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Culturas
Odio cultural (desde el cariño)

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21 de Feb 2013
drasmichdt

Se equivocó la Dra., se equivocaba.

Pensó que la Gentri eran los hipster. Que tu Triball mi Malasaña. Se equivocaba… Y entonces llegó ella. Lucy. Lucy in the Patio. With Arguments. Y muchos peros al post anterior, donde yo además la mencionaba. Lucy es una comadre bien lista y me canta las forty. Ella es rubia, ha vivido en 24 casas y convivido mucho en este barrio, desde pequeña y por parte de padre. Un día, con diez años, se quedó dormida en un banco de la Sala Maravillas (hoy Nasti). Sabe muchas cosas de este barrio. Ha visto pasar por delante muchas Malasañas. Como sedimentos y capas. Me dice Lucy que no salgo (es que soy más de cultura house), que tengo que escuchar a los grupos de los hipsters en concierto e ir a sus fiestas antes de odiarlos impunemente. Que cree que hay que darles el beneficio de la duda previo a ponerlos a parir y que ella odia mucho más al pre-hipsterismo, lo antiguamente conocido como mundo indie madrileño, “la cosa más anodina, ombliguista, self-sufficient y sobre todo 0 politizada del mundo; vaya, que de alternativo no tenía nada y encima se las daban de tal”. Y que el nuestro no es un barrio comparable con San Blas o Aluche (Carabanchel o Usera ya están bajo el halo gentrification heavy, prefigurándose como futuros Brooklyns castizos). Que es más una zona metropolitana. Pero yo sí lo vivo como un barrio, muy distinto a la zona de Sol, donde trabajo y donde no siento para nada las mismas sensaciones de territorio al que poder llegar a pertenecer que tengo aquí. Durante los fines de semana sí lo percibo más vampirizado (de ahí la imagen de La Invasión de Los Ladrones de Cuerpos/Barrios que da nombre a esta serie de posts).

La idea de la invasión alienígena funciona fetén siempre para crear un ellos y un nosotros, deslinde súper operativa para odiar y tan poco productiva para pensar fuera de estereotipos. Entre semana ELLOS se van y nos quedamos nosotros (en minúscula), los que vivimos aquí, conviviendo en las mismas calles y estableciendo, aún sin hablar, patrones de conducta y de habitabilidad. Y eso me da sensación de barrio. De gatera.
 

Primera conclusión: hay mucha tela que cortar. Y me puse a leer, que es lo que siempre hago cuando surge un problema. Comadre Carolina (de cuya biblioteca ya hablaré otro día) me prestó el primero. De él extraigo esta cita que golpea como una patada.
 

Por supuesto, mantener una postura demasiado férrea contra los hipsters no es cool, por lo que abundan más las bromas y los comentarios irónicos, que al mismo tiempo cierran la posibilidad de una conversación fructífera. En especial en lo referente al tema de la gentrificación. Los artistas, no los hipsters, son las tropas de choque de la gentrificación. Y en muchos casos, antes de que los artistas se muden, son los hijos de los residentes originales quienes comienzan a especular con propiedades, abriendo las puertas a un nuevo mercado, la gente con otro nivel de ingresos y a todo un nuevo conjunto de comodidades. Para cuando aparecen los hipsters, hace ya mucho que la gentrificación está en marcha. Si acaso, la aparición de cafeterías cool atendidas por camareros cuyos tatuajes pueden taparse fácilmente en caso de tener que asistir a una entrevista de trabajo significa que un vecindario alcanzará pronto su cota máxima de sofisticación”(extraída del artículo Los vampiros de Lima de Jace Clayton, dentro de libro ¿Qué fue lo hipster?, Alpha Decay, 2011).
 

Cierto. Puede ser que ELLOS, los hipsters, sean más bien consecuencia que causa, los habitantes del último y visible piso de un plan subterráneo donde grandes grupos acotan zonas y se las juegan como en el Monopoly mientras NOSOTROS aceptamos tácitamente sus reglas. Bajo a la calle. Venga, va, salgo. Entró en el Bike, garito reciente y nuevo epítome de lo hipster. Con sus bicis-atrezzo de los ochenta, en plan Bicivoladores y su rollo berlinés, hace palidecer a cualquier proyecto cool hostelero y anterior. “Organic Bar and Working Place”. Hace poco desató una polémica en twitter por haber financiado mediante crowdfunding en la plataforma Goteo su magnífica cafetera. ¿Mande? ¿Café de Etiopía y procomún? Vámoooonos. Está petado. “Si no tienen pan, que beban milkshakes y gin tonics historiados”, pareciera escucharse a la alcaldesa Mª Antonieta Botella entre las notas de Grimes. Imagino una entrevista imaginaria con Mr. Gentri. Desayuno: 5.10€ (esto parece la contra de El País). El señor de los Triballes. El que está detrás de los “saneamientos” de la Plaza Luna y calle Ballesta. ¿La crisis financiera os ha detenido el plan? "Vino a colarse en el proceso, regalándonos cruces interesantes entre los distintos procesos". ¡Bum! Colisión. La isla se ha movido y no sabemos a dónde exactamente.

