, una respuesta interminable donde enumeraba las aportaciones científicas, filosóficas, literarias del Islam en la alta Edad Media, en contraste con la modesta labor cristiana occidental en dichos campos antes del siglo XI. El alumno me agradeció encarecidamente tan amplia respuesta y me confesó: "toda mi vida se ha ensalzado tanto la labor de los monasterios (nacional catolicismo???) que cuando asistí a la conferencia me sentí, digamos, casi ofendido, e interpelé al conferenciante".

El testimonio de este estudiante me ha ayudado a comprender que quienes pretenden apoyar en el pasado su defensa de la superioridad cultural cristiana occidental no son necesariamente autores de ese mecanismo de jerarquización étnica-religiosa-cultural, sino víctimas de una enseñanza ideologizada. Me ha permitido también explicar por qué algunos debates históricos llegan a levantar pasiones y a tocar fibras sensibles. No cabe duda de que la disciplina histórica ha actuado con frecuencia como un espejo trucado, permitiendo construir una autoimagen de los pueblos más cercana a sus aspiraciones que a su verdadera condición. Y claro está, es la voz de los pueblos dominantes la que sienta las bases del saber oficial, que en ocasiones se impone al resto del mundo. Por todo ello, alabé en mi alumno la capacidad de cuestionamiento de sus propias premisas y la honestidad intelectual de quien prefiere aprender cosas nuevas a quedarse aferrado a verdades pobres pero tranquilizadoras.

Como esta, son muchas las ideas tergiversadas o completamente falsas que afectan al arte y a la historia medieval. He querido aprovechar el espacio de reflexión y cuestionamiento de los proceso de aprendizaje que ofrece FUERA DE CLASE para reunir algunas de estas falsas nociones tan generalizadas.

El propio apelativo de “Edad Media” procede de su concepción como un periodo de transición entre la Antigüedad y la Edad Moderna, un periodo que dura (nada más y nada menos) diez siglos en los que se desarrollan muchas y muy diversas civilizaciones, culturas, reinos e imperios, tanto en Oriente como Occidente.

Teniendo en cuenta la enorme amplitud de esta época y su complejidad, son muchas las nociones generalmente asentadas sobre la Edad Media y su arte que resultan inexactas y hasta falsas. Trataremos aquí de centrar la atención en algunas de ellas.

El libro del Ajedrez, Alfonso X, sigo XIII

La Edad Media oscura

Fueron los humanistas italianos del siglo XV quienes acuñaron la expresión "Edad Media", al considerar que el tiempo transcurrido desde la Antigüedad hasta sus días (una Antigüedad que idealizaban y desconocían en gran parte) había sido un periodo de regresión bárbara: una época de oscuridad cultural.

Resulta llamativo que, seis siglos después, la idea de la Edad Media como una época oscura permanezca de manera tan arraigada en el imaginario colectivo. Es cierto que el inicio de esta etapa, tal y como se estudia (excluyendo al continente africano, al americano y a gran parte del asiático) está marcada por el derrumbe del Imperio romano (476) y por el surgimiento y la expansión del cristianismo (especialmente desde el 313). Es cierto también, que en Occidente se despueblan progresivamente las ciudades y que las letras acaban recluidas en manos de unos pocos clérigos. Sin embargo, la administración, las instituciones y hasta las infraestructuras romanas se mantienen por muchos siglos.

Hay que recordar, además, que la Edad Media es un periodo enormemente largo, formado por un gran número de civilizaciones que, en Oriente y Occidente, llegaron a alcanzar un gran esplendor. A pesar de ello, la atención de los planes de estudio se ha centrado más en el conocimiento de los reinos cristianos occidentales que en el de los diversos estados musulmanes y Bizancio, donde el desarrollo urbano, cultural y científico fue enormemente significativo. 

Una visión etnocéntrica

La Materia médica de Dioscorides (1221, versión árabe)Una visión etnocéntrica y eurocéntrica ha determinado, con frecuencia, la noción existente sobre la cultura y el arte medieval. Si en los primeros siglos medievales tenemos en consideración únicamente la cultura que se produce en el Occidente cristiano podremos concluir que ésta ha caído en desgracia, a juzgar por los escasos recursos materiales y humanos que se destinan a creación escrita y artística. Sin embargo, con mucha frecuencia, los libros de texto y los manuales llegan a sobredimensionar manifestaciones culturales cristianas y occidentales mientras minimizan la trascendencia de la cultura islámica medieval. Un caso paradigmático es el del llamado “Imperio Carolingio”, reino centroeuropeo cuya contribución a la historia del conocimiento humano dista mucho de ser un “Renacimiento” y una renovatio imperii, como se sostiene de manera habitual.

En los primeros siglos medievales asistimos al enorme florecimiento de las artes, las letras y las ciencias en al-Andalus y en el Oriente musulmán. Sus aportaciones en ingeniería, matemáticas, medicina y filosofía convirtieron a Córdoba y Bagdad en los principales centros del saber a los que acudían a formarse monjes y clérigos de todos los rincones de la cristiandad, convirtiéndose el árabe en la lengua internacional del conocimiento. También en arquitectura y en las artes figurativas (así como en música y poesía) el mundo islámico conoció un gran esplendor, ejerciendo una importante influencia en el arte prerrománico y en el románico.

En Bizancio, la heredera oriental del Imperio romano, se supo estudiar y conservar con esmero la cultura antigua, las letras griegas conservan toda su vitalidad y las técnicas artísticas fueron más sofisticadas que en el ámbito cristiano occidental durante la alta Edad Media.

De hecho, el despertar artístico y cultural que se produce en el Occidente cristiano en el siglo XI (cuando nacen la literatura romance y el arte románico, cuando se inicia la hegemonía política de la Iglesia) es deudor de las aportaciones de estas dos culturas, y principalmente de la islámica, que irradió su influencia desde la Península Ibérica, Sicilia, el norte de África y el Próximo Oriente.

