Saberes
Destituir Occidente, Construir Comunismo
26
May
2016
22:16
Descolonizar los territorios
Fotografía: Cristina Llobel Reiné

En esta guerra en curso, la dialéctica izquierdas-derechas se está desfigurando –si bien es cierto que también es necesaria para situarnos en la cartografía de lo político. Y lo está haciendo porque la derecha toma muchos elementos de la izquierda, y viceversa. Junto a este problema, hay otro más importante: la economía imperante, que es de derechas, lo tiene claro, el orden actual de las cosas debe permanecer, la fiesta debe continuar.

 
El capitalismo nos ha traído cosas muy buenas. Todo lo creado por la ciencia o la tecnología, el conocimiento al que podemos acceder, la experimentación… En ese sentido, estamos ante toda una gran revolución de la humanidad. Pero, ¿quiénes se están aprovechando de todo ello? Porque gran parte de nuestros privilegios en Occidente son a costa de muchos millones de personas de las que apenas nos acordamos. Y dentro de quiénes sacan provecho de lo que ocurre en la matriz del ente que pone en movimiento el orden actual de las cosas, ¿hasta qué punto se disfruta de esos privilegios en una sociedad de control caracterizada por la propagación de un despojo masivo que está acabando con toda una gran red de seres-haceres y territorios?
 
Ya lo hemos dicho otras veces: la derecha, aunque con sus confrontaciones, apenas está fragmentada; la izquierda, no. Y entre las muchas cosas que la primera tiene claro y la segunda no, está el territorio, un territorio que está siéndonos enajenado progresivamente por una serie de fuerzas exteriores que irrumpen en nuestro devenir todos los días, para recordarnos dónde estamos.
 
Los territorios están en juego. Por tanto, se hace necesario descolonizarlos del mal que los somete. Para hacerlos verdaderamente nuestros. Mirar en lo local nuestra fuente matriz de vida, trabajarlo y cuidarlo.
 
Tan diferentes y tan parecidos, los pueblos del Sur –aunque también hay otros territorios por el mundo, entre los que destaca Rojava– son el lugar del que partir en esa descolonización de la Europa moribunda racista-patriarcal-colonial-neoliberal. Y no es que vivamos como ellos. Pero se quiere para con nosotros lo mismo que para con ellos: la renuncia total a la vida y el lugar que nos la dio.  
 
Reapropiarnos de nuestros potenciales, gestionándolos de una forma éticamente sostenible, cultivando una economía solidaria entre los habitantes de un espacio –todos ellos, sin distinción de nada; repensar colectivamente la justicia, mantener la tradición y adaptarla a los tiempos.  La política es muy aburrida, sí. Pero lo político está en todas partes, afectándonos directa e indirectamente. Decidir –que, procede del latín decidere, donde intervienen otras palabras como caedere/caesus, que significa cortar, zanjar, talar, pero también el sufijo cida, que se encuentra, por ejemplo, en matricidio, parricidio, donde sirve para designar tanto al criminal como al propio crimen [con caesus se construyó la palabra caementum, que en latín vulgar designaba la “argamasa a la que los albañiles incorporaban esquirlas de piedra]– sobre nuestro devenir no es un ideal, no es un fin. Es el punto de partida, porque sólo así es posible la descolonización.
 
Pero una descolonización local que se integre también en lo global. Porque afrontadas y apropiadas, las armas de la globalización pueden ser un gran potencial para nuestro devenir-territorio. La cuestión sobre las identidades ha vuelto con fuerza en un Occidente globalizante cuyas fracturas han comenzado a ser horadadas a través de sus propios flujos. Nada es ya como antes, ni podrá serlo. Ahora bien, tenemos en el pasado grandes piedras para construir en este presente desfigurado cuyo futuro se avecina complicado –sin dejar nunca de lado la descolonización.
 
El territorio está constantemente atravesado por fuerzas exteriores que determinan su caminar.  Aprender a jugar con ellas es una necesidad, pero siempre sin olvidar que entre todos lo sabemos todo. El representacionalismo ha fracasado, pero es la norma. Desbancarlo del poder que le otorgan sus puestos, construir alternativas serias, buscar en la profundidad del despojo al que hemos sido sometidos.
 
Mirar a nuestros hermanos en lucha sin fetichizarlos, sin compasión. Acercarnos a ellos para compartir su guerra contra las realidades que los someten –y buscan neutralizarnos, y aprender. Sabernos privilegiados y trabajar para que nuestros privilegios no se interpongan al privilegio que todo ser humano debería tener: el derecho a una vida digna de ser vivida como ser-en-el-mundo. Para que nuestros privilegios dejen de ser privilegios frente a otros.
 
La descolonización ha de ser contra la colonización dominante que somete a numerosas formas-de-vida, pero también al interior de la realidad que habitamos, una realidad en la que la desfiguración de las vidas está siempre activa, jugando muy bien sus cartas.
 
No es cierto lo que dicen, el mundo se está helando. Todo está helado, la tierra lleva mucho tiempo resistiendo. Horadar en lo que nos ofrecen, para sembrar lo que un día nos robaron. Desterritorializar descolonizando, reterritorializar sin concesión a la colonización.

SOLIDARIDAD CON EL MANTERO DETENIDO EN BARCELONA.
SOLIDARIDAD CON ANDRÉS BÓDALO Y SUS COMPAÑEROS EN HUELGA DE HAMBRE.
SOLIDARIDAD CON EL BANC EXPROPIAT Y LA MORADA
SOLIDARIDAD CON TODAS LAS FORMAS-DE-VIDA EN LUCHA FRENTE AL ORDEN DE LAS COSAS

comentarios

0

Nuda Vida

Nuda Vida es el lugar donde un grupo variopinto de gente que vive en lugares tan distintos como México, Castilla o Canadá, convergen para reflexionar en torno a la potencia colectiva, la comunidad que viene, la autonomía y la construcción del comunismo.