Sigo leyendo y pensando. Habrá otro post (no si será el último, sobre el tema). Todo lo que escribo va en calidad de vecina etnógrafa que lleva poco aquí. Y sí, quizá las pobladas barbas de los hipsters entregados en su bucle eterno de lo retro y su narcisismo inquebrantable (parece una buena técnica de aislamiento frente al derrumbe) no me dejen ver el bosque. Y quizá en verdad los envidie y quiera ser como ELLAS, a las que les queda bien el pelo electrizado, las gafas grandes y los pantalones sobaqueros. Y ser bordes. Con actitud. Ser suficientemente atractivo para que nada te importe demasiado. Ser el muñeco de la tarta de la gentrificación y MOLAR.

Más ideas: yo también gentrifico, tú gentrificas, nosotras gentrificamos, ellos gentrifican. El que esté libre de lo hipster que tiré el primer cupcake. Gentrificación somos todos. ¿Pueden gentrificar su zona los Centros Sociales? Pregunta. Los artistas gentrifican avant la lettre (proceso TESTADO) como alpinistas aventajados que abrieran nuevas vías. Hasta la palabra gentrificación se puede gentrificar. Puede que a veces los códigos se nos rompan, de tanto usarlos. Pero ahí estamos… Seguimos pensando para reinventar las palabras y las cosas.

Que aún tenemos que hablar de muchas cosas. Te dejo aquí de momento la biblio de lo que me he estado leyendo. Ah, y gracias por el link al artículo de Luis de La Cruz @eltransito de Somos Malasaña. Detecta la luz al final de gentri… ¿Cuándo y dónde quedamos para comentarlo, Lucy? “Pues cuando quieras y en Casa Julio, las mejores croquetas del barrio. Si vamos juntas nos invitan". Mientras llega el día, un poco de bibliografía recomendada:
 

Gentrificación no es un nombre de señora Hand Left Rotation.

La nueva frontera urbana. Ciudad revanchista y gentrificación Neil Smith | Traficantes de Sueños

La Facción Caníbal La Felguera.

¿Qué fue lo hipster? Alpha Decay.

Chavs, la demonización de la clase obrera Owen Jones, Capitán Swing.

12 de Dic 2012
drasmichdt

Algunas impresiones arbitrarias sobre una ciudad y una supuesta subcultura que al final son meras excusas para recomendar una buena fiesta y acabar el post en pleno cliffhanger

Eo. He vuelto, ¿veis qué bien? ¿Se acuerdan de mí? Nah. Desaparecí hace un par de años de Diagonal después de tirar mi tele al Guadalquivir como había visto hacer a Nanni Moretti en Caro Diario y así fue como (you)tuve que dejar la crítica televisiva que venía haciendo en estas páginas. Los momentos euroconector quedaron atrás. Dejé la tele y me pasé al smartphone. Ahora mi adicción cada vez es más pequeña en términos de tamaño de pantalla y mayor en términos de ocupación mental y de tiempo. Mal negocio para mi salud pero buena noticia para algunos fenómenos: ahora puedo criticar el doble, qué digo, el triple, el enealcuadrado y sin límite de caracteres. Sí, señoras, mantendré este blog y cada quince días iré comentando cosas de la crap-cultura que me encuentre por ahí, es decir, por allí y por aquí, dentro y fuera de este lugar hacia el que están mirando, pantalla mundi, en el que ya de hecho viven. Bienvenidas.

También los momentos Sur quedaron atrás. Dejé Sevilla para venir a dar al centro de la Marca España, en concreto a una de las puertas del Infierno, irónicamente llamada Barrio de Maravillas. Sabemos que es un acceso al infierno porque en él vive Esperanza Aguirre. Y por la polisemia loca. En este barrio todo está connotado, no hay terreno culturalmente transitable, todo es una resignificación de una regurgitación de una reinterpretación de un hackeo de una atomización de una reapropiación de algo que un día fue otra cosa. Yo, por ejemplo, vivo en el portal del Taboo, donde estaba el bar Elígeme (algunas noches puedes llegar a ver al fantasma de Sabina), a la vuelta del Tupperware, a una manzana del Nasti (algunas noches puedes ver al fantasma del indie noventero) y enfrente del Red Bar (algunas noches puedes llegar a no ver nada). Mu mítico tó. Este barrio es el museo de las retro-moderneces. Vamos, que con-vivo en Malasaña (sin ser yo nada de eso). Y sufro en mis carnes y aceras la Invasión de los Ladrones de Barrios. ¿Qué quiénes son esos? ¡Los hip-hip...Hipsters! Los modernucos, modernuquis, modernas o moennos. Sí, puedo decir sin miedo a equivocarme, que en este barrio anidan, especialmente en fin de semana, todos aquellos que por H o por B no pudieron invadir Berlín en su día.