El Occidente musulmán tiene una enorme responsabilidad en el florecimiento cultural europeo a partir del siglo XI: el refinamiento de al-Andalus convirtió a los reinos hispano-cristianos en transmisores de conocimientos a toda Europa. El reencuentro con la filosofía griega, el empleo del sistema numérico arábigo y el uso del papel son sólo algunos ejemplos de esta inmensa aportación.

 

El arte medieval como exponente de torpeza y primitivismo

Beato de Gerona (975), La destrucción de Jerusalén

Los mismos estereotipos que afectan al periodo medieval, concebido como un tiempo de oscuridad y decadencia, se aplican al arte de este tiempo. Con mucha frecuencia se habla de las artes altomedievales como de manifestaciones toscas y primitivas realizadas por artesanos ignorantes y desprovistos del buen hacer de los antiguos maestros.

Aunque estas nociones han sido superadas por innumerables trabajos de mayor rigor histórico, que no contemplan el arte medieval desde los cánones fijados en el Renacimiento, sino desde su contexto histórico y sociocultural, la percepción positivista según la cual el arte resulta más "avanzado" cuanto mayor es su realismo suele arraigar con fuerza en la mente de l@s estudiantes, obligados que profundizar más en la obra de Miguel Ángel que en todo el arte islámico universal.

Sabemos, no obstante, que el arte altomedieval no representa tanto el declinar de las formas maduras del arte romano como el nacimiento de formas nuevas.

La plástica artística sufre una revolución porque la función de la obra de arte y sus mensajes se ven profundamente transformados.

En el arte cristiano occidental de la antigua Edad Media, lo mismo que en el arte bizantino y en el islámico, se persiguió de manera deliberada una figuración alejada de todo realismo. El cristianismo en particular y el monoteísmo en general, llevaron a una profunda transformación de la función de la imagen que dejó de imitar la naturaleza para trascenderla, para evocar conceptos religiosos por medio de la estilización y la desnaturalización de las formas.

No es por tanto la falta de pericia técnica de los artistas la que nos lleva a encontrar formas toscas y primitivas en la Edad Media, sino la voluntad artística de alejarse de las apariencias del mundo para plasmar conceptos. El arte abstracto no nació en Europa ni en el siglo XX.

La Reconquista

Si hablamos de Edad Media y de estereotipos resulta obligado mencionar el concepto y le término "Reconquista", a pesar de que este es un tema muy amplio que merece, por sí mismo, varios artículos.

Con demasiada frecuencia encontramos en los manuales y los libros de texto, leemos en la prensa o escuchamos en la televisión, expresiones como "La reconquista de esta ciudad", "el proceso reconquistador" ó "en tiempos de reconquista".

El uso literal, y sin mayúscula, del término "reconquista", del que se desprende que los cristianos que ocupaban tierras a los musulmanes peninsulares estaban recuperando sus territorios, es una de las más arraigadas y extendidas tergiversaciones y falsedades históricas sobre nuestro pasado colectivo.

Aunque "Reconquista” es el término con el que generalmente se ha aludido al proceso histórico de lucha cristiana contra el Islam entre los siglos VIII y XV, no es el más correcto. Su significado literal apunta a la conquista por parte de los cristianos hispanos de un territorio que habría sido arrebatado a la misma entidad política que lo recuperó. Sin embargo esto no es lo que ocurrió entre el año 711, en que llegan los musulmanes, y el 1492, cuando los Reyes Católicos toman Granada.

Los reinos cristianos que se expandieron por el territorio peninsular se constituyeron con posterioridad a la penetración islámica, a pesar de los esfuerzos de algunas de estas monarquías por presentarse como herederas directas del antiguo reino visigodo. También los visigodos habían venido de fuera y tampoco ellos fueron católicos desde el principio.

Por ello, sería más correcto hablar simplemente de conquista cristiana, dejando el término “Reconquista” para referirnos a la ideología de los cristianos de la época, que pretendieron convertir su expansión territorial en la recuperación de algo que les correspondía por justa herencia. Resulta así fundamental diferenciar los avances militares que llevan a la destrucción de al-Andalus de las representaciones ideológicas que justificaron este proceso de expansión.
 
Aun hoy está muy presente en Europa y en España la ideología de la Reconquista y de las cruzas, pues la identidad nacional española así como la de otros países europeos se ha construido a lo largo de los siglos en completa asimilación con el cristianismo y en confrontación con el Islam. El etnocentrismo mencionado en la enseñanza de la Edad Media es una clara consecuencia de ello. 

 Las Cantigas, Alfonso X. Cantiga 181, siglo XIII

 

 

Soy consciente de que los temas que he tratado aquí afectan más a la enseñanza reglada y oficial, al espacio interno de la clase, que a los procesos de aprendizaje plurales que plantea FUERA DE CLASE. Lxs lectorxs perdonarán también que me haya limitado a seleccionar sólo algunos temas de modo algo arbitrario. Sin embargo, estas nociones sobre la Edad Media forman parte de la cultura dominante y han pasado al imaginario colectivo.

Que estas ideas tergiversadas sobre el mundo medieval formen parte de los contenidos del aula, en colegios, institutos y universidades, no depende sólo de la formación docente, pues los libros de texto y manuales las recogen de modo casi sistemático. Cuando nos adentramos en el ámbito académico comprobamos que existe una intensa labor (de investigadores individuales y, sobre todo, de proyectos de investigación con financiación pública) orientada a afianzar esos clichés sobre el Medievo que contribuyen a perpetuar una visión etnocéntrica y positivista del progreso humano.

* Inés Monteira Arias

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Fuera de clase

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