Saberes
Destituir Occidente, Construir Comunismo
25
Oct
2015
09:42
Entrevista sobre el Silencio

 

Declaraciones recogidas por Alejandro Arozamena. Darío Corbeira es artista (www.dariocorbeira.es) y fundador de Brumaria (www.brumaria.net). La entrevista tiene lugar, via mail, en el transcurso de una semana, aproximadamente (del 29 de Agosto al 4 de Septiembre de 2015). En esa semana, tanto entrevistador como entrevistado, juegan una suerte de imaginario match ajedrecístico en el que, sin duda inútilmente, van emborronando con preguntas y respuestas su propio olvido del silencio. 
 

Alejandro Arozamena: Hoy nadie oye, ni mucho menos escucha, el silencio. En Les Chambres, ese largo poema del tiempo que no pasa, Louis Aragon decía  algo así como que en algún lugar existe gente que ya no puede más con el silencio. ¿Eres tú uno de esos?

Darío Corbeira: No, no soy uno de ellos. No sé exactamente cómo quieres enfocar el “Silencio” en esta entrevista y desconozco el poema de Aragon pero  creo intuir que lo quieres llevar al territorio de la cultura y la política. Podemos (con perdón de la expresión) verlo más adelante. No soy uno de ellos porque  en las derrotas y en los silencios puedo con casi todo; inicié mi actividad artística y política, en mi pubertad, en la extrema izquierda maoísta del franquismo moribundo, ello me hizo conformarme en un mar tormentoso de situaciones contradictorias y dialécticas que han durado hasta hoy, endureciendo mi fragilidad política y mi curiosidad artística: quiero conocer e inventar y quiero implementar mi capacidad de resistencia e indignación… Pero, pendiente de tu perfilado de la pregunta sobre el silencio, hablas del tiempo que no pasa, y aquí entramos en materia: creo que el silencio tiene mucho que ver con el tiempo, no hay silencio sin tiempo, sí hay en cambio tiempo sin silencio, sin silencios. Estamos hablando de nuestro tiempo, una acotación exacta con un antes y un después, de 0 a n.

A. A.: Bien, bien, bien. Ahí, además del silencio qua tiempo, ya están las matemáticas... ¿qué importancia tiene el lenguaje matemático en tu obra? ¿No serán las matemáticas el verdadero lenguaje del silencio?

D. C.: No me atrevería a hablar de “lenguaje matemático” en mi obra o, más exactamente, en mi trabajo; opero, desde mediados de los años ochenta, con herramientas de matemática elemental cuales son la aritmética y el álgebra por un lado y la geometría por otro. Las utilizo en todo el proceso, desde la ideación y operaciones de desarrollo hasta su puesta, si fuera el caso, en el espacio expositivo. La práctica numérica, por ejemplo, está presente en todo el proceso: trabajo únicamente con números primos (en medidas algebraicas: dimensiones, unidades, pesos, tiempos…), aunque entre primo y primo se suceden ciclos y vanos que, paradoja tras paradoja, no son primos. Dicho de otro modo, puedo trabajar con una serie 7, 11, 13, 17, y 19, primos, pero su territorio intermedio, 4, es natural, par y no primo. Hay, en la medida, una muy básica contradicción con el proyecto de partida, pero sujetarme e imponerme una estructura muy rígida de tiempos y medidas me obliga a una disciplina, autoimpuesta, extraordinariamente abstracta que me permite pensar y repensar, dibujar y redibujar, archivar, esconder… y acumular designios y unas pocas realidades que, una y otra vez, son reales sin estar sujetos a acontecimientos o sucesos de la realidad.

De otra parte, mi utilización de herramientas geométricas, de y sobre las cuales tengo una buena formación teórica y práctica, me sirve para ubicar los trabajos en el “universo” exposición, en términos de medida muy cerrados y dogmáticos, totalmente alejados del subjetivismo del ojo; ello escenifica una nueva contradicción, de modo que superpongo una contradicción sobre otra y otra… una especie, al menos en proyecto, de palimpsesto de capas dialécticas que, en principio, solo me interesan a mí. Trabajo deliberadamente solo, mantengo una posición crítica impérenme e incombustible respecto al sistema del arte y eso trae consigo distancia y silencio, desde dentro y desde fuera. Pero, por no escurrir el núcleo central de tu pregunta, las matemáticas no son el lenguaje del silencio, son el lenguaje de la razón, la especulación teórica y la inteligencia. El silencio, el ruido selectivo y el silencio ruidoso componen el lenguaje de la política democrática.

A. A.: Sin embargo, date cuenta de que, en matemáticas, siempre se trata de un discurso “sin palabra” y, por añadidura, directamente transmisible. Ahora bien, comoquiera que acabas de mentar a la bicha (“la política democrática”), te propongo una definición, basada en cierto comunismo minimalista, para el trabajo del arte. Esta definición no deja de tener relación con las condiciones que tú expones más arriba. Aquí la tienes: lo que sea el arte contemporáneo y el inconsciente que nos convenga habrá consistido en una crítica anticipada de la crítica misma del arte y, por extensión, del propio sistema del arte en cuanto tal (cultura y política democrática muy incluida). Sólo que, a mi entender, eso solamente puede funcionar en el silencio fundador, si no fundamental, de la obra. Obra que, por supuesto, no habla... conque ya no estaríamos en el silencio, sino en la afasia. ¿No se puede pensar, precisamente, que el poder (en última instancia siempre del Estado, pero también ese poder del “ojo yoico” que tú rehuyes mediante los objetos matemáticos y las herramientas geométricas, pero no sólo, transpuestos en tu trabajo artístico) es quien produce dicha afasia?