Me han dicho los Zuloark, los Basurama, los Stupid City, (por cierto, menos los OM son todos seres barbados), que los Invasores, a su paso, producen “lo de la Gentrificación”, aunque yo ya lo sabía porque vengo de vivir en La Alameda de Sevilla donde ya convirtieron un legendario barrio muy vivo (lo llaman “degradado” y no lo es) en un centro comercial al aire libre con sus columpios ergonómicos, su buena comisaría friendly y donde te echan de los bares a las tres de la mañana. Como una suerte de Euroveguificación en chiquitito -en vez de juego, aquí se mueve sushi, pizza, ukeleles y cerveza artesanal o lo que coño diga el Vice esa semana que hay que beber- los Invasores de Barrios modifican el paisaje económico y social cumpliendo su misión: Nacidos para Consumir. Y consumen: ropa, veggie burguers o escafandras con forma de muffin (¿o era al revés?). Y al precio que haga falta. Todos los bares aquí son low-profle-deco rollo “nos importa todo una mierda” y camareras displicentes pero donde sirve nesspreso a precio de Jamaica Blue Mountain. Era verdad, Gentrificación no era un nombre de señora. Me trajeron aquí engañada.

Resolví pues buscarme un piso en Tetuán de las Victorias, que es el barrio donde nacieron mi madre y mi abuela, y cuál no sería mi sorpresa al saber por unas vecinas que la invasión había llegado también alli: “Sí, hija, su sombra es alargada. Pero al trato son inofensivos. Si son niños buenos vestidos de mamarracho. Animalitos. Te ponen una tienda de tatuajes y un restaurante “biológico”, se pasean de aquí para allá con el patinete y, ¡hale!, barrio desmarginalizado y alquileres por las nubes. Nosotras les hacemos mucha gracia. Las viejas y los dominicanos. Nos tratan bien porque somos “lo otro”, me ha dicho la Remedios, que está mu leída”. Lo otro. Lo exótico. Pues para eso, pensé, me quedo en mi barrio que estoy en tol'cento de la línea 1 y llego andando a todas partes. Volví a Tribunal.

Me junté con otras dos viejas de mi bloque y, con toda la mierda que había por casa, libros, cassetes de audio, reproductores de dvd, linternas, tapetes de ganchillo, discos (ellos dicen vinilos) es decir, hasta “the last worthless piece of crap you can find” (si metes cosicas como de urban english al hablar se mean) y abrimos un local de esos, medio bar, medio librería, medio ropa absurda, medio cosas de papelería tela de caras: Tipas sin Fama, lo llamamos. Oye, y que lo hemos petado. Efectivamente, las viejas pobres y con olor a mercería les hacemos gracia a esta gente. Si no puedes con tu enemigo, únete a él. Si luego son muy inocentones. Porque el hipster más recalcitrante (al menos en su aspecto) suele ser de un pueblo de Murcia, Alicante o Palencia. ¿Hay aquí trazas de un resentimiento autonómico, como el complejo de clase o de género pero con lo del lugar de origen? Ya ves tú.

Pero, ¿qué significa hipster? ¿Hay hispters en Madrid? ¿En Spain? ¿Pueden darse como fenómeno? ¿Somos las que odiamos a los hipsters las verdaderas hipsters? Ahhh... Seguiremos el próximo jueves indagando este elástico concepto cultural, amigas, pero no puedo terminar esta crónica partida en dos (o en tres, yo no sé esta gente la de caracteres que me va a llevar a lo tonto) sin dar voz a mi comadre Lucía, de aquí del barrio de toda la vida, que me dice que no es para tanto, que a ella no le molestan, que prefiere estos sujetos a los fachas de Chamberí o a los costras de Costralandia, sin ir más lejos, y que me calle ya y diga lo de que mañana viernes 14, en uno de los oasis del barrio, el Patio Maravillas, se lía a partir de las siete y más en concreto a la nuit en la fiesta de celebración de esta web tan mona que estrenamos y que nadie esperaba ver ya encarnada en HTML 5, WYSIWYG, Drupal o como se llame su sistema. Descreídas que sois. Todas. Como diría Luc Sante: “Ya no te aguanto, eres demasiado moderna”. Contemporizen menos y bailen más. Hasta la próxima.

De regalo, este maravilloso docu que da pistas de por dónde seguirán los tiros de este “repor” la próxima semana... Deuuuu.

'La muerte del bar español y la invasión del plato cuadrado'. Un corto documental de David Álvarez e Ivar Muñoz-Rojas.

 

drasmichdt

Critica de cosas. Hater profesional. Situacionismo digital en bata. Deriva compulsiva en busca de mierdas jugosas para compartir. Etnografía salvaje de las redes, el punto inglés, el marmitako y esa distopía llamada televisión a la carta. Economía del Don (Draper). Disección de productos, experiencia y hypes culturales. Excepcionalmente, sale a la calle e investiga personas y movimientos de carne y hueso. Bulímica y rumiante. Pero sobre todo, persona.

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