Culturas
Cuestionando el pensamiento oficial y sus monólogos afines
09
Abr
2014
17:04
Lo que nos sobra
Por Anfigorey

 

Lo terrible no es únicamente creer que no tenemos futuro sino tampoco saber cuál es nuestro pasado. Eso pensé una tarde hace dos veranos mientras compartía un paseo con una mujer de cincuenta y tantos años que acababa de perder su trabajo. Caminábamos por un parque y nos detuvimos en un banco a la sombra de un árbol mientras tomábamos un helado. Me habló de pasada de la conversación reciente que había mantenido con un conocido. Ella le comentaba lo mal que estaban las cosas, se lamentaba de haber tenido que pagar los estudios a sus hijos para acabar viendo ahora cómo tenían que marcharse al extranjero para encontrar trabajo. Su interlocutor le contestó: "nuestros hijos no tienen las cosas fáciles pero al menos ellos tuvieron una infancia, eso fue lo que conseguimos darles". Sentí de pronto, mientras oía estas palabras, el helado más frío, verdadero alud anegando en mi garganta los restos de una ingenuidad aún mía. Ese "Ellos al menos tuvieron una infancia" se ha repetido con insistencia en mi cabeza desde entonces. Ellos que somos nosotros. Los que tuvimos infancia. Ellos que soy yo.

El aprendizaje escolar del silencio y la página en blanco a la que se vieron reducidas la Guerra Civil y la postguerra contrasta con este otro aprendizaje, de hambre y carestía, que se va tejiendo a través de testimonios de conocidos y extraños en esta otra página viva, manchada y rota llamada memoria.

Pasado y futuro conservan una estructura común. Lo verdaderamente terrible sigue siendo nuestro miedo. Lo verdaderamente urgente es empezar a dejar de tenerlo.
Sin miedo, podemos hacernos cargo del pasado. Sin miedo, podemos abrir el futuro.

La cuestión es cómo dejamos de tener miedo.

comentarios

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Anfigorey

Una vez escuché a alguien decir que si todos sacásemos nuestro monstruo se haría innecesario seguir hablando de monstruos. Pues bien, me siento cerca de este huésped al que nadie ha invitado. Una fría tarde de invierno ve una luz encendida y decide entrar. Sin más.
En un momento en el que no se espera de nosotros otra cosa que obediencia y miedo, intentar pensar al margen de los discursos oficiales es para muchas un modo de resistencia. Por supuesto, no esperamos una invitación.

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