[WARNING: podría ser que esto debiera… uhm... no ser un texto. O al menos no un post con su textito verbalmente argumentado. Habría quizás de tomar una forma otra, más volátil, más dispersa, más cerca de ciertas performatividades, cotidianidades, efimeridades, transmedialidades. Antes de comenzar, es importante aclarar que esta es una rebusca incipiente, llena de preguntas, con pocas certezas, vaya- por eso el balbuceo. Aún así, asumimos el reto y vamos a chismorrear un rato, cháchara-styling. ]
 

 

Queremos empezar a estudiar los “chismes del aprender”. Así hemos acordado en llamar, acaso provisionalmente -y siempre con pleno afecto- a ciertas tecnologías que cuentan, facilitan, cuestionan, recogen y guardan procesos de aprendizaje. Son objetos tecnológicos aprendientes (ojo, con esta expresión no nos referimos necesariamente a un proceso automatizado o automatizante como el de algunos robots actuales, sino a un modo de hacer que genera e incorpora muescas o rastros, que no se queda en un puro “hacer de la misma manera siempre”). Tienen materialidades, escalas y temporalidades diversas, que se disponen en un gradiente riquísimo de géneros y operan desde ahí, haciendo de pensar. Sus formas son a menudo no-sólo-lineales, no-sólo-representacionales, no-sólo-discursivas. Por eso se nos agita el piso ante la idea de explicarnos en formato texto para una exploración compartida, que parte de la identificación de unas maneras que permiten espacializar pensamientos, co-locar materias, topologizar formas. Dispositivos que nos activan la pulsión para indagar en las distintas estéticas, éticas y políticas que traen inscritas en sí. Por ejemplo, un blueprint para la construcción de un barco, un esquema de expectativas íntimas o el mapa conceptual que se generó colectivamente a partir de acampadasol, no atienden del mismo modo a dichas inscripciones.

 

 

Estamos dispuestas a conjurar contra el despotismo de unas semióticas y unas materialidades impuestas, cerradas y rígidas. Y también celebramos -con Guattari en Caosmosis- la presencia de algunos ítems ordinarios que se posicionan contra la circularidad significante. Hablamos de tecnologías que incorporan la doble acepción: maquínica y comunicativa. Chismes para chismorrear acerca de cómo se sabe lo que se sabe.

El paisaje viene dado por un extenso panorama de gestos y tácticas culturales que devuelven la mirada activa y activan la mirada para una lectura más acá, en un campo de difracción de posibles. Proponemos una visión periférica -giratoria a la maniera cibernética, pero también abierta, retornable- que nos permite volver sobre ese paisaje, escurrirnos de las lecturas consentidas y quizás involucrar nuevos ademanes a la vuelta, a cada vuelta.  
 

Comenzamos en este post (i) por las formas diagramáticas, y habríamos luego de continuar en un (ii) con otras más narrativas (como los relatogramas), para acabar quizás apuntalando el ecosistema reverso de los dispositivos modernos recurrentes en (iii): colecciones, repertorios, letanías, exposiciones, atlas, disecciones, mnemotecnias, inventarios, catálogos. Yeah.
 

No llegará ésta a ser una arqueología completa de las prácticas diagramáticas ni un manual de cómo podemos conocer desde ellas, pero sí al menos un primer rastreo para esbozar acaso lo que nos interesa cuando hablamos de diagramar.
 

Querríamos preguntarnos -en otro lugar, con una dedicación más espaciosa y concreta- por cierta vuelta de estas prácticas diagramáticas que tuvieron tanta presencia en los 70 y en cómo se actualizan en el contexto de las culturas de ahora. En un aquí-ahora social, cultural y político fuertemente atravesado por las complejas condiciones de -también- lo digital. Pensar los chismes para hacerlos, aprenderlos y usarlos. Acaso reterritorializarlos para-nos.

 

 

El chisme número uno (no por ser el primero según orden lógico alguno, nomás es el del número uno). Con su particular método, George Maciunas -en su onda Fluxus- experimentaba con la transferencia de conocimientos a través de dispositivos visuales e informacionales (más allá de artefactos-libro, formatos-conferencia o medios específicos como el cine). Llamó a sus formas de diagramar “Learning machines”. Máquinas, tecnologías para el aprendizaje, artefactos que articulan el complejo de pensamiento y ofrecen la posibilidad de aprender no sólo linealmente sino de forma multiversal. Propone Deleuze pensar lo diagramático como una  suerte de género de las “máquinas abstractas”, que permiten contener mundos a través del  pensamiento no-lineal. Maciunas lo ponía en práctica atendiendo a escalas y volúmenes múltiples, manteniendo una cercanía rotunda con el medio textual, pero complejizándolo a base de capeados (semánticos, físicos) y transnarrativas.

El número dos. El cuerpo de la obra de Fischli & Weiss -en parte expuesta ahora en la exposición temporal del MNCARS “Mínima resistencia. Entre el tardomodernismo y la globalización: prácticas artísticas durante las décadas de los 80 y 90”-, contiene una colección de esquemas, dibujos y mapas conceptuales que también apuntan a estas otras formas de disponer y comunicar lo pensado que buscamos señalar cuando hablamos de diagramar. A modo de ensayos gráficos, y en una dedicación intensa al recoger y presentar la existencia, la pareja de creadores suizos generó una variedad interesantísima de formatos no-sólo-representacionales.

