Saberes
Nuestro lugar en la sociedad de consumo
26
Ago
2016
23:16
El trabajo es el espacio privado
Por Consumidos

La ocultación del trabajo. En los espacios públicos el trabajo se oculta. Todo el trabajo que hay que realizar para mantener esos espacios, desde la logística de objetos hasta las tareas de mantenimiento se hacen fuera del horario de atención al público. Los camiones se descargan por las noches y las reformas se hacen o en vacaciones o con el local cerrado. No se enseña el trabajo. El trabajo, que es lo que produce la realidad, no se muestra. Sólo se enseñan esos trabajo de atención al público, como el despachar de la dependienta o el de las oficinas de atención al cliente. Los demás, todos, permanecen ocultos.

La atención al cliente son los nuevos mores. Vas a un espacio público a comprar o vender. O a que te solucionen un problema con un producto o servicio. O a que te tramiten alguna reclamación. La plaza pública se ha convertido en el lugar del despacho. El despacho se ha convertido en la razón del contacto entre humanos.

El trabajo, lo que se realiza para generar esos bienes o servicios, se realiza oculto. Se realiza, fundamentalmente, en oficinas o fábricas. Espacios cerrados al público, donde generalmente no accede el común de los consumidores. Quienes, ni siquiera, saben dónde se realizan esos trabajos. Y no es de extrañar: cada vez más las multinacionales crean sus propios campus, ciudades amuralladas al margen de las ciudades, de las plazas públicas, de las miradas de los demás. O en fábricas en el tercer mundo, de espaldas a los resorts turísticos a los que accede el consumidor –espacios todo incluido, osea, todo provisto, una provisión universal supervisada que merece un análisis especial, pero no será aquí. Por eso, mientras los trabajadores son confinados en esos reductos paradisiacos que más bien parecen geriátricos, tan muertos están los espacios y sus habitantes, los consumidores se quedan en la plaza o en sus lugares de consumo, sus hogares o centros de consumo común como restaurantes o gimnasios. Por decir dos, que la nómina es mucho más larga. Las oficinas son los nuevos espacios privados. Ya no es el hogar, donde se cuidaba de la familia y la economía doméstica, sino las oficinas. El trabajo es lo privado.

Algo que se ve reforzado por el hecho de que es el contrato de trabajo lo que da marchamo de ciudadanía. Se es ciudadano porque se tiene un contrato laboral. Sin contrato, eres un parado. Que es como las sociedades llaman a los sin-papeles patrios. Invisible. No en vano todos los recortes van destinados a eliminar servicios a los desempleados. Y si a eso se le suma el asalto del capitalismo al espacio privado, al convertirlo en capital circulante, parece claro que el humano ya no lo es porque haya nacido humano y, como tal, tenía derecho a disponer de un ámbito privado relativamente inexpugnable; ahora ese ámbito privado lo adquiere porque tiene un contrato con una ETT, en el mejor de los casos. Y esa condición –la de acceder a un espacio privado, que es lo que hace humano al humano en contraposición con el espacio social– durará lo que duré el contrato.

Sin trabajo no hay espacio privado posible. Y sin espacio privado no hay humanidad.

Por Luis Montero.

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Consumidos

El consumo configura nuestro estar en el mundo. Cómo nos relacionamos con nosotros mismos, con los demás y con el planeta. Analizar nuestra relación con marcas y productos nos ayuda a comprender qué lugar ocupamos en la sociedad de consumo.

Felipe Romero. Psicólogo. Investigador de mercados. Luis Montero. Novelista y ensayista. Etnógrafo.

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