Culturas
Cuestionando el pensamiento oficial y sus monólogos afines
30
Ene
2015
12:15
En proyección trasera
Por Anfigorey

«Y no obstante mi vida no era exactamente eso.»

Patrick Modiano, Un pedigrí

Escribir «como se levanta acta o como se redacta un currículum vitae, a título documental, y seguramente para liquidar de una vez una vida que no era la mía.» La voz nítida de Patrick Modiano procede al levantamiento de un cadáver, el de una vida que no había podido ser aún vivida como propia, «vida de contrabando», nos dice, de la que se sentía un «pasajero»; así es considerada hasta alcanzar la mayoría de edad. En Un pedigrí (2005) Patrick Modiano rememora sus primeros veintiún años, rememoración realizada «en proyección trasera», nos explica el autor, procedimiento que «consiste en hacer que vayan pasando en segundo plano paisajes mientras los actores se quedan quietos en el plató del estudio.» En segundo plano vemos cómo se suceden los internados; las idas y venidas y sus dificultades en el París turbulento de los años posteriores a la Ocupación; los cambios constantes de domicilio; padre; madre; amistades y compañías diversas y negocios no demasiado claros; largas enumeraciones de nombres de lugares y personas de la que el propio autor nos pide disculpas: «Que el lector me disculpe por todos estos nombres».

Algunos cortes limpios actúan como balizas en esa sucesión de datos y paisajes que vemos pasar, cuyo significado no siempre acabamos de comprender en su amplitud –acercándonos también de ese modo a la limitación de la mirada infantil–, pero de cuyo rastro no podemos separar la vista; nombres, fechas, años; «la simple y fina capa de hechos y gestos» que es la vida y el tiempo, que Modiano detiene en cualquier momento, sobre cualquier detalle: los zapatos de segunda mano que llegan a durar diez años; una rebanada de pan y una única onza de chocolate negro a las cuatro y los mareos del hambre en uno de los internados; los títulos de las que comienzan siendo lecturas pobres y acaban configurando sin duda la forma de ver del autor; el permiso que era necesario pedir para poder leer Madame Bovary; la época en la que la baguette cuesta cuarenta y cuatro céntimos.

Patrick Modiano se compara a sí mismo con «un perro que hace como que tiene un pedigrí»; nos habla de la proximidad que siente con el chow-chow de su madre que, desatendido, acaba tirándose por una ventana; nos confiesa: «sólo era yo mismo de verdad cuando estaba solo, por las calles, buscando los perros de Anières». «Dulce como todos los niños a quienes no han querido», describe el autor a una niña de su misma edad con la que pasaba las tardes de verano, en 1958. En cuanto lo leemos sabemos que Modiano participa de esa misma dulzura.

Acaso cualquier nuevo libro que leemos deba responder, a su manera, a la pregunta ¿qué es un libro? Un pedigrí nos enfrenta a ¿qué es tener y vivir una vida propia? Modiano hace comenzar la suya precisamente a los veintiún años, esa mayoría de edad que supone, en primer lugar, la ruptura definitiva de la relación paterna y, poco tiempo después, la aceptación de la publicación de su primer libro (El lugar de la estrella). El tiempo de esa vida –de la que ya no será simple pasajero–, comienza fuera de las tapas de este libro.

Sabemos, con el autor, que la vida nunca es «exactamente eso» al igual que un perro no es su pedigrí. Pero quizás la sucesión de hechos y gestos pasando en proyección trasera pueda ser una buena manera para referirse a la materia que habita en el fondo del ojo de un narrador. Un pedigrí nos permite asomarnos a los de Modiano.

Nota:

Patrick Modiano (Boulogne-Billancourt, 30 de julio de 1945) fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 2014. Que Un pedigrí sea la mejor puerta de entrada a la obra de un autor de una obra extensa y consolidada como Modiano, es seguramente más que cuestionable. Ha sido, en todo caso, la de quien aquí escribe. En cierto modo, cada una de las obras de un autor debería bastarse a sí misma y hacer las veces de una buena puerta de entrada. Un pedigrí hace apetecer más Modiano y el deseo de continuidad es siempre esperable de un primer contacto con un autor. Una celebración.

Aquí puede leerse el discurso de aceptación en francés, inglés y sueco.

Aquí, una traducción al español.

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Anfigorey

Una vez escuché a alguien decir que si todos sacásemos nuestro monstruo se haría innecesario seguir hablando de monstruos. Pues bien, me siento cerca de este huésped al que nadie ha invitado. Una fría tarde de invierno ve una luz encendida y decide entrar. Sin más.
En un momento en el que no se espera de nosotros otra cosa que obediencia y miedo, intentar pensar al margen de los discursos oficiales es para muchas un modo de resistencia. Por supuesto, no esperamos una invitación.

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