 

 

Jean Greneir definió la idea de diagrama como un “abismo ordenado”. Esta imagen nos coloca ante un paisaje que dispone posibles, frente al clásico formato de apuntes de clase que dibujan un marco perenne y un orden preestablecido dentro del mismo, fuertemente condicionado por una voz experta anterior -una voz maestra-, que trata de recogerse y conservarse.

 


 

El tres. También vía el MNCARS -institución que no para de enseñar maravillas, aún colgada de esa forma de gobierno, lo cual nos ayuda a entender lo complejo de nuestro ecosistema cultural y sus rincones-. Efrén Álvarez. Dicen así: «Los dibujos de Efrén Álvarez adquieren una forma híbrida entre la caricatura y el diagrama y participan en la misma medida de un carácter revulsivo y desmitificador como de un interés pseudo-pedagógico. Si los diagramas han sido históricamente un género empleado para establecer relaciones de poder y genealogías interesadas, en la propuesta de Álvarez toda jerarquía queda supeditada a un dramático eterno retorno: sus dibujos muestran un flujo de relaciones donde cualquiera que sea el material que se intercambia, éste da muestras de un proceso de putrefacción ineludible que afecta a los sujetos implicados.» A base de gestos ilustrativos críticos, su obra muestra muchas de las affordances del trabajo bidimensional no-sólo-lingüístico de las formas diagramáticas.

 

 

El chisme cuatro. Las exploded views. Y entramos en el mundo de lo ingenieril, con lo que de delicado tiene eso en relación con nuestras preguntas. No es tanto por las prácticas rígidas que habitualmente se apropian de este tipo de objetos (mantenimiento, optimización, usabilidad, instrucción), sino por la procesualidad maquínica que traen estos consigo, que nos atrajeron. Las exploded views despliegan la objetualidad compleja de una entidad tecnológica, y recogen sus partes de un modo no tan intuitivo, pero ciertamente operativo si se miran cuidadosamente. Las que hemos encontrado escapan quizás de la emancipación interpretativa, pero sin embargo nos parece que aportan un formato de escritura diagramática que aplicado de forma crítica bien podría servir como otra forma para dar cuenta material de ensamblajes de mundo, físicos y/o conceptuales. Y, lo que es más sugerente: de las eventuales explosiones latentes en ese mundo.

 

 

El cinco. El cyborg cuadrangular. Por el camino del artefactualismo hacia otro lugar.

Donna Haraway se apropia del infame cuadrado semiótico de Greimas para hacer de él una hoja de ruta, una “maquinita de viajes”  con propósitos amodernos, dice ella.

Haraway acepta un motor de encasillamiento tan rotundo como es un cuadrante para presentar un complejo que incorpora una variedad anti-positivista de situaciones posibles. Paradójicamente, explica, usar una estructura así de rígida facilita la exposición de una hipótesis de interacción y relacionalidad radicales a partir de las que se configuran las vidas y los espacios vitales, lo humano y lo no-humano:

«Casi una broma sobre “estructuras elementales de significación” (“Garantizado. Puro”), el cuadrado semiótico en este ensayo, sin embargo, permite a un mundo colectivo impugnable irse formando para nosotros a partir de las estructuras de la diferencia. Las cuatro zonas por las que nos moveremos son A, Espacio Real o Tierra; B, Espacio Exterior o lo Extraterrestre; no-B, Espacio Interior o el Cuerpo; y, por último, no-A, Espacio Virtual o el mundo SF oblicuo a los dominios de lo imaginario, lo simbólico y lo real.»

 

 

Especulamos pues con la posibilidad de reclamar, definir y mantener una esfera cultural para que estos chismes se mantengan (o conviertan en) tecnologías abiertas, dado que son pura potencia de lo que podemos aprender con ellas, permitiendo -para empezar- un gradiente amplísimo de niveles de autodidactía. Se trata aquí de un conjuro que nos responsabiliza en nuestra relación con el dispositivo, que nos alumbra para que podamos tejer preguntas y respuestas -cada vez más- situadas. Eso sí: preguntas y respuestas unas y no otras: sabiendo que hablamos de técnicas de escritura y que como tales son opacas: muestran unos trazos, y al hacerlo también esconden, callan, no cuentan, eclipsan, cuestionan otros. Es así como se van colocando.

 

inventario de amaneramientos de / notables chismosxs :

 

Sloterdijk, narrador de esferas

Barthes, fragmentador de afectos

Fuller, constructor de sinergias

Latour, reensamblador de letanías

Fitterman, robador de subjetividades

Brand, catalogador de saberes

Bajtín, alistador de umbrales

Haraway, desclasificadora de otros

Matta-Clark, propietario de inaccesibles

Serres, escalador de mapas

Perec, habitante de plazas

Butler, performadora de políticas

Flusser, tecnoimago

Maciunas, prospector de escuelas

Google, compilador de mundos

Callon, decodificador de humanos

Guattari, ecósofo del caos

Illich, aprendiente de convivencialidades

Alexander, juxtaponedor de patrones

Hui, digitalizador de objetos

Aby Warburg, agitador de iconos

 
* Carla Boserman y Jara Rocha 

 

comentarios

0

Agregar comentario