D. C.: Efectivamente, podemos observar las matemáticas como un discurso sin palabra, mudo y sordo, pero no ciego. Quisiera insistir, aunque sea breve y simplificadamente, en la dificultad de ir más allá de las matemáticas elementales y su aplicación en el territorio del arte: me hubiera gustado incursionar en el cálculo numérico y aplicarlo en trabajos que tratan de territorios intermedios, de la impotencia y la imposibilidad, extramuros del optimismo. La crítica anticipada de la de la crítica misma del arte me parece una muy buena definición o propuesta de lo que podría y debería ser el arte contemporáneo. Ocurre que la crítica al sistema del arte se hace desde el propio sistema; se trata de un +1 por x, un +1 que da como resultado una crítica conservadora y megainstitucionalizada de la crítica institucional internacionalizada de los años noventa. Ayer mismo aparecía en Artforum una crítica de Claire Bishop, “History Depletes Itself”, sobre el trabajo artístico y comisarial de Danh Vo, un artista estrella y blando en ascenso, en el pabellón danés de la actual edición de la Bienal de Venecia y en la Punta Della Dogana, donde se incide en el carácter políticamente conservador e historiográficamente falso de los discursos dominantes en el arte posterior a los años noventa.

Sí, creo que la obra parte, y es bueno que así sea, de un silencio fundador, fundacional y fundamental, de una afasia según tu definición, la obra ni habla ni puede hablar. Sartre, a propósito de Tintoretto o T. J. Clark a propósito de Poussin, hablan de ello: la obra está muda, como el mundo. Otra cosa es la mudez o la afasia producto de las políticas organizadas desde las diferentes administraciones del Estado; el Estado como tal no proporciona o produce silencio alguno, son los administradores, los gestores y los asesores de las administraciones quienes construyen e imponen esa afasia artificial, ese posible silencio construido que, en tanto artificio, es un instrumento cultural.

No sé o no quiero saber qué quieres decir con el “ojo yoico” que rehuyo mediante las herramientas geométricas.

A. A. : Excelente, Darío. Ese “no-saber” también puede suponer la cosa más preciosa del mundo. A fin de cuentas, el verdadero arte también nos da algo de eso. Nos da un saber insabido, un trozo de inconsciente: dialéctico, fenomenológico, simbólico. Es un poco como lo que pasa en un beso: dos se dan el cuerpo entero, el inconsciente, en sus labios. Tal y como yo lo veo siempre hay un comunismo (que va del comunismo mínimo en el amor al comunismo antiestatal, antipropietario e igualatario en la política, pasando por una cierta comunidad matemática o, incluso, el aristocratismo proletario en arte) del cual parte todo procedimiento de verdad.
¿Crees que el asunto se podría solucionar oponiendo el silencio al silenciamiento? ¿Se arreglan o se complican las cosas? ¿Quién está al habla y quién a la escucha en el silencio? Y, en el silenciamiento, ¿quién silencia a quién?

D. C.: No sabría muy bien qué nos da el arte, qué nos da en plural, incluso me costaría discernir qué me da ¿disgustos, placeres, seguridad, dinero, estatus, vitola de arista, nutrientes para el ego…? No lo sé, quizás no me dé nada, ese sería el mejor de los escenarios, un topos para un saber insabido. Sartre acierta de pleno cuando se refiere a la obra de Tintoretto “…: en sus cuadros había de todo, pero no querían decir nada, estaban mudos como el mundo.”, “El artista era el obrero supremo: se agotaba y agotaba la materia para producir y vender visiones”. Por ahí andaba el aristocratismo proletario del arte al cual haces referencia. Sartre lo escribía en 1957; después, y sin irme a una imposible recensión, gente tan dispar como Norman Foster o el cineasta sueco Roy Andersson se reivindican de la Clase Obrera. En el caso de Andersson esa reivindicación de pertenencia va unida a una posición de abierto rechazo a la sumisión a cualquier tipo de poder.

Oponer al silencio el silenciamiento ni arregla ni complica las cosas. Habría que saber muy bien quién silencia y quién se opone a través del silencio. Tengo la impresión de que los silenciamientos (institucionales, mediáticos, políticos, culturales…) están sobredeterminados, sobredimensionados y sobrevalorados, y son siempre el resultado de diferentes sumas de debilidades en el mainstream oficial y civil. Oponerse, desde el mundo del arte o el de la cultura, a ese silenciamiento, a través del silencio, es perfectamente inútil, sólo conduce a la marginalidad y a la no existencia. Parece obvio que en el silencio tú estás al habla pero el “otro” no escucha y nunca va a recibir tus emisiones. Tu silencio, por grande que sea, será improductivo; aunque en esa improductividad, lenta, trabajosa y pautada, se pueda esconder un pozo limpio de saber y creatividad.

En el silenciamiento, cultural y artístico (creo que ahí estamos), las debilidades oficiales, aún sin pretenderlo, silencian al resto, a quienes están en otro ciclo, en otra onda, en otro territorio.

A. A.: Por lo que a mí respecta, considero esa última intervención tuya, magnífica por cierto, como un auténtico jaque mate. En fin, si te parece nos despedimos envueltos en el mismo silencio que nos precedía. Gracias por tus palabras, Darío.

 

